miércoles, 17 de septiembre de 2014 0 comentarios

595. En la cumbre de La Verna – Llagas de san Francisco



En la cumbre de La Verna


En 1224, en el mes de septiembre y en torno a la fiesta de la Santa Cruz, dos años antes de su feliz tránsito recibió Francisco de Asís en el monte de La Verna las llagas de Cristo glorioso. Sufrió un éxtasis de amor y experimentó la presencia de Alguien inefable, que le produjo simultáneamente un gozo dulcísimo porque aquella presencia era la de un ser en gloria, y un dolor entrañable porque el glorificado tenía llagas. Francisco fue introducido de esta manera en el secreto del misterio pascual de Jesús: gustaba la dicha embriagadora de la resurrección y el paso del Viernes Santo.
Tomás de Celano dejó constancia sobria de este acontecimiento singular (1228). La tradición sucesiva adornará el episodio con muchos detalles.

Durante su permanencia en el eremitorio que, por el lugar en que está, toma el nombre de Alverna, dos años antes de partir para el cielo tuvo Francisco una visión de Dios: vio a un hombre que estaba sobre él; tenía seis alas, las manos extendidas y los pies juntos, y aparecía clavado en una cruz. Dos alas se alzaban sobre su cabeza, otras dos se desplegaban para volar, y con las otras dos cubría todo su cuerpo. Ante esta contemplación, el bienaventurado siervo del Altísimo permanecía absorto en admiración, pero sin llegar a descifrar el significado de la visión. Se sentía envuelto en la mirada benigna y benévola de aquel serafín de inestimable belleza; esto le producía un gozo inmenso y una alegría fogosa; pero al mismo tiempo le aterraba sobremanera el verlo clavado en la cruz y la acerbidad de su pasión. Se levantó, por así decirlo, triste y alegre a un tiempo, alternándose en él sentimientos de fruición y pesadumbre. Cavilaba con interés sobre el alcance de la visión, y su espíritu estaba muy acongojado, queriendo averiguar su sentido. Mas, no sacando nada en claro y cuando su corazón se sentía más preocupado por la novedad de la visión, comenzaron a aparecer en sus manos y en sus pies las señales de los clavos, al modo que poco antes los había visto en el hombre crucificado que estaba sobre sí.

Pasado este trance extático, Francisco vio aparecer en sus manos, pies y costado las llagas de Cristo Crucificado. La transfixión del humilde y pobre discípulo de Jesús nos da la clave para interpretar lo que fue su vida y para entrar en el secreto de la Regla y Vida que trazó para sí y para sus hermanos.
He aquí unos versos que en ciertos momentos acaso puedan servir para conmemorar la figura del Hermano Francisco, sobre todo el día de la Impresión de las Llagas.

(Años más tarde, cuando Fray Tomás de Celano escribe la Vita II (1246-1247) vuelve sobre episodio que es el secreto de la vida de Francisco.

La devoción a la cruz. Un misterio oculto. “Y para terminar, ¿quién podría decir, quién podría comprender cuán lejos estaba de gloriarse si no es en la cruz del Señor? (Gál 6,14; Adm 5). Sólo a quien lo ha experimentado le es dado saberlo. De seguro que, aun cuando de alguna manera percibiéramos en nosotros aquellas cosas, no encontraríamos de ningún modo -para expresar realidades tan excelentes y maravillosas- palabras que están ya envilecidas por su aplicación a lo cotidiano y vulgar. Y tal vez por eso tuvo que ser revelado en la carne lo que no hubiera podido ser explicado con palabras. Hable, pues, el silencio donde falla la palabra, que también lo significado clama cuando falla el signo. Baste a los hombres saber sólo esto: que no está todavía del todo claro por qué apareció en el Santo aquel sacramento, pues, cuando él se ha dignado hacer alguna revelación, lo que se refiere a la razón y a la finalidad nos lo ha dejado pendiente del futuro (10). Resultará veraz y digno de fe quien tendrá por testigos la naturaleza, la ley y la gracia.” (2 Celano 203).

En la cumbre de La Verna
se dieron cita de amor
las llagas del Redentor
y un gozo de Pascua eterna.

Jesús en gloria venía,
Hijo de Dios humanado;
tenía el cuerpo llagado
y el rostro resplandecía.

(Oh Jesús, el más hermoso
entre los hijos de Adán,
libres tus brazos están
para el abrazo de Esposo!



Y Francisco se ha quedado
de gracia y amor transido;
de Cristo se encuentra herido
en manos, pies y costado.

Ved en carne Regla y Vida
y el libro de nuestra Alianza;
amor que la sangre alcanza
es la Palabra cumplida.

Recibe, oh Cristo, benigno,
el débil cuerpo mortal:
es nuestra ofrenda pascual
en fe, en espera y en signo. Amén.

En Lecároz (Navarra), abril de 1976
(capítulo provincial extraordinario de los hermanos menores capuchinos de
Navarra-Cantabria-Aragón).


Meditatio

Concentrando nuestros pensamientos, desde la vivencia de la fe de un cristiano ¿qué están diciendo en la Iglesia las llagas de san Francisco. Desde mi percepción está diciendo tres cosas.

1. Que el misterio de la Encarnación es real. El Verbo se hizo carne, dice Juan (Jn 1,14). Y Dios condenó el pecado en la carne, dice Pablo (Rom 8,3). Efectivamente, Dios es carne. Que un hijo de Dios, una hija de Dios, reciba en su cuerpo las llagas de Cristo está manifestando que Dios es carne; que la Encarnación  es real. La Encarnación de Jesús, Hijo de Dios irradia en alguien que está unido a Cristo.

2. Las llagas de san Francisco (de santa Verónica Giuliani y de otros santos y santas) están diciendo que Cristo es el amor de mi vida, que mi amor está crucificado (Amor meus crucifixus est), que mi ser está en comunión vital, que soy suyo, absolutamente suyo, para siempre suyo. Que Cristo es esposo y en mi propia carne se realiza la unión esponsal.

3. Que, definitivamente, como padece Cristo padezco yo, mi cuerpo doliente apertura a la Iglesia y al mundo. Mi carne doliente es ofrenda y unión con la carne doliente de mis hermanos los hombres, El dolor impregna la vida, Ahí estamos, en comunión.

Guadalajara, Jal., Impresión de las Llagas de San Francisco 2014

domingo, 14 de septiembre de 2014 0 comentarios

594. La Virgen de Valvanera



Oh Virgen cobijada en árbol bueno

Hoy es domingo XXIV del tiempo ordinario, hoy es la Exaltación de la Santa Cruz… Hoy, domingo siguiente a la Natividad de María (8 de septiembre, día titular de innumerables Vírgenes) es la Virgen de Valvanera...
Sí, en la liturgia de mi diócesis de Calahorra-La Calzada y Logroño hoy es - se celebra - la Virgen de Valvanera, que no recuerdo qué escritor le dio el piropo y el apodo que le ha quedado: “el Sol de La Rioja”.


Pues brilláis en Valvanera
como Sol de esta región,
miradnos, Madre amorosa,
con tierna predilección
Así canta el coro del Himno oficial. Y sigue la primera estrofilla, con mucha ternura:
Virgencita adorada
de Valvanera;
Serranilla graciosa,
Bien de esta tierra.

La antiquísima imagen, llena de leyenda y de teología, fue coronada en El Espolón de Logroño, el 15 de octubre de 1954. Era el Año Mariano. Un decenio después el Papa Pablo VI con la bula “Amor dulcissimus” la proclamaba Patrona de nuestra Diócesis (23 octubre 1965).
En el entretanto los capuchinos, que hacía unos años habíamos venido a Logroño, dedicábamos una iglesia parroquia a la Virgen de Valvanera. Allí he vivido cinco años (1990-1995: ¡se abalanzan recuerdos en el corazón!); y anteriormente tres en el Camero Viejo (que esta Virgen de los Montes Distercios fue primero Patrona de Cameros).
El año 1960 se bendecía nuestra iglesia bajo la advocación de Ntra. Sra. de Valvanera, y el P. Gumersindo de Pamplona (luego José Luis Álvarez de Eulate, de grata recordación), describía así la imagen y el camarín.
Imagen de la Virgen de Valvanera en la iglesia de capuchinos de Logroño

“Al fondo, en el ábside, se destaca el camarín, muy logrado por cierto, con su techumbre de estrellas y el colorido del rosetón como fondo.
Y en el centro, sobre un pedestal de mármol, la Virgen de Valvanera, talla ciprés; policromada y dorada en oro fino y metal. Mide uno con noventa. En sus líneas generales conserva todo el sabor y tipismo de la efigie auténtica, si bien apunta un muy laudable acierto de presentarla al día. Es obra del escultor aragonés (Enrique) Pueyo”.

Cuando los monjes de Valvanera bajaban de aquellas alturas a la ciudad, se hospedaban en nuestro convento, y el recordado Padre Casiano, Prior, derroche de simpatía, nos aseguraba: “Salir de Valvanera para ir a Valvanera, no es salir de Valvanera”.

Yo también quise ser poeta de la Virgen de Valvanera. Recordando la leyenda de aquel penitente, el ladrón Nuño Oñez, a quien se le mostró la Virgen en un roble, que tenía panales de dulce miel de abeja y junto al cual brotaba una fuente, peregriné espiritualmente montaña arriba hasta la Patrona. Y me acordé de que ella es “el Sol de la Rioja” y de un vaso de vino que hace tantos siglos, en los albores de la lengua castellana, cantó el piadoso Gonzalo de Berceo.
Nos acercamos reverentes y confiados a María evocando: en la figura de Nuño es refugio de contritos; en labios de Berceo es Señora bien cantada; en las carabelas de Colón es Santa María; y, en fin, en la fe de la Iglesia, es la Madre de Cristo, la Madre del Verbo, la esclava fiel y Madre verdadera.
El P. Iñaki Aranguren, cisterciense, capellán entonces de sus hermanas cistercienses de Nuestra Señora de Vico, Arnedo (La Rioja) les puso música a las estrofas cuarta y quita como antífona mariana que se canta en Vico.


Oh Virgen cobijada en árbol bueno,
oh Virgen de la miel, que a Cristo engendras,
oh sol de nuestro vino y alegría,
Patrona y dulce Madre en Valvanera.

Refugio de contritos, compasiva,
entraña de la Iglesia, humilde sierva,
pureza de la fe de nuestro pueblo,
Señora bien cantada, amor que llena.

A ti acudimos, Madre clementísima,
sentada y coronada como reina,
y hundida en tu regazo nuestra frente,
a ti entregamos cánticos y penas.

Levántanos, piadosa hasta tu pecho,
hogar de paz que ahuyenta la tristeza,
oh tú, que al Verbo diste tu ternura,
esclava fiel y Madre verdadera.

María, Iglesia viva del Espíritu,
enséñanos a ser Iglesia alerta,
y tú que cruzas mares con apóstoles,
infúndenos el alma misionera.

(Oh Hijo de María, juez del mundo,
qu vences con tus plantas a la izquierda,
a ti la gloria, acógenos benigno
y tiéndenos tu rostro a la derecha! Amén.


Laguna de Cameros, 31 agosto 1989.
Guadalajara, Jal., domingo II de septiembre 2014.

 
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