viernes, 27 de marzo de 2015 0 comentarios

667. Domingo de Ramos con el Evangelio de san Marcos



Entrada de Jesús en Jerusalén Mc 11,1-10, y
Pasión de Jesucristo según san Marcos Mc 14,1-15,47


Texto evangélico de la entrada de Jesús en Jerusalén
Cuando se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Id a la aldea de enfrente y, en cuanto entréis, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta pro qué lo hacéis, contestadle: “El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto”. Fueron y encontraron el pollino en la calle, atado a una puerta; y soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron: “¿Qué hacéis desatando el pollino?” Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron.
Llevaron el pollino, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás gritaban: ¡Hosanna!, bendito el que viene en nombre del Señor. ¡Hosanna en las alturas!”
Jesús entró en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo y, como era ya tarde, salió hacia Betania con los Doce.


Hermanos:
1. Comienza la Semana Santa con la liturgia del domingo de Ramos. Comienza la Pasión del Señor.
La celebración cristiana de hoy tiene dos partes: la primera es la entrada de Jesús en Jerusalén, que se conmemora con la procesión de Ramos o con una entrada solemne en la iglesia para celebrar la Eucaristía; la segunda es la misa, en la Pasión del Señor. Y en esta misa se lee el relato de la Pasión, variando cada año: San Mateo, San Marcos, San Lucas, reservando para leer en Viernes Santo todos los años la Pasión de Jesús según San Juan.
No es un día propicio para hacer sermones ni amplias homilías. Basta con unas sencillas indicaciones que nos sitúen en el corazón del misterio. Desde esta plataforma desde donde semanalmente proclamamos la palabra del Señor, vamos a hacer unas sencillas consideraciones tratando de desentrañar los textos evangélicos que hoy se leen y proclaman en todas nuestras iglesias, este año siguiendo el Evangelio de Marcos.
Lo principal en Semana Santa es vivir los ritos sagrados establecidos en los distintos momentos y tratar de penetrar su contenido a través de la lecturas sagradas, de las solemnes oraciones de estos días y de los cantos propios de la liturgia, cantos adecuados de estos días, que no suenan en la iglesia en el resto del año.

2. Evoquemos, pues, la entrada de Jesús en Jerusalén. La primera sorpresa que transmite el Evangelio es que Jesús mismo suscita este gesto simbólico que, sin duda, está en relación con los profetas. Efectivamente, al punto viene a nuestro pensamiento el pasaje de Zacarías. San Mateo lo recordará expresamente en este lugar, cuando nos diga: “Esto ocurrió para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: Decid a la hija de Sión: Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollíno, hijo de acémila” (Mt 21,4-5).
El Papa Benedicto XVI escribió en su ancianidad un amplio libro de Jesús de Nazaret. Titulado simplemente “Jesús de Nazaret”, que expone lo que en su conocimiento teológico, espiritual y personal, representa la persona de Jesús en su vida, desde la infancia hasta su pontificado. Es delicioso el capítulo que dedica a la entrada de Jesús en Jerusalén. Allí nos dice como cosa erudita, que sirve para la exégesis: “Jesús reivindica el derecho del rey a requisar medios de transporte, un derecho conocido en toda la antigüedad- El hecho de que se trate de un animal sobre el que nadie ha montado todavía remite también a un derecho real” (Jesús de Nazaret, vol. II: Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. Planeta / Encuentro, 2011, p.14).
Ese borriquillo está atado. Y con ello se evoca la profecía de Jacob sobre Judá (Gen 49.10s). Continúa el Papa: “Por lo tanto el borrico atado hace referencia al que tiene que venir, al cual los pueblos deben obediencia” (ibídem).

3. Jesús entra en su pueblo como su rey, y nosotros, que celebramos estos acontecimientos, lo recibimos como rey. Quizás sin quererlo comenzamos a desfigurar la efigie de nuestro verdadero rey. Y eso lo hacemos desde que ponemos a Jesús una corona y un cetro. El Misal de México tiene en esta páginas unas antiguas letrillas, que pienso serán del tiempo de los cristeros: “Mexicanos, un Padre tenemos / que nos dio de la patria la unión, / a ese Padre gozosos cantemos / empuñando con fe su pendón”.
El poder que Jesús ostenta al apropiarse el texto de Zacarías es un poder muy singular al margen de cualquier nacionalismo, incluso nacionalismo espiritual. Por citar de nuevo al Papa Benedicto XVI: “Jesús no se apoya en la violencia, no emprende una insurrección militar contra Roma. Su poder es de carácter diferente: reside en la pobreza de Dios, en la paz de Dios, que él considera el único poder salvador” (p. 15).

4. La segunda parte de la liturgia de hoy estará centrada en la lectura de la Pasión, al presente según el texto de San Marcos.
Este evangelista tiene una fuerza del todo singular cuando nos ha mostrado la oración de Jesús en el Huerto. Jesús en el Huerto está deshecho. Dice el texto sagrado que “empezó a  sentir espanto y angustia” (14,33), dos palabras terribles que no parecen estar de acuerdo con la primera línea del Evangelio, que dice: “Comienzo del Evangelio de Jesucristo Hijo de Dios”. El Hijo de Dios ahora tiembla de espanto ante lo que le viene encima. “Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad” (v. 34).
Entonces Jesús, Hijo de Dios, y hombre débil, como el más débil, se agarra  Dios, y ora y vuelve a orar con las mismas palabras. Los discípulos las han oído perfectamente y nos las han transmitido: “Decía: ¡Abbá!, Padre: tú lo puedes todo. Aparta de mí este cáliz. Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres” (v. 36). Aquí está la humanidad y la divinidad de la Pasión de Jesús, que los cristianos han meditado a lo largo de todos los siglos.

5. Pasada la escena del Huerto después de aquel altercado y del prendimiento, Jesús entra de lleno en lo que va a ser la obra de su amor: su entrega incondicional en manos de los hombres.
Veremos a Jesús en manos de los judíos, en manos de los romanos y en el Calvario. Una sola palabra para cada uno de estos momentos.
Ante el Sanedrín: “¿Eres tú el Mesías, el hijo del bendito? Jesús contestó: “Yo soy. Y veréis al hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las nubes del cielo
Este es el Jesús verdadero de nuestra fe.
Ante Pilato: “¿Eres tú el rey de los judío? Él respondió. Tú lo dices
Y en la Cruz, este Jesús del amor y del silencio, tiene una sola palabra: “Dios mío, dios mío, ¿por qué me has abandonado?... Y después de un breve momento, Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
Y el centurión dijo: “Verdaderamente este hombree era Hijo de Dios”.

8. Hermanos:
Esta es nuestra fe, esta es nuestra fuerza, esta es nuestra esperanza.
Señor Jesucristo, queremos vivir contigo esta Semana Santa, contigo que nos llevas al Padre, contigo que eres nuestro perdón y nuestra paz. Que el vivir estos santos misterios nos lleven hasta la gloria de la resurrección. Amén.

Guadalajara, viernes de Dolores, 27 marzo 2015.
martes, 24 de marzo de 2015 0 comentarios

666. Anunciación 2015



ANUNCIACIÓN 2015

1. Quiere hablar mi corazón
una palabra muy pura:
que el silencio me la dicte
y el amor le dé textura.

2. ¿Qué pasó en la Anunciación,
cuna de Dios y mi cuna,
cuando la eterna Palabra
tomó cuerpo en criatura?

3. Divinizó nuestra sangre,
sangre del hijo incorrupta,
era sangre del Espíritu
la que en Dios de Dios circula.

4. Para siempre Dios tenía
una historia diminuta;
María de Nazaret
trajo divina ternura.

5. Se hizo silencio en el tiempo,
presencia muy dulce oculta,
misterio del gran misterio
que adorando se disfruta.

6. Ya mis palabras se rinden
mis pensamientos se juntan;
nada digo, nada pienso:
me callo pero sin dudas.

7. La Encarnación me incorpora
a Jesús, la vid fecunda,
de su savia soy nacido,
de su sarmiento soy uva.

8. Soy de una virgen humilde
verdad que me transfigura,
soy pureza  en mi pecado,
fulgor de una luz que alumbra.

9. Soy gozo de Encarnación
y Dios, mi Padre, me cuida;
soy su mensaje anunciado,
su paz  que el cielo dibuja.

10.  ¡Ave María purísima,
de aquella mañana única,
yo te saludo, María,
Virgen que a Dios nos anuncia!

Guadalajara, Jalisco, Anunciación del Señor 2015

Meditatio
El relato lucano de la Encarnación es Evangelio de Infancia. Es justo suponer que el Evangelio de la Infancia se escribió cuando todo estaba escrito. Es flor de la Escritura.
Este relato transmite a la Iglesia el hecho divino de la virginidad de María. ¿Cómo fue? Nadie jamás lo podrá explicar. Se deja al poder del Espíritu.
San Lucas sitúa la Encarnación en la corriente bíblica de la “historia de salvación”. Sería el broche de esa historia que había sido sostendia por los profetas. El Hijo que va a nacer pertenece a la dinastía fracasada de David, pero de otro modo. “Reinará sobre la casa de Jacob y su reino no tendrá fin” (Lc 1,33), pero de otro modo. El reino de este Niño será todo distinto de las Historia de los Reyes, de las Crónicas de Israel. “El Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios” (v. 5). “Para Dios nada hay imposible” (v. 37), repite el ángel con una frase que ya conocemos de la Biblia.
Ahora nosotros nos perdemos en el misterio ya realizado. La Encarnación no termina en una mujer, cuyo nombre era María (v.27). La Encarnaci+ón termina en mí, tan distante de Dios y tan cerca, porque la Encarnación es la divininización del hombre en el Hombre Dios Jesús.
No quisiéramos que nuestro poema fuera teología especulativa puesta en verso; pero tampoco queremos banalizar el misterio con metáforas convencionales. Estamos en la espesura de la fe, y es nuestro ardiente deseo que va fe se haga melodía, que la fe salga del alma en forma de belleza, en forma sin forma del absoluto de Dios en quien vivimos y somos. ¡A él, por Jesucristo en el Espíritu, la gloria!

Guadalajara, Jalisco, 25 marzo 2015
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665. Retiro en Semana Santa - Lectura de la Pasión del Señor



Lectio divina de la Pasión del Señor 

PARTE PRIMERA
UN RETIRO ESPIRITUAL LEYENDO LA PASIÓN DEL SEÑOR

Experiencia espiritual de la lectura de la Pasión del Señor
según un evangelista san Mateo.
Pauta para un retiro espiritual

Invitación
La lectura de la pasión de Jesús es una experiencia suavísima de amor. Al fin es la más bella historia de amor que se escribió en el mundo. La simple lectura del texto sagrado será un banquete espiritual (no alterada mi mente por cuestiones críticas, por problema sobre problema). Si mi corazón está herido por el amor del esposo, la lectura de la pasión será la intimidad de un esposo.
Una lectura “discurriendo” me aleja del texto; una amorosa lectura amando me lleva al texto, que en sintonía vibra en mi corazón. Será una lectura unitiva, y voy a necesitar tiempo para paladearla. Será como una suave sinfonía, si estoy sentado, desembarazado mi escritorio de libros y papeles y con una simple imagen de Jesús allí delante.
Yo invito a lector a dejarse conducir, no por mí, sino por una mano celestial que me va guiando en el camino.
Mi objetivo es comulgar con la Pasión del Señor en el modo y medida que me dé el Espíritu, con una lectura mía, en la Iglesia, lectura intransferible  escuchando el texto, y simultáneamente contemplando, dejando que la palabra obre por ella misma.  De pronto me veré en una montaña de luz… De pronto puedo sentirme teólogo; de pronto orante ungido de amor.
He aquí el sendero para caminar.

El camino

1. Punto de partida es uno: el texto, tal como lo tengo ante mis ojos. ¿Conozco el griego? Al honor del Señor lo leeré en griego. ¿Conozco el latín? Tomaré la Nova Vulgata; el latín, sin ser ningún fanático, tiene el sabor de toda la tradición de la Iglesia. Quisiera hacer una lectura, por así decir, “virginal”. Soy yo, enamorado discípulo – discípula – el que voy a leer, con exquisita piedad, un texto que el Espíritu ha preparado para mí. Lo escribió un día Mateo, al eco de las comunidades cristianas y para celebrar la fe de esas comunidades.

2. El texto es agua de un manantial que brota; el texto tiene en sí mismo un valor sacramental. Sin fanatismo, sin una mística huera, sin pretender ser un masoquista espiritual, que se enreda en su propia fantasía, dejo que el texto fluya. No renuncio a mis estudios precedentes que están operando en sordina. Estoy informado, no desconozco los problemas históricos y teológicos que levanta el mismo texto. Estoy informado, pero ahora todo eso, si no ignorado, queda aparcado, para que misteriosamente el texto me traspase como “palabra de Dios”.
Observo, por simple sensibilidad literaria, que el relato es, ante todo, sencillo. Esa una narración de una historia sobrenatural donde una cosa viene detrás de otra. Sé dónde está el fin, en el último versículo del Evangelio: “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos” (28,21). Pero no sé dónde está el comienzo: ¿En el Huerto”, ¿Antes del Huerto, en la Cena? ¿Antes de la Cena, en la unción de Betania [el Domingo de Ramos se toma de 26,14, después de la unción de Betania]? Todo se desliza una cosa detrás de otra, como historia de Dios, como historia de los hombres.

3. Tomo el texto de una forma continua para leerlo todo seguido. El texto no tiene ningún título; los títulos se los pondré yo mismo, en una segunda lectura. En este ejercicio no trataré de completar, en modo alguno, un relato con otro. Dejaré que el relato escogido hable por sí mismo, como un todo. Para leer a San Mateo no he de “imaginarme” que la madre de Jesús está junto a la cruz (San Juan); eso será otra lectura. La Pasión, muerte y resurrección de Jesús según san Juan es maravillosa; será otra experiencia diferente de la misma historia de amor.
No necesito referencias al margen, ni tampoco notas a pie de página. No me quiero distraer del texto limpio y puro, que lo estoy ingiriendo como la sagrada Hostia.

4. Observaré aquello que el evangelista quiere observar, sin introducir mis propias observaciones.
Bien pronto he caído en la cuenta que no puedo leer la Pasión sin leer como remate la Resurrección; son un solo relato, aunque, al parecer, sean tan distintos uno y otro. En el primero (Pasión) es la historia sin milagros; en el segundo (Resurrección) el brillo de lo de lo milagroso, teofánico, comenzando por la teofanía de la resurrección resplandece sobre el texto. Pero el soborno de los guardas de la tumba y la aparición del ángel se escriben en el mismo rango de historia.
Descubro, pues, que el relato es el mismo y uno, y el protagonista es el mismo; todo resulta sencillo y humano; todo es de “aquel tiempo” (in illo tempore) y de hoy. ¿Qué me pasa? Siento que el Evangelio es un libro diferente de todos. En el fondo de mi corazón siento que se está operando algo nunca sentido: que el Evangelio es armonía y paz, que tiene el mismo sabor que Cristo Jesús.

5. Yo soy lector, pero siento que toda la comunidad cristiana, toda la Iglesia es quien me acompaña. Jesús está hablando a toda la Iglesia, la de ayer y la de hoy, cuando tres veces se levanta de la oración para advertirnos que debemos estar vigilantes.

6. Sucede que he entrado en la Pasión de Jesús. Observo que las personas que actúan son personas totalmente reales de una historia que acontece. En concreto: Pedro, Judas, Simón de Cirene, “María Magdalena y la otra María”, Pilato, la mujer de Pilato, Barrabás.
El escenario es totalmente real: el predio del Huerto de los Olivos, el palacio del Sumo sacerdote, la residencia del Procurador. A medida que entro en el relato, este se va poblando de historia. Hay lugares, hay tiempos y horas, hay personas. De pronto, un lugar es (como lo hemos anotado) una montaña de luz.

7. Este relato se destacan de entre los discípulos dos: uno que es Pedro; otro, que no sé como llamarle (Mateo dirá “uno de los doce”), fatídico, al que le llamaré secamente Judas.
La figura de Pedro; es modelo de discípulo y modelo de la comunidad, una vez que la comunidad lo ha perdonado, perdonándole Jesús. San Mateo quiere que me fije muy en particular en Pedro: es el discípulo, y quiere que vea – que veamos todos, en comunidad – sus pasos, marcados por estos lances: su generosidad al prometerle a Jesús nunca negarle aunque todos le negaran, su ímpetu en el huerto, su valor para entrar en el pretorio, sus negaciones en las que está el ser humano en la plena debilidad, su pronto y total arrepentimiento. Esa es la Pasión de Pedro que tanto enseña y me enseña.
 Judas, increíblemente “uno de los Doce, figura fatídica que no puede ser comprendido sino en el misterio de la Escritura. Un arrepentido desesperado que no se ha convertido, que termina con el desprecio de aquellos mismos que lo habían contratado para el crimen.
Quedan unificados en una persona, Jesús, lo humano y lo divino. La comunidad cristiana es consciente de que Jesús es todo hombre y al mismo tiempo todo Dios.
Comprende, con una luz nueva, que la pasión de Jesús tiene un solo protagonista. JESÚS.

8. Mi primer asombro acontece en el momento en que concluye la escena del huerto. Leo en el santo Evangelio: “Todo esto ha sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los profetas” (26,56). Todo está en la perfecta armonía de Dios. Es la armonía que yo quiero para mi corazón y mi vida: el sentir de Dios.
También el misterio de Judas está en relación con el misterio intrínseco de las Escrituras.

9. Hay una primera Pasión de Jesús, que es el huerto; la pasión sufrida en lo más hondo del corazón. Pero la pasión definitiva comienza ahora: “Todos los discípulos lo abandonaron y huyeron” (26,56).

10. La Pasión del juicio tiene su punto culminante en el conjuro del sumo sacerdote: “Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios” (26,63). Jesús responde ante la faz del Sanedrín y del mundo entero: “Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo” (26,64). Jesús muere pro esto y solo por esto. Aquí está el centro espiritual de la vivencia de Jesús en la Pasión.


11. Hay tres escenas de escarnio: en el palacio de Caifás (26,67-68); en la residencia de Pilato, “después de azotarlo” (27,26), Jesús escarnio del mundo; en la Cruz (27,39-44): “los que pasaban”, “los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos”, “los bandidos que estaban crucificados con él”. Observaré esto
- Que el escarnio y la burla no es tanto lo físicamente aflictivo cuanto el desprecio a la persona del Señor. Jesús muere como deshecho de la tierra.
- En la mente del que escribe está la figura del Siervo de Yahveh lo mismo que la del justo sufriente.
- De esta manera Jesús como ejemplar del discípulo, que por ser discípulo ha de sufrir como el maestro.
- Igualmente de este modo la actitud manifestada por Jesús es la verificación de la verdad de su Evangelio.
Al final, mi lectura de la Pasión queda polarizada en una sola persona, en Jesús. Se trata de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Lo demás está descrito en función de Jesús.

12. La pasión del Calvario nos ofrece en el Evangelio una imagen de Jesús:
- ante mortem (Simón de Cirene, la bebida de vino mezclado con hiel, reparto de las vestiduras, se sentaron a custodiarlo, el título de la Cruz, crucifixión de los dos bandidos).
- in morte (las tinieblas proféticas, el grito del abandono y la reacción de los circunstantes: bebiba y evocación de Elías, la muerte con un grito potente)
- post mortem (el velo del templo, temblores, apertura de las tumbas y apariciones, la presencia de las mujeres.
Las escenas del Calvario tienen una importancia suma. Jesús va a morir en calidad de “Hijo de Dios”.

13. “Si eres Hijo de Dios, baja de la Cruz” (27,40). “Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: Soy Hijo de Dios” (27,43). “Verdaderamente este era Hijo de Dios” (27,54). He aquí el meollo del relato. Jesús es condenado como hijo de Dios (Caifás), Jesús muere como Hijo de Dios, Jesús el crucificado resucitará como lo había dicho (28,6). Esta es la historia del Hijo de Dios, la Pasión del Hijo de Dios, crucificado, muerto y resucitado.

14. Continúa de una manera lineal la misma historia, todo es divinamente sencillo. No hay nada inverosímil. Ponen guardia a la tumba, porque había dicho “A los tres días resucitaré” (27,63), y luego emplearán el soborno (28,11-15), no sea que lo roben de noche y se lo lleven, “Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy” (v.15). Pero, “pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fuero María la Magdalena y al otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra pues un ángel del Señor, bajando del cielo, corrió la piedra y se sentó sobre ella” (28,1-2).
Es sencillamente al misma historia…, la misma. Las mujeres, mientras corren a anunciarlo a los discípulos…, reciben la primera visita del Señor: “Ida a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (v.10).
En Galilea comenzó el anuncio y en Galilea, en un monte, culmina, de Galilea a todos los pueblos, hasta a mí, aquel en este momento, bautizado “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo… yo estoy con vosotros todos los días hasta el find el mundo” (vv. 19-20)
¡Verdaderamente el relato sencillo es un sacramento del vida, porque es el relato de la Pasión y Resurrección del Hijo de Dios para mí!
Gracias, Jesús. Amén.


PARTE SEGUNDA
SAN BUENAVENTURA CONTEMPLA LA PASIÓN DEL CRUCIFICADO


Jesús, árbol de la vida

ARBOR VITAE DE SAN BUENAVENTURA


O crux, frutex salvificus
Vivo fonte rigatus,
Cuius flos aromaticus
Fructus desideratus.

DEL MISTERIO DEL ORIGEN

Iesus, ex Deo genitus
Iesus, praefiguratus,
Iesus, emissus caelitus
Iesus, Maria natus.

Jesús, engendrado de Dios.
Jesús, prefigurado.
Jesús, enviado del cielo.
Jesús, nacido de María.

Iesus, conformis Patribus
Iesus, magis monstratus,
Iesus, submissus legibus,
Iesus, regno fugatus.

Jesús, conforme a los Padres
Jesús, ostrado a los Magos.
Jesús, obediente a las leyes.
Jesús, expulsado del reino

Iesus, baptista caelicus,
Iesus, hoste tentatus,
Iesus, signis mirificus
Iesus, transfiguratus.

Jesús, bautista celestial.
Jesús, tentado del enemigo.
Jesús, admirable en prodigios.
Jesús, transfigurado.

Iesus, pastor sollicitus,
Iesus, fletu rigatus,
Iesus, rex orbis agnitus
Iesus, panis sacratus.


Jesús, Pastor solícito.
Jesús, bañado en llanto.
Jesús, aclamado Rey del mundo.
Jesús, Pan consagrado

DEL MISTERIO DE LA PASIÓN

Iesus, dolo venundatus,
Iesus, orans prostratus,
Iesus, turba circumdatus,
Iesus, vinculis ligatus.

Jesús, traidoramente vendido.
Jesús, orante postrado.
Jesús, cercado de la turba.
Jesús, maniatado.

Iesus, notis incognitus
Iesus, vultu velatus
Iesus, Pilato traditus
Iesus, morte damnatus.

Jesús, desconocido  de los suyos.
Jesús, velado el rostro.
Jesús, entregado a Pilatos.
Jesús, condenado a muerte.

Iesus, spretus ab omnibus
Iesus, cruci clavatus,
Iesus, iunctus latronibus,
Iesus, felle potatus.

Jesús, despreciado de todos.
Jesús, clavado en la cruz.
Jesús, puesto entre ladrones.
Jesús, aheleado.

Iesus, sol morte pallidus
Iesus, translanceatus,
Iesus, cruore madidus
Iesus, intumulatus.

Jesús, Sol pálido en la muerte.
Jesús, traspasado por la lanza.
Jesús, bañado en su sangre.
Jesús, sepultado.

DEL MISTERIO
DE LA GLORIFICACIÓN

Iesus, triumphans mortuus,
Iesus, resurgens beatus,
Iesus, decor praecipuus
Iesus, orbi praelatus.

Jesús, muerto triunfante.
Jesús, resucitado glorioso.
Jesús, singular hermosura.
Jesús, emperador del mundo.

Iesus, ductor exercitus
Iesus, coelo levatus,
Iesus, largitor Spiritus,
Iesus, laxans reatus.

Jesús, general del ejército.
Jesús, ensalzado en el cielo.
Jesús, dador del Espíritu.
Jesús, absolución de los pecados.

Iesus, testis veridicus
Iesus, iudex iratus,
Iesus, victor magnificus
Iesus, sponsus ornatus.

Jesús, testigo verídico.
Jesús, juez airado.
Jesús, vencedor magnífico.
Jesús, esposo engalanado.

Iesus, rex regis filius,
Iesus, liber signatus,
Iesus, fontalis radius,
Iesus, finis optatus.

Jesús, Rey Hijo de Rey.
Jesús, libro sellado.
Jesús, rayo Fontal.
Jesús, fin de todos los deseos.


* * *
His nos ciba fructibus,
Illustra cogitatus,
Rectis duc itineribus,
Hostis frange conatus.

Sacris reple fulgoribus,
Spira pios afflatus,
Sisque Christum timentibus
Tranquillus vitae status.


Nota de lectura. Este texto es un “rythmus”, propio de la poesía  del Medievo. Las estrofas, al estilo de las lenguas que van naciendo tienen concordancia consonántica, el primero con el tercero, el segundo con el cuarto. Los veros tienen además la misma cantidad de sílabas.
El texto está tomado de. Obras de San buenaventura. Edición bilingüe, Tomo II. (BAC 9). Edición dirigida, anotada y con introducciones por León Amorós OFM, Bernardo Aperribay OFM, Miguel Oromí OFM. Madrid BAC 1946.
Véase en este volumen la introducción específica a este opúsculo bonaventuriano: “Cristo, árbol de la Vida” pp. 279-289.

En la síntesis espiritual de san Buenaventura la clave para interpretar a san Francisco es la cruz. Al escribir la vida del Pobrecillo de Asís da un resumen hablando los siete encuentros de Francisco con la cruz: “He aquí las siete maravillosas apariciones de la cruz de Cristo verificadas en ti y en torno a tu persona y mostradas según el orden cronológico. A través de las seis primeras, como por otras tantas gradas, llegaste a la séptima, donde hallarías finalmente reposo” (Legenda maior 13,10). La séptima aparición acontece en el monte de La Verna, cuando fráncico queda llagado con las cinco heridas de Cristo.
Y la última configuración con el Crucificado ocurrirá en la muerte y después de la muerte: desnudo con el desnudo Crucificado.
“Ciertamente, quiso conformarse en todo con Cristo crucificado, que estuvo colgado en la cruz: pobre, doliente y desnudo. Por esto, al principio de su conversión permaneció desnudo ante el obispo, y, asimismo, al término de su vida quiso salir desnudo de este mundo. Y a los hermanos que le asistían les mandó por obediencia de caridad (13) que, cuando le viesen ya muerto, le dejasen yacer desnudo sobre la tierra tanto espacio de tiempo cuanto necesita una persona para recorrer pausadamente una milla de camino.
“¡Oh varón cristianísimo, que en su vida trató de configurarse en todo con Cristo viviente, que en su muerte quiso asemejarse a Cristo moribundo y que después de su muerte se pareció a Cristo muerto! ¡Bien mereció ser honrado con una tal explícita semejanza!” (LM 14,4)


El “Arbor vitae” de San Buenaventura

San Buenaventura nos puede enseñar

1. Leer la Pasión de Jesús en perfecta unidad y armonía con la “vita Christi” y con el “mysterium Christi”. El sentido de la unidad del misterio lo traslada el santo doctor hasta en la arquitectura de su pensamiento. En este caso toma el sistema cuaternario, para dividir siempre por cuatro, que es número de perfección, el curso de sus pensameintos y de su comprensión.
2. Leer la Pasión en la sinfonía de las Escrituras. Todo converge en este punto cenital. Las Escritura con su cuádruple sentido
3. Leer la Pasión contemplativamente, más bien que desde otros legítimos intereses: la Pasión no como teología y como historia.
 4. Leer la Pasión afectivamente, hasta el punto convertir la Pasión de Jesús en Pasión mía sobre la base de una intuición mística fundiendo el tiempo de Jesús, que ya pasó, y el tiempo mío, en el que yo estoy. La Pasión de Jesús es la Pasión de mi esposo.
5. Leer la Pasión amorosamente. La “ratio amoris” es la suprema razón de la teología para san Buenaventura, dado que el tránsito de amor es la última posibilidad de conocimiento de Dios (Itinerarium mentis in Deum). El conocimiento de Dios nace del amor y torna al amor.
6. Leer la Pasión en la intimidad invulnerable de mi persona. Quien padece la Pasión es Jesús, mi Jesús (el nombre de Jesús fluye constantemente en el lenguaje de san Buenaventura) y lo que padece es por mí; al final, él y yo.
7. Sobre todo, san Buenaventura nos enseña una verdad esencial y radical: que la Pasión no es una secuencia de historias en torno a un personaje, sino que la Pasión es Jesús Crucificado, y que ese Jesús Crucificado es Jesús Verbo encarnado, Jesús Resucitado. Los títulos del Arbor vitae empiezan así: JESÚS.


FRUTO VIII
VICTORIA EN EL COMBATE DE LA MUERTE

JESÚS, SOL PÁLIDO EN LA MUERTE

29. Por último, habiendo permanecido el inocente Cordero, verdadero Sol de justicia, pendiente en la cruz por espacio de tres horas, y habiendo al mismo tiempo el sol visible eclipsado los rayos de su luz por piedad de su Hacedor, cumplidas ya todas las cosas, la Fuente misma de la vida, a la hora de nona, se extinguió, cuando Jesús, Dios y Hombre, con grande clamor y lágrimas, para manifestar su amor misericordioso y declarar el poder de la Divinidad, encomendando su espíritu en manos del Padre, expiró. Entonces se rasgó el velo del templo en dos partes de alto abajo, y la tierra tembló, y las piedras se partieron y abriéronse los sepulcros. Entonces el mismo Centurión conoció que Jesús era Dios. Entonces los que habían acudido como a un espectáculo de fiesta, se volvían dándose golpes de pecho. Entonces el más hermoso de los hijos de los hombres, nublados los ojos, y las mejillas cárdenas, pareció el más deforme de los hombres, hecho holocausto de suavísimo olor en el acatamiento de la gloria del Padre, para alejar de nosotros su cólera.
Vuelve, pues, los ojos, ¡oh Señor, Padre Santo!, desde tu santuario, de la morada altísima de los cielos; mira en la faz de tu Cristo, mira esta sacratísima víctima, que te ofrece nuestro Pontífice por nuestros pecados, y aplácate sombre la maldad de tu pueblo. Y tú, hombre redimido, tú también considera quién, cuál y cuán grande es este que está pendiente de la cruz por ti. Su muerte resucita los muertos, su tránsito lo lloran los cielos y la tierra, y las mismas piedras, como movidas de compasión natural» se quebrantan. ¡Oh corazón humano!, más duro eres que ellas, si con la memoria de tal víctima, ni el temor te espanta, ni la compasión te mueve, ni la compunción te aflige, ni la piedad te ablanda

JESÚS, TRASPASADO POR LA LANZA
30. Para que del costado de Cristo, dormido en la cruz, se formase la Iglesia, y se cumpliese la Escritura, que dice: Pondrán sus ojos en aquel a quien traspasaron, uno de los soldados lo hirió con una lanza y le abrió el costado. Y fue permisión de la divina Providencia, a fin de que, brotando de la herida sangre y agua, se derramase el precio de nuestra salud, el cual, manando de la fuente arcana del Corazón, diese a los sacramentos de la Iglesia virtud de conferir la vida de la gracia, y fuese, para los que viven en Cristo, la copa aplicada a la fuente viva, que da saltos para la vida eterna. Esta es aquella lanza del pérfido Saúl—del reprobado pueblo judío—, que, errando el golpe, se clavó por divina misericordia en la pared, y abrió un agujero en la peña y una cavidad en el muro, mansión de las palomas.
Levántate, pares, ¡oh amiga de Cristo!, y sé la paloma que labra su nido en los agujeros de la peña; sé el pájaro que halla su techo y vela siempre; sé la tortolilla y esconde los polluelos de tu casto amor en aquella abertura sacratísima. Aplica a ella tus labios para que bebas aguas de las fuentes del Salvador. Porque ésta es la fuente que mana de en medio del paraíso, y dividida en cuatro ríos, derramados en los corazones devotos, riega y fecunda toda la tierra.
JESÚS, BAÑADO EN SU SANGRE
31. Cristo Señor nuestro, bañado en su propia sangre profusamente vertida en el sudor de Getsemaní, en la flagelación, por las espinas, los clavos y la lanza, a fin de que fuese copiosa la redención en el acatamiento de Dios, tuvo de color de púrpura la veste de Pontífice. Roja su ropa y sus vestiduras como de los que pisan la uva en el lagar. Su túnica, como la de José, arrojado en la antigua cisterna, fue teñida en la sangre del cabrito, por la semejanza de la carne del pecado, y presentada al Padre para reconocerla.
“Reconoce, ¡oh clementísimo Padre!, la túnica de tu predilecto Hijo José. La envidia de sus hermanos según la carne, pésima bestia, lo devoró, y pisoteó en su furor sus vestidos y los tiñó en sangre, y abrió en su túnica cinco lastimosos jirones. Esta es, Señor, la vestidura que dejó en las manos de la mala mujer egipcia el inocente joven, queriendo más descender, desnudo del manto de la carne, a la cárcel de la muerte, que ceder a las solicitaciones de la plebe adúltera, y hacerse grande en el mundo”. Porque proponiéndosele gozo, sufrió cruz, menospreciando la, deshonra. Y tú, ¡oh misericordiosísima Señora mía!, mira también aquella sagrada ropa de tu amado Hijo, tejida en tus castísimos miembros por divino arte del Espíritu Santo, y junto con El intercede por nosotros, que recurrimos a ti, para que merezcamos escapar de la ira venidera.

JESÚS SEPULTADO
32. Por último, vino el noble decurión José de Ari- matea y, obtenida licencia de Pilatos, bajando con Nicodemus de la cruz el cuerpo de Cristo, lo embalsamó con aromas, lo envolvió en una sábana y con mucha reverencia lo sepultó en un monumento nuevo, que había abierto en la piedra del jardín contiguo. Sepultado el Señor y confiada la guarda del sepulcro a los soldados, aquellas devotas y santas mujeres que le habían seguido en vida, queriendo servirle devotamente aun después de muerto, compraron ungüentos para ungir su sacratísimo cuerpo. Entre las cuales, María Magdalena ardía con tales incendios de amor, sentía tanta dulzura de piedad y era arrebatada con tan fuertes cadenas de caridad, que, olvidada de la flaqueza de m sexo, sin temor a la obscuridad de la noche, ni a la saña de los perseguidores, quiso visitar el sepulcro; y estando afuera, bañando con sus lágrimas el monumento, alejados los discípulos, ella se quedó, tan encendida en divinos ardores, tan abrasada en vivos deseos, tan herida de las impaciencias del amor, que no sabía sino llorar. Verdaderamente, habría podido desahogar su corazón diciendo con el Profeta: Fuéronme mis lágrimas pan, noche y día, mientras me preguntan: ¿dónde está tu Dios?
¡Oh Dios mío, mi buen Jesús!, aunque indigno y sin ningún merecimiento, otórgame la gracia de que, ya que entonces no merecí hallarme presente con el cuerpo, me halle ahora, por la devota consideración, y experimente aquellos mismos afectos de compasión de Dios crucificado y muerto por mí, que sintieron la inocente Madre y Magdalena penitente en la hora de tu Pasión.
 
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