viernes, 29 de abril de 2011

40. Domingo II de Pascua de la Divina Misericordia


En la beatificación de Juan Pablo II, Papa
Hermanos:
1. Este Domingo octava de Pascua, que este año ha coincidido con el 1 de mayo, Día Mundial de las reivindicaciones de los Trabajadores, en los anales de la Iglesia Católica quedará como el día en que fue beatificado el Papa Juan Pablo II, el Papa a quien todos nosotros hemos conocido en la televisión; a quien seguramente le hemos visto en nuestras calles y plazas. Y a lo mejor, hasta tenemos una foto con él.
El que en este momento habla sí la tiene. No es cosa para presumir, como si el tener un retrato con el Papa nos diera una categoría especial, poco menos que un título nobiliario; miles y miles lo tenemos. Lo emocionante es poder decir con la foto en la mano: Mira los Ciudadanos del cielo y los Ciudadanos de la tierra, estamos emparentados; parece que somos de la misma familia... 
Y así es en verdad, porque el Señor que nos dado vida y gloria es el mismo. En realidad, en este tiempo de Pascua, que inauguramos en la Vigilia pascual, los relatos de las apariciones, que hemos ido proclamando y escuchando en las misas de la primera semana pascual, nos dicen esto. Una relación de familia une a Jesús con los suyos, que ha dejado en la tierra.

2. Las dos escenas evangélicas de este domingo – lo que ocurrió en la noche del día de resurrección, lo que ocurrió una semana después, siempre de la mano de san Juan – nos lo dicen divinamente.
Para Jesús Resucitado no hay espacio: cruza los espacios, atraviesa los muros sin quiebra de su cuerpo glorioso. Pero es que tampoco hay tiempo, podemos añadir. Esas dos coordenadas de la materia, espacio y tiempo, no existen para su presencia en medio de nosotros. No hay lejanía de tierra, no hay siglos ni milenios que nos separen de él. Lo que narra el Evangelio, que es el sacramento de su presencia, acontece hoy y acontece aquí. El Evangelio se escribe no para recuperar memoria de algo que ya pasó, sino para actualizar un  acontecimiento que es nuestro y que está presente. Así el Evangelio alcanza su plenitud.

3. ¿Qué está diciendo, pues, el Evangelio? Que Jesús se presenta en medio – él es el centro de nuestra comunidad –;  que nos abre manos y corazón, todos los tesoros de Dios, que él los disfruta; que nos da la paz, esencia de todos los bienes; que nos entrega el Espíritu Santo, término de la Trinidad; que nos da el perdón de los pecados y la plena amistad divina; en suma, que nos da su divino cuerpo, que en la fe podemos adorar y disfrutar como fuente de todas las delicias, porque es el cuerpo sacratísimo de Dios humanado, el mismo que recibimos en la Eucaristía.
¿Hay una palabra que puede juntar todas estas cosas? Sí la hay, y ésta es: el Amor de Dios. En Jesús Resucitado se desborda y se entrega a la criatura todo el amor de Dios; Y este Amor tiene otra palabra equivalente: la Misericordia. La Misericordia no es sino el amor percibido por el indigente como ternura, compasión, acogida.

4. Nada extraño que el año 2000, tal domingo como hoy que entonces cayó el 30 de abril, domingo en el que el Papa canonizaba a su compatriota la humilde religiosa Faustina Kowalska, santa Faustina Kowalska (nacida el 25 de agosto de 1905, muere el 5 de octubre de 1938), el Papa dijera en su homilía: “Es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de "domingo de la Misericordia divina". Año antes, en 1993, el Papa había escogido también el Domingo II de Pascua para la beatificación de Sor Faustina.
En realidad, la cosa venía de lejos. Cuando Karol Wojtyla era el joven arzobispo de Cracovia introdujo la causa de beatificación de esta humilde religiosa (1965) que perteneció a las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia. Sus escritos de revelaciones y comunicaciones celestiales estuvieron durante años censurados y prohibidos (1959).
El último toque de amor de la Divina Misericordia para este Papa, que escribió una encíclica sobre Dios, rico en misericordia (Dives in misericordia, 1980), fue cuando su muerte. Recordamos cómo la televisión transmitía aquellas imágenes del pueblo cristiano velando la agonía del Papa desde la plaza de San Pedro. Lo que no pudo transmitir fue la misa en la habitación del Papa poco antes de morir. El Papa Juan Pablo II murió el 2 de abril de 2005, a las 21:37 horas. Comenzaba el Domingo de la Divina Misericordia y ante el lecho del agonizante se celebró la Misa del Domingo II de Pascua o de la Divina Misericordia.
Nos place y llena de devoción que en el folleto de la liturgia de la beatificación del Papa (que puede verse en Internet, vatican.va) contemplemos esta imagen: el Jesús de la Divina Misericordia, ese Jesús ante el que decimos “¡Jesús, en ti confío!”. Los rayos que salen del corazón de Jesús – la sangre y el agua, que salieron de su divino costado, los sacramentos y el don del Espíritu Santo – desciendan sobre la cabeza del humilde y piadoso Juan Pablo II, de rodillas en oración.

5. En este domingo en que toda la vive con gozo esta gracia, queremos de nuestra parte unirnos a este homenaje, que bien entendido es un homenaje a Cristo, amor misericordioso del Padre. A él la gloria y la alabanza y la acción de gracias por todo la eternidad. He aquí el himno que de nuestra parte hemos compuesto.

Himno
en la beatificación del Papa
Juan Pablo II
(Roma, 1 mayo 2011)

Juan Pablo de mil caminos,
con la cruz de Cristo alzada,
¡una peana de amor
hoy la Iglesia te levanta!

1. Cristo Jesús Redentor
fue tu primera palabra:
¡abrid las puertas a Cristo,
sin miedo, con esperanza!

2. Y a la Virgen, dulce Madre,
acogeos con confianza:
“Soy todo tuyo”, María,
de Jesús trono de gracia.

Juan Pablo de mil caminos,
con la cruz de Cristo alzada,
¡una peana de amor
hoy la Iglesia te levanta!

3. Europa – Oriente, Occidente –
dos pulmones para un alma,
y una fe, testigo vivo
de sus raíces cristianas.

4. Y el mundo, nuestra familia,
que Dios mismo a sí consagra;
reine el amor y la vida,
Dios viviente en toda raza.

Juan Pablo de mil caminos,
con la cruz de Cristo alzada,
¡una peana de amor
hoy la Iglesia te levanta!

5. Juan Pablo el humilde y grande,
hoy coronado en la Patria,
Beato Juan Pablo, hermano,
y amigo que nos abrazas.

6. ¡Divina Misericordia
de Dios que perdona y ama,
por el don de este cristiano
gloria y hermosa alabanza! Amén.

Juan Pablo de mil caminos,
con la cruz de Cristo alzada,
¡una peana de amor
hoy la Iglesia te levanta!

Puebla de los Ángeles (México), 9 abril 2011
Rufino María Grández Lecumberri, OFMCap

1 comentarios:

Laura Blanco dijo...

Muy Querido Padre Rufino, que hermosa alma poeta inspirada por el Mismo Espíritu Santo tiene Ud. Este Himno es verdaderamente HERMOSO!!!
Gracias por la reflexiones tan hermosas de esta semana, por sus palabras. En verdad que el día de hoy fue un día hermoso lleno de gracias en el que como dice Ud. el AMOR DE DIOS y su DIVINA MISERICORDIA se ve reflejada al darnos la oportunidad de tener cerca a un sacerdote tan bueno y Santo como Ud.
Dios me lo Bendiga siempre.

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