miércoles, 5 de enero de 2011

7. El Bautismo de Jesús desde la tierra y el cielo


Si deseas, puedes escuchar este texto en audio .

Hermanos:

1. El Bautismo de Jesús, arranque de su vida pública, podemos contemplarlo desde la tierra y el cielo, con una doble perspectiva: ¿Qué dice – o puede decir – la historia? ¿Qué dice la fe: qué nos está anunciando, y  a mí, en particular, la fe?
Dos preguntas que es imposible partirlas, como si fuesen dos cosas separadas. El Bautismo de Jesús es uno, y como un solo Bautismo llega hasta mí. En él hallamos a múltiples personas: el protagonista es él, que, movido por una decisión personal, ha venido a las aguas del Jordán. Con él está el Bautista, Juan. Con Jesús hay gentes de cerca y de lejos, según narra el Evangelio, que han venido a recibir el bautismo de Juan. Pero se rasga el cielo y se escucha la voz del Padre, y viene el Espíritu en forma de paloma. Cada una de estas personas que circundan el hecho tiene una presencia y actuación, si bien tan diferente. La Trinidad invade la escena, que por eso nuestros hermanos de Oriente hablan del Bautismo de Jesús como de Teofanía, palabra que significa: “manifestación de Dios”. Y el icono del  Bautismo del Señor, que es uno de los iconos de las fiestas de Oriente, representa el Bautismo del Señor de esta manera: Jesús metido en el Jordán, con las manos juntas en oración, su santo cuerpo desnudo; las aguas con sus ondas vibrantes, presas de un estremecido recogido; los peces, como vivientes en las aguas, que anuncian la renovación del cosmos; en la ribera del Jordán los ángeles, con manos alzadas, sostienen, adorantes, mirando a Jesús, la ropa de la que él se ha despojado; Juan como testigo y bautizador; el cielo abierto, con rayos que de arriban descienden hasta la cabeza del Hijo amado; el Padre que habla; la Paloma, con las alas extendidas, signo de la nueva creación nupcial que se está produciendo en la tierra. Y si el nacimiento de Jesús nuestros hermanos de Oriente lo unen con el misterio de la resurrección – pues la cunita semeja un sepulcro, y las fajas del Niño las vendas del cuerpo sacrosanto del sepultado para resucitar, algo de esto podemos apreciar en el icono de la Teofanía del Bautismo: el agua sale como de una cueva rocosa.
Y nosotros ¿dónde estamos en este icono? Nosotros estamos en la celebración, mirándolo. Estamos fuera y estamos dentro, como un día estuvimos dentro al recibir en nuestro bautismo las aguas santificadas en el Jordán. Tratemos, pues, de desmenuzar algunos rasgos de esto que es el conjunto humano-divino de un solo misterio.

2. Y tenemos que comenzar por la historia, acaso una humildísima historia, que nosotros, por íntima necesidad de nuestra fe la hemos teologizado desde su nacimiento. Debemos reconocer que el episodio histórico del bautismo de Jesús de Nazaret ya en la misma página que nos lo ha contado, y para ello tenemos los textos de los cuatro evangelistas, viene ya vivido, celebrado, teologizado.
Todos los investigadores, incluso en la época más dura del racionalismo, aceptan que el hecho escueto del bautismo de Jesús es real e histórico. Aquí comienza, en rigor, el Evangelio. Cosa distinta será la interpretación, esa carga de sentido con que los evangelistas nos han transmitido el Bautismo de Jesús Mesías, de Jesús, Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, de Jesús Hijo de Dios.
En el libro teológico que siendo Papa ha escrito el sabio creyente Joseph Ratzinger, “fruto de un largo camino interior” (Prólogo) afronta el contexto histórico de la escena. En tiempo de Jesús en el desierto de Judá había unas Comunidades, llamadas de Qunrán por la cueva-refugio donde fueron hallado sus escritos, que esperaban la venida escatológica de Dios y la de un Gran Mensajero. “Parece que Juan el Bautista – escribe el Papa -, y quizás también Jesús y su familia, fueran cercanos a este ambiente. (…) No es de excluir que Juan el Bautista hubiera vivido algún tiempo en esta comunidad y recibido de ella parte de su formación religiosa” (p. 36). Habría sido, pues, un esenio; todo esto en el terreno de una hipótesis de investigación.
Juan el Bautista, en la senda de los profetas, llega al convencimiento de que el tiempo de Dios ha madurado, y es más: definitivamente estamos en el acontecimiento final. Pide a las gentes un cambio radical, que se ha de manifestar en la conversión con la confesión de los pecados. El bautizando confesaba sus pecados y se sumergía en el agua; empezaba su vida nueva en la era de Dios.

3. Y en estas circunstancias viene Alguien no de Jerusalén ni de Judea, sino de la lejana Galilea, y quiere sumergirse en este bautismo. Pero Jesús no puede decir: Yo he sido desobediente a la voluntad de Dios; yo he infligido mal a mi prójimo, absolutamente nada de esto. Hay, pues un forcejeo, entre el Bautista, terrible y místico predicador, y Jesús, humilde Cordero, Siervo de Dios según lo había prefigurado Isaías. Jesús vence con una autoridad que nadie puede resistir: “Déjalo por ahora porque es necesario que se cumpla toda justicia”. Juan cede y el esclavo bautiza a su Señor. Toda justicia es toda voluntad de Dios.
En modo alguno podemos imaginar que el bautismo era una representación espiritual y un buen ejemplo, para animar a los demás. En el fondo, esto no habría sido sincero. El Bautismo de Jesús en la tierra fue verdadero, el más verdadero, el más solidario de todos. Jesús se bautizó con todos los hombres, bajando hasta el abismo. Por eso podrá decir un día: Id y bautizad a todas las naciones… El bautismo de Jesús son las primeras aguas de mi bautismo. Jesús, al bautizarse, llevó consigo todos mis pecados.

4. Y, si habíamos empezado hablando de este bautismo sobre la tierra que Jesús recibe, ya nos hemos entrado en un bautismo celestial. ¿Qué pasa en el corazón de Jesús? ¿Se podrá decir de alguna forma? ¿Sabremos cuál es el misterio que en él existe? El misterio de Jesús es el misterio del Padre y del Espíritu. Del cielo se desprende una voz: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”. Y el Espíritu derrama su santa Unción. Nuestra fe se queda parpadeando.
El Papa en su estudio dice: “Una amplia corriente de la teología liberal ha interpretado el bautismo de Jesús como una experiencia vocacional: Jesús, que hasta entonces había llevado una vida del todo normal, en la provincia de Galilea, habría tenido una experiencia estremecedora. (…) Pero nada de esto se encuentra en los textos. Por mucha erudición con que se quiera representar esta tesis, corresponde más al género de las novelas de Jesús que a la verdadera interpretación de los textos” (pp. 46-47).

5. ¡Bautismo de Jesús! ¡Bautismo del Siervo de Dios! Nos quedamos con la misma impresión que ante el misterio de la Eucaristía o de la concepción virginal de Jesús. Dios está ahí.
Lo nuestro, abiertos a toda investigación que los creyentes puedan hacer, es adorar, y pedir nueva inteligencia del misterio, en este caso inicio del Evangelio.
Señor Jesús, adéntrame en las aguas de tu Bautismo y dame una partecita del gozo infinito de tu filiación divina que se me ha regalado en mi bautismo. Amén.

Sobre el Bautismo de Jesús hemos escrito diversos textos que pueden verse en mecaba.org El pan de unos versos | Año litúrgico | Navidad |Bautismo de Jesús. Son los siguientes:
1. Desnudo el nuevo Adán, con alma pura
2. En él no está el pecado, nunca estuvo
3. A la fosa del mundo
4. Mi predilecto, el Padre dice
5. Oh santa Epifanía del Señor
6. La luz rompió del cielo sobre el Hijo
7. Comienza el Evangelio en el Jordán
8. La blanca vestidura del bautismo (Complementario del Bautismo)
9. La fragancia de Jesús 

Imagen tomada de L'Osservatore Romano, 9 enero 2011

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