viernes, 27 de febrero de 2015 1 comentarios

656. Domingo II Cuaresma B – Jesús transfigurado en el monte



Homilía para el Domingo II de Cuaresma
Mc 9,2-10
 

Domingo II de Cuaresma, Ciclo B
Gn 22; Rm 8,31-34; Mc 9,2-10


Texto evangélico:

Seis días más tarde Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, sube aparte con ellos solo a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: “¡Maestro, ¡qué bueno que estemos aquí!. Vamos a hacer tres tiendas, unas para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. No sabía qué decir, pues estaban asustados. Se formó una nube, que los cubrió y salió una voz de la nube: “Este es mi Hijo amado; escuchadlo”. De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban del monte,  les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían que quería decir
Aquello de resucitar de entre los muertos.


Hermanos:

1. En el camino de Cuaresma que nos lleva hasta la Pascua, marcado por seis etapas – cada una de ellas inicia con uno de los seis domingos de la santa Cuaresma -  el primer domingo es todos los años Jesús en el desierto, llevado pro el Espíritu y orando a su Padre, Dios, tentado y vencedor del demonio. El segundo, aparentemente todo lo contrario: Jesús transfigurado, irradiando esa gloria que recibe del Padre y que anticipa el estado de la Pascua. Parecería que un Evangelio de este género sería más propio para el tiempo pascual.
Pero todo tiene su razón. Lo que celebramos cada vez que celebramos la Eucaristía es el Misterio pascual de Cristo, se trate del tiempo de Adviento, de Navidad, de Cuaresma, de Pascua o del tiempo ordinario. Y el domingo especialmente, todos y cada uno de los domingos conmemoramos la Pascua del Señor y es la fiesta primordial de los cristianos.

2. Pero hay un detalle que también nos puede sorprender. En la transfiguración de Jesús en el monte aparecen Moisés y Elías – o Elías y Moisés, como prefiere escribir san Marcos, por algo será – y entonces lo propio sería recordar algo de la historia de Moisés o de Elías. Y, sin embargo, la lectura era de Abraham. ¿Por qué este desajuste? Y todos los años, el segundo domingo de Cuaresma recordaremos a Abraham, en una escena u otra de su vida. Tenemos saber por qué razón.

3. Miren hermanos, si estamos atentos a las lecturas veremos que la Iglesia nos instruye con una catequesis. En las semanas de Cuaresma en la primera lectura se va haciendo un recorrido de la Historia de salvación de Dios con su pueblo, según esta secuencia:
el primer domingo, la historia de salvación en los orígenes del mundo;
el segundo, la historia de salvación en Abraham, como lo acabamos de escuchar;
el tercero, en la época de Moisés;
el cuarto, en la época de los reyes;
el quinto, la historia de salvación en los profetas.
Y el sexto, llamado domingo de Pasión, es entrada de Jesús en Jerusalén, con su mensaje apropiado.
Por todo esto se nos va mostrando cómo la Cuaresma es un camino hacia la Pascua del Señor.

4. Centrándonos, pues, en el mensaje de hoy, ante nosotros tenemos dos cuadros: uno, Abraham en el Monte Moria; otro, Jesús en el Monte de la Transfiguración, identificado como el Monte Tabor, aunque ninguno de los evangelistas que nos han relatado este episodio nos habla del monte Tabor, que aparece en los salmos.
Veamos, primero, lo que nos está diciendo Dios por medio del creyente Abraham. La historia de Abraham es mi propia historia, y nos está haciendo ver lo que Dios pide a quien ama, y lo que debe darle el creyente. El resumen podría ser esta frase: El todo es la medida del amor.

5. Cuando Abraham tenía 99 años Dios le promete un hijo. Dios le había pedido al principio sacrificar todo el pasado; ahora le pedía machacar todo el futuro. La primera oblación fue grandísima; esta última fue total.
Abraham no objetó, ni pidió explicaciones. Dios le pedía todo, y Abraham le dio todo. Abraham es el hombre de la fe y del amor.        
Cuando Dios vio que Abraham le había dado todo, le perdonó la ofrenda, y un carnero fue la sustitución del hijo.
Pero observad lo que nos ha dicho san Pablo en la segunda lectura: Dios no se perdonó a sí mismo. Entregó a su Hijo a la muerte, y no quiso sustitución por el Hijo. No quiso el sacrificio en holocausto de un carnero o de una oveja; no quiso ninguno de aquellos de los sacrificios del Templo. Dios entregó a su Hijo a la muerte por mí.
Y san Pablo discurre: “El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas?” (Rm 8,32).
Esta es nuestra fe, hermanos; ésta es la fe que meditamos en Cuaresma, camino de la Pascua.

6. Pasemos a la Transfiguración. Fue cuando la vida de Jesús iba avanzando. Aquella popularidad primera había pasado. El rechazo era cada vez más patente.  Jesús tiene que orar. Su refugio sólo puede ser Dios mismo. Y sube a la montaña a orar, acompañado de los tres que van a ser sus confidentes en el Huerto de Getsemaní.
¿Y qué ocurrió? Que cuando el hombre está en el abismo de la nada, entonces aparece la luz de Dios. Se dejó ver lo que Jesús llevaba dentro. Llevaba en su corazón a Moisés y a Elías, la Ley y los profetas. Conversaban con él. Eran la oración íntima de Jesús.
La Nube misterio de la Presencia divina los cubrió, como había cubierto a María en la Anunciación, y de en medio de la Nube se escuchó una voz. “Este es mi Hijo amado, escuchadle”.
Esa voz iba dirigida a Jesús, para confortarle en su camino; e iba dirigida a nosotros, para mostrarnos al Hijo como Evangelio y vida.
Jesús es el Hijo amado del Padre. No puede inventarse definición mejor.

7. Desde esta declaración entendemos lo que es la vida de Jesús, y lo que, por él, con él y en él, es igualmente nuestra vida.
Jesús es el Hijo amado del Padre, y yo soy el hijo amado, la hija amada.
La historia de Jesús conmigo va a ser una historia de amor. El amor pide todo y el amor da todo.
El Padre no perdonó a su Hijo. Le pidió todo: la muerte en Cruz. Y le dio todo: la resurrección, la gloria, el tener en la historia una legión de amadores cual nadie los tuvo. Nosotros mismos somos los amadores del Hijo, somos regalo que el Padre da a su Hijo.
Hermanos, como Abraham, el Padre de la fe; como Jesús, con nadie comparable, vayamos por la senda del amor. Esta es nuestra Cuaresma.

Señor Jesús, una sola te pido: Que el todo sea la medida de mi amor, hoy, al recibirte en la Eucaristía y todos los días de mi vida. Amén.

(Guadalajara, 27 febrero 2015).

Poema-himno para orar, sobre la frase:
El todo es la medida del amor

El todo es la medida del amor
y es Abraham la prueba luminosa,
el fiel que amó, creyendo y esperando:
creer y amar son una misma cosa.

Llamado fue en la cumbre de su vida
y todo lo dejó en la patria hermosa;
salió sin otro rumbo que la fe,
sin más seguridad que una Persona.

El Dios de la Palabra fue su ruta
y la amistad con Dios fue su corona;
su vida fue Divina Providencia
dejándose en quien nunca se equivoca.

Un hijo tuvo, don de la Promesa,
regalo de la fe que se abandona,
y Dios que se lo dio se lo quitaba,
y fue el amor mayor que la congoja.

Amar del todo es tránsito sin ver,
decirle a Él: lo que me diste toma,
y déjame decirte que te amo,
y tú, mi Dios, sabrás hacer tu obra.

Que Dios pide el pasado y el futuro,
que sólo hay una entrega generosa.
Amor del todo amor tan sólo hay uno:
decirle “Sí” con cuerpo y alma toda.

¡Mi Dios y Padre mío, aquí me tienes,
de ti nací y el alma a ti retorna:
con este hijo haz cuanto te agrade,
y guste yo tu gracia deliciosa! Amén. (Puebla, 9 marzo 2009).


TRATADO DE LA TRANSFIGURACIÓN

Para entrar más y más en el misterio del Transfiguración el lector puede visitar estos lugares de nuestra reflexión en este blog:

196. Transfigurado (1): Jesús hombre, mi divina hermosura.
197. Transfigurado (2): La conversación de Moisés y Elías con Jesús (Meditatio cordis)
199. Transfigurado (3): La luz tabórica del rostro.
200. Transfigurado (4): ¡Escuchadle!: La Biblia, lugar de la Transfiguración.
201. Transfigurado (5): Los ecos del silencio.
202. Transfigurado (6): ¡Escuchadle!: Y el silencio de Dios.

Como himnos para la Transfiguración en mercaba.org / El pan de unos versos / Año litúrgico / Cuaresma: Himnos en torno a los domingos de Cuaresma.
1   Segundo domingo: Aquel hombre que asciende a la montaña
 2 Segundo domingo: Llega el Reino de Dios en ese rostro
 3 Segundo domingo: Ha transido tu carne
jueves, 26 de febrero de 2015 0 comentarios

655. Retiro sacerdotal de Cuaresma



Venerable sacramento de Cuaresma
I
El venerable sacramento de la Cuaresma
         El primer domingo de Cuaresma es el comienzo del venerable sacramento de la observancia cuaresmal anual. Así se expresa la Carta circular de la Congregación para el Culto Divino, sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, de 16 de enero de 1988 (en el n.23). En este himno queremos destacar y grabar muy fijo en nuestros corazones esta expresión: venerable sacramento: ¡Oh hermoso y venerable Sacramento!
     En realidad, tal expresión no es de la Congregación del Culto Divino, sino que viene directamente de la liturgia, de las oraciones del primer domingo de Cuaresma. En efecto, allí se dice: venerabilis sacramenti celebramus exordium, celebramos el comienzo del venerable sacramento (Super oblata), annua quadragesimalis exercitia sacramenti, los ejercicios anuales del sacramento cuaresmal (Colecta).
     Si decimos que la Cuaresma es Sacramento decimos que el centro de la Cuaresma no soy yo (yo he pecado, yo me convierto, yo hago penitencia, yo oro, yo doy limosna...), sino que el eje, el centro, el protagonista es Cristo, solo Cristo. Yo quedo asumido en el desierto de Cristo, en la oración de Cristo cara a cara ante el Padre, llevado por el Espíritu; yo quedo asumido en la penitencia de Cristo.
     San Agustín, como teólogo y pastor, Doctor del Cuerpo Místico, lo expresó así: Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete también a ti mismo victorioso en él (Lectura patrística del primer domingo de Cuaresma).
¡Oh hermoso y venerable Sacramento
que, paso a paso, lleva hasta la Pascua,
Cuaresma de la Iglesia, esposa y madre,
que a Cristo nos conduce, enamorada!

¡Oh hermoso y venerable Sacramento,
por Cristo, que es presencia aquí actuada!
Tú eres, oh Jesús, en vida y gloria
ayer, y hoy y siempre, toda gracia.

¡Oh hermoso y venerable Sacramento,
mirando a nuestro Padre cara a cara,
desierto de oración en la verdad
que el corazón humano limpia y sana!

¡Oh hermoso y venerable Sacramento,
de ayuno, de limosna y de plegaria!
Condúcenos, oh Cristo, nuestro hermano,
oh guía fiel de tu familia humana.

¡Oh hermoso y venerable Sacramento
oh suave disciplina que nos salva!
Venid con frente humilde, hermanos todos,
que a todos juntos nuestro Dios aguarda.

¡Honor a ti, Orante en el desierto,
solícito vigía en la atalaya!
¡Venciste, mi Jesús, al enemigo,
y hoy reinas, oh Señor; a ti las gracias! Amén.

(Nota. Este himno con su introducción está puesto en Internet: mercaba.org / [Portal] El pan de unos versos /  [fr. Rufino María Grández] / Año litúrgico / Cuaresma)
II
Irradiación del quadragesimalis sacramenti
     Para entrar en este sacramento (sacramentum) o misterio (gr. ysterion) cuaresmal podemos percibir estas referencias:
1. Jesucristo, inicio, medio y plenitud
2. La iglesia comunidad viviente
3. Los pobres del Señor.
4. El mundo, historia de Dios
5. Yo, hijo de Dios, siervo y ministro de gracia

1. Jesucristo, inicio, medio y plenitud
     Convicciones teológico‑sacramentales
     1. El protagonista de la Cuaresma no soy yo, hombre viator y pecador, sino Cristo, Santo de Dios. Según esto, el título de los seis domingos cuaresmales podrían ser estos:
Domingo 1º - JESÚS tentado y vencedor
Domingo 2º - JESÚS transfigurado
Domingo 3º - JESÚS da el agua viva: la Samaritana
Domingo 4º - JESÚS da la luz a un ciego de nacimiento
Domingo 5º - JESÚS resucita a Lázaro
Domingo 6º - JESÚS entra como Mesías en Jerusalén
     2. La Cuaresma es "sacramentum" porque está unida al "Mysterium paschale", desde donde recibe su unidad y su fuerza.
     3. Cuaresma y Pascua son un todo indivisible.
     4. El "Mysterium Christi" se realiza tanto en Cuaresma como en Pascua; del mismo modo como ese único "Mysterium Cristi" se realiza tanto en Adviento como en Navidad. De manera que la Cuaresma es "preparación" para la Pascua solo relativamente. No olvidemos que cada domingo ‑ del tiempo que sea ‑ es Misterio Pascual de Cristo integral.
     5. Pero sí es cierto que no habría Cuaresma, si previamente no hubiera Pascua. La Pascua precede a la Cuaresma; de la Pascua nace la Cuaresma.
     6. El carácter místico de la espiritualidad cristiana, como vivencia del misterio integral de Cristo, debe prevalecer sobre el ascético.
     Habrá que recuperar el sentido místico de los sermones de san Agustín (Christus totus), que evocan la mística paulina del "in Christo Iesu":
"Acabamos de escuchar en el Evangelio cómo el Señor Jesucristo fue tentado por el diablo en el desierto. El Cristo total era tentado por el diablo, ya que en él eras tú tentado. Cristo, en efecto, tenía de ti la condición humana para sí mismo, de sí mismo la salvación para ti; tenía de ti la muerte para sí mismo, de sí mismo la vida para ti; tenía de ti ultrajes para sí mismo, de sí mismo honores para ti; consiguientemente, tenía de ti la tentación para sí mismo, de sí mismo la victoria para ti. Si en él fuimos tentados, en él venceremos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado y no te fijas en que venció la tentación? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconoce también a ti mismo victorioso en él. Hubiera podido impedir la acción tentadora de diablo; pero entonces tú, que estás sujeto a la tentación, no hubieras aprendido de él a vencerla" (Oficio litúrgico del domingo I de Cuaresma).

La Cuaresma de Jesús, paradigma de la Cuaresma cristiana
     1. El carácter espiritual‑simbólico de la Cuaresma (cuyo fondo de realidad histórica no podemos negar) nos invita a unir Bautismo‑Desierto como la explanación de una sola vivencia del Señor Jesús.
     2. El misterio del Bautismo culmina como misterio trinitario en al declaración de la filiación divina: Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco.
     3. Jesús va al Desierto
     ‑ como Hijo amado
     ‑ e impulsado por el Espíritu.
     4. El Desierto de Jesús, teológicamente hablando, participa del mismo carácter trinitario del Bautismo. Nuestras reflexiones "ascéticas" deben someterse a esta inspiración primaria de Jesús. La Cuaresma de Jesús tiene primacialmente una carga contemplativa; y a eso debe tender la nuestra.
     5. Pero los testimonios nos hablan de la victoria de Cristo sobre el diablo, victoria que atraviesa toda su vida y se inicia en el desierto.
     6. Esta victoria, como victoria encarnada, es presentada como fruto de la tentación. Por lo mismo, no hay desierto sin tentación. Y del mismo modo en la vida cristiana no hay desierto sin tentación; no hay Pascua sin Cruz.

2. La iglesia comunidad viviente, sacramento de presencia y vida
     La Iglesia es el sacramento primordial de Dios, sacramento de sacramentos, y verifica su esencia de múltiples modos:
     1. Toda asamblea cristiana, por el hecho de ser "cristiana" (no por el mero hecho de ser asamblea) es sacramento de la presencia del Señor. Y hablamos no solamente de la asamblea "litúrgica" sino de toda asamblea que irradia de la fe en el Señor. El coro parroquial es asamblea en el Señor.
     2. Dentro del sacramento cuaresmal es central la espiritualidad de Bautismo que la Iglesia nos ofrece: La Noche Pascual es noche bautismal en la que renovamos nuestra alianza con el Señor que sale a nuestro encuentro. Y la Cuaresma obra en nosotros una lenta y compenetrada preparación.
     3. La Cuaresma es sacramento cuaresmal por la celebración del sacramento de la penitencia, al que a todos se nos invita, personal y comunitariamente.
     4. La Cuaresma es sacramento como "tiempo propicio". El tiempo es el Sacramento de la historia, si miramos el tiempo como el medio en el que se actualiza la historia de salvación, mi historia de salvación.
     5. La Iglesia se hace presente a través de una pedagogía catequética con la cual maternalmente me va llevando de la mano. Las "catequesis cuaresmales" son básicas en la vida cristiana; catequesis que luego, en Pascua, serán preferentemente "catequesis mistagógicas"
3. Los pobres del Señor.
     Uno de los hitos de este pontificado es la referencia constante
     ‑ a los pobres
     ‑ y a las periferias existenciales.
     Son motivos "transversales" de la doctrina y actuación del Papa, algo que, por otra parte, emane de su propia persona y de su proveniencia
     1. El carácter sacramental de los pobres queda patente en el texto de la Parusía que Jesús protagoniza: "En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis" (Mt 25,40).
     2. La vida nos dice que los pobres los tenemos siempre con nosotros: "a los pobres los tenéis siempre con vosotros" (Jn 11,8).
     3. Si las periferias, moradas de los pobres, son portadoras del sacramento de Dios, y las periferias no son únicamente las periferias "sociales", sino también las "periferias exis­tenciales", he aquí que el confesionario es un modo extraordinario donde te vas a encontrar de continuo con una periferia existencial. En realidad no hay mayor periferia que el pecado, que es al lejanía de Dios.
     4. Los pobres del Señor son el argumento del Papa Francisco, y en concreto el mensaje que él propone como mensaje para esta Cuaresma, fechado con antelación en la fiesta de san Francisco de Asís (4 de octubre de 2014), y basado en tres consignas de la Sagrada Escritura:
‑ "Si uno mismo sufre, todos sufren con él" (1 Co 12,26) ‑ La Iglesia
‑ "¿Dónde está tu hermano? (Gn 4,9) ‑ Las parroquias y las comunidades
‑ "Fortalezcan sus corazones" (St 5,8) ‑ La persona creyente
     En este mensaje el Papa sella una expresión: "la Globalización de la Indiferencia". Su mensaje nos invita a hacer frente a esta indiferencia, extendida por el Globo de la Tierra, y que a lo mejor ha podido entrar en mi corazón.

4. El mundo, historia de Dios
     1. Donde está el hombre está Dios y lo estará hasta el final. Esto nos lo han enseñado las santas Escrituras: que no hay historia humana que no sea, simultáneamente, historia de salvación, es decir, historia en la que Dios está presencialmente actuando para nuestra salvación. Todo ello, sin que nosotros podamos percibir los hilos que entretejen esa historia.
     2. La visión del mundo nos está resultando de pánico, y no vemos hacia dónde va caminando la humanidad. De hecho unos pocos ‑ porque los terroristas son, han sido y serán unos pocos ‑ están sembrando de terror. El Islam no es lo que hacen algunos terroristas islámicos. Pero unos terroristas pueden ser el inicio de una guerra mundial.
     3. De México el Papa ha escrito en carta particular: "Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror". Y, viendo lo que está pasando en Argentina ha escrito que aún estamos a tiempo de evitar la "mexicanización" de Argentina… Gran revuelo diplomático. ‑ Un comentario entre los innumerables: "¿Se acuerdan cuando aquí en México se decía de la "colombianización"? Díganme ahora, ¿cómo está Colombia en estos momentos? No se rompan las vestiduras y acepten lo que vivimos". Sean cuales sean las reacciones de la diplomacia, el periódico de ayer (un día cualquiera) te dice: "Suman 173 ejecutados en dos semanas. Se expande la violencia. Afecta a 18 estados el crimen; impacta a lugares que eran pacíficos" (MURAL. Expresión de Jalisco, 24 /I/2015, página inicial). Cualquier pastor de almas se pregunta: ¿Qué quiere decir la Cuaresma en este contexto?
5. Yo, hijo de Dios, siervo y ministro de gracia
     Ya no se trata de hacer una especie de "plan táctico" de Cuaresma, si bien es bueno que para mi propio orden personal me establezca unos puntos de referencia.
     Se trata, más bien, de avanzar y quedar sumergido en el misterio que nos desborda. Al fin, la Cuaresma es el encuentro con mi Padre Dios, encuentro que ha de traspasar mi alma de ternura. Quizás ya nada sé, ya nada entiendo… No es pasividad, sino amor de Dios infinito que lleva hasta mí y me enternece con su ternura.
     Soy pecador y no tengo que condenar a nadie, porque yo, el primero, me siento invadido por el perdón de Dios amantísimo, que me da confianza total para el día de la eternidad, llegue cuando el Señor disponga.
     A nada que me acerco a la liturgia veo que la liturgia me desborda, que día a día a día me da y me sugiere sin comparación más de lo que yo puedo asimilar.
     Sé que antes de que yo haya aparecido en el escenario muchos hombres de Dios, sabios pacientes, pastores de alma, han ido tejiendo el entramado del año litúrgico, que ahora yo lo tengo y disfruto servido en bandeja. Me aprovecharé de estas riquezas y trataré, mediante el estudio, de sacar la mina de saberes que aquí se ocultan. Sé que la celebración para nada es erudición, pero una sana erudición, comenzando por la sabiduría de las Escrituras te facilita el paso al misterio, dejándose conducir por la experiencia de los que han sido antes que yo.
     Justamente el día 23 el Santo Padre aprobaba el dictamen de los teólogos y obispos para que el armenio San Gregorio de Narek (ca 945‑950 / ca. 1001‑1005), desconocido en las escuelas teológicas de occidente, pasara a ser Doctor de la Iglesia Universal (doctor número 36 de los doctores).
     Como sacerdote, la liturgia eucarística de cada día va a ser mi primera vivencia de este santo tiempo sacramental.
     Camino a la vera de las lecturas bíblicas, que son la dirección espiritual de la Iglesia. Pero junto con esto seré catequizado por los Padres que leemos cada día. Yo sé que mi comunidad está conmigo en mi oración de alguna manera está escuchando conmigo, porque yo puedo aprovecharme y transmitir…, como una madre.
     En fin, en lo íntimo de mi corazón, al margen de todo esquema, Dios me inspira lo que es agradable a sus ojos día a día.
     ¡Virgen Madre del Señor, a tu solicitud de madre me confío!

III
Lo más puro de Cuaresma: abrir el corazón al Padre
     La Cuaresma tiene su, annua quadragesimalis exercitia sacramenti (anuales ejercicios del sacramento cuaresmal), sus “ejercicios”, que repetimos: limosna, oración, ayuno... Nos centramos en uno, que los concentra todos, la oración.
     La oración es “la respiración del amor” (Constituciones de los hermanos menores capuchinos). Lo más puro de Cuaresma es la oración al Padre; lo más bello de Pascua es la oración al Padre; y lo más bello de cada día... la oración al Padre.
     Para Jesús la marcha al desierto de la Cuarentena, llevado por el Espíritu, fue la marcha al corazón de Dios, su Padre.
No seáis como los paganos
     “Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho, los harán caso” (Mt 6,7). La diferencia entre la oración de los paganos (gentiles) y la oración de los cristianos es que la oración de los cristianos es oración revelada. Bien es verdad que Dios, al margen de toda ley, puede entrar en los corazones e infundir una fe que Jesús no ha encontrado en Israel. Ante el caso del centurión romano de Cafarnaún, Jesús comenta: “En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe” (Mt 8,10).
     Un argumento más para convencernos de que la oración es realmente tal, cuando es inducida por Dios mismo.

Padre, la palabra central del Evangelio
     La palabra “Padre”, si la tomamos no como una metáfora, sino como una realidad jamás soñada, nos trasporta a la esfera infinita en que Jesús vive y se mueve. Su contenido exacto no podemos trasvasarlo a nuestra conciencia. Cuanto más la oremos - la contemplemos - más se irá saturando de sentido, de experiencia, de esperanza, pues es una palabra de por sí abierta a lo infinito. La palabra “Padre” se llena de un sentido nuevo desde la experiencia de Jesús.  Lo que Jesús ha vivido y experimentado, su vida y muerte quedan sedimentados dentro como contenido de esta palabra.
     Mi propia historia personal va a ir llenando, poco a poco, esta palabra.
     La oración cristiana - toda - nace y concluye en esta palabra. Expresa la novedad absoluta de la oración cristiana, por estas razones:
     1a Porque enlaza nuestra oración definitivamente con la oración de Jesús; mi oración pasa a ser oración de Jesús.
     2a Porque me abre un ámbito nuevo, que es el ámbito trinitario en el cual se ha tejido la historia de la salvación.
     3a Porque reordena toda mi forma de pensar. Es la palabra más teológica, pues que te da el verdadero corazón Dios.
     4a Es la palabra escatológica por excelencia: invocando a Dios como Padre se alumbra mi horizonte futuro bajo el signo de la misericordia, de la ternura, del perdón, de la acogida. Palabra, por otra parte, que unifica toda la historia bajo el signo de la fraternidad.
     5a Es, además, la palabra contemplativa. Decir “Padre” es contemplar a Dios siempre nuevo y sorpresivo, que excede todo pensamiento.
     Según esto, orar es llamar a Dios Padre, y quedarse en esta palabra. El tránsito a la oración.
     Somos llamados a este éxtasis de amor. Todos quedamos invitados. Es lo más bello de la vida. Bien sabemos intelectualmente que lo más hermoso de nuestra existencia no es “amar a Dios”, sino ser amados por Dios: ser amados por Dios y enterarnos de que así es. No hay dignidad ni misión superior a este ser amados en el Amado, ser hijo en el Hijo, y, en consecuencia, ser testigos y pregoneros de este amor.
     Desde esta palabra iluminada entendernos perfectamente la secuencia:
     PADRE
     - santifica tu Nombre: muéstrate quien eres;
     - trae tu Reino.
     - haz tu Voluntad: concordemente cielo y tierra un solo himno.
     Tres aspiraciones que son, en su esencia una: Padre..., Padre..., Padre...., resplandece y brilla, sé lo que eres.
     PADRE
     - danos el pan de hoy; mañana te lo volveremos a pedir: sé nuestra Providencia:
     - perdónanos, y haznos una comunidad de perdón;
     - sálvanos en la Gran Tentación, porque solo queremos estar contigo.
     Así oraba Jesús; así nos enseñó a orar nosotros.
Zapopan, Jal., 25 febrero 2015
(Retiro dirigido a los Sacerdotes del
Decanato de La Santa Cruz, Guadalajara, Jalisco)
 
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