miércoles, 18 de enero de 2017 0 comentarios

885. Himno por la Unidad: "Del conflicto a la comunión"



El Dios de la Unidad es nuestro Dios

Seguramente que el documento más profundo y bello que hasta ahora se ha publicado sobre la Unidad de los Cristianos es el texto preparado por Luteranos y Católicos para conmemorar juntos, en este año de 2017, los 500 años de aquellos episodios (31 de octubre de 1517) que dieron origen a lo que luego se llamó la Reforma.
Este documento, muy amplio (cinco capítulos, 145 números, más de 100 páginas en la edición de Sal Terrae, que se puede leer íntegro en Internet) se titula “Del conflicto a la comunión”. Documento de alta y matizada teología de parte católica y luterana, documento ejemplar de serenidad, de respeto y aprecio mutuo. Documento que nos estimula para tener la certeza de que la Unidad querida por Jesús ha de venir por la acción que está operando el Espíritu del Señor.
Este documento termina con cinco imperativos, que transcribimos, y en el espíritu del mismo proponemos un himno para la liturgia.

* * *
El primer imperativo: católicos y luteranos deben comenzar siempre desde la perspectiva de la unidad y no desde el punto de vista de la división, para de este modo fortalecer lo que mantienen en común, aunque las diferencias sean más fáciles de ver y experimentar.
El segundo imperativo: luteranos y católicos deben dejarse transformar a sí mismos continuamente mediante el encuentro de los unos con los otros y por el mutuo testimonio de fe.
El tercer imperativo: católicos y luteranos deben comprometerse otra vez en la búsqueda de la unidad visible, para elaborar juntos lo que esto significa en pasos concretos y esforzarse continuamente hacia esa meta.
El cuarto imperativo: luteranos y católicos deben juntamente redescubrir el poder del evangelio de Jesucristo para nuestro tiempo.
El quinto imperativo: católicos y luteranos deben dar testimonio común de la misericordia de Dios en la proclamación y el servicio al mundo.

El Dios de la Unidad es nuestro Dios,
el Padre de Jesús, el Hijo amado,
y el lazo del amor, el santo Espíritu
está esperando ya el fraterno abrazo.

Perdón sincero juntos nos pedimos,
que en celo, sin piedad, nos injuriamos,
mas hoy sinceramente nos decimos
que la unidad no viene del pecado.

Con gozo veneramos la Escritura,
perenne manantial fecundo y claro,
sus páginas nos juzguen y enderecen
si del sentir de Dios nos desviamos.

La Cruz y el Evangelio nos conduzcan,
pues fuimos en su cruz justificados,
que sea el Evangelio nuestro gozo
y en nuestra faz lo vean retratado.

Unidos con la gracia del bautismo,
enséñanos a ser tus enviados,
en tu humildad, Jesús, y en tu servicio
a los pies de los pobres, tus hermanos.

¡La gloria a solo Dios, la gloria toda,
y a su misericordia, nuestro amparo,
por Cristo en el Espíritu presente,
con fe en el destino deseado! Amén.

Guadalajara, Jalisco, 18 enero 2017
lunes, 16 de enero de 2017 0 comentarios

884. Tiempo ordinario: Canto de comunión a Jesús Esposo, y Señor del Sábado



Esposo nunca soñado

El Evangelio de hoy – lunes de la segunda semana del tiempo ordinario es Mc 2,18-22, que tiene sus paralelos en Mt 9,14-17 y Lc 5,33-39. La frase central es esta: ¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? (v. 19).
El exegeta se interroga: ¿Es posible que Jesús hablara con este lenguaje? Porque esto va más allá de una simple comparación utilizando la imagen de unas nupcias. Marcos insiste reiterando el sentido en el mismo versículo: Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar.
Jesús no es comporta como un esposo. Jesús mismo es el esposo. ¿De quién? De la comunidad mesiánica que se está inaugurando. El Esposo, como, según los profetas, comenzando pro Oseas, Dios era el esposo de Israel.
Nada extraño que en el Evangelio de Juan la imagen pase a labios del Bautista: “Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado delante de él”. El que tiene la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar” (Jn 3,28-30).
Acaso estamos en los hontanares de la cristología: Jesús esposo de la Comunidad mesiánica de Israel…, Jesús, por una contemporaneidad sacramental, esposo mío.
Podemos cantarle en el momento íntimo de la comunión.

1. Esposo nunca soñado,
Esposo Jesús Mesías,
que otro igual jamás será,
ni nadie lo encontraría.

2. Esposo de intimidad,
amor nuevo cada día,
caricia para mis sienes,
junto a mí Sabiduría.

3. Soy esposo prometido
para ti, mi prometida,
y mis cartas te enviaba
escritas en Profecía.

4. Esposo que un día dijo:
Yo soy tuyo, tú eres mía;
Amistad es la alianza
que en mi sangre fue cumplida.

5. Prohibido era el ayuno,
cuando la boda se hacía,
que otro mundo, que otra casa
en estas nupcias nacían.

6. Esposo de nueva Eva,
como ella lo merecía,
nuevos odres, nuevo vino
en la mesa se servía.

7. Mi Jesús contemporáneo,
real en la Eucaristía,
eres mi hoy y mi pálpito,
carta de amor que me envías.

8. Eres palabra en silencio,
oída en todas mis fibras:
ya me callo, ya me callo…
y te escucho en tu vigilia. Amén.

Guadalajara, 15 enero 2017 (lunes de la segunda semana del tiempo ordinario).


Señor del Sábado

Parar orar en la comunión con el Evangelio del día
Martes, II semana, Mc 2,23-28

El episodio de las espigas arrancadas en sábado (Marcos / Mateo / Lucas), espigas que son comidas (Mt), frotándolas (Lc, es decir, como “moliéndolas”) hay una frase final que suena como un estampido: El Hijo del hombre es Señor del Sábado. ¿Quién puede ser Señor del Sábado, sino quien ha creado el Sábado como corona de la creación y morada de Dios mismo? “Así quedaron concluidos el cielo, la tierra y todo el universo. Y habiendo concluido el día séptimo la obra que había hecho, descansó el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque en él descansó de toda la obra que Dios había hecho cuando creó” (Gen 2,1-3).
Si Jesús es Señor del Sábado – y no hijo del Sábado, siervo del Sábado… - Jesús no se atribuye simplemente una magisterio moral, sino una categoría divina. Estamos, de nuevo, en los hontanares de la cristología.
A este Jesús de la historia, Hijo del Hombre, Señor del Sábado, que es más que el templo (Mt 12,6), “más que Jonás” (Mt 12,41), “más que Salomón” (Mt 12,42), a este Jesús es a quien recibimos en la Sagrada Comunión.

1. Te dices Señor del Sábado,
Señor de la Biblia entera,
de David, el elegido,
y de su gente guerrera.

2. Mayor que el rey Salomón,
mayor que Jonás profeta,
no hay en las páginas santas
quien comparársele pueda,

3. De mi corazón Señor,
Dueño de la tierra entera,
mi Dueño y mi libertad
y mi Pascua venidera.

4. Unigénito del Padre,
sandalias de nuestras sendas,
y ahora más dentro de mí
con tu divina presencia.

5. Rendido el tiempo a tus pies,
eres tú la vida eterna,
el mañana amanecido
en este hoy de la espera.

6. Todo es bello, si eres tú
la paz que en mí se aposenta,
una caricia de amor
en la penumbra serena.

7. Serás mi Dios cercanía,
mi silencio en tu presencia,
comunión en simple estar,
envuelto en ternura inmensa. Amén.

Guadalajara, Jalisco, martes de la II semana del tiempo ordinario
17 enero 2017.
 
 
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