sábado, 2 de julio de 2011

68. Preciosa Sangre de Cristo

Mes de julio



Hermanos:

1. El mes de julio está asociado a la devoción y culto de la Preciosa Sangre de Cristo. El culto a esta Preciosa Sangre es una forma de venerar la santa Humanidad de Jesús, humanidad traspasada por la divinidad del Hijo. La sangre de Cristo está presente en todos los crucifijos. Esa sangre mana de sus cinco llagas. Sus manos y pies, perforados por clavos son un manantial de sangre redentora, y el sagrado costado, atravesado por la lanza es un surtido de gracia, de donde nace la Iglesia. “Uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua” (Jn 19,34). Cuando el evangelista san Juan escribe de esta manera, está venerando esta sangre preciosa del Cordero inmolado, que ha sido la redención del mundo.

2. El 1 de julio se celebraba en la Iglesia universal la fiesta de la “Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo” (éste era el título litúrgico), fiesta a la que el Papa Beato Juan XXIII quiso darle un esplendor especial con una carta apostólica que escribió el año 1959. Es bueno recordar este documento, no para lamentar una disposición litúrgica que luego veremos, sino para evocar ese latido de amor con que los fieles cristianos se han acercado a adorar la santa humanidad de Cristo, ensangrentada en la cruz. Citaré algunas frases.
Decía el Papa: “Esta devoción se nos infundió en el mismo ambiente familiar en que floreció nuestra infancia y todavía recordamos con viva emoción que nuestros antepasados solían recitar las Letanías de la Preciosísima Sangre en el mes de julio”.
“Nos parece muy oportuno – añadía - llamar la atención de nuestros queridos hijos sobre la conexión indisoluble que debe unir a las devociones, tan difundidas entre el pueblo cristiano, a saber, la del Santísimo Nombre de Jesús y su Sacratísimo Corazón, con la que tiende a honrar la Preciosísima Sangre del Verbo encarnado "derramada por muchos en remisión de los pecados".
En aquella carta apostólica hacía una breve historia.
“Conviene recordar que por mandato de Benedicto XIV se compusieron la Misa y el Oficio en honor de la Sangre adorable del Divino Salvador; y que Pío IX, en cumplimiento de un voto hecho en Gaeta, extendió la fiesta litúrgica a la Iglesia universal. Por último Pío XI, de feliz memoria, como recuerdo del XIX Centenario de la Redención, elevó dicha fiesta a rito doble de primera clase, con el fin de que, al incrementar la solemnidad litúrgica, se intensificase también la devoción y se derramasen más copiosamente sobre los hombres los frutos de la Sangre redentora.”

3. Cuando el Papa escribía estas cosas no se había celebrado el Concilio Vaticano II (1962-1965), si bien ya estaba anunciado (enero 1959).
Sin duda que fue un momento muy delicado, cuando después del Concilio, al hacer la reforma general del Calendario de la Iglesia (1969), llegando al primero de julio, se suprimió esta fiesta. En el nuevo Calendario fue suprimida y se razonó de esta manera:
1 de julio. Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Se supríme la fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, establecida en el Calendario Romano en 1849, cuando Roma fue liberada de una sedición. La razón es que la Preciosísima Sangre de Cristo Redentor ya se venera en las solemnidades de la Pasión, como también en las de la Santísima Eucaristía y del Sacratísimo Corazón de Jesús y en la fiesta de la Exaltación de la Cruz. Con todo, la Misa de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo pasa a figurar entre las Misas Votivas” (Calendarium Romanum, editio typica 1969, p. 128).
Obsérvese atentamente que de ninguna manera se critica el contenido ni de la Misa ni de la devoción a la Preciosísima Sangre de Cristo; para nada. Lo que se ha puesto en cuestión (y se ha resuelto negativamente) ha sido la oportunidad de una fiesta para toda la Iglesia de la Preciosa Sangre de Cristo,..

4. En este momento yo escribo y hablo desde una parroquia que lleva el nombre de Parroquia de la Preciosa Sangre de Cristo. Una leve información nos dice c+omo ha penetrado la devoción a la Sangre de Cristo en el pueblo cristiano. Cuando la beatificación del cardenal Newmann en Inglaterra, el Papa celebró una misa en una catedral católica de Westminster dedicada a la Preciosísima Sangre de Cristo (18 septiembre 2010). Y ante aquel crucifijo con chorros de sangre, decía:
“Quien visita esta Catedral no puede dejar de sorprenderse por el gran crucifijo que domina la nave, que reproduce el cuerpo de Cristo, triturado por el sufrimiento, abrumado por la tristeza, víctima inocente cuya muerte nos ha reconciliado con el Padre y nos ha hecho partícipes en la vida misma de Dios. Los brazos extendidos del Señor parecen abrazar toda esta iglesia, elevando al Padre a todos los fieles que se reúnen en torno al altar del sacrificio eucarístico y que participan de sus frutos. El Señor crucificado está por encima y delante de nosotros como la fuente de nuestra vida y salvación, "sumo sacerdote de los bienes definitivos”, como lo designa el autor de la Carta a los Hebreos en la primera lectura de hoy (Hb 9,11).
A la sombra, por decirlo así, de esta impactante imagen, deseo reflexionar sobre la palabra de Dios que se acaba de proclamar y profundizar en el misterio de la Preciosa Sangre”.

5. Misterio de la Preciosa Sangre de Cristo. La sangre de Cristo puede dar imágenes truculentas, como en La Pasión (film de 2004), de Mel Gibson: Jesús flagelado parece envuelto en un manto de sangre

Pero la contemplación de este infinito misterio de amor, nos puede llevar a una experiencia íntima de dulzura. Así, cuando rezamos el “Alma de Cristo”, oración que tiene unos cuantos siglos de existencia. Recordemos:
Alma de Cristo: santifícame.
Cuerpo de Cristo: sálvame.
Sangre de Cristo: embriágame.
Pasión de Cristo: confórtame.
... Dentro de tus llagas: escóndeme.
El “Alma de Cristo” la han recitado, durante varios siglos, millares y millares de cristianos, porque es una oración que vale lo mismo para los fieles de altos vuelos de mística, que para el hermano sencillo que acaba de recibir la santa Comunión, y ora en su corazón a la santa Humanidad de Cristo.
Es dulce orar a esta Humanidad santísima de Cristo. Yo también he querido rendirle homenaje a la Preciosa Sangre de Cristo, que es mi parroquia, y como colofón de estas sencillas reflexiones, aquí va - ¡oh Jesús! - una oración  en forma de poema.

Sangre de Cristo, embriágame

Embriágame de dulzura,
Sangre de Cristo preciosa,
y que el alma silenciosa
sienta el amor que le cura.

Embriágame de pasión,
sangre por mí derramada,
para que en mí no haya nada
extraño a su corazón.

Embriágame de pureza,
sangre de Dios virginal,
para que el hombre animal
no profane mi grandeza.

Embriágame de bondad,
sangre santa del Calvario,
para que no haya adversario
que ofenda tu santidad.

Embriágame hasta perder
el raciocinio y sentido,
que, al verme de Dios transido,
Dios será mi amanecer. (Julio 2009).

Puebla, sábado 2 julio 2011.


1 comentarios:

Felino dijo...

En que parte de la biblia sale que rociarce con la sangre de Cristo es bueno? Lo unico que me viene a mente con la sangre de cristo es cuando pilatos dice que "no tengo nada que ver con la sangre de este justo" y el pueblo reunido ahi que estaba de acuerdo con la crixificion grito "su sangre sea sobre nosotros"

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