sábado, 4 de julio de 2015 0 comentarios

710. Jesús rechazado en Nazaret y acogido por unos pocos



Homilía en el domingo XIV
del tiempo ordinario, ciclo B
Mc 6,1-6
Vídeo: próximamente
Texto evangélico:
Saliendo de allí se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: “¿De dónde saca todo eso’ ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y Joset y Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros aquí?” Y se escandalizaban a cuenta de él. Y les decía: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa”. No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos.
Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.


Hermanos:
1. Siguiendo la lectura del Evangelio de Marcos, nos encontramos ante un texto del que saltan chispas. Marcos 6,1-6, que cuenta aquel memorable encuentro o, más bien, “desencuentro” de Jesús profeta con sus paisanos. Texto célebre entre todos para una cuestión polémica en las Iglesias para dilucidarse el asunto de cuáles eran los parientes de Jesús,  “sus hermanos”, - incluso sus hermanas -  “los hermanos de Jesús”.
Sin embargo, el tema central de la escena, no es el tema de quiénes eran los hermanos de Jesús, sino de Jesús rechazado por los suyos, precisamente por los suyos, por el círculo inmediato de sus compaisanos. La experiencia dice con un dicho humorístico y malicioso que “si santo has de ser, tus hermanos te han de hacer”, para calibrar los límites de la pequeña comunidad donde a uno le toca vivir, sea ésta u otra, en este vaivén de aprecio e indiferencia, como si las cuales de uno habría que apreciarlas más bien fuera que dentro…

2. El evangelista san Juan, al principio de su Evangelio tiene una frase teológica inmensa y terrible: “Vino a los suyos (a su casa), y los suyos no lo recibieron” (Jn 1,11). Cierto que el evangelista no piensa aquí en el pequeño vecindario de Nazaret; la casa a la que vino, en el ámbito grandioso de este Prólogo del IV Evangelio, son los hombres. Vino a los hombres y los hombres no lo recibieron; grandioso y trágico, porque la reflexión del Juan el teólogo continúa: “Pero a cuantos el recibieron les dio el poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre” (Jn 1,12). Es la oferta que Dios hace al mundo entero en su amado hijo Jesucristo. “Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios” (v. 13). Así sigue el evangelista pensador para desembocar ahora en la frase más solemne del prólogo:
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria como del Unigénito del Padre,
lleno de gracia yd e verdad” (Jn 1,14).

3. Esta visión de una historia de salvación rechazada, pero al final triunfadora, aparece en lo pequeño en la historia de hoy: Jesús rechazado en su aldea de Nazaret, al grado de que el evangelista Marcos pronuncia esta sentencia: No pudo hacer allí ningún milagro. Ahora bien este juicio soberano se atenúa entre un sí y un no; porque algunos sí le recibieron: No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Que es lo mismo que dirán Juan: los suyos no lo recibieron, pero a cuantos lo recibieron…

4. Teniendo como referencia esta escena trágica, quizás llegamos al corazón del Evangelio. Jesús en la historia es rechazado, y, al mismo tiempo, es acogido por la fuerza sacramental de la fe. Jesús hoy, en nuestra sociedad (hoy como ayer, repito), es rechazado.
Jesús es rechazado en el matrimonio. Socialmente – y con el veredicto de la Corte Suprema del Poder Judicial, aquí en México – se ha aceptado el llamado matrimonio entre dos personas, del sexo que sea, cambiando la definición misma de lo que es matrimonio…; socialmente Jesús es rechazado. E individualmente también. ¡Qué pocos son los matrimonios (nunca se podrán hacer estadísticas) que viven el amor conyugal como Jesús lo ha revelado! Jesús rechazado en la sinagoga de su aldea de Nazaret; Jesús rechazado en la aldea global del planeta en la integridad del amor y la donación como Jesús la ha anunciado! Jesús rechazado en la sinagoga de su aldea de Nazaret; Jesús rechazado en la aldea global del planeta.  Lo gravísimo sería: Jesús rechazado en mi propio corazón. Dios de ninguna manera lo permita.

5. Del episodio de Nazaret, que lo tienen a su estilo y modo los demás Evangelios, pasamos al misterio mismo del don de la Encarnación. Cuando Dios está lejos no lo conocemos; cuando aparece radiante nos abruma; cuando aparece cercano, lo rechazamos, como si Dios, por hacerse cercano, perdiera su dignidad y su categoría.
Jesús sentencia con un dicho antiguo No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.
También en el Evangelio leemos esta gran reflexión teológica del evangelista: Y se escandalizaban a cuenta de él. Cuando Dios se acerca, nos escandaliza.
Con cierto paralelismo de acercamiento y rechazo hemos leído a Ezequiel, con palabras puestas en su misma vocación de Profeta de amor y de perdón: “Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Ellos y sus padres me han ofendido hasta el día de hoy. También los hijos tienen dura la cerviz  y el corazón obstinado” (Ez 2,3-4).

6. Ofrecimiento y rechazo, es la dinámica del Evangelio, la que se continúa por los siglos y persiste hasta hoy.
Desde esta clave de interpretación, hemos de abordar el asunto de los hermanos de Jesús. A un autor hay que interpretarlo desde él mismo. Desde la primera línea, desde el frontispicio del Evangelio Marcos ha escrito: Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Nos está contando la historia del Hijo de Dios entre los hombres, también en este momento. A este Hijo de Dios Marcos lo llama “el hijo de María”, cuando lo corriente era nombrar a uno por la referencia al Padre. Jesús no es nombrado en san Marcos “el hijo de José”, sino “el hijo de María”. Nos resulta misterioso, aunque tampoco podamos sacar conclusiones definitivas acerca de cuál es la consanguinidad de los que el evangelista los califica como sus hermanos y expresamente “sus hermanas”.
Lo más evidente es que el evangelista no está pensando en hermanos que hoy llamamos carnales, sino en esa parentela que según determinada cultura es llamada también “hermanos”.
Da cuatro nombres de varones: hermano de Santiago y Joset y de Judas y Simón.
Acaso, al tiempo en que se escriben los Evangelios, estos parientes habían adquirido cierto rango, al menos de honor en la comunidad cristiana. Aquí no dicen que estos nos creyeran; en otro lugar sí cuestionará a la familia de sangre de Jesús.

7. Hermanos que me escuchan:
Jesús llega hasta nosotros, hoy mismo llega. La pregunta que se cierne sobre mí es esta: ¿Le estoy recibiendo a Jesús, yo, yo mismo? ¿Soy capaz de que Jesús haga haga un milagro sobre mí?

Señor Jesús, hijo de María, ella sí te acogió y ella y tú erais la misma sangre. Concédeme que yo te acoja como te acogió tu Madre, María virgen, y que en mí tú puedas desplegar los milagros de tu amor. Amén.

Guadalajara, sábado, 4 de julio de 2015.
viernes, 3 de julio de 2015 0 comentarios

709. Laudato si’: Himnos para la liturgia – 2




Acepto, Padre amado, el mundo tuyo

“Ninguna persona puede madurar en una feliz sobriedad si no está en paz consigo mismo. Parte de una adecuada comprensión de la espiritualidad consiste en ampliar lo que entendemos por paz, que es mucho más que la ausencia de guerra. La paz interior de las personas tiene mucho que ver con el cuidado de la ecología y con el bien común, porque, auténticamente vivida, se refleja en un estilo de vida equilibrado unido a una capacidad de admiración que lleva a la profundidad de la vida. La naturaleza está llena de palabras de amor, pero ¿cómo podremos escucharlas en medio del ruido constante, de la distracción permanente y ansiosa, o del culto a la apariencia? Muchas personas experimentan un profundo desequilibrio que las mueve a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que a su vez las lleva a atropellar todo lo que tienen a su alrededor. Esto tiene un impacto en el modo como se trata al ambiente. Una ecología integral implica dedicar algo de tiempo para recuperar la serena armonía con la creación, para reflexionar acerca de nuestro estilo de vida y nuestros ideales, para contemplar al Creador, que vive entre nosotros y en lo que nos rodea, cuya presencia «no debe ser fabricada sino descubierta, develada»” (Laudato si´, 225).
Pensamientos del Papa Francisco que empalman con su modo y estilo y con lo que ya había expresado en la exhortación apostólica Evangelii gaudium. “Puedo decir que los gozos más bellos y espontáneos que he visto en mis años de vida son los de personas muy pobres que tienen poco a qué aferrarse. También recuerdo la genuina alegría de aquellos que, aun en medio de grandes compromisos profesionales, han sabido conservar un corazón creyente, desprendido y sencillo. De maneras variadas, esas alegrías beben en la fuente del amor siempre más grande de Dios que se nos manifestó en Jesucristo”. (Evangelii gaudium, 7).

Acepto, Padre amado, el mundo tuyo
y quiero disfrutarlo con pureza,
porque eres tú, mi Dios,  mi Creador,
el que ser por tu hijo me lo entrega.

Intensamente, sí, gozarme en él,
con sobriedad, gustando la belleza;
y quiero ser feliz con pocas cosas,
dejando mis cuidados a tu cuenta.

Un vaso de agua humilde y cristalina
que la mujer sencilla me ofreciera,
será delicia, sorbo al corazón
que en ti no ha quedar sin recompensa.

Y sea yo también ecología,
hogar de franca paz para quien llega,
acogedor de limpios pensamientos:
que sea yo la fuente de la aldea.

Perdón por mis pecados, mi guarida,
porque el pecado todo lo malea;
revísteme de prístina humildad,
que tal fue tu querer de Adán y Eva.

Desde el altar de la humildad, por Cristo,
a ti, oh Padre Dios, la vida ascienda,
¡oh, gracias infinitas, Padre bueno,
ahora en marcha, luego sempiternas! Amén.

Guadalajara, Jalisco, 3 julio 2015
jueves, 2 de julio de 2015 0 comentarios

708. Laudato si’: Himnos para la liturgia - 1



Mirar así como Jesús miraba

Cuando salió la encíclica, al punto los periódicos, con palmas de aceptación, pusieron grandes titulares: “El Papa urge a la política a liberarse del yugo del poder económico”; “el Papa pide una ´revolución cultural´ para salvar el planeta”… Era verdad, pero hay otra verdad más simple, más pura a medida que avanzamos, y nos encontramos, por ejemplo, con la mirada de Jesús  ¿Cómo miraba Jesús el planeta?
La mirada de Jesús . 96. Jesús asume la fe bíblica en el Dios creador y destaca un dato fundamental: Dios es Padre (cf. Mt 11,25). En los diálogos con sus discípulos, Jesús los invitaba a reconocer la relación paterna que Dios tiene con todas las criaturas, y les recordaba con una conmovedora ternura cómo cada una de ellas es importante a sus ojos: «¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Pues bien, ninguno de ellos está olvidado ante Dios» (Lc 12,6). «Mirad las aves del cielo, que no siembran ni cosechan, y no tienen graneros. Pero el Padre celestial las alimenta» (Mt 6,26).

Mirar así como Jesús miraba
con ojos luminosos y alma tierna
y a Dios veía cuando el ser miraba
mirar en el amor que centellea.

Lanzarse así a mirar los pajarillos
para decir que Dios los alimenta,
y al compartir mantel de tal ternura
decir sin más que Dios es Providencia.

Que Dios nos cuida a todos enseñaba,
que el sol, la lluvia, el aire y las estrellas
de todos son regalo por igual
y en ello goza el Padre y se recrea.

La hermana madre tierra en esta casa,
solícita por todos nos sustenta,
la hermana agua, hermana servidora
sirviendo humildemente está contenta.

Mirar el alma adentro hasta su origen
y verle al Creador en su tarea
y comprender entonces estas nupcias
del Padre con el Hijo en esta tierra.

Loado, mi Señor, mi Dios Altísimo,
cantemos ya la eterna y dulce fiesta,
por Cristo Redentor y en el Espíritu
que el Padre Dios nos ama y se revela. Amén.

Guadalajara, Jalisco, 2 julio 2015
 
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