jueves, 16 de junio de 2011

57. Jesucristo, nuestro único Sacerdote

Jueves siguiente a Pentecostés
Una meditación en la Fiesta de
Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote
Hermanos:

1. El jueves que sigue a Pentecostés en algunos países, como España y México (los dos países que más frecuentan estas “Hermosas palabras del Señor") celebran una fiesta en honor de Jesucristo. La fiesta, con sus textos propios, tiene este título: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Es una fiesta que la Iglesia no quiere imponerla en el Calendario Universal. No pocas personas han elevado sus oraciones y peticiones para que esta sea una fiesta universal para toda la cristiandad, como es, por ejemplo, la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. La Santa Sede ha manifestado claramente su criterio: Cuando una Conferencia de Obispos solicite tener esta celebración en su calendario, se le concederá; pero, de momento, no parece conveniente agregar esta fiesta al calendario universal, obligatorio, de la Iglesia Católica. Diversas familias espirituales en la Iglesia fomentan esta espiritualidad de Cristo sacerdote y celebran la fiesta o la solemnidad de Jesucristo Sumo y Eterno sacerdote como algo central en su carisma. Así:

Confraternidad de Cristo Sacerdote (Australia)
Oasis de Jesús Sacerdote (España)
Oblatas de Cristo Sacerdote (congregación fundada en 1938 por María del Carmen Hidalgo de Caviedes y José María García Lahiguera, que fue arzobispo de Valencia de 1969 a 1978).
Siervas Seglares de Cristo Sacerdote
Misioneras de Cristo Sacerdote
Auxiliares Parroquiales de Cristo Sacerdote
Familia de la Cruz (México)
Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote
Sociedad de Jesucristo Sacerdote
(Para una detallada información sobre origen de la fiesta y peticiones a la Santa Sede puede verse en Internet el sitio de Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina:santa-maria-reina.blogspot.com)

2. Quien en este momento escribe para compartir la fe con sus hermanos opina que el criterio mantenido por la Santa Sede en su moderación de la liturgia es sano y objetivo. Y, al mismo tiempo, es significativo. Algo está significando. ¿Qué nos está diciendo?
Que la fiesta de Cristo Sacerdote es el Jueves Santo, es el Viernes Santo...; y deberíamos añadir: es la Vigilia Pascual de los cristianos.
Hermanos, aclaremos que la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote no es una fiesta de los sacerdotes, una fiesta para ellos, sino de todo el pueblo santo de Dios que contempla a Jesucristo en esa imagen que ha representado la Carta a los Hebreos.
No pensemos, por otra parte, que esta fiesta pudiera tener una segunda intención de fortificar la vida sacerdotal, conscientes de las defecciones y escándalos que ha habido. Es verdad que, viendo esta crisis  de sacerdotes que en tantas partes cundió en los años que siguieron al Concilio, el Siervo de Dios Papa Pablo VI, ordenó que en la Misa crismal, cuando todo el presbiterio, con el pueblo de Dios también, se congrega en torno a su Obispo, los sacerdote renovaran las sagradas promesas que un día, ante la Iglesia, hicieron en su ordenación sacerdotal.

3. Para adentrarnos en el sacerdocio de Jesús tenemos en la Escritura dos pasajes principales: la Santa Cena del Señor, cuando él celebra la Pascua con los suyos, y al celebrarLA de una manera única, instituye la Eucaristía y el Sacerdocio (que tal es la interpretación de la Iglesia, asumida, por otra parte, en la liturgia); y la Carta a los Hebreos, escrita no por san Pablo, sino por algún eminente teólogo y pastor de aquella generación. En esta Carta, que acaso sea una especie de homilía parenética, el autor de una manera bella, artística incluso, y, de todos modos, profundísima, hace una síntesis del misterio pascual, proclamamando el misterio de Cristo bajo paradigmas sacerdotales: pasó definitivamente el sacerdocio del Antiguo Testamento, que ejerció la tribu de Leví, pasaron todos los sacrificios, pasó el Templo y el altar. No hay definitivamente más que un único Sacerdote: Jesucristo; no hay más que un sacrificio: Jesucristo en la Cruz, que no volverá a repetirse (cosa que, con otro lenguaje, dice también Pablo); no hay más que un altar: el altar celestial. Jesús es la novedad absoluta de la fe. Y el autor sagrado lo quiere mostrar desde una vertiente, desde el templo, el culto y los sacrificios. Todo ha caducado. Jesús no es la continuación del culto antiguo; es la superación novedosa de todo aquello. Es la visión celestial de lo que, como promesa, se le mostró a Moisés en el monte.
Los intérpretes de la carta a los Hebreos dicen con insistencia: En ningún lugar del Nuevo Testamento – ni en los Evangelios, ni en los escritos de Pablo, ni en los escritos de Juan, ni en los escritos de Pedro, ni en ningún escrito atribuido a un apóstol (Santiago, Judas), se le da a Jesús el título de Sacerdote: tan solo en la Carta a los Hebreos. El Hijo es Sacerdote, y esto es el eje de toda su teología. El sacerdocio de Cristo no es ritual, no es funcional, no es pasajero... Su sacerdocio es su obediencia filial, su oblación es la entrega de su cuerpo en la Cruz.
En su día escribimos unos versos, que han pasado a la liturgia de hoy, y, al eco de la Carta a los Hebreos, hablábamos de este sacerdocio vital de Jesucristo, que nos santifica a todos.

No quiso recibir aquella unción
que hacía sacerdotes interinos;
no se purificó, no entró en el Templo
con la sangre de extraños sacrificios.

No vistió la esplendente vestidura,
puesto en cruz, sin honor y malherido;
ni dio la bendición con gesto augusto
desde el altar, muriendo entre bandidos.

El rito fue el amor y la obediencia,
la ofrenda fue la Pascua de sí mismo;
viviendo entre nosotros fue Pontífice
y de sus días hizo su servicio.

Todo esto es inmensamente bello y nunca lo acabaremos de admirar, y afecta de modo igual a todos los fieles cristianos, hombres y mujeres, que por el bautismo somos beneficiarios de este sacerdocio vivo de Jesús.

4. Pero es cierto que en la Iglesia hay unos “ministros de Cristo”, a quienes se ha confiado – y solo a ellos – perpetuar el memorial del Señor. Esto es absolutamente cierto y tiene también insondables consecuencias. Aquí comienza una teología sobre el episcopado, sobre el sacerdocio... que ha sido escrupulosamente mimada y labrada por teólogos, espirituales y místicos a lo largo de dos milenios.
Seríamos simplones y necios si, de un tajo, en virtud de no sé qué exégesis erudita, se quisiera borrar todo lo que han vivido y enseñado los místicos, y las mujeres místicas, que han sido, y siguen siendo, tan abundantes... y que han entendido su vida como una oblación por los sacerdotes. Nos conmueve el caso de la pequeña Teresa de Lisieux cuando entró en el Carmelo. “A los pies de Jesús-Hostia, en el interrogatorio que precedió a mi profesión, declaré lo que venía a hacer en el Carmelo: He venido para salvar almas, y, sobre todo, para orar por los sacerdotes".

5. La fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote no la vivamos como “fiesta de los sacerdotes”; es del pueblo santo de Dios. Es la contemplación de esa novedad absoluta de Jesús, que en su cuerpo crucificado y glorioso cumple todo el culto, que tantas y tantísimas páginas tiene en el Antiguo Testamento, ya “abreviadas” en ese Cuerpo del que mana sangre y agua. Cuando uno ve lo que es el sacerdocio de la nueva Alianza, proclamado en las páginas del Nuevo Testamento, y ve la “figura social” en que ha derivado la evolución histórica de 2000 años de cristianismo, sin tratar de ser iconoclastas, pedimos al Señor clarividencia, lucidez... para atisbar el misterio desde el misterio mismo, y no precisamente desde las formas que nosotros, con el paso de los tiempos, le hemos dado. Se puede hacer teología de la mitra (splendor sanctitatis), del báculo (cayado del pastor, a lo mejor adornado con joyas...), del anillo..., de las vestiduras..., mas nada de esto pertenece en sí a ese Sumo Sacerdote que murió en la Cruz...
Hermanos, nuestra vivencia sacerdotal tiene que ser iluminada desde dentro, y hemos de tener, sin amargura, una instintiva reacción frente a todo lo que represente fuerza, poder, imperio, hegemonía; frente a títulos redondos que no nacen del amor, sino de la cortesía de los señores.

Concluyo:
Que Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote, nos dé el toque del amor suavísimo, de la humildad, de la pobreza... para honrar su sacerdocio en la Cruz y en la Pascua. 
Amén.

Nota. El autor de esta meditación ha escrito numeroso poemas de oración sobre el sacerdocio. Se invita a consultar la página de mercaba.org | Rufino María Grández | El pan de unos versos | Año sacerdotal en poesía. E igualmente el poemario: Cantad Eucaristía, en el "Sumario" de esta colección de textos.

1 comentarios:

olguita dijo...

Gracias por sus hermosas palabras y por ser un sacerdote que dia a dia honra a nuestro señor Jesucristo.

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