jueves, 30 de diciembre de 2010

4. La Epifanía del Señor al mundo entero

(Fiesta de la Epifanía, 6 de enero)

Nota. En México, desde donde escribo, la Epifanía del Señor (6 de enero) se celebra el domingo II de Navidad, con sus lecturas propias, que este año de 2011 coincide el 2 de enero.


Hermanos:

1. Epifanía del Señor, fiesta hermosa, fiesta de luz que es la corona del Nacimiento, si bien no termina aquí el ciclo de Navidad, manifestación de Jesús que concluirá con la manifestación en el Jordán, el Bautismo del Señor, el domingo siguiente a la Epifanía.
- ¿Por qué es hermosa la fiesta de la Epifanía?
- Porque es la fiesta de Reyes, fiesta de cabalgatas mágicas, noche de dulce fantasía para los niños inocentes. Al menos así ha ocurrido largamente durante siglos en nuestra historia española…, por hablar de mi tierra.
Los niños merecen perpetuamente su fiesta. Son para nosotros una especie de recordatorio del paraíso que hubo en aquellos tiempos primordiales. Y es hermoso juntar la inocencia con la religión, porque nada más bello se puede presentar a esas criaturas que la belleza de sus almas, habitada por personajes celestiales. El arte de educar ha de tener presente el no hacer cuentos con la religión (sí el hablar con el lenguaje adecuado), porque decir mentiras a los niños sería cosa semejante a una violación, y el niño merece un respeto absolutamente sagrado. Hoy, después de tantos escándalos padecidos, somos muy sensibles a este respeto que ellos merecen.
La historia de los Magos de Oriente, venidos a adorar al Niño, no es un cuento; es una composición, ungida de poesía y, sobre todo, teología, de esa sección del Evangelio que llamamos “el Evangelio de la Infancia”. Esos capítulos primeros del Evangelio de san Mateo y san Lucas, en estilo narrativo, nos cuentan el misterio de la Infancia de Jesús Resucitado, Salvador del Mundo. El Resucitado es el protagonista de esa historia, crisálida de la vida pública de Jesús Nazareno.

2. “Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti”. Hace muchos años, siendo yo joven sacerdote, una persona me confió qué había producido este versículo aquella Navidad en su alma. Sencillamente la luz había venido a su corazón, y con la luz se habían ido el pecado y la tristeza, y había venido la alegría. Es que una mera palabra de la Escritura puede ser la visita poderosa de Dios, que cambia completamente el panorama de la persona. Cuántas gentes en un momento oscuro y fecundo de su vida se sienten tocados por una simple frase que les ha abierto las ventanas del alma a una realidad personal, superior y definitiva, y comienzan a llorar no de amargura, sino de alegría.

3. “Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti”. La primera vez que se pronunciaron estas palabras fue en unas circunstancias desoladoras. Es la voz de un profeta que, al concluir el destierro de Babilonia, en los días de la repatriación anima a los que tornan a que contemplen un futuro de gloria, de tanta…, que solo Dios puede ser, y está siendo, el artífice de esta gloria. El Templo incendiado…, las murallas derruidas… Había que comenzar desde las piedras, y este hombre visionario contempla la luz: “ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti”. Y ve una caravana que llega de Oriente: “tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos… Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso, oro y mirra y proclamando las alabanzas del Señor”. La fantasía oriental se queda tímida y raquítica, porque el Héroe de esta hazaña es Dios mismo, el Dios de la compasión y del amor sin retorno.

4. Ha habido que acudir a estos pasajes exultantes, y a los salmos que también se expresan en términos semejantes, para decir de alguna manera lo inefable: lo que está ocurriendo con el Verbo de Dios Encarnado, Niño de María Virgen en Belén.
Epifanía no es la fiesta de Reyes, sino la Fiesta del Rey. Jesús es la luz del mundo, Jesús es la Estrella de Jacob, Jesús es la luz de Dios. San Juan dirá en su primera carta: “Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna”. Pues Jesús es esta luz, la luz del mundo. Y dicho del modo más concreto y vivo: Jesús es mi luz, es la luz de mi vida.
Es la luz de mi historia, la estrella de mi amor, la luz de mi eternidad a medida que los años se van haciendo sentir en el cuerpo.

5. Cuando Jesús entra en el mundo se manifiesta como la esperanza cumplida de Israel, y pastores judíos acuden a adorarle, pero es Salvador del mundo, y por eso vienen de lejanas tierras. San Pablo lo dice en Efesios con palabras teológicas: ahora se ha revelado que por el Evangelio “también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo”.
Este es el significado hondo de la fe que hoy estamos celebrando: el mundo entero queda congregado junto a la cuna de Jesús; ¡vamos con alegría hasta el Niño Dios!

6. Fiesta misionera la fiesta de la Epifanía, y, al mismo tiempo, fiesta de consagración. Por una parte Cristo se nos da y se nos da al mundo entero, a nosotros, que de nuestros ancestros vinimos de la gentilidad…
Si él se me entrega a mí, por una lógica que sobrepasa toda filosofía, por una lógica elemental y evidente, yo me entrego a él. Yo le entrego los dones de mi vida: todo mi oro, todo mi incienso, toda mi mirra.
Pero hay algo mejor: no son los dones de mi patrimonio; soy yo mismo, mi corazón.
Aquí no termina la entrega. Hay una entrega superior. Es la entrega que se produce cuando yo me identifico con Cristo por la fe y con él me entrego al Padre. Escuchen la oración que luego hemos de pronunciar como oración de las ofrendas: “Mira, Señor, con bondad, los dones de tu Iglesia, que no consisten ya en oro, incienso y mirra, sino en tu mismo Hijo Jesucristo, que, bajo las apariencias de pan y de vino, va a ofrecerse en sacrificio, y a dársenos en alimento”.
Hermanos, no se pude decir mejor el misterio de nuestra consagración. Que en esta celebración eucarística se cumpla en nosotros. Amén. 


Himnos para orar en la Epifanía del Señor, véase en mercaba.org | Rufino María Grández | El pan de unos versos | Año litúgico | Navidad-Epifanía.
1. Oh lumbre fontanal, hogar pacifico
2. Dios es Luz
3. Oh santa Epifanía del Señor
4. Lavada está la Iglesia y perfumada
5. Oh Dios visible, lleno de hermosura
6. María Virgen Madre muestra al Hijo (Epifanía en América)
7. La fe del santo bautismo (Tiempo después de Epifanía)
8. Madre de la Epifanía (Plegaria del 6 de enero)

Si deseas, puedes escuchar este texto en audio

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