viernes, 10 de junio de 2011

54. Recibid el Espírtu Santo



Mi querido hermano,
mi querida hermana:
Las palabras que ahora fluyen del corazón más que una homilía que dirijo a la asamblea de Jesús aquí mentalmente representada, son un coloquio (también por fuerza imaginado) contigo, a quien con sinceridad estoy dirigiendo mi voz y mis latidos, robando a la Escritura un epíteto: agapetós, amado, amada. Su nacimiento original viene del Hijo, el amado del Padre. Con el lenguaje humilde de la confidencia y de la verdad, yo también te acado de saludar: mi querido hermano, mi querida hermana.


Pasado mañana es Pentecostés. Mi homilía conmemorativa, ayer escrita y pronunciada (¡ay!, las dificultades técnicas de estos mágicos artilugios a veces retrasan el envío...) quiso decir que el Espíritu es don de Dios, el don de Dios por excelencia. Quise hacer una ofrenda de la imaginación: nos resulta trabajoso e imposible representar el don divino para entrar en diálogo con él, que es persona, “intimidad” de Dios y “ultimidad” de Dios; por tanto, también intimidad y ultimidad mía.

Partiendo de aquí quiero entrar en un “coloquio”, haciendo la lectio divina de un versículo de la Escritura: Recibid el Espíritu Santo, y mi pensamiento central es éste: El principio, el arranque de la vida cristiana, es este: el don del Espíritu Santo. Si empezamos de ahí hay vida, si no partimos del Espíritu estamos haciendo esterilmente nuestra obra.

Néstor. Pero ¿no te parece que el punto de partida del proyecto en el cual estamos embarcados es sencillamente Jesús, el Evangelio? ¿No se está recalcando en esta espiritualidad de América Latina que el punto inicial de la nueva evangelización debe ser el “encuentro con Jesús”? El documento de Aparecida (mayo 2007) así lo dice: la fe no es un código de verdades que uno asume. Y sobre esto ha insistido mucho Benedicto XVI. Nada más bello nos ha podido acontecer en la vida que el encuentro con Jesús. Así lo dijo – creo – en su primera homilía al mundo.

Rufino. Mi querido Néstor, mi querida Lidia... (Bueno, Lidia para mí, es la Lidia de Hechos de los Apóstoles 16, la que, con su familia, recibió a Pablo y Lucas, allí en Filipos, en el tercer viaje del apóstol, al pasar de Asia Menor a Europa; la madre y patrona de Europa, que así merece serlo. En suma, Lidia es la mujer con la que puedo compartir mi fe, de corazón a corazón).
Pues, sí, tienes razón: todo comienza con un encuentro, y un encuentro no es una clase de teología (fuera yo un veterano y afamado profesor universitario...; fuera yo un predicador resonado y llevado por las ondas cibernéticas...). La clave es el encuentro, el chispazo de amor que cambia todo en la vida. Me agrada mucho la frase a la que aludes.
Déjame que recuerde la famosa homilía del comienzo del pontificado (24 abril 2005), cuando enlazaba con el “¡No tengáis miedo!” de Juan Pablo II. En la homilía el Papa se expresaba: “Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él”.
Sinceramente esto me enardece, y volver a leerlo es una bocanada de vida.
Y terminaba. “Solo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera. Así, hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida. Amén”. Me agrada que el Papa Teólogo aluda, no a sus libros, sino a su experiencia de una larga vida, casi octogenaria.

Néstor. Según esto, ¿en qué quedamos? ¿Cuál es el comienzo de la Iglesia, para ti? ¿Es Jesús, o es el Espíritu? Porque esto tendrá también sus consecuencias para el anuncio, para el “Kerigma”, que dicen hoy.

Rufino. Encontrarse con Jesús o recibir el don del Espíritu, en la pura verdad, es igual. Es encontrarse con Dios, con aquello que nos excede y, sin embargo, es lo más íntimo y nuestro que existe, lo más “mío” y “nuestro” de nosotros mismos. Cada uno tiene su propio itinerario en la fe, y probablemente para la predicación de la Iglesia esa formulación de la fe como “encuentro con Jesús”, sea en la catequesis más estimulante que la otra del “don del Espíritu”, como arranque de la vida.

Néstor. Antes de entrar en lo que propones para esta fiesta – suma solemnidad – de Pentecostés, quiero mencionar otro mundo de arranque: la secularización que va viniendo y en la que estamos.

Rufino. Me estás tocando una fibra vivísima. Desde hace algún tiempo esto va golpeando mi corazón. La Estadística oficial de la población de México, que periódicamente se hace con tanta competencia, la última en 2010 (instituto nacional INEGI, nos abre los ojos a la realidad social y religiosa del país. Algo más de 112 millones de habitantes en México. En el censo de 2010 los católicos en México son 82.72% de la población, mientras que en 1980 eran el 92.62%, y anteriormente, en 1970 el 96.17% de los mexicanos se confesaban católicos. El descenso progresivo es evidente, y, al parecer, así va a continuar.
Este, para nosotros deterioro espiritual, es particularmente sensible en Chiapas: “De acuerdo con el censo, Chiapas es la entidad de la República donde la reducción del número de católicos es destacada en las últimas décadas, suman 4 millones 796 mil 580 habitantes; de ellos, 2 millones 796 mil 685 son católicos (58.30%); un millón 312 mil 873 protestantes o evangélicos de muy diversas denominaciones (27.35%). Del resto de los chiapanecos, 580 mil 690 (12.10%) se declaran sin religión y 103 mil 107 (2.14%) no especifican su creencia o están indefinidos” (Puebla on line, 22 marzo 2011).
En Brasil, de gran futuro en el continente americano, la situación ofrece datos más alarmantes para la fe católica. En 1991 el 83 % de los brasileños se declaraba católico; hoy tan solo el 67.
Es muy molesto citar estadística; pero no es de sabio ignorarlas.
La secularización, que nació en Europa, se está adueñando de las gentes sencillas de América

Néstor. El Papa Juan XXIII lanzó el programa de la Nueva Evangelización; fui en Haití el año 1883.

Rufino. Sí, en ello estamos, querido hermano, querida hermana. La estadística en bruto es verdad, pero, en el fondo, es engañosa. Habría que saber la estadística de Dios... Pero Dios no trabaja con estadísticas, sino con personas una a una. Y el Buen pastor no conoce al rebaño, sino, más bien a las ovejas, una a una: “Él va llamando por el nombre a sus ovejas” (Jn 10,3). Dios no tiene números, tiene nombre; Dios no tiene estadísticas, tiene hijos, tiene familia.

Néstor. Pues vamos a nuestro coloquio. Y de nuevo la pregunta: ¿Cómo es eso de que debemos comenzar por el don del Espíritu?

Rufino. Tú, Néstor, profeso capuchino (y tú, Lidia...), sabes lo que escribió Francisco en la Regla (1223): sobre todas las cosas los hermanos deben desear tener el Espíritu del Señor y su santa operación. Es una frase soberana; es el meollo de la Regla. ¡El Espíritu del Señor!..., lo demás queda desvanecido, como que no existe, como que no hay técnicas ni estrategias. El hermano menor que transita por el mundo anhela tener el Espíritu del Señor y su santa operación – obras grandes o pequeñas, es igual -; lo demás, estadísticas, balances, triunfos y conquistas queda a cuenta de Dios.
San Francisco no pensó en estadísticas gloriosas para su orden ni para su misión; más aún, como que tuvo miedo... Pedagógicamente queda fuera de las intenciones de nuestra fraternidad (aunque anualmente nos guste tener nuestra estadística). Y el sentir limpio y puro del pobrecillo Francisco de Asís puede ser una pauta eclesial.

Néstor. La frase que citas de Francisco habla del Espíritu del Señor y de su santa operación. El Espíritu es operativo.

Rufino. Efectivamente. San Francisco en esta frase nos pone en evidencia dos cosas: que el Espíritu es el Espíritu del Señor, de Jesús, el Espíritu que guió a Jesús en todo los momentos de su vida. Y añade que este Espíritu está en constante “santa operación”. El Espíritu es operativo; no está quieto en la Iglesia. Si el Espíritu está operando, éste es el arranque esta es la hora, la hora del Espíritu.

Néstor. La frase que has tomado del Evangelio como “lectio divina” es una frase de Jesús Resucitado. Jesús da su Espíritu y comienza la Iglesia.

Rufino. Claro, la Iglesia comienza en el Espíritu. La escena de Pentecostés – llamas de fuego, estruendo, que evocan el Sinaí, predicación – y la escena íntima de la Resurrección son lo mismo. Una y otra dice: el Espíritu es el don para la Iglesia; es la hora de comenzar. Y el Evangelio nos ha advertido antes, cuando Jesús en la fiesta solemne anunció que daría ríos de agua viva. “Dijo esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado” (Jn 7,39).

Néstor. Esas frases son bellas y contundentes.

Rufino. Y son de un realismo que nos da miedo el aceptar. Las Iglesias nacidas de la Reforma se han visto tan agitadas por el “pentecostalismo” y por aires carismáticos – al abandonar, ciertamente, los ritos sacramentales de la tradición católica – que lo que suena a esas efusiones del Espíritu a nosotros, católicos, nos pone en guardia. Pero es necesario leer las Escrituras con limpieza de corazón.

Néstor. Quedamos en que la obra de la Iglesia la tiene que hacer el Espíritu, y que podemos estar en un continuo Pentecostés.

Rufino. Sin ninguna duda: Es el Espíritu el que está movilizando en todo momento a su santa Iglesia; y es Cristo Resucitado. En la última frase de la llamada Oración Sacerdotal Jesús dice al Padre que ha dado a conocer el Nombre Divino a los suyos, y que, ahora que se va, se lo seguirá dando a conocer. Jesús, pues, desde el cielo actúa...

Néstor. Ya veo, pues, que en la fe es delicado el lenguaje.

Rufino. Sí, muy delicado. No podemos interpretar las Escrituras con un pensamiento espiritual que de repente nos viene y nos hace bien. La misma lectura divina (o lectio divina), requiere conocimiento.
La vida de este Jesús de la historia que revolucionó el mundo y cuyas ondas llegan hasta hoy (la prueba es que aquí estás tú, aquí esta Lidia, aquí estoy yo) comenzó con la infusión del Espíritu en el Jordán, según narran los cuatro Evangelios (Mt 3,13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,21-22; Jn 1,29-34). Luego el Espíritu “lo llevó” (Mt-Lc), “lo empujó” (Mc al desierto); y luego... “por la fuerza del Espíritu” (Lc) volvió a Galilea y fue a predicar a la sinagoga de Cafarnaúm.
Está claro: el arranque de Jesús fue el Espíritu. Y desde ese hogar del Espíritu habrá que asomarse a esos diálogos de amor, dulcísimos a morir, con el Padre. Si no ¿cómo podía haber aguantado cuarenta días en el desierto?
Los Apóstoles así lo pensaron. Pedro lo expresó en casa del centurión Cornelio, en Cesarea: “Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hch 10,37-38).

Néstor. La Sagrada Escritura habla del Espíritu en la Encarnación. Y lo dice el
Credo:
“por nosotros lo hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del

María - Imagen de Iesu Communio
Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre”.
Rufino. El Credo lo dice, copiándole a San Lucas. Cuando al final de la tradición evangélica (al parecer) se escriben los Evangelio de la Infancia, san Lucas precisa: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra...” (Lc 1,35). Es la unión armónica entre el comienzo de Jesús en el seno de su Madre, su entrada en el mundo, y su entrada pública en la comunidad de Israel.
También el mundo universo comenzó con la fuerza del Espíritu: “El espíritu de Dios (se podría escribir con mayúscula) se cernía sobre la faz de las aguas” (versículo 2 de toda la Biblia).

Néstor. ¿Cómo aterrizar en esta conversación?

Rufino. Volvamos al versículo del comienzo. Recibid el Espíritu Santo, dice Jesús a sus apóstoles. Es una escena divina, y desde esa infinita belleza hemos de entender el don. Jesús ha resucitado. Les ha mostrado las manos y el costado, que era mostrarles su misterio inefable. Se han llenado de alegría. Y ahora les dice: Recibid el Espíritu Santo. Donde está el Espíritu, no puede estar el pecado. Id por el mundo con el Espíritu; aniquilad el pecado.

Néstor. Pues... ¿sabes qué?

Rufino. ¿Qué?

Néstor.Recibid el Espíritu Santo...”

Rufino. Hablas como un ángel. Es verdad. En 2011, Recibid el Espíritu Santo... Es el comienzo; está ahí.
Amén.
Ven, Espíritu de amor


1 comentarios:

Rodolfo Plata dijo...

LA NUEVA EVANGELIZACIÓN DE EUROPA ESTÁ CONDENADA AL FRACASO SINO HAY UN NUEVO ENFOQUE DEL CRISTIANISMO “RETOMANDO LAS RAICES HELÉNICAS DE NUESTRA CULTURA Y DEJANDO ATRÁS EL OSCURANTISMO MEDIEVAL DONDE LA FILOSOFÍA ESTABA SOMETIDA A LA TEOLOGÍA, LA RAZÓN A LA FE, LA CIENCIA A LA REVELACIÓN, EL ESTADO A LA IGLESIA Y, LOS TRIBUNALES JUDICIALES A LA SANTA INQISICIÓN”. El reto actual del cristianismo, es formular un cristianismo laico que se pueda vivir y practicar, no en y desde lo religioso y lo sagrado, sino en y desde el humanismo, la pluralidad y el sincretismo, a fin de afrontar con éxito los retos de la modernidad. La Epístola apócrifa de los Hechos de Felipe, expone al cristianismo como continuación de la educación en los valores de la paideia griega (cultivo de sí). Que tenía como propósito educar a la juventud en la “virtud” (desarrollo de la espiritualidad mediante la práctica continua de ejercicios espirituales, a efecto de prevenir y curar las enfermedades del alma, y alcanzar la trascendencia humana) y la “sabiduría” (cuidado de la verdad, mediante el estudio de la filosofía, la física y la política, a efecto de alcanzar la sociedad perfecta). El educador utilizando el discurso filosófico, más que informar trataba de inducir transformaciones buenas y convenientes para si mismo y la sociedad, motivando a los jóvenes a practicar las virtudes opuestas a los defectos encontrados en el fondo del alma, a efecto de adquirir el perfil de humanidad perfecta (cero defectos) __La vida, ejemplo y enseñanzas de Cristo, ilustra lo que es la trascendencia humana y como alcanzarla. Y por su autentico valor propedéutico, el apóstol Felipe introdujo en los ejercicios espirituales la paideia de Cristo (posteriormente enriquecida por San Basilio, San Gregorio, San Agustín y San Clemente de Alejandría, con el pensamiento de los filósofos greco romanos: Aristóteles, Cicerón, Diógenes, Isócrates, Platón, Séneca, Sócrates, Marco Aurelio,,,), a fin de alcanzar los fines últimos de la paideia griega siguiendo a Cristo. Meta que no se ha logrado debido a que la letrina moral del Antiguo Testamento, al apartar la fe de la razón, castra mentalmente a sus seguidores extraviándolos hacia la ecumene abrahámica que conduce al precipicio de la perdición eterna (muerte espiritual)__ Es tiempo de rectificar retomando la paideia griega de Cristo (helenismo cristiano), separando de nuestra fe el Antiguo Testamento y su religión basura que han impedido a los pueblos cristianos alcanzar la supra humanidad. Pierre Hadot: Ejercicios Espirituales y Filosofía Antigua. Editorial Siruela. http://www.scribd.com/doc/33094675/BREVE-JUICIO-SUMARIO-AL-JUDEO-CRISTIANISMO-EN-DEFENSA-DEL-ESTADO-LA-IGLESIA-Y-LA-SOCIEDAD

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