miércoles, 29 de junio de 2011

66. Sagrado Corazón: Venid a mí

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús
Mt 11,25-30
Hermanos:

1. Hemos llegado a la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Después de la Pascua, es decir, al concluir este tiempo glorioso, lleno de luz y de paz, con la fiesta de Pentecostés, vienen tres fiestas, que las recibimos en nuestro espíritu como si fueran la herencia, el regalo que nos deja la Pascua. Estas fiestas celebradas en toda la Iglesia son: Santísima Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón.
Hoy es el Sagrado corazón de Jesús. Como fiesta ha sido una invención de la piedad de la Iglesia, la más bella invención de estos últimos siglos. El contenido, no; el contendido es el Evangelio. Como lo está diciendo el Evangelio de hoy, donde no se habla del corazón atravesado de Cristo (como en el Evangelio de la lanzada), sino de lo que sale de este corazón (sin pronunciar la palabra corazón), cuando Jesús exclama: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra... Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados”

2. ¿Qué es la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús? Es el resumen de toda la fe cristiana, sintetizada en una palabra: el amor. Así la exponía el Papa Pío XII en la encíclica Haurietis aquas, frase del libro de Isaías: “Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador (Is 12,3)”. La encíclica se escribió para conmemorar el centenario desde aquella fecha en que el Beato Pío IX, en 1856, extendió la fiesta del Corazón de Jesús a toda la Iglesia.
Quien comprende lo que es o lo que sugiere el corazón divino de Jesús, se halla en el más puro centro de la fe. De nuevo acudimos al magisterio pontificio: “«¿No están acaso contenidos en esta forma de devoción el compendio de toda la religión y aun la norma de vida más perfecta, puesto que constituye el medio más suave de encaminar las almas al profundo conocimiento de Cristo Señor nuestro y el medio más eficaz que las mueve a amarle con más ardor y a imitarle con mayor fidelidad y eficacia?” (Pío XI, Miserentissimus Redemptor, encíclica de 1928).
El corazón de Jesús, corazón palpitante de Jesús de Nazaret, es el punto de encuentro de dos amores: el amor que desciende de Dios, y el amor que asciende hacia Dios. Claro que también semejante fórmula podríamos aplicarlas a nosotros mismos, a cada uno, y profesar esta verdad: En mi corazón se encuentra el amor de Dios que desciende hasta mí y mi amor humano que asciende hasta él. Es el encuentro de dos amores y la fusión de dos amores en uno.
Pero en el caso de Jesús ocurre algo único: El amor de Dios, el amor de la Santísima Trinidad desciende hasta su corazón, se aposenta en él, está todo entero en él; y al mismo tiempo en ese corazón de Jesús está el amor que asciende: el amor humano que hay en él, que recoge todos los amores de los hombres. Pero Jesús es Dios y ese amor que asciende de este Hijo de hombre es el amor de Alguien que es Hijo de Dios. Todo se funde en un solo corazón. En este corazón está la alianza perfecta. Tenemos laseguridad de que por este corazón podemos ir al Padre.

3. Jesús en el Evangelio nos está invitando a penetrar en el secreto de su corazón. Dice, ante todo, que estas verdades divinas han sido ocultadas a los sabios de la tierra, mientras que han sido reveladas a los sencillos. Los sabios son los sabios soberbios; los sencillos, tengamos pocos o muchos conocimientos, son los humildes, los que se abren con confianza a Jesús, presencia de Dios en la tierra.
Habla, pues, el Señor en esta oración de bendición al Padre, que la hace movido por el Espíritu Santo, según anota san Lucas en el pasaje correspondiente: “se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo” (Lc 10,21).
Estamos en una escena divina, trinitaria. Escuchemos: “Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo” (Mt 11,27). Lo aceptamos, lo creemos: Dios es Dios, y hay dentro de Dios un diálogo infinito de amor entre el Padre y el Hijo. Esto es pura revelación, y lo creemos así porque creemos en el santo Evangelio”.
Pero la última sorpresa viene en la terminación de la frase: “...nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Jesús nos está hablando de ese mundo interior que él vive y que quiere compartirlo con nosotros.

4. Mis hermanos, al escuchar estas divinas emanaciones, nos preguntamos: ¿qué es la fe?, ¿qué es la religión de le fe, la religión revelada?
Es la intimidad de Dios, a la que estamos llamados. San Juan, que es por excelencia el teólogo del amor, y nos los está diciendo en cada una de las frases leídas hoy (1Jn 4,7-16), sublime párrafo que termina con esta declaración: “Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (v. 16).

5. El Corazón de Jesús, hermanos, nos está diciendo que la última palabra de Dios es el amor, y que desde el amor hay que hacer la síntesis que intente hacer el hombre acerca de Dios.
Hace unas semanas el Papa comentaba aquel episodio de la historia de Abraham, cuando intercede por Sodoma y Gomorra, ciudades pecadoras, que deben ser castigadas. Si se encuentra cincuenta justos, en atención a esos justos, Dios las perdonará. Y si fueran cinco menos, es decir, 45..., o 40, o 30 o 20, o 10, Dios  las perdonará.
Abraham no se atrevió a bajar a un solo justo. Jeremías bajó a un solo justo cuando quiso la salvación de Jerusalén. Y el Papa nos da esta preciosa explicación: “...el profeta Jeremías dirá, en nombre del Omnipotente, que basta un solo justo para salvar Jerusalén: «Recorred las calles de Jerusalén, mirad bien y averiguad, buscad por todas sus plazas, a ver si encontráis a alguien capaz de obrar con justicia, que vaya tras la verdad, y yo la perdonaré» (Jr 5, 1). El número se ha reducido aún más, la bondad de Dios se muestra aún más grande. Y ni siquiera esto basta; la sobreabundante misericordia de Dios no encuentra la respuesta de bien que busca, y Jerusalén cae bajo el asedio de sus enemigos.
Será necesario que Dios mismo se convierta en ese justo. Y este es el misterio de la Encarnación: para garantizar un justo, él mismo se hace hombre. Siempre habrá un justo, porque es él, pero es necesario que Dios mismo se convierta en ese justo. El infinito y sorprendente amor divino se manifestará plenamente cuando el Hijo de Dios se haga hombre, el Justo definitivo, el perfecto Inocente, que llevará la salvación al mundo entero muriendo en la cruz, perdonando e intercediendo por quienes «no saben lo que hacen» (Lc 23, 34). Entonces la oración de todo hombre encontrará su respuesta; entonces toda intercesión nuestra será plenamente escuchada” (Catequesis del 18 de mayode 2011, sobre Abraham, comentando Génesis 18).

6. Hermanos, el Corazón de Jesús es ese corazón donde está el pleno perdón de Dios, el regalo de todo el amor de Dios.
En suma, Dios es perdón, Dios es amor, Dios es salvación.
Todo esto que anunciamos tiene una realidad concreta, que soy yo: Jesús y yo. ¿Quién es el Corazón de Jesús? Es el perdón de todos mis pecados. Miro a mi historia, y seguramente querré borrar páginas que no me agradan. Están borradas, están perdonadas en ese divino y amantísimo Corazón de Jesús.
El Corazón de Jesús, repitamos, es el perdón de todos mis pecados.
Y el Corazón de Jesús es el regalo del amor de Dios que se me da a mí, para que comience a disfrutarlo ya en la tierra. En el Corazón de Jesús tengo a Dios.
Por eso, vamos a concluir con esa preciosa jaculatoria, que la decían nuestros abuelos y que ahora la decimos nosotros:
¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!
¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!
¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío! Amén.

Sobre el Sagrado Corazón de Jesús hemso escrito estos himnos que se pueden enonctrar en mercaba.org (Año litúrgico, Ciclo B)

1 comentarios:

Luz dijo...

Gracias, por recordarme el gran amor de Dios, el Justo que pago por mis pecados, el amor que borra mis debilidades y me hace fuerte, gracias, lo necesitaba.

Sagrado Corazon de Jesus en vos confio.

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