domingo, 2 de enero de 2011

5. Meditación franciscana sobre el Nacimiento del Señor


 (Ternura y lágrimas)

Nota. El texto que viene a continuación no es una homilía para ser pronunciada en la celebración eucarística; es una mera meditación del misterio recordando nuestras fuentes franciscanas, es una simple contemplación amorosa del Nacimiento.

Hermanos:

1. Hay tres vivencias espirituales de san Francisco, ungidas de emoción y envueltas en lágrimas, que ¡ojalá que por contagio, por ósmosis espiritual pasaran a nosotros! Son las lágrimas por la Pasión, la ebriedad espiritual al recibir la Eucaristía, las lágrimas por el nacimiento de Jesús.
Las lágrimas y la risa son propiedades humanas; son enlace de lo más bello con lo más bello y auténtico de la vida. ¡Quién nos diera llorar, cuando la vida clama que lloremos! Y quién nos diera esa sonrisa, que no es ficción ni coquetería, sino suavísima paz del misterio que Dios nos regala, ternura, inocencia concentrada y nunca perdida, aunque el pecado, por un tiempo, nos hubiera engañado en nuestra genuina identidad.
San Francisco de Asís, el humilde y pobre Francisco de Asís, que enternece a quien empieza a conocerle (ahí está, como un espécimen, el poema de “Los motivos del lobo”, de Rubén Darío) es un santo que brilla en la Iglesia por su total transparencia, por sus sentimientos a flor de piel, por la capacidad maravillosa e ingenua de expresar la vida del Espíritu en su carne, en su voz, y en su poesía… Pero no es él solo, ni mucho menos.
Todos los hombres de Dios, a medida que avanzan, se internan por el camino de la ternura. San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios,  nos invita a pedir el don de lágrimas para contemplar los misterios de la vida de Cristo, lágrimas más preciosas y fecundas que aquellas que el pecador lanza por sus pecados. En la contemplación del Nacimiento de Jesús, Ignacio invita al ejercitante a entrar en el portal de Belén y verlo todo, con detalle, con arrobamiento, y verse a sí mismo allí: “… haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, mirándolos, contemplándolos y sirviéndolos en sus necesidades, como si presente me hallase, con todo acatamiento y reverencia posible; y después reflectir en mí mismo para sacar algún provecho” (EE 114). Si el cuerpo tiene sus sentidos, también el alma tiene los suyos, para poder “aplicarlos”. Con estos sentidos uno puede besar a Cristo con besos de amor, y el olfato espiritual puede embriagarse con la fragancia de la divinidad de Cristo.

2. Francisco de Asís, el hombre de la ternura, ha sido el hombre de las lágrimas. Ha llorado mucho, si bien dicen los biógrafos que procuraba no hacerlo en público. Él sabe y así lo enseña a sus hermanos que un pecador puede llorar sentimentalmente: esas lágrimas no humedecen el corazón. “El pecador puede ayunar, orar, llorar, macerar el cuerpo. Esto sí que no puede: ser fiel a su Señor. Por tanto, en esto podremos gloriarnos: si devolvemos a Dios su gloria; si, como servidores fieles, atribuimos a él cuanto nos dona.” (2 Celano 134).
Cuando hablamos de la Navidad y san Francisco, al punto nos acordamos de aquella célebre Navidad de media noche en Greccio que, tres años antes de morir. Convocó a sus hermanos y a las gentes sencillas de las aldeas para celebrar al vivo el nacimiento de Jesús, haciendo que un sacerdote diga la santa misa, teniendo ante los ojos un pesebre con heno, un buey y una mula. Francisco, con ornamentos de diácono, cantó el Evangelio. “Luego predica al pueblo que asiste, y tanto al hablar del nacimiento del Rey pobre como de la pequeña ciudad de Belén dice palabras que vierten miel. Muchas veces, al querer mencionar a Cristo Jesús, encendido en amor, le dice el "Niño de Bethleem", y, pronunciado "Bethleem" como oveja que bala, su boca se llena de voz; más aún, de tierna afección. Cuando le llamaba "niño de Bethleem" o "Jesús", se pasaba la lengua por los labios como si gustara y saboreara su paladar la dulzura de estas palabras” (Vida escrita por fray Tomás de Celano, 1228, n. 96).
E igualmente recordamos de otros primeros biógrafos. “Nosotros que hemos vivido con el bienaventurado y hemos escrito estas cosas sobre él, damos testimonio de que muchas veces le oímos decir: "Si yo hablase al emperador, le suplicaría que, por amor de Dios y en atención a mi ruego, firmara un decreto ordenando que ningún hombre capture a las hermanas alondras ni les haga daño alguno; que todas las autoridades derramen trigo y otros granos por los caminos fuera de las ciudades y castillos, para que, en día de tanta solemnidad, todas las aves, y particularmente las hermanas alondras, tengan qué comer; que, por respeto al Hijo de Dios, a quien tal noche la bienaventurada Virgen María, su madre, reclinó en un pesebre entre el asno y el buey, estén obligados todos a dar esa noche a nuestros hermanos bueyes y asnos abundante pienso; y, por último, que en este día de Navidad todos los pobres sean saciados por los ricos" (Legenda de Perusa, 14).
La Navidad de san Francisco es, pues, un caso muy especial en la hagiografía cristiana, que cada año la familia franciscana lo recordamos con sumo agrado. Y como Francisco también tratamos a nuestro estilo de celebrar el misterio del nacimiento con villancicos, llenos de poesía y ternura.

3. El misterio para él tenía vetas riquísimas. Una de ellas era el considerar la pobreza de la Virgen pobrecilla que dio a luz en tales circunstancias de extrema precariedad. Esto en Navidad y siempre. Era una de sus imágenes de María, la Virgen pobrecilla de Belén.
He aquí una anécdota. “No recordaba sin lágrimas la penuria que rodeó aquel día a la Virgen pobrecilla. Así, sucedió una vez que, al sentarse para comer, un hermano recuerda la pobreza de la bienaventurada Virgen y hace consideraciones sobre la falta de todo lo necesario en Cristo, su Hijo. Se levanta al momento de la mesa, no cesan los sollozos doloridos, y, bañado en lágrimas, termina de comer el pan sentado sobre la desnuda tierra” (2 Celano, 200).

4. Todo esto que recordamos es lo que otros han visto y contado de nuestro Hermano. Pero ¿tenemos testimonios suyos en directo, vivencias personales que él haya plasmado, dando salida a los sentimientos de su corazón? Afortunadamente sí.
San Francisco, rezando los salmos, fue entresacando versículos que especialmente tocaban su corazón para componer un oficio votivo de la Pasión del Señor, también durante la Navidad.
Podemos escuchar su salmo Navideño para contemplar el misterio de Cristo. Este salmo, con esa selección de versículos que él hizo, y con otros textos bíblicos dice de esta manera ante el Divino Niño de Belén.


- Glorificad al Dios, nuestra ayuda (Sal 80,2);
cantad al Señor, Dios vivo y verdadero, con voz de alegría (cf. Sal 46,2).
- Porque el Señor es excelso,
terrible, rey grande sobre toda la tierra (Sal 46,3).
- Porque el santísimo Padre del cielo,
nuestro Rey antes de los siglos (Sal 73,12),
envió a su amado Hijo de lo alto,
y nació de la bienaventurada Virgen María.
- El me invocó: "Tú eres mi Padre";
y yo lo haré mi primogénito,
el más excelso de los reyes de la tierra (Sal 88,27-28).
- En aquél día que hizo el Señor;
alegrémonos y gocémonos en él (Sal 117,24)
- En aquél día, el Señor Dios envió su misericordia,
y en la noche su canto (Sal 41, 9).
- Este es el día que hizo el Señor; 
alegrémonos y exultemos en él (Sal 117 94).
- Porque se nos ha dado un niño santísimo amado
y nació por nosotros (Is 9,5) fuera de cada
y fue colocado en un pesebre,
porque no había sitio en la posada (cf Lc 2,7).
- Gloria al Señor en las alturas,
y en la tierra, paz a los hombres de buena voluntad (cf Lc 2,14).
- Alégrese el cielo y exulte la tierra, conmuévase el mar y cuánto lo llena, /
se gozarán los campos y todo lo que hay en ellos.
- Cantadle un cántico nuevo,
cante al Señor toda la tierra.
- Porque grande es el Señor y muy digno de alabanza,
terrible sobre todos los dioses (Sal 95,4).
- Tierras de los gentiles, ofrendad al Señor;
ofrendad al Señor gloria y honor,
ofrendad al Señor la gloria debida a su nombre  (Sal 95,7 - 8).
- Tomad vuestros cuerpos y cargad con su santa cruz
y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos (Rom 12,1; Lc 14,27; 1 Pe 2,12).

5. En esta forma de orar trasparece el corazón puro de Francisco. ¿Qué piensa Francisco de la Navidad? ¿Qué vive…?
Lo primero, para Francisco misterio del Nacimiento y misterio de la Pasión y Resurrreción del Señor – Misterio pascual, hoy decimos – son un mismo misterio indiviso. Francisco canta el Nacimiento de Jesús con expresiones pascuales: “Este es el día que hizo el Señor”. Por eso decía que la Navidad era la fiesta de las fiestas, pues la gracia que nos salva empezó ahí. Invitaba al universo entero a hacer una sinfonía para dar gloria a Dios, estallando todos en la misma alegría.
Lo segundo que advertimos en este Salmo Navideño que nuestra vivencia principal de la Navidad ha de ser la alabanza y la glorificación de Dios. El alma queda abierta a lo infinito para cantar la gloria de Dios, la misericordia del Padre amantísimo que nos ha enviado a su Hijo”.
Y lo tercero es muy limpio: la Navidad es una invitación de consagración y seguimiento: “Tomad vuestros cuerpos y cargad con su santa cruz y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos”.

Hermano, ésta es la Navidad pura y bella de Francisco. Así la ha vivido. Así nos la ha enseñado.

Puebla de los Ángeles (México), 2 enero 2011

Si deseas, puedes escuchar este texto en audio




3 comentarios:

Anónimo dijo...

Mil gracias !. este documentito realmente logra transmitir, desarrollar en el corazon del lector mucho del espíritu francsicano y el espíritu que debería dominar las celebraciones familiares de estos dias.

Mil gracis ! Hacen un gran servicio a la comunidad humana !.

Anónimo dijo...

Dios es el padre nuestro y Jesús es el que debe realmente habitar en nuestros corazones para vivir en paz y armonía con nosotros mismos y con los seres te tenemos a nuestro alrededor...

Anónimo dijo...

Mil gracias por la bella inspiración guiados por el espíritu santo y el don tan maravilloso que realizan, realmente vivir y demostrar el espíritu franciscano, despojarse de lo mas querido o valioso es difícil pero si Dios comparte la vida con nosotros, podremos realmente ser un dar todo por el prójimo, animo a los que realmente viven como lo fue san Francisco de Asís...

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