lunes, 4 de julio de 2011

70. Procesionales de Comunión

 Homenaje sacerdotal a Benedicto XVI


Para rendir un homenaje espiritual al papa en el 60° aniversario de su ordenación Sacerdotal (Fiesta de San Pedro y San Pablo 1951-2011) han sido convocados 60 artistas contemporáneos de los múltiples ramos del arte. La Exposición o la “Mostra” ha sido inaugurada hoy, 4 de julio (Inaugurata da Benedetto XVI la mostra per il suo sessantesimo anniversario di sacerdocio, dice L’Osservatore Romano – La agencia Zenit da noticias precisas sobre el evento y los artistas participantes). El lema de la Exposición es: “El esplendor de la verdad, la belleza de la caridad”.
El Papa ha dirigido su alocución a los artistas: “Vosotros hoy me presentáis el fruto de vuestra creatividad, de vuestra reflexión, de vuestro talento, expresiones de los diversos ámbitos artísticos que representáis aquí: pintura, escultura, arquitectura, orfebrería, fotografía, cine, música, literatura y poesía. Antes de admirarlas junto a vosotros, permitidme que me detenga solo un momento en el sugerente título de esta Exposición: El esplendor de la verdad, la belleza de la caridad”.
Recordaba el texto paulino de Efesios: “veritatem facientes in caritate”.
Añadía:
“Queridos amigos, quisiera renovaros a vosotros y a todos los artistas un llamamiento amistoso y apasionado: no separéis nunca la creatividad artística de la verdad y de la caridad, no busquéis nunca la belleza lejos de la verdad y de la caridad, sino que con la riqueza de vuestra genialidad, de vuestro impulso creativo, sed siempre, con valor, buscadores de la verdad y testigos de la caridad; haced resplandecer la verdad en vuestras obras y haced de modo que su belleza suscite en la mirada y en el corazón de quien las admira el deseo de hacer bella y verdadera la existencia, toda existencia, enriqueciéndola con ese tesoro que no disminuye nunca, que hace de la vida una obra de arte y de cada hombre un artista extraordinario: la caridad, el amor. Que el Espíritu Santo, artífice de toda la belleza que hay en el mundo, os ilumine siempre y os guíe hacia la Belleza última y definitiva, la que inflama nuestra mente y nuestro corazón y que esperamos poder contemplar un día en todo su esplendor. Una vez más, gracias por vuestra amistad, por vuestra presencia y porque lleváis al mundo un rayo de esta Belleza que es Dios. De verdadero corazón os imparto a todos vosotros, a vuestros seres queridos y al entero mundo del arte mi Bendición Apostólica”.
No como artista convocado, sino como simple hijo de Dios que quiere proferir una palabra en medio de la Iglesia, he ido a mis carpetas a tomar un florilegio de poesías eucarísticas, que titulo Procesionales de Comunión. Son cantos para ir caminando a la mesa festiva de la santa Comunión, al ritmo de un estribillo que cante el pueblo, mientras la schola ejecuta las estrofas, aquí transcritas. Ojalá fueran dignas de que algún inspoirado músico se fijara en ella.
Santo Padre, es por el honor de la Eucaristía,
y como un homenaje que deposito en su corazón sacerdotal.


I. La Eucaristía, Cena pascual

Fue cena de la Pascua aquella Cena,
Jesús ebrio de amor y de esperanza,
la fiesta de Israel, allí presentes
Moisés con los Profetas y Patriarcas.

El rojo vino en copa generosa
la Cena del Mesías presagiaba;
que goce el corazón, que Dios se acerca
en esta noche santa de Alianza.

Cantaban himnos, salmos, los Apóstoles
y Cristo con su pueblo los cantaba;
(oh Pascua de los hijos liberados,
pasado el Mar y rumbo de la patria!

En él el corazón era el paisaje
de toda maravilla antes narrada,
y entonces con el pan y con la copa
el Verbo en carne se hizo nueva Pascua.

Jesús del gran deseo, fin del cosmos,
tu Yo divino al mundo lo traspasas,
y el mundo asumes, fibra de tu carne,
y a mí, que soy de tierra, allí me abrazas.

(Oh Cristo, Pascua‑tránsito inefable,
oh Pascua‑padecer en cruz sellada,
a ti te alaba el hombre redimido,
a ti la creación divinizada! Amén.


II. La Eucaristía, nueva Alianza

Jesús bendito alzó los grandes ojos,
los puso en Dios, cual aves en su nido,
en tanto que la diestra y la siniestra
brindaban la oblación del rojo vino.

La sangre derramada por Caín
veíase latir al caldo vivo,
la sangre de la guerra y del amor,
del curso de la historia el pleno río.

El monte Sinaí con los becerros
que hicieron uno altar y pueblo ungido
allí se remecía, allí en la copa
del pacto nuevo y nuevo sacrificio.

Los siglos desangraban en el cáliz
la vida humana, jugo de racimos,
y todos eran, densos, todos juntos
pasión ‑dolor y amor‑ en este rito.

Y entonces el Señor de aquella Pascua
con voz augusta y corazón nos dijo:
Es ésta la Alianza mía y vuestra,
divino sorbo, sangre de suplicio.

(Oh Cristo eterno, miga masticada,
vertida copa, Espíritu infundido,
oh Dios sacramental en nuestros labios,
Jesús bendito, amor del Padre y mío! Amén.


III. La Eucaristía, comida y bebida del Verbo

Comedme en este pan y uníos todos
en cálida unidad conmigo mismo;
seamos uno en cuerpo y alma y vida,
en comunión de ruta y de destino.

La cepa y los sarmientos, una savia
y un fruto generoso en el racimo;
que nadie muera, nadie se separe,
cortándose la vena en un suicidio.

Adentro de vosotros me derramo,
cual Dios del ser, cual hálito y respiro;
sentidme en dimensión y espacio intacto,
palpadme amor y Verbo acontecido.
    
Yo estoy en ti y soy el Tú donado
y tú eres para mí tu yo asumido;
acércate, que nuevo es el lenguaje,
pues nuevo es el amor que ha florecido.

Comed, tomad el cáliz, mis hermanos,
y todos sin temor, que yo os limpio;
yo nunca deseé mayor deseo
que el darme ahora en Cena reunidos.

(Jesús, abrazo y paz de Eucaristía
y dulce transfusión de los sentidos,
florido lecho, pálpito de vida,
Jesús, oh don de amor, oh Dios transido! Amén.


IV. La Eucaristía, verdadero sacrificio

Jesús es sacrificio sobre el ara,
Cordero degollado siempre vivo,
Jesús es holocausto perfumado,
la víctima de fuego aquí encendido.

Jesús es la primicia de la Tierra,
ofrenda de Israel en un cestillo,
Jesús es la tostada flor de harina,
aceite derramado, suave y límpido.

Jesús es el aroma para el Padre,
incienso transpirando ser divino;
Jesús es el final de toda herida,
de todo sacrificio olor purísimo.  

Que cesen ya las víctimas cruentas
y no haya más altares por los siglos;
la roca ensangrentada del Calvario
ha dado paz al último cuchillo.

(Oh víctima de paz de cielo y tierra,
manjar de comensales redimidos,
Jesús festín, en cuyo santo cuerpo
los viejos ritos fueron abolidos!

(Jesús, Señor del tiempo, el Santo y Unico,
Jesús, Eucaristía‑sacrificio,
a ti la adoración, la gloria clara,
que ayer y hoy y siempre eres el mismo! Amén.


V. La Eucaristía, viviente memorial

La Iglesia lo recuerda, lo celebra,
Esposa fiel en tiempo fugitivo.
"Hacedlo en mi memoria", nos decía,
y día a día hacemos como dijo.

Y queda entre nosotros su recuerdo,
su cuerpo, su figura, su latido,
guardamos adorando su presencia,
su augusta entrega, el signo vespertino.

Viviente memorial, perenne encuentro,
del tiempo y de lo eterno estrecho anillo;
descienda desde el cielo la energía
y ascienda al trono un grito en pan y vino.     

Acuérdate..., Señor de lo indeleble,
mirándole recuérdate a ti mismo;
recuerda, mi Señor, tu corazón,
que diste a tu Encarnado mi destino.

Olvida los pecados, da el perdón,
y ten memoria fiel de tus caminos:
la gracia se hizo rumbo en nuestra historia,
y fue la historia esposa de tu Hijo.

(Oh Cristo, Sacerdote intercesor,
que vives, recordando, tu servicio,
tu gloria excelsa sea tu memoria
y sea bendición lo que pedimos! Amén.


VI. La Eucaristía, oblación espiritual

El cuerpo es oblación en el Espíritu,
el tránsito del mundo desprendido;
es don irreversible, pura dádiva,
que el Dios de amor acoge complacido.

Ofrenda sin mancilla en esta tierra,
regalo nuestro digno del Altísimo;
la eterna voluntad lo santifica
y lo hace el don perfecto de Dios trino.

Jesús es el que ofrece y es la ofrenda
y toma nuestra vida en don consigo;
si a él el Padre mira, en él nos halla,
si aquí sus ojos tiende, en él vivimos.    

El mundo se estremece y ora en trance
y es todo Eucaristía en un gemido;
en ese cuerpo santo del Calvario
sellado está por siempre y ofrecido.

Y ofrenda preciosísima es la Esposa,
lavada y blanqueada en un martirio;
la Iglesia entera es santa Eucaristía,
nacida del costado, Cuerpo místico.

Los miembros del Cordero en unidad
con él y en él el culto a Dios rendimos:
(oh Padre desbordado en el Espíritu,
recibe la oblación de Cristo vivo! Amén.


VII. La Eucaristía y la Iglesia

El pan hace a la Iglesia, que es banquete,
el vino hace la fiesta y el bullicio;
vertido aquí el Espíritu entre cantos,
Jesús es pan, Jesús es Cuerpo místico.

Den gracias los salmistas venerados,
proclamen los profetas elegidos,
y el coro de los pobres muy felices
confiesen que aquí empieza el Paraíso.

Es fiesta pura, gozo de la Iglesia,
la santa Eucaristía del camino;
es boda ya, de púrpura el esposo
y blanco tul la esposa de su anillo.        

(Oh Pan divino, oh Verbo sustanciado,
oh Dios entero, en carne acontecido,
oh toda la verdad aquí presente,
oh Iglesia del proyecto que Dios quiso!

Celébrate, Señora, santa Madre,
celebra tu perdón, el beso amigo;
y embriágate de amor por el Espíritu,
porque eres la querida del querido.

(Oh Cristo, luz y sello, Cristo imagen,
pleroma, transparencia, cuajo vivo,
te adora mucho, mucho, la que es tuya,
tu Iglesia santa, santa por los siglos! Amén.


VIII. La Eucaristía, libertad de los hijos

Honrad la libertad con bella fiesta,
que libre de pecado es Jesucristo;
seamos libres, puros por su rostro,
el alma sin temor, de culpa limpios.

"Ninguno me la quita, yo la entrego,
yo doy mi vida, yo me sacrifico,
yo soy el que desciende y el que sube,
yo soy el que ha venido y surjo invicto".

En esta mesa el sacramento
es pan de libertad y de cariño,
que amor de Dios no existe involuntario,
ni entrega por la fuerza en su servicio.

Manjar de reyes, copa de victoria,
bebida de los mártires de Cristo;
respose libre el hijo en esta mesa
y acoja al mundo nuevo redimido.

Quebrado quede el yugo del esclavo
y venga el comensal de paz vestido;
con túnica de gracia y perfumados
vayamos a las nupcias del Rey Hijo.

(Jesús eterno, don y Eucaristía,
Pastor y Rey, Hermano, Amigo,
dador de libertad con bella muerte,
a ti que te comemos, bendecimos! Amén.

IX. La Eucaristía, su muerte de una vez para siempre

Con fe de Pascua firmes confesamos
que aquello que pasó es Pan y Vino;
que es esto aquello mismo sin segundo,
el único y eterno sacrificio.

Es éste aquel Calvario sin retorno,
aquel morir del Hijo, aquí vivido;
Jesús murió y en su divino tránsito
su muerte viva se hizo en Dios latido.

Y vive Dios la muerte esplendorosa
que el todopoderoso la ha asumido;
cantemos la unidad de Dios inmenso
que viene con poder en este signo.         

El tiempo del ayer es hoy aquí,
el Dios del ser el tiempo ha recogido,
y aquí se nos derrama el Dios oculto:
su Nombre es santo, lleno de prodigios.

El tiempo y la materia y el espacio
sirviendo están, rindiéndose a sí mismos;
presencia luminosa es lo real
y el hoy en que vivimos, puro atisbo.

Comamos y bebamos a esta mesa,
ceñidos a la Cruz cantemos himnos:
(Honor sea al Amor, honor a Dios
y gloria sobre gloria por los siglos! Amén.

(Puebla, 4 julio 2011)

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