miércoles, 22 de junio de 2011

60. Cantemos al Amor de los amores


Corpus Christi
(Himnos a Jesús Eucaristía)


Este mes de junio de cumplen 100 años del “Cantemos al Amor de los amores”, la canción eucarística más cantada en el ámbito de lengua hispana, junto con el “Tantum ergo”. La ocasión fue el 22º Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Madrid, semana final de junio de 1911. Las crónicas hablan de aquella apoteosis eucarística que se dio en la Plaza de la Armería y de la consagración a Jesús Eucarístico en el Salón del Trono del Palacio Real.
En este Congreso resonó por primera vez  el himno o marcha triunfal sosegada del “Cantemos al Amor los amores” del agustino palentino de Carrión de los Condes, P. Restituto del Valle Ruiz (1865-1930) y del músico vasco, nacido en Zumárraga, don Juan Ignacio Busca Sagastizábal (1868-1950). El inspirado maestro logró una música sencillamente “genial”, que no pasa porque está por encima de modas y gustos. Aquí el músico da en el corazón de la liturgia, que es alabanza a la Majestad divina y ternura con el Padre que nos acoge por su Hijo. Seguramente que este canto va a tener una fortuna de algún modo semejante al Noche de paz (éste más universal por ser tan alemán como inglés como español...), y confiamos en que en su día se conmemorará el segundo centenario. Ambos autores, el poeta y el músico, se unieron para componer el Himno a la Virgen de Covadonga y el Himno a San Agustín.
La letra del Himno, convertido también en Himno de la Adoración Nocturna Española, tal como la he podido rescatar de un pequeño Misal para el 48º Congreso Eucarístico Internacional de Gualadajara (octubre 2004) dice así con todas sus estrofas.

Cantemos al amor de los amores,
cantemos al Señor:
(Dios está aquí!         
Venid, adoradores;
adoremos a Cristo Redentor        

Estribillo
(Gloria a Cristo Jesús! / Cielos y tierra, / bendecid al Señor./ Honor y gloria a ti, / Rey de la gloria! / (Amor por siempre a ti, / Dios del amor!    (5)

La siguiente estrofa, que no se suele poner, dice:
1. Unamos nuestra voz a los cantares / del coro celestial. / (Dios está aquí! / Al Dios de los altares / alabemos con gozo angelical.
2. Por nuestro amor oculta en el sagrario / su gloria y esplendor. / Por nuestro bien / se queda en el santuario, / esperando a justo y pecador.
 3. (Oh, gran prodigio del amor divino! / (Milagro sin igual! / Prenda de amistad / banquete peregrino / do se come el Cordero Celestial!
4. (Jesús piadoso, Rey de las victorias, / a Ti loor sin fin. / Canten tu poder, / Autor de nuestras glorias, / cielo y tierra hasta el último confín!
5. Tu nombre ensalzamos y alabamos, /con toda nuestra voz; / (Rey de Majestad, / por siempre te aclama­mos, / y Señor de las almas, Cristo Dios!
6. El mundo impío contra Ti se agita, / sembrando por doquier / el error, el mal; / y a todos nos invita / a beber [de] la copa del placer.
7. Mas, he aquí que tu Vicario augusto, / de Roma el solo Rey, / por tan gran maldad /no oculta su disgusto, / y desea salvar su noble grey.
8. Al pie de tu sagrario nos convida / a recibir su amor: / porque Tú, Jesús, / del alma das la vida, / y la llenas de fuerza y de valor.
9. (Oh, sí, cristianos fervorosos, vamos / a Cristo en el altar; / y con viva fe, / su Cuerpo recibamos, / cada día y siempre hasta expirar.

* * *

Himno para el XLVIII Congreso Eucarístico Internacional,
Guadalajara, Jalisco, octubre 2004

(Para el 48° Congreso Eucarístico Internacional se convocó un concurso para crear una letra para el himno. Entre 60 concursantes se escogió el texto escrito por fr. Rufino María Grández, que lo reproducimos con todas sus estrofas y las explicaciones sobre el contenido de las misas).

                         1
Es memoria Jesús y presencia,
es manjar y convite divino,
es la Pascua que aquí celebramos
mientras llega el festín prometido.
(Oh Jesús, alianza de amor,
que has querido quedarte escondido
te adoramos, Señor de la gloria,
corazones y voces unidos!

                         2
Nos invita Jesús a su cena,
a sentarnos con él, como hijos;
él bendice y da gracias al Padre,
y a nosotros nos junta consigo.
(Acudamos, hermanos, sin miedo,
perdonados, humildes, contritos
a esta fiesta que a todos nos une,
y comamos el pan compartido!

                         3
Al banquete que Dios nos regala
vengan pobres, enfermos, tullidos,
que en la mesa que el Hijo preside
los humildes serán preferidos.
(Oh Jesús, Evangelio del Padre,
del Espíritu Santo el Ungido,
al unirnos a ti que te entregas,
con los hombres queremos unirnos!

                         4
Cada vez que comemos del Pan
y del cáliz bebemos el Vino,
anunciamos que un mundo más bello
se prepara y construye con Cristo.
(Oh Jesús, sacramento viviente,
y semilla del Reino traído,
desde el santo Misterio en que habitas
haznos fuertes y fieles testigos!

                         5
Mar adentro en el nuevo Milenio,
naveguemos con él sin peligro,
que en el cielo intercede y nos ama,
Sacerdote por todos los siglos.
(Oh Jesús inmolado en la cruz,
mediador, oblación, sacrificio,
por tu sangre eres paz de los hombres
y promesa de nuestro destino!                    

                         6
Una Madre escogida en la tierra
engendró de su cuerpo a este Hijo,
y al misterio pascual fue asociada
por la gracia de Dios Uno y Trino.
(Santa Virgen María, agraciada,
esperanza del hombre afligido,
tú nos llevas con mano amorosa
al abrazo y encuentro con Cristo!

                         7
Que la lengua profiera alabanzas
y el amor sea un canto continuo,
porque Dios es amor a nosotros,
y su amor es amor infinito.
Acudamos con gozo y ternura
a la Luz, a la Vida, que es Cristo,
y los cielos, la tierra y la historia
todos juntos cantémosle un himno.            

Primera estrofa. Confesamos nuestra fe en la Eucaristía con palabras o directamente bíblicas o inspiradas en la Sagrada Escritura: memoria, presencia, Pascua, alianza, Señor de la gloria Vemos que la Eucaristía nace de la Pascua y mira a la Pascua eterna, mientras llega el festín prometido.
Y adoramos: te adoramos, Señor de la gloria. En el mensaje para el Congreso se insiste en la fe de ALa presencia real de Cristo en el Misterio Eucarístico@ (primera parte).

Segunda estrofa. Evocamos, pues, aquella cena, y nos vemos con Jesús para saber qué fue la Eucaristía, cómo nació la Eucaristía: ANos invita Jesús a su cena, a sentarnos con él, como hijos; / él bendice y da gracias al Padre, / y a nosotros nos junta consigo.@
De esta contemplación surge una invitación espontánea: AAcudamos, hermanos...@, y, recordando las disposiciones de acercamiento a este banquete - perdonados, humildes, contritos -, se acentúa el carácter comunitario y festivo de  esta fiesta que a todos nos une.

Tercera estrofa. La Eucaristía es el banquete que Dios nos regala; no es fruto de nuestros merecimientos, sino siempre regalo de Dios. Pero )a quién lo regala? A todos los que quieran recibirlo, como el Evangelio. Los invitados al banquete, según la parábola, fueron Alos pobres, lisiados, ciegos y cojos@ (Lc 14,21). Por eso, bien podemos decir: Avengan pobres, enfermos, tullidos@; y, aunque cause escándalo, seguiremos afirmando: que en la mesa que el Hijo preside / los humildes serán preferidos.
Jesús, para anunciar el Evangelio del Padre, fue del Espíritu Santo el Ungido. Y como Ungido por el Espíritu Santo llevó la salvación a los pobres (Lc 4,18-19). Queremos hacer los mismos, al recibir en comunión la Eucaristía: al unirnos a ti que te entregas / con los hombres queremos unirnos.

Cuarta estrofa. En la cuarta estrofa recordamos el testimonio paulino: APues cada vez que comáis este pan y bebáis de este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que venga@ (1Co 11,26). Este anuncio del retorno del Señor lo hacemos mientras nosotros vamos construyendo, con Cristo, un mundo más bello.
En la oración de esta estrofa seguimos recordando que Jesús eucarístico, como sacramento viviente, es también la semilla del Reino traído, y le pedimos a Jesús que desde el santo Misterio en que habitas nos haga a nosotros fuertes y fieles testigos de este Reino.

Quinta estrofa. La quinta estrofa mira especialmente al Tercer Milenio, al Anovo millennio ineunte@, con la consigna evangélica que el Papa escogió: Duc in altum!, Boga mar adentro (Lc 5,4): Mar adentro en el nuevo Milenio. Este Congreso Eucarístico Internacional está bajo la consigna del inicio del nuevo Milenio. Podemos avanzar sin miedo, con él sin peligro. La carta a los Hebreos nos ha presentado a Jesús como Sacerdote celeste que permanece por la eternidad (Hb 7,24), y dice que Aestá siempre vivo para interceder en su favor@ (v. 25), por nosotros. Jesús es Ael que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados@ (Ap 1,5).

Sexta estrofa. Evocamos a María. María en el Cenáculo, la Madre de esta carne divina de la Eucaristía, es la misma que en el Tepeyac aparece como la Ala Madre del verdadero Dios, por quien se vive@ (parte quinta del mensaje del Congreso, recordando el Nican Mopohua). La vemos asociada al misterio pascual, y esto por la gracia de Dios Uno y Trino. El misterio de María lo contemplamos así desde la luz divina de la Trinidad. Y viéndola así, siempre como agraciada, confesamos - y por lo mismo pedimos al confesar - que nos lleve: al abrazo y encuentro con Cristo.

Séptima estrofa. La estrofa final es una doxología a modo de exhortación. Que la lengua profiera alabanzas..., nos evoca el Pange, lingua, gloriosi... La alabanza brota del amor: el amor sea un canto continuo. Alabamos el amor; no importa que lo digamos cuatro veces en cuatro versos. Dios es amor. Esa es la definición más convincente de Dios.
La alabanza quiere formar, al unísono, un canto con toda la creación: los cielos, la tierra y la historia / todos juntos cantemos un himno.

Nota. Este himno tiene un estribillo, que se repite en cada estrofa, escrito por Mtro. Gabriel de Jesús Frausto Zamora (que se escogió al no haber sido admitido el presentado por el autor, que no se atenía a la medida del decasílabo de las estrofas).

¡Gloria a ti, Hostia santa y bendita,
sacramento, misterio de amor;
luz y vida del nuevo milenio,
esperanza y camino hacia Dios!

2 comentarios:

Rosa dijo...

Fray Rufino:
Acabo de dejar un comentario pero creo que no se ha publicado. Lo intentaré de nuevo.

Rosa dijo...

Estimado Fray Rufino:
He llegado aquí por casualidad, buscando información sobre el himno Cantemos al Amor de los amores. Ha sido una grata sorpresa.
Soy profesora del Colegio que los hermanos capuchinos tienen en León, Colegio San Francisco, motivo por el que me ha hecho mucha ilusión encontrarme con su blog.
Lo he enlazado, me parece muy rico e interesante. Seguiré leyéndolo desde ahora.
Muchas gracias por la información. Agradezco que el Amor de los amores me haya guiado hasta aquí.
Saludos muy cordiales desde España.

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