miércoles, 29 de diciembre de 2010

2. El Señor te bendiga y te guarde


(Año nuevo)

Hermanos:

1. ¡Año Nuevo! Adiós al Calendario anterior para estrenar otro nuevo, y acostumbrarnos bien ponto al número que ahora empieza: 2011. Saludamos con el augurio de nuestros mayores: ¡Feliz Año Nuevo!, o con el deseo redondo: ¡Feliz y próspero año nuevo! Muchas cosas queremos decir en este “próspero”, pensando especialmente que el último ha sido año duro de la crisis económica.
Pero hablamos como cristianos que queremos celebrar todo acontecimiento de la vida como presencia de Dios, que está y vive con nosotros y nos va conduciendo. La misa de este primer día es, sin duda, un ofrecimiento de primicias.
Hay tres aspectos de la celebración litúrgica que los debemos tener presentes para centrarnos correctamente en el misterio que la Iglesia proclama.
El primero: Hoy es la Octava de Navidad. La Navidad, nacida de la Pascua, se celebra con octava. Pascua y Navidad son las dos únicas fechas que tienen celebración con octava; hoy coronamos, por tanto, nuestros festejos en torno a esta revelación: el Verbo se hizo carne.
El segundo: Hoy es la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. El Verbo se hizo carne, sí, a través de las entrañas de la Virgen. María es Madre, María es Virgen: prodigio igual nunca se conoció, ni nunca se volverá a conocer. Hoy es una de las cuatro fiestas pilares de la Virgen en la liturgia, a saber: Inmaculada (8 diciembre), Maternidad de María (hoy), Anunciación del Señor (25 de marzo), que es también la Anunciación a María; y cuarta, la Asunción a los cielos (15 de agosto).
Tercero: Por ser Año nuevo, en buena parte del mundo, desde hace muchos años el Papa Pablo VI quiso que fuera el Día Mundial de la Paz. La Paz es la prosperidad del mundo.

2. Los textos sagrados, a través de los cuales llega la Palabra de Dios, nuestro Padre, iluminan el misterio en esta triple dimensión. El Evangelio nos lleva al portal con los pastores. María guardaba en su corazón todas estas cosas y las iban meditando; dos expresiones que ha empleado el evangelista san Lucas y que a nosotros nos dan la clave espiritual de lo que también debemos hacer: guardar y meditar.
San Pablo en un pasaje grandioso de la Carta a los Gálatas sitúa el misterio de la Encarnación en la plenitud de los tiempos y al presentar el envío que Dios hace de su Hijo al mundo, nos dice: “nacido de una mujer, nacido bajo la Ley”. Una declaración primordial para levantar el monumento de la doctrina de María en la obra de nuestra salvación, por voluntad de Dios.
En fin, la bendición de la primera lectura, la bendición principal que tiene la liturgia de Israel, bendición tomada del Libro de los Números, nos está diciendo en qué consiste ese “¡Feliz y próspero Año Nuevo!”, que es el Año bendecido por Dios. Si alcanzamos esa bendición de Dios, que él nos la está brindando con un gran abrazo, nuestro año, pase lo que pase, será feliz e incluso próspero. “Quien a Dios tiene, nada le falta: solo Dios basta”, según los versos de santa Teresa de Jesús.
Detengámonos en esta bendición.

3. Estamos en los tiempos en que nació el pueblo de la Alianza en el desierto. Moisés ha dispuesto el culto, según las prescripciones que el Señor le ha dado en la nube luminosa del Sinaí. El texto sagrado nos dice que esta es la bendición que debe enseñar Moisés a su hermano Aarón, ungido para el servicio del culto, y que han de transmitir él y sus descendientes. El pueblo de Israel tuvo un respeto absoluto a estas palabras que consideró como palabras sagradas, y cuando la Biblia se traducía al arameo, la fórmula de la bendición quedaba intacta, en hebreo. No era una fórmula de magia, pero sí una fórmula sacramental.
Las palabras tenían la fuerza divina que irradiaba salvación y protección.
“Que el Señor te bendiga y te proteja”, primera de las tres invocaciones del Nombre de Yahveh sobre la comunidad santa. Estamos ante la comunidad cultual que se postra ante Dios, y el Sacerdote que bendice, bendice en singular; lo mismo en cada una de las expresiones que siguen. Las relaciones de Dios con los hombres no son relaciones en conjunto; son siempre, aun en la comunidad, relación de tú a tú. Dios es el Tú de mi vida. Dios es mi diálogo y el reposo de mis pensamientos; Dios es mi anchura, mi futuro, mi presente.
Por tres veces se invoca el Nombre de Dios para para que descienda como un cobertor divino sobre el pueblo; y, efectivamente, Dios baja, desciende y llega hasta el pueblo, y entra en mí.
Por tres veces, y en cada una de ellas con dos expresiones distintas, se invoca el descenso del Nombre de Dios:
- te bendiga y te guarde,
- te muestre su rostro y te conceda su favor,
- te mire con benevolencia y te conceda la paz.
Ya ven, hermanos, multiplicamos los versos, para decir, con seis palabras, en el fondo lo mismo: el Señor esté contigo.

4. Hay dos cosas que nos dan el secreto de esta bendición, si nos dejamos penetrar de ellas dos. Y son estas: que es Dios mismo el que actúa, y que ese Dios actúa precisamente en mí. Él es la fuente; yo soy el destinatario.
Ahora yo, en mi propia intimidad, puedo ir deletreando y paladeando cada una de esas seis palabras, apropiándomelas como seis regalos de Dios para iniciar este año.
Se dice: Que el Señor te guarde. Dios es mi Roca, mi bastión, mi fortaleza, mi baluarte, mi castillo inexpugnable. Aunque un ejército acampe contra ti, nada temas, porque Dios es tu muralla, tu castillo.
En otro tono de intimidad va esa expresión de que “el Señor haga brillar su rostro sobe mí”. Hay rostros de todos los colores y luces. Si yo estoy triste o amargado, mi rostro se apaga. El rostro, que es la ventana del alma, puede despedir vida o muerte. Hay miradas que enamoran y miradas que matan. La bendición de Dios es el rostro iluminado y enamorador de Dios. Ese es el rostro de Dios. Si una vez lo conocemos, tendremos ganas de mirarlo, que eso es, ni más ni menos, la contemplación. O mejor, tendremos ganas de quedarnos ante Él, para que él nos mire, nos sane y alegre y vivifique con su mirada. En esta bendición de Israel pedimos, pues, la mirada de Dios.
Así cada una de las expresiones del texto sagrado viene a ser como un manantial de revelación.
Observen la final: El Señor te conceda la paz; en hebreo, “Schalom”. Con el Schalom se saludan nuestros hermanos judíos al encontrarse y al despedirse.
La paz es el conjunto de todos los bienes; es lo que resulta cuando todo funciona. En una familia, la paz es el fruto del amor, del perdón, de la unión. Es el bien supremo al que podemos aspirar en esta vida. Al inicio del Año es el deseo que resume todos los deseos.

5. Si hablamos en México, ¿qué significa la paz? Ustedes lo saben perfectamente y dolorosamente. No hay paz, y el camino es oscuro. Al comienzo de noviembre la estadística negra de los muertos en la lucha contra el narcotráfico superaban los diez mil en un año, rebasando trágicamente las estadísticas anteriores. El luto por los muertos ha sido enorme, y el temor de los vivos, en especial en algunos estados, llena de angustia.
No podemos terminar con ese panorama tan hosco, pero tampoco podemos ignorarlo, porque es parte de nuestra realidad.
La paz que anhelamos, la paz que cada uno quiere tener en su corazón como fuente de vida, viene de Dios. Ha entrado con Jesús en el misterio de la Encarnación.
La paz está en brazos de María. A Jesús, con palabras de la Escritura, le llamamos Príncipe de la Paz. Y a la Virgen, con palabras nuestras, la invocamos como Reina de la Paz.
A ella, pues, alzamos la mirada. ¡Reina de la Paz, ruega por nosotros! Amén.


Si deseas, puedes escuchar este texto en audio.

1 comentarios:

berta dijo...

Lo descubri hoy, lei toda su poesia Canta Eucaristia y las reflexiones mas recientes, cuanta profundidad en sus escritos, se deja ver el amor que le tiene al Señor. Me emociono saber que es Usted el autor del Himno del Congreso Eucaristico Internacional en Guadalajara, yo estuve ahi, lastima que no lo conocia., lo canto con toda la voz. Que el Señor lo mire con benevolencia y le conceda su favor....Bertha

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