sábado, 31 de enero de 2015 0 comentarios

646. Domingo IV B – La entrada de Jesús en la sinagoga de Israel



Homilía para el Domingo IV del tiempo ordinario, ciclo B
Mc 1,21-28


Texto bíblico:
Y entran en Cafarnaún y, al sábado siguiente, entra en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas.
Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar: “¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús lo increpó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaban estupefactos: “¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundo y le obedecen”. Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Hermanos:
1. Cuando uno lee o escucha el Evangelio de Jesús, una simple escena del Señor, que tiene su circunstancia y su sentido concreto, es como el retrato de toda su persona. Es él. Es todo él. Y más, cuando uno sabe cuál ha sido el principio y el final de la vida de Jesús, puede ver a Jesús todo entero, como en una ráfaga luminosa, siempre que aparece en escena.
Intuición que tiene una aplicación especial a los hechos primeros de la vida pública. Después del bautismo y desierto, Jesús inicia el anuncio del Reino, y escoge a los primeros discípulos. Entra en acción un sábado, en la sinagoga de Cafarnaún, la ciudad principal del lago que él había escogido, de momento, como campo radial de sus operaciones. Lo que pasa en la sinagoga es el Evangelio entero:
- una enseñanza nueva,
- la victoria fulminante del espíritu del mal.
- una iluminación radiante, que plantea la interrogación total acerca del misterio de Jesús. ¿Qué es esto? Y, en consecuencia, ¿quién es este?, pregunta que luego va atravesando la vida de Jesús.
Sobre esta línea de pensamiento quisiéramos que fluyese nuestra homilía, que es catequesis y anuncio del Evangelio que resuena viviente entre nosotros.

2. Y lo primero de todo, lo que el Evangelio llama “enseñanza nueva”. El mensaje de Jesús en la sinagoga se le llama enseñanza. Los hijos de Israel, las buenas gentes que piadosamente acudían a la sinagoga, a recibir el mensaje de Moisés y los profetas, se quedan llenos de admiración y sorpresa. Una doctrina sorprendente, porque es distinta de la predicación y doctrina que impartían los rabinos. El Evangelio emplea un calificativo: una doctrina “con autoridad”.
Los maestros judíos daban vueltas y vueltas a la Biblia, revolvían textos, relacionaban unos pasajes con otros. Es lo que hacemos nosotros cuando explicamos la Biblia en la clase: Miren ustedes los textos paralelos o concordantes, que como un termómetro de densidad vienen escritos en los márgenes de la Biblia. Esto se llama “escrutar las Escrituras”; ayuda mucho; enriquece, por así decir, el mismo sentido de la Biblia. Con todo, no es esa la clave de interpretación, por mucha erudición que acumulemos.

3. Además los rabinos se apoyaban en los dichos e interpretaciones transmitidos por los antiguos maestros, algo así como cuando nosotros citamos a san Agustín y a los santos Padres y a otros santos para que nuestras palabras tengan más peso. O lo que hacemos frecuentemente, citando al papa Francisco, o al papa Benedicto. Un pensamiento que lo diríamos de nuestra cuenta, pero tiene más solemnidad, más autoridad cuando decimos que lo dijo otro más importante que yo. El Talmud, que son volúmenes y volúmenes, que es la explanación de la Mishná, texto de alguna manera paralelo a la Biblia, está repleto de citas, de la sabiduría de los antiguos.

4. La autoridad de Jesús no es esa. Es una autoridad que le viene de sí. No necesita ningún préstamo de nadie. Es la autoridad de la verdad, la autoridad radiante, que no necesita prueba, porque la verdad brilla por sí misma.
Autoridad que irradia fuerza espiritual. Jesús expulsa demonios, Jesús lanza enfermedades. El foco es el mismo; es su persona, es su autoridad.

5. Los que nos dedicamos a proclamar la Palabra de Dios tenemos que aprender infinito de esto. Nuestra autoridad debe venir del contagio de Jesús. Una autoridad que no necesite pruebas, porque la verdad resplandece por sí y fascina desde dentro. Y tal debe ser la autoridad de cada cristiano y de la Iglesia, Madre y Maestra: humilde y sencilla, y al propio tiempo radiante y eficaz. Jesús hablaba con esa autoridad.

6. Pero hay un aspecto, hermanos, que debemos considerar con atención. Los santos Evangelios hablan de la doctrina o enseñanza, que en griego se dice la “didajé”, palabra que ha pasado al lenguaje de los primeros cristianos. Nuestra fe no es solo anuncio y profecía; es también enseñanza armónica, coherente y progresiva. Nuestra enseñanza es también catecismo; pero un catecismo inicial para niños, sino catecismo para adultos. Las verdades de la fe nos ofrecen conocimientos cada vez mayores, en los que podemos avanzar y profundizar. Y cuanto más conocemos más fascinados quedamos de la hermosura de Jesús; porque el conocimiento lleva al amor, si no, sería un conocimiento inútil y, acaso,  curioso y frívolo.
Pensando estas cosas, reflexionamos: ¡Qué gran déficit de doctrina padecemos en nuestra fe católica! Un cristiano puede tener un doctorado en su especialidad, y ser un ignorante en las cosas de la fe.

7. Pero volvamos directamente al texto evangélico. “¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios. De aquí surge el comentario de la gente: “¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundo y le obedecen.
La enseñanza de Jesús, la didajé de Jesús, y el anuncio de Jesús, que luego con una palabra técnica se va a llamar el kerigma, tiene dos efectos inmediatos: expulsa los demonios y cura enfermedades. Son poderes inherentes a la predicación evangélica que Jesús da a sus apóstoles cuando los envía por el mundo.
El poderío del demonio ha sido derribado y entra el reino de Dios. Los enfermos curados son testimonio contundente de que el reino de Dios ha de ser vida, vida en plenitud, libre de esclavitudes.

8. Todo esto aparece al comienzo. Comienzo y primicia de la vida de Jesús, el Señor. ¿Qué es esto? ¿Quién es este?
Los cristianos lo sabemos y lo confesamos. Este es Jesús, el Viviente, nuestro Salvador. Este es Jesús, el amor y la compasión del Padre en el mundo. Este es Dios con nosotros. Este es Jesús en nuestra celebración dominical, pascual, de la Eucaristía.

9. Señor Jesús, fuerza de Dios, victoria de Dios en mi corazón, creo en ti. Transfórmame en la vida que has traído al mundo.

Guadalajara, sábado 31 enero 2015
viernes, 23 de enero de 2015 1 comentarios

645. Domingo III B – Los llamó y al instante lo siguieron



Homilía para el Domingo III del tiempo ordinario, ciclo B
Mc 1,14-20


Texto bíblico:
Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio d Dios; decía. “Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio”.
Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón. echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.

Hermanos:
1. Este año, que es el ciclo B del ciclo trienal de lecturas dominicales, vamos a escuchar el Evangelio según san Marcos. En algunos domingos será suplido por san Juan, dada la brevedad del Evangelio de Marcos con respecto a los otros.
San Marcos es el Evangelio más breve y el más antiguo. En una lectura somera uno lo ve como Evangelio muy sencillo. A poco que entremos en un estudio detallado, uno percibe que san Marcos está cargado de teología a rebosar. Y prueba al canto es la pequeña sección que acabamos de escuchar, siete versículos, a saber, capítulo primero, del 14 al 20, que lo resumimos en dos palabras: anuncio y seguimiento. Y surge la pregunta o, más bien, la admiración: qué anuncio y qué seguimiento.
El anuncio es la proclamación que hace Jesús de su mensaje; el seguimiento lo vemos en dos escenas de pescadores, llamados a ir en pos de Jesús: Simón y Andrés, Santiago y Juan, dos parejas de hermanos carnales entre sí,  que son el paradigma de cuál es el seguimiento de todo cristiano, que ha tomado a Jesús como maestro, como guía, como Señor y Salvador.

2. ¿Cuál es la proclamación de Jesús? Jesús proclama cuatro cosas:
1) Que el tiempo se ha cumplido.
2) Que el reino de Dios irrumpe sin marcha atrás.
3) Que nos convirtamos,
4) acogiendo el Evangelio.

Este fue el anuncio de Jesús, anuncio que hoy llega a mí personalmente, y a toda mi comunidad, como una invitación. En la primera comunidad cristiana el anuncio será el kerigma, el anuncio cumplido, Jesús muerto y resucitado, convertíos.
El tiempo se ha cumplido. Jesús ve la historia humana como “tiempo de Dios”, tiempos sucesivos en los que él iba actuando y haciendo su obra. Y ve que este es el tiempo final, la verdadera culminación de la historia. San Pablo llamará a esta etapa la “plenitud de los tiempos” o la “plenitud del tiempo”: “Cuando llegó la plenitud del tiempo envió Dios a su hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” (Gal 4,4).
Jesús es consciente de que este es el tiempo de Dios, el tiempo final detrás del cual no viene otro superior, no hay otra etapa realmente nueva en la historia humana, y sabe que él es el centro y el protagonista de este tiempo.

3. Y lo dice de esta forma: “y el reino de Dios está cerca”, una frase que ha dado lugar a múltiples explicaciones. Pero a la luz de la secuencias de los hechos de la vida de Jesús, nosotros nos damos cuenta de que el reino de Dios ha comenzado a llegar con él. Los milagros de Jesús están delatando, todos ellos, que el reino de Dios estaba allí. Jesús es el inicio del reino de Dios, que definitivamente se ha empezado a implantar en la tierra y que no tiene marcha atrás.
Al pronunciar Jesús estas palabras, felizmente nos sentimos involucrados: con Jesús estamos en el reino; somos testigos de las maravillas del reino; testigos y beneficiarios. Jesús comienza a actuar de esta manera: anunciando la obra de Dios en la historia.

4. Los primeros que se apuntan a este reino, que comienza a hacer su aparición en la tierra son unos pescadores humildes del lago. En realidad, no se apuntan ellos; Jesús los llama con divina autoridad y ellos aceptan la llamada al instante. El reino no es ninguna conquista, sino que es un don del Padre. Eso fue entonces y eso es hoy. El reino no es una opción que uno hace con generosidad, incluso perdiéndolo todo por alcanzarlo; el reino es siempre, absolutamente siempre, un regalo que gratuitamente nos da el Padre del cielo.

5. Lo que pide Jesús para entrar en el reino es una sola cosa. Está expresada en esta frase del Evangelio: Convertíos y creed en el Evangelio, una llamada que se podría expresar correctamente de esta manera: “Convertíos, creyendo en el Evangelio”. ¿Qué es convertirse? Creer. Creer en el Evangelio o “creer en el Jesús del Evangelio”, que es lo mismo, creer en Jesús, aceptar a Jesús, haberse encontrado con Jesús dándole plena entrada en nuestro corazón.
Convertirse no es dejar una vida de pecado y  esforzarse por una vida ejemplar. Es algo más simple, más exigente, más vital y constante: Convertirse es adherirse a Jesús, porque realmente lo he encontrado y esto es el acontecimiento nuevo y absoluto de mi vida. Aquí comienza el mundo y aquí culmina, cuando yo me encuentro con Jesús. Es un encuentro de amor que ha dado un rumbo y un sentido nuevo a mi vida. Es el comenzar a vivir bajo el régimen de la gracia, no de la ley. Evidentemente que si antes uno está en el ámbito de los vicios y pecados, al punto saldrán de aquellas esclavitudes para aceptar el dulce yugo del Señor.

6. Las dos escenas de seguimiento que vienen a continuación nos dicen qué es esta conversión y seguimiento, este cambio de vida y nacimiento de algo diferente, nuevo y totalmente inesperado. “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”. Dejaron una vida, dejaron todo y se lanzaron camino de un nuevo amanecer. Dejaban redes, dejaban familia, dejaban pasado, dejaban futuro.
¿Adónde les iba a llevar el nuevo rumbo que se abría, y que se llama simplemente fe? Les llevaba a Jesús y adonde Jesús fuera.
Conversión y seguimiento, fruto de un anuncio, de una llamada, conversión fulminante que se presenta como la nueva creación. La palabra de Jesús opera lo que dice, igual que Dios en la creación: Dios lo dijo y existió.
Hermanos, este es el seguimiento perfecto, ayer, hoy y siempre. La palabra de Dios, crea el mundo que viene.
¿Qué decir ante ello?

7. Señor Jesús, yo me declaro discípulo tuyo. Yo he puesto en ti mi confianza. Mi pasado está en tus manos, y mi futuro también. Haz que mi presente sea abandono, valentía y entre sin condiciones, bajo el signo de tu palabra, que es plena confianza y luz en mi sendero. Amén.

Guadalajara, jueves, 22 enero 2015.

martes, 20 de enero de 2015 0 comentarios

644. Oblación por la Unidad de la Iglesia



Oblación por la Unidad de la Iglesia

Semana de la Unidad de la Iglesia, para recordar la palabra de Jesús cuando oró al Padre en aquella oración después de la Cena, que era la consagración – o la epíclesis – de su Pasión:
Padre santo, guárdalos en tu nombre a los que me has dado, para sean uno, como nosotros…
No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado (Jn 17,11. 20-21).
¿Qué es la unidad? El corazón me dice que es el ápice del amor. El amor es unitivo. Mirando la última profundidad del ser, descubro que yo quisiera, sin dejar de ser yo, ser uno con la persona a quien amo. Es el eco del ser que resonaba al principio del Génesis. “…y serán los dos una sola carne” (Gen 2,24).
Inútil hacer filosofías de la unidad: hay que vivirla desde el claro del ser, desde la vocación del amor.
El año 2001 di unas clases en el “Instituto de Teología Espiritual de Barcelona” (dirigido por el eminente maestro de Sagrada Liturgia Pedro Farnés) sobre este anhelo de la Unidad de la Iglesia, que brota de las santas Escritura. Aquellas reflexiones pasaron a ser un librito: Oblación por la unidad.
El lector lo tiene a su disposición en: mercaba.org. Desde el portal del sitio puede entrar en: El pan de unos versos / Sumario / Oblación por la Unidad.
De aquellas páginas, he aquí un poema para orar. Pensamos en una comunidad orante que, por la noche, en el oficio nocturno eleva sus plegarias al Padre tomando la fibra más sensible del corazón de Jesús: Que sean uno.
Muchas almas consagradas han hecho una oblación de vida por los sacerdotes; así santa Teresita del Niño Jesús. Una oblación de vida por la Unidad es equivalente, y no faltará quien la vea… hasta más en la órbita de la Oración Sacerdotal de Jesús.

Oh Padre de Unidad, misericordia,
que soy un pecador y en ti confío;
al Hijo de tu amor, que es nuestro abrazo,
a ése has de mirar, oh Padre mío.

Recibe nuestras lágrimas sinceras,
gemido del Espíritu divino,
y acepta la oblación de nuestra vida,
oh Padre, unida al llanto de tu Hijo.

Que sea nuestro claustro silencioso
coloquio al corazón, pasión contigo;
que el mundo entero sepa que lo amamos,
que es suya nuestra casa, el Pan y el Vino.

No tardes más, no tardes, Padre amado,
y haznos uno, como pan de trigo;
no tardes, por piedad, no tardes, Padre,
que estamos todos muy arrepentidos.

Los salmos de la noche lo susurren,
llegando hasta tu pecho enternecido;
¡a ti la Gloria y la Unidad, oh Padre,
a ti, eternamente agradecidos! Amén.

Barcelona, 4 de abril de 2001.
 
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