jueves, 4 de febrero de 2016 0 comentarios

771. Domingo 5 C – Jesús encomienda a Simón una misión: ser pescador de hombres

Homilía para el domingo 5 del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 5,1-11


Texto evangélico:
5 1 Una vez que la gente se agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al lago de Genesaret, 2 vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
 4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». 5 Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». 6 Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. 7 Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. 8 Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». 9 Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; 10 y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». 11 Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Hermanos:
1. El próximo domingo estaremos ya dentro de Cuaresma. Hoy seguimos con el curso de las lecturas precedentes. De la sinagoga de Nazaret, donde nos encontrábamos el domingo precedente, nos trasladamos a pocos kilómetros al interior de la tierra de Jesús y estamos en el Lago de Galilea.
Cuando uno visita Tierra Santa, una de las impresiones más íntimas y consoladoras se la lleva de ese lago, que llamamos el lago de Galilea o el Lago de Genesaret. Los judíos lo siguen llamando Kinnéret, que significa “arpa”, por la forma que tiene el lago, de alguna manera asimilada a un arpa para cantar los salmos. Hace falta alma de poeta para acercarse a este lago, que removió las fibras estéticas más puras del alma de Jesús.
¡Cuántas veces oró Jesús mirando a este lago! El peregrino piensa: Belén, Nazaret, Jerusalén…, las calles, las casas han cambiado. El lago es igual, el cielo que se refleja en las aguas del lago es igual, las colinas que rodean el lago son igual. Esto es lo que vio Jesús, lo que respiró Jesús; estos pájaros que se arremolinan por la noche para dormir por bandadas en los árboles los vio Jesús. En estas aguas que vienen desde el Hermón se bañó Jesús; de estos pescados del lago comió Jesús; parece como si estuviera ahí…

2. Y ¿cuál es el recuerdo más bello que Jesús guardó del lago? No sé si se pueda decir…, porque todos son puro Evangelio.
Para nosotros sí, el primer recuerdo del lago es aquel de la elección de los apóstoles.
Para entrar en esta escena divina, la liturgia nos muestra hoy la elección de Isaías, que había sido, hacía 700 años, en el templo de Jerusalén. Isaías vio a Dios.
Dice el texto sagrado (capítulo 6 de Isaías):
     Temblaban las jambas y los umbrales al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de gente de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Señor del universo» (vv. 5-6).

3. En este momento Pedro ha visto a Dios en Jesús. Lo que ha ocurrido es una Teofanía; Dios se ha aparecido a Simón y a los apóstoles en su Hijo amado, Jesús. Señor, apártate de mí. Cuando el hombre está ante Dios, quisiera desaparecer, indigno ante la infinita santidad divina, pero al mismo tiempo quisiera fundirse con ese Dios que le fascina, porque nada ansía tanto el ser humano como encontrarse con Dios. Esa concordia de las dos cosas opuestas (oppositorum concordia) es la esencia de la experiencia espiritual .
Simón Pedro se siente unidísimo como nunca a Jesús cuando recibe la confianza plena de Jesús, cuando le dice: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres».

4. Pescador de hombres es una expresión que las hemos poetizado…, pero hemos de pensar que en su sentido original quizás suene a algo diferente de lo que nosotros suponemos. Si Jesús le hubiera dicho: “vas a ser cazador de hombre”, nos habría parecido algo desentonado. Yo no quiero ser cazado por nadie… Yo soy libre, y lo que tenga que decidir en la vida, ha de ser decidido por mí, y nadie más.
Pues del mismo modo, Yo no quiero ser pescado por nadie, yo no quiero caer en el anzuelo de nadie, en las redes de nadie. Yo quiero ser yo en vida, muerte y eternidad. Fuera todos los cazadores, fuera todos los pecadores…

4. ¨Pero Jesús, con viejos pensamientos proféticos, ve que el mundo va camino de la perdición, y que hay que arrancarlos, como sea, del camino. Vete a pescar, pero no peces, sino hombres.
Con este pensamiento san Pablo dirá: Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo para todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes (2Cor 9,22-23).
Esta es la forma como ha entendido san Pablo eso de pescar: ganar, sea como sea, a algunos.
Quizás esto pueda herir nuestra sensibilidad, pero son frases bíblicas que están ahí y requieren nuestra inteligencia y compromiso.

5. De aquí nace la Iglesia evangelizadora que va a ser reconfirmada después de la resurrección de Jesús. Dios ha amado al mundo, a todos los hombres, sin excepción, y está pidiendo nuestro amor y valentía para dar este don al mundo. No temas; desde ahora serás pescador de hombres.
El relato de Isaías continúa con estas palabras: Uno de los seres de fuego voló hacia mí con un ascua en la mano, que había tomado del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: «Al tocar esto tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado». Entonces escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?». Contesté: «Aquí estoy, mándame» (Is 6,5-6).

Hermanos, la misión de la Iglesia nace y se perpetua de este mandato de Jesús, que resonó por primera vez junto al lago de Galilea. Ayer y hoy la Iglesia vive por ese fuego divino. Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.

6. Concluyamos, hermanos, orando a Jesús, que es el que guía a su Iglesia:
Señor Jesús, purifica mi corazón con tu brasa encendida, purifícalo de toda soberbia y vanidad, y dame humildad y valentía para echar las redes, en tu nombre, y ser pescador de hombres. Amén.

Guadalajara, jueves, 4 febrero 2016.

Cántico para la Comunión sobre este pasaje evangélico: Mar adentro, Simón, junto a mí
lunes, 1 de febrero de 2016 0 comentarios

770. Vida consagrada: Profecía, cercanía, esperanza y... poesía

Profecía, cercanía, esperanza

y… poesía


Hace 60 años yo estaba en el noviciado (1955-1956), en el santo Noviciado. Hace 60 años, en la Virgen radiante de agosto, profesé junto con mis compañeros. Éramos ocho para clérigos, y tres para hermanos, distinción que hoy sería ofensa para la Regla de san Francisco, pues todo somos sencillamente “hermanos” y uno profesa sencillamente como hermano, no para clérigo.
Hace 60 años…
Hoy he leído las palabras del Papa Francisco en la audiencia a los consagrados (mujeres y varones) que han acudido a este Congreso Internacional que se celebra en Roma, al concluir mañana el Año de la Vida Consagrada. ¿Eran unos cuatro mil?
De entonces, de aquellos tiempos míos,  acá hemos visto de todo. Una inmensa ternura remueve mi corazón, entrado ya en la ruta que me lleva a los 80 (doce días más que el Papa venido de allí del fin del mundo). Y desde esta otra punta de la geografía (México) yo regreso para ver lo que solo con el corazón, es decir, con la pura intuición se puede ver.
La vida religiosa en la sacudida más fuerte de la historia – con las estadísticas deprimentes que no nos gusta mirar – está donde estuvo y estará, simplificando hasta las puras esencias.

* * *
Me gustaría en esta tarde estar en Roma y ver rostros…, y hablar lo que quizás no pueda hablar, hablar a corazón abierto
- Y tú, hermana mía, ¿por qué te hiciste religiosa?
La respuesta es una, pese a todos los pesares, a todas las miserias que a veces ralentizan nuestro corazón; la respuesta es:
- Porque me enamoré de Jesús.
- Yo también, hermana.
Eso es el todo, eso es el futuro, sin saber cómo va a ir avanzando esta historia, la más fascinante de todas, de los que pro gracia somos discípulos de Jesús.
Me asalta, de pronto, un recuerdo, que lo dejo aquí, para que quede clarito lo que quiero explicar. Una vez una hermana vino a mí no sé a cuenta de qué. Y para darle respuesta a lo que fuera (que no lo sé) le hice un poema de amor, una “décima” poética, que, sin papel delante, quiere sonar así:

Una ranchera guerrera,
de corazón generoso,
quiso buscarse un esposo
que de verdad la quisiera,
ranchero como ella era.
Y cuenta la rancherita
que el mejor vino a la cita.
Yo no sé lo que pasó:
Que Jesús la enamoró,
y ahí van: ¡Jesús y… Lupita!

(Lo de Lupita puede sustituirse por Clarita, Conchita, Pepita, Paquita, Rosita…)

Pues esto es la vida religiosa…, la de antes, la de hoy, la del futuro, la de santa Clara y la de santa Escolástica, la de santa Hildegarda de Bingen…, y la mía, por ejemplo; la tuya hermana querida (te llames Mary Carmen, Sandra o Nancy), si estas letras llegan, por vía de un ángel mensajero, a tu corazón.

* * *
Sin poder presumir de nada, absolutamente de nada, siempre he pensado que la vida religiosa – con todas sus medianías e incoherencias – es un asunto de amor. Y acabo de pronunciar la palabra más bella que se registró en el diccionario humano, que es la llave de toda la hermosura.
La vida religiosa es una simple historia de amor, comenzando desde el principio: Él nos amó primero. Lo nuestro es simplemente una respuesta, un eco a ese amor incorruptible. Él me amó, y en la vida no tengo otra seguridad que su infinito amor.
Amor que, si es del todo hasta llorar (¡ojalá…!) no lo voy a ventilar ante cualquiera.
El corazón se me llena de ternura.
Ignoro el futuro. No importa; seguiremos cantando.
En estas variantes de la historia, que nos hacen temblar y en todo caso sufrir, necesitamos “lucidez”, sí “lucidez” que guíe a la “generosidad”, con la mente despejada para entender que en asuntos de amor solo el generoso es lúcido.
Lucidez para percibir por dónde van los hilos de la historia de la salvación.
Lucidez para leer el periódico y ver en él el alborotado y desconcertado corazón humano.
Lucidez para entrar en el aula universitaria y pasar luego a la capilla. (Universidad sin capilla, o sin la imagen del Sagrado Corazón al subir las escaleras – como en el Bíblico de Roma – no la quiero).
Lucidez para ir del sagrario a los pobres, de los pobres al sagrario.
Lucidez para ir de la biblioteca a la calle y de la calle a la biblioteca.
Lucidez…, lucidez… (¡no te rías!) hasta para saber vestirse, que no es cosa baladí, ni asunto meramente femenino…, y trae muchas consecuencias.

* * *

Un día, al cumplir mis 50 años de novicio y profeso, me puse a escribir versos, y me salió un Poemario del Santo Noviciado. Así titulé aquel librito que era un manojo florido de amores, de amores y recuerdos que son un bálsamo nuevo para seguir adelante, hasta el fin, con la pura misericordia de Dios.
Iba de viaje. La vista se comía el paisaje,  y el olfato, de repente, me abrió el portón del Noviciado de los Capuchinos en Sangüesa  Y recordé que aquel 23 de julio de 1955, antevíspera de Santiago, al abrirse la puerta del convento “olía a Noviciado”. Olía…, olía…  a noviciado. ¿Me quiere acompañar el lector, la lectora? Sois el buen perfume de Cristo, decía san Pablo… La fe y la teología eran la fragancia de Cristo. Doy gracias a Dios, que siempre nos asocia a la victoria de Cristo y difunde por medio de nosotros en todas partes la fragancia de su conocimiento. Porque somos incienso de Cristo ofrecido a Dios… (2Cor 2,14-15).
De pronto, me vino el buen olor, y de mis dedos salieron unos versos, que eran versos de amor. Te lo brindo en este Día bello de la Vida Consagrada.

Olía a Noviciado, yo recuerdo.
y allí, a perderme, invita el sentimiento;
mas debo ser novicio muy sencillo
para gustar tan dulce privilegio.

La mesa de nogal del refectorio
olía muy sabroso a pan muy bueno.
- olía a santidad de limosneros -;
olían los pasillos a silencio.

Olía a capuchino el santo hábito,
de esparto las sandalias, no de cuero...,
y el cordón y mi rosario y caparón...,
y hasta la risa olía a sahumerio.

Olía la pobreza, la obediencia,
la santa castidad de nuestro cuerpo:
oh Cristo, flor de vírgenes y célibes,
tú sabes bien los últimos secretos.

Lunes..., el gran pilón de la colada
sudores deshacía semaneros,
y el agua, nuestra hermana, se sabía
de la Regla capítulos enteros.

A cera y azahar la iglesia olía,
olía la capilla, olía el huerto;
pero el que más olía y perfumaba
era el magnolio aquel del Claustro bello.

Olores, sois ventana del sentido,
y a orar nos enseñáis, si no sabemos....
Y ahora, saturado de fragancias,
sencillamente estoy orando y huelo.

Es el Cantar Divino el que me huele,
lo aspiro en el capítulo primero:
¡Oh Cristo, buen olor de enamorados,
arrástranos tras ti, mi Jardinero!  (13 julio 2006)



Fray Rufino María (Grández) de Alfaro, con Fray Benjamín (Jarque) de Javierregay (ya difunto), en la foto de grupo, única, en el año del santo Noviciado, en Sangüesa, Navarra.

Guadalajara, Jalisco, 1 de febrero de 2016, víspera de la conclusión del Año de la Vida consagrada.
jueves, 28 de enero de 2016 2 comentarios

769. Domingo 4 C – Jesús, el que ama a su pueblo, rechazado en Nazaret


Homilía para el domingo 4 del tiempo ordinario, ciclo C Lc 4,21-30



Texto evangélico:
En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». 22 Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?». 23 Pero Jesús les dijo: «Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún». 24 Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. 25 Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; 26 sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. 27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio»
 28 Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos 29 y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. 30 Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

Hermanos:
1. Todo el mundo, al tomar el Evangelio en sus manos, al momento puede hallar ciertas aplicaciones personales, según su propia inspiración, que serán útiles y oportunas y le harán mucho bien. Tengamos bien entendido que el Evangelio es un  regalo de Dios para todos sus hijos y que Dios habla a todos como le place, sabios e ignorantes. De  ninguna manera podemos ponerle reglas a Dios.
Sin quitar nada a este principio, también hemos de decir que el estudio y la ciencia ayudan para pasar a la sabiduría y poder entender los textos sagrados con la perspectiva con que fueron escritos. Entonces aparecen luces sorprendentes. Con la gracia de Dios tratemos de acercarnos así.

2. La escena que compone o recoge san Lucas tiene dos partes completamente distintas. La primera la escuchábamos el domingo pasado. Jesús en la sinagoga de su pueblo lee un texto sagrado del libro de Isaías, el comienzo del capítulo 61: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. La gente quedó fascinada, como extasiada al oír la explicación que Jesús daba. Cierto, que nunca habían oído hablar de esta manera. Nunca habían oído que eso se estaba cumpliendo aquí y ahora, que el que hablaba era justamente ese enviado de Dios. Nos muestra el texto sagrado que Jesús se lo estaba atribuyendo a sí mismo: Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor.
De modo que, según el relato de san Lucas, la admiración se cambió en extrañeza; la extrañeza pasó a ser escándalo e indignación; y la indignación se hizo tan recia, como para agredir a Jesús, cogiéndolo de su cuenta y sacándolo fuera del pueblo para tirarlo por un barranco. Pero el Evangelio termina: Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

3. ¿Puede ocurrir todo esto, que es un drama, en una misma mañana, en una sola sesión? Puede ocurrir. Y san Lucas lo cuenta todo seguido, como si fuera una sola acción.
Con todo, no es ninguna extravagancia la opinión de quienes, estudiando los detalles, piensan que el evangelista san Lucas, juntando episodios ciertos en una sola composición, nos ha presentado de esta manera lo que es el conjunto de la vida de Jesús. Una gran oleada de entusiasmo y admiración, y…, al final, un rechazo.

4. Sea lo que sea, estamos en el centro del misterio de Jesús: el más amado, y, al final, también el rechazado por su propio pueblo. Esto es muy grave, demasiado grave, para que Jesús se quede indiferente. Esto fue el problema central de su vida: ver que su pueblo, ahora no hablamos de Nazaret sino de todo el pueblo judío, al que amaba como nadie lo había amado, ahora rechaza la salvación que el Dios de la misericordia le ofrecía. Y que al rechazar esa misericordia, Jesús mismo era rechazado. Realmente esto resultaba trágico.
¿Por qué Jesús no se fue de su Pueblo, de las fronteras de Israel, a predicar a los judíos de la Diáspora? Seguramente que no le habrían matado… No, Jesús no fue misionero a lejanas tierras del Imperio, donde también podía encontrar judíos. Jesús se quedó en su tierra pequeña, a cumplir la misión que Dios, su Padre, le había confiado.
Cuando le aconsejaron: «Sal y marcha de aquí, porque Herodes quiere matarte». No quiso, y dijo: “…no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén” (Lc 13.31-33).
Jesús aceptó ser profeta de su pueblo y morir a manos de su pueblo.

4. En la sinagoga de la pequeña Nazaret, Jesús se refirió a la historia de dos profetas que todos conocían desde la escuela: la historia de Elías y la historia de Eliseo, enviados los dos fuera de la tierra de Israel. Elías atendió a la viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón; Eliseo curó a un leproso venido de Siria. Dios envió a estos dos profetas a gentes que no eran israelitas. ¿Es que Dios tiene que salir de su pueblo Israel para encontrar almas acogedoras?
Si esto es verdad, ¿qué significa ser pueblo elegido? ¡Qué terrible crítica está haciendo Jesús! Que un pagano, por su docilidad y acogida, puede ser más agradable a Dios que un judío.
En cierta ocasión, cuando Jesús curó al criado de un centurión romano, dijo: “En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe” (Mt 8,10). Aquel centurión romano no había sido criado en la fe de Israel, en la Ley de Moisés; sin embargo: “En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe”.

5. La gente de Nazaret se indignó terriblemente por estas palabras de Jesús, tanto que quisieron despeñarlo por el barranco del pueblo… Estamos al principio de la vida de Jesús en la presentación que nos hace san Lucas, pero estamos asistiendo al rechazo de Jesús ante Pilato, cuando prefirieron a Barrabás, un ladrón y homicida, antes que a Jesús.
Pero, repito, Jesús  no se fue de su tierra. Jesús se quedó donde debía estar, y allí entregó su vida por su pueblo.
Grandes lecciones de este Evangelio: la gran lección del amor de Jesús hasta la muerte, y la gran lección del amor del Padre que puede encontrar fuera de Israel una fe que no ha encontrado en su pueblo amado.

6. Señor, si yo hubiera estado en la sinagoga, ¿qué te habría dicho? Con tu gracia, te habría dicho lo que hoy quiero decirte: Tú eres el Siervo de Dios, tú eres mi Salvador, nuestro Salvador. Agárrame junto a ti, y nunca me dejes escapar, porque tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Salvador.

(En la Casa de Oración, Quinta San José, El Salto, Jal.), jueves 28 enero 2016 (Santo Tomás de Aquino).

La marcha invicta

“Pero Jesús se abrió paso entre ellos
y seguía su camino” (Lc 4,30)

Por entre medio de ellos,
tendido el paso y mirada,
por una senda divina
el Nazareno avanzaba.

Como un sepulcro vacío
quedaba atrás la barranca,
no lo mataron, es claro:
no era la hora llegada.

Peregrino sin fatiga
que viene de lontananza,
por los caminos del Génesis
cruzando todas las páginas.

Quedaron ciertas las huellas,
las de sus pobres sandalias,
aunque el roce de la túnica
alguna vez las borrara.

Caminante de la Historia,
que el tiempo rompe y traspasa,
cayado de nuestros pasos
con sol y en noche cerrada.

Al salir de Nazaret
te vi que a mí te acercabas,
esos pasos sin destino
llegaban hasta mi alma.

“Yo soy el que es y era
y el que viene sin tardanza”:
te vi, Jesús, caminar
con una gozosa marcha.

Si no fueras el Viviente,
el que llega y nos levanta,
no serías Evangelio
ni el hoy de toda la gracia.

Salías de Nazaret,
puedes venir a mi casa,
y si te place, mi Dios,
heme aquí…, en tu caminata.

Muy débil mi pecho siento
y las piernas no me aguantan,
como a pequeña ovejuela
llévame cual dulce carga.

Por entre medio de ellos
él como rey caminaba:
¿por qué lo escribió san Lucas
y qué misterio insinuaba?

Guadalajara, tras las primeras vísperas del domingo IV del tiempo ordinario, ciclo C,


viernes, 22 de enero de 2016 1 comentarios

768. Domingo 3 C – Jesús anuncia el amor del Padre en Nazaret

Homilía para el domingo 3 del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 1,1-4; 4,4-21

Texto evangélico:
1 1Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, 2 como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, 3 también yo he resuelto escribírtelos por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, 4 para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

4 14 Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. 15 Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
16 Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. 17 Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: 18 «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; 19 a proclamar el año de gracia del Señor». 20 Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. 21 Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Hermanos:
1. Concluimos el ciclo de la Navidad con el Evangelio del Bautismo de Jesús, que es el domingo que sigue a la Epifanía (es decir, dos domingos). Después del Bautismo del Señor vino la escena de la Caná de Galilea, según lo explicamos el domingo pasado: una boda en la que no aparece la novia, porque la novia es la comunidad que crea Jesús, la comunidad mesiánica, de la cual Jesús es el Esposo; y hoy el anuncio del Reino en la sinagoga de su propia aldea, Nazaret.
Dos sencillas advertencias para encuadar el Evangelio de hoy. La primera es esta: que es un Evangelio compuesto, a saber, los versículos iniciales, Prólogo y propósito de la obra del escritor san Lucas. Y la segunda, que el Evangelio que hemos leído hoy es incompleto; la segunda parte la leeremos el domingo que viene: el Jesús anunciado es el Jesús discutido y rechazado, y todo ello, en su conjunto, es un presagio de la vida entera de Jesús, el enviado de Dios, el Hijo de Dios, el Señor.
En relación con estos momentos iniciales de la vida de Jesús, conviene recordar para nuestra instrucción y catequesis, que fue el papa San Juan Pablo II el que introdujo en el rosario los llamados “misterios luminosos”. El rosario tradicionalmente se componía de tres secuencias de misterios: Misterios gozosos (la Infancia de Jesús), Misterio dolorosos (la Pasión de Jesús) y Misterios gloriosos (la Resurrección). Los “Misterios luminosos” son los misterios de la vida pública de Jesús, cinco misterios por este orden:
Primer misterio: Jesús bautizado en el Jordán.
Segundo: Jesús revela su gloria en las bodas de Caná de Galilea.
Tercero: Jesús anuncia el Reino.
Cuarto: Jesús es transfigurado.
Quinto: Jesús instituye la Eucaristía.
Vamos, pues, siguiendo esta secuencia: bautismo, bodas de Caná, anuncio del Reino.

2. No tenemos una foto de alguien imaginario que hubiera podido fotografiar a Jesús; no tenemos un cuadro de un pintor que lo hubiera pintado, no poseemos un busto de mármol de un escultor que lo hubiera plasmado, cincelado.
Pero hay otro cincel, la pluma de los evangelistas. Tenemos el retrato espiritual que nos hacen los Evangelios, incomparable frente a cualquiera otra reproducción que solicita afectivamente nuestra piedad.
He aquí el retrato que hace san Lucas. ¿Quién es Jesús? La respuesta de san Lucas es, por de pronto, esta:
- Jesús es el Jesús de las profecías de la consolación de Israel.
- Jesús es el Ungido por el Espíritu Santo
- Jesús es el Jesús de la misericordia con esa cuádruple misión que se le confía, a saber:
Me ha enviado a evangelizar a los pobres,
a proclamar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos, la vista;
a poner en libertad a los oprimidos.
En este primer momento inaugural de la vida de Jesús se están atisbando las Bienaventuranzas, que son el meollo del Evangelio, si ponemos delante la palabra Padre y la palabra Espíritu Santo.
Jesús viene a anunciarnos que somos hijos de Dios, que nos ha sacado de las tinieblas y nos ha llevado al reino de la luz, que nos ha librado de la cautividad de nuestros pecados y nos ha concedido disfrutar de una libertad que nadie nos puede arrebatar, que nos ha sacado de la opresión y nos ha llevado a un terreno ancho como el cielo, donde el amor es el aire de nuestros pulmones.

3. Hermanos, uno de los privilegios que tiene el sacerdote es leer con sus propios ojos y labios el canon de la misa y pronunciarlo piadosa y solemnemente ante toda la asamblea que lo está escuchando y personalizando. Es una experiencia muy especial, porque, con sencillez de corazón, uno quiere entrar en esa órbita. En la Plegaria Eucarística, por ejemplo, se dice: “Y tanto amaste al mundo, Padre santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como salvador a tu único Hijo. El cual se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María, la Virgen, y así compartió en todo nuestra condición humana menos en el pecado; anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo. Para cumplir tus designios, él mismo se entregó a la muerte, y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida”.

4. Al tiempo que estamos diciendo cosas tan bellas, al eco de la predicación de Jesús en Nazaret, los cristianos de todo el orbe estamos celebrando el Octavario de reflexión y de oración por la unidad. Este es el dolor más agudo que lleva la Iglesia, clavado hace muchos siglos en su corazón. Ellos y nosotros, nosotros y ellos, creemos en un mismo Jesús, Hijo de Dios y Salvador, y, con todo, no hacemos una misma Iglesia visible. ¿Por qué? Y aquí topamos con el misterio del corazón humano, donde está la raíz recóndita, pecaminosa, de toda desunión.
Si somos sensibles a las cosas del espíritu y somos capaces de bajar al fondo del corazón, creo que todos, en el curso de nuestros, hemos padecido esta experiencia que se fragua en lo profundo: desencuentros que se dan en la vida de mayor o menor importancia, distanciamiento de tal persona que habíamos amado sinceramente y cuyo recuerdo ha quedado como una herida a sanar,  falta de unión en la familia que padecemos o sufrimos al verlo, observando la indiferencia, si no es el alejamiento. Son ejemplos humanos, muy a la mano, muy comunes, que nos introducen en el misterio de la desunión de la Iglesia.
Los diálogos son necesarios, pero no son la clave del problema, porque podríamos estar quinientos años respetándonos y dialogando sin llegar a unirnos, cada uno en su sitio. La unidad de la Iglesia solo la puede hacer Dios, si ve en nosotros la renuncia a toda acusación, la humildad y el arrepentimiento de nuestros pecados, sin mirar a los del vecino, y la oración, la súplica humilde, confiada, perseverante, para que se cumplan los deseos de Dios, no los nuestros.

5. Terminemos, pues, hermanos, con una súplica por la unidad de la Iglesia. Señor Jesús, que anunciaste e amor del Padre en Nazaret, no te canses de anunciarlo entre nosotros, y danos un corazón humilde, sencillo y puro para acogerte. Amén.


Guadalajara, viernes, 22 enero 2016
 
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