martes, 22 de febrero de 2011

18. Ya lo sabe vuestro Padre celestial


(Domingo 8 del tiempo ordinario, ciclo A)
Mt 6,24-34




Hermanos:

1. El Evangelio de hoy es introducido en la celebración de la Palabra por medio de un texto transido de ternura, que lo vamos a recordar. Son dos versículos del libro de Isaías (Is 49,14-15), que suenan así en la reciente versión oficial de la Biblia en español:

“Sión decía: «Me ha abandonado el Señor,
mi dueño me ha olvidado.»
¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta,
no tener compasión del hijo de sus entrañas?
Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré”.

La imagen de la madre y el niño al que amamanta es un imagen de Dios, y hemos de tener la audacia de aplicárnosla a nosotros, es decir, yo, bebé indigente, a mi vida personal.
Dios… ¿está lejos? O ¿Dios está cerca?
Dios está más cerca que la leche de la madre succionada por la boca del bebé. El niño no sabe nada, pero está viviendo de la leche de la madre.
Y una madre se olvidará de sí misma, pero no de darle el pecho a su niño; incluso con sus dedos mismos le ayudará para que no quede una gota dentro.
¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta?
No se olvidará; y cortará el sueño para darle el pecho al hijo de sus entrañas. Y el oráculo divino concluye: “aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré”.

2. Este oráculo, pronunciado siglos antes de Jesucristo, lo traemos al recuerdo para ambientar e introducir las palabas de Jesús, que nos hablan de la solicitud del Padre, de la Divina Providencia, que traspasa nuestra vida entera, si nos dejamos traspasar por ella.
Comienza el Evangelio de hoy con una de esas frases desconcertantes de Jesús, que nos dejan en vilo y muy pensativos. Nos dice: “Nadie puede estar al servicio de dos señores”. Estos dos señores son de un poder total cada uno de ellos, tan señores, tan celosos, tan adorados por su servidumbre, que podemos llamarlos Dioses. Cada uno de ellos es Dios, si bien uno es el Dios verdadero y el otro, que está dentro y fuera de casa, es dios falso. ¿Quiénes son los dos dioses?
Dice Jesús: “No podéis servir a Dios y al dinero”. Jesús equipara el Dinero a Dios mismo. Lo que pide que uno se defina, porque es sentencia del mismo Maestro, que se nos grabe: “Nadie puede estar al servicio de dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo”.
Nuestra respuesta al dicho de Jesús no suele concordar con esa oposición que él establece: o uno u otro. Aceptamos que Dios es el único Dios; pero tratamos de llegar a un acuerdo con el dinero:
Primero, tener dinero: que nunca falte.
Segundo, tener cada vez más dinero, abriendo las puertas a que un día seamos ricos.
Tercero, en cuestión de dinero siempre se puede mejorar. No hay en el mundo rico que no pueda mejorar: en su casa, en su jardín, en su servicio, en sus muebles, en su coche, en las amistades a quienes invita; en sus viajes de cultura y placer…
El dinero abre el apetito…, y nadie puede decir que esto es malo, si no se emplea para fines malos.
Pero esto quiere decir que la antevíspera de mi muerte tendré yo sobre la mesa escritorio una docena de carpetas sobre proyectos en curso que estoy negociando con los bancos.
¿Quién puede decir que esto es malo? Yo no lo diré…, porque mi mente no alcanza a decir que esto sea malo.
Pero de repente suena la voz de Jesús: “Nadie puede estar al servicio de dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo”.
Resulta que, sin darme cuenta, me había engañado el Dios Dinero y todo el tiempo se lo estoy dedicando a él.

3. Pero sigamos nuestra reflexión sin salirnos del Evangelio. Jesús continúa hablando y dice: “Por eso os digo”. “Por eso”, con lo que se significa que lo que Jesús va a decir es la consecuencia de lo anterior. Oigamos:
“Por eso os digo: No estéis agobiados por vuestra vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por vuestro cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido?
Mirad los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?”
Este párrafo es el centro de nuestra predicación con una frase que es el secreto y que luego nos dirá Jesús.
Jesús nos recalca: No andéis agobiados. Y es verdad.
No andéis agobiados, porque, si andáis agobiados, no os habéis deshecho todavía de ese otro señor que os ha atrapado.
Pues es verdad, hermanos. No tenemos tiempo, y nos huele a que nos vamos a morir sin haber tenido tiempo de vivir. No tenemos paz, porque las preocupaciones son más que las soluciones. No tenemos tranquilidad, y el reloj nos mata.
Jesús aclara que los paganos, que no conocen a Dios, sí viven de esa manera.
Este análisis que hace Jesús ¿tiene sentido o es una fantasía? ¿Qué está diciendo Jesús? ¿Nos está invitando a volver a la selva, y vivir al día… del cobijo y frutos de la naturaleza, como los pájaros? ¿O nos está invitando a la vida bohemia…, sin trabajar, dedicados al arte y a la buena voluntad de la gente?
Las palabras del Señor no pueden ser un insulto a las personas de bien que han puesto el trabajo y la responsabilidad como el motor del progreso. Las palabras del Señor no son un desprecio, no son un insulto (sería blasfemia el pensarlo), sino que son una revelación.

4. La respuesta de Jesús es nítida y transparente: “No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso”.
Jesús sabe que hay un Dios, que nosotros somos hijos, que Él está solícito de sus hijos. En una palabra: “Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso”.
Esto es la revelación. Esta es la clave de todo lo que Jesús nos está diciendo. Jesús no está insultando a los pobres cuando dice que miren a las aves del cielo y a las flores del campo.
Jesús no es un poeta más de la serie que dedica una poesía a los pajaritos del aire y a las florecillas del prado. Jesús es el vidente de Dios, que está viendo con sus ojos grandes abiertos que Dios es hermosura, prodigada a raudales en la naturaleza y la vida.
Jesús está viendo, emocionado, con el corazón palpitante de agradecimiento, que Dios está ahí y nos dice: Y Dios “¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe?”.
Nos llama gente de poca fe. Ese agobio, esa angustia de la vida, ese no saber vivir y disfrutar tiene una causa: no hemos visto a Dios, no lo hemos experimentado en nuestra intimidad.
Jesús no está proponiendo ni la grandeza ni la riqueza ni el bienestar como los signos de la Providencia de Dios, no. Jesús no nos está invitando a ser ricos (aunque ha de haber ricos cristianos con la bendición de Dios); Jesús nos está invitando a disfrutar de Dios como de la riqueza suprema de la vida. Recuerden aquellos versos de santa Teresa: “Quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta”.
Jesús no nos está brindando un plan de economía familiar, que nosotros lo debemos hacer con responsabilidad. Jesús nos está diciendo otra cosa:
Disfrutad del amor, que es el supremo bien de la vida. Dios es Padre; sentidlo. Disfrutad de su presencia, de su cercanía, de su ternura. Y entraréis en una vida nueva. Dios es Espíritu entrañable.
En una sola frase conclusiva. “Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura”.
Hermanos, Jesús nos lo ha dicho; esta es su respuesta. Amén.

22 febrero 2011.

Como poema de oración del Evangelio de hoy puede verse: Por qué viste tan hermosas (Canto de comunión); igualmenteel Himno a la Divina Povidencia (Mt 6,32-33): Tu suave providencia se derrama

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