domingo, 17 de abril de 2011

30. Lunes Santo


Sobre el primer Cántico del Siervo de Yahvé
Is 42,1-7
Meditación y Canto
Texto bíblico

Mirad a mi siervo,
a quien sostengo;
mi elegido,
en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él,
manifestará la justicia a las naciones.
No gritará, no clamará,
no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
la mecha vacilante no la apagará.
Manifestará la justicia con verdad.
No vacilará ni se quebrará,
hasta implantar la justicia en el país.
En su Ley esperan las islas.

Esto dice el Señor, Dios,
que crea y despliega los cielos,
consolidó la tierra con su vegetación,
da el respiro al pueblo que la habita
y el aliento a quienes caminan por ella:
“Yo, el Señor,
te he llamado en mi justicia,
te cogí de la mano, te formé
e hice de ti alianza de un pueblo
y luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la cárcel,
de la prisión a los que habitan en tinieblas”


Nuestra meditación y canto
Desde la renovación de la sagrada Liturgia el Lunes, Martes y Miércoles Santo, están marcados por el Primero, Segundo y Tercer Cántico del Siervo del Señor. El Lunes escuchamos a Isaías 42,1 7.

No tengamos miedo en llamar a Jesús "Siervo", pues el ser Siervo es el camino verdadero que nos conduce a descubrir la filiación. Jesús Hombre es Jesús Siervo, y en su servicio, que culmina en la Cruz, descubrimos su divina filiación. Hijo, Siervo y Elegido, en la realidad concreta de Jesús, significan lo mismo: la relación absolutamente única que mantiene con el Padre
Estamos invitados los cristianos a descubrir la relación que se establece entre el Padre y Jesús. Jesús es indigencia ante el Padre, y es, al mismo tiempo, la delicia del Padre. El Misterio de la Pascua, que junta en uno la suma impotencia y la suma gloria, está significado en el seno de la Trinidad. Cuando el Padre mira a su Hijo Encarnado, ya estamos en el Misterio Pascual, porque allí aparece la indigencia y la plenitud.
En suma, Jesús es el Elegido.


1. El Siervo brilla hermoso a nuestros ojos,
misterio y complacencia de Dios mismo;
no hay nombre para él, mas si lo hubiera:
los tres son uno: Hijo, Siervo y Elegido.

2. No puede haber segundo, porque es Único,
y colma todo amor desde el principio:
vertido está mi Dios en su Unigénito,
su historia y su futuro es este Hijo.

3. El Hijo de los cielos, Nazareno,
nos dio su filiación en el servicio,
sirviendo en obediencia nos decía,
ser siervo es la forma de ser Hijo.

4. Por eso dice el Padre: "Mi elegido",
mi bien total unido a mi destino,
serás por siempre mío, en el Espíritu,
por siempre yo seré tu Dios contigo.

5. Si no resuena el grito por las plazas,
si no ejerce violencia, haciendo juicio,
si no apaga la mecha que aún humea,
¿en dónde está el Mesías escondido?

6. ¡Jesús, el Elegido y el Viviente,
Jesús en Cruz, la enseña y el camino,
Jesús, crisol de todo premio y mérito:
por siempre vive y reina como Ungido! Amén.

(Escribí: Lunes Santo, 28/III/2008)
El poema y su introducción fue publicado por el autor en: mercaba.org - Rufino M° Grández - El año litúrgico - Cuaresma - VI. Himnos para Pasión y Semana Santa.

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