jueves, 14 de julio de 2011

73. Sacerdote del Misterio Pascual


Meditación sacerdotal sobre Hebreos 8,1-10,18

A mis hermanos sacerdotes
de la diócesis de Aguascalientes, Ags, (México),
a quienes estoy transmitiendo la Palabra de Dios,
con sincero agradecimiento.

Hermanos:
Continuamos la meditación titulada “Sacerdote de la Encarnación”.
El sacerdocio de Jesús, único y sumo sacerdote de la Nueva Alianza, que arranca en la Encarnación halla su culminación en el Misterio Pascual. El sacerdocio de Jesús aquí tiene dos fases o momentos:
1° Sacerdote de sangre en la Cruz.
2° Sacerdote celestial en el santuario, intercediendo al Padre por nosotros.
La lectura de tres capítulos de Hebreos (8, 9 y 10,1-18) nos da el meollo de esta exposición del sacerdocio de Cristo.

I
Primer aspecto:
Sacerdote de sangre

1. Orden antiguo:
Alianza y Mediador; Alianza y sangre
Hemos de comprender que el sacerdocio de Jesús no es un poder o un mandato ajeno a su persona, sino interior a su persona. Mentalmente debemos prepararnos para comprender que nuestro sacerdocio en Jesús y desde Jesús no puede ser ajeno a nuestra persona, sino interior a nosotros mismos.

1. Alianza y Mediador. Alianza dice mediación; concretando en una persona, Alianza dice mediador. El Mediador que firma una Alianza entre dos partes estampa su firma con autoridad. Y con esa autoridad se hace la mediación.
Esa autoridad es jurídica y real. Imaginemos, en el orden civil la figura de un Presidente o de un Embajador, que pone una firma vinculante; pero su vida íntima y personal queda absolutamente exenta del compromiso que lleva esa firma.
Jesús no es Funcionario de una Alianza. Jesús no firma una Alianza; él mismo es la firma de la Alianza. E, incluso, él es la Alianza. Jesús no está fuera de la Alianza, sino dentro de la Alianza, pues él es esa Alianza.

2. Alianza y sangre. En el Antiguo Testamento no hay alianza sin sangre. “Sin efusión de sangre no hay perdón” (Hb 9,22).
La frase completa es: “Según la ley, casi todo se purifica con sangre, y sin efusión  de sangre no hay perdón”.
Hubo un momento paradigmático de esta constitución de la Alianza con sangre. “Cuando Moisés acabó de leer al pueblo toda la ley, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos... y roció el libro mismo y al pueblo, diciendo: Esta es la sangre de la alianza que Dios ordenó para vosotros. Con la misma sangre roció la tienda y todos los utensilios litúrgicos” (Hb 9,19-21).

3. Alianza-Testamento y muerte. El argumento de la sangre se convierte en el argumento de la muerte. Sin la muerte no hay testamento; sin la muerte de Jesús no hubo testamento, que en este caso es Alianza.
Ahora bien, una muerte no dice que esa muerte deba ser sangrienta; basta que sea la simple terminación de la vida. La muerte de Jesús no fue el acabamiento de su vida, sino el dar su sangre, muerte sangrienta. Jesús murió dando su sangre. Es decir, Jesús murió dándose en sangre, no porque se terminaba el hilo de la vida. Murió desde dentro (sangre) no desde fuera (apagamiento del ser).

2. Orden nuevo
Jesús y a Sangre en la Nueva Alianza

1. El orden nuevo queda establecido sobre estos tres principios:
Primero: La nueva Alianza, nueva y eterna, se estableció ciertamente con sangre.
Segundo: Jesús no tomó sangre ajena (toros, becerros y machos cabríos).
Tercero: Jesús tomó su sangre propia, y derramando su sangre hizo la purificación eterna.
Hemos de tener claros estos principios, porque aquí estriba una honda espiritualidad sacerdotal, si nos abrimos a la solidaridad con Cristo.
Aprendamos de memoria este versículo:
“(Cristo) No lleva sangre de machos cabríos, ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario un vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna” (Hb 9,12)

Su sangre la tomó de su propia muerte, que no fue muerte pacífica, sino muerte en cruz, desangrado.
Así el testamento, que se cumple tras su muerte, quedó sellado en la sangre de la muerte.

2. ¿Dónde está el valor de la sangre de Cristo? El valor de la sangre de Cristo está en estos dos componentes:
- Por ser sangre suya (su propia sangre) era sangre divina. Valía lo que Dios vale.
- Pero, juntamente con esto, y más adentro de esta “sangre física”, con Jesús estaba el Espíritu eterno, que era el que le impulsaba.
En efecto, como dice el texto sagrado: “¡cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, para que demos culto al Dios vivo!” (9,14).

3. Orden presente
El Sacerdote como Sacerdote de sangre

La Alianza está consumada en Cristo y por Cristo. Ahora bien, si el Sacerdote como actualizador del Misterio Pascual por voluntad de Cristo es aceptado dentro de esta Alianza, que se prolonga en la tierra – en el espacio y tiempo - ¿cómo tiene que ser?
- Ciertamente que en solidaridad interna con Cristo.
- Si el sacerdote perdona (yo te absuelvo) perdona perdonando Cristo en él (“Cuando Pedro bautiza, Cristo bautiza”). Su perdón no es una declaración jurídica externa, como si fuese el oficial del ayuntamiento: “Mira, el papel dice que te han quitado la multa”. Sino que, por el contrario, la autoridad intrínseca de Cristo está operando en el sacerdote, y este hecho uno con esa autoridad, ejerciéndola, perdona y absuelve. Esto reclama una espiritualidad de identificación.
- Si el sacerdote sacrifica, está sacrificando la misma sangre de Cristo. Por solidaridad íntima con Cristo, el sacerdote debe sacrificar en Cristo, con Cristo y desde Cristo, “su propia sangre”, que Cristo asume como sangre de su sacrificio. La obra de Cristo pasa a ser obra del sacerdote, y la obra del sacerdote es asumida como obra de Cristo.
En el sacrificio místico de Cristo (y dígase lo mismo en el ejercicio del sacramento del perdón y demás sacramentos), con la sangre de Cristo el sacerdote mezcla su propia sangre. Es sacerdote de sangre. De lo contrario, sería un sacerdote “ejecutor”, ajeno al misterio que está celebrando y para el que ha sido consagrado.

¿Qué es la sangre del sacerdote? La sangre del sacerdote no es solamente su posible sangre “física” (por ejemplo, la sangre del martirio), sino es toda su vida de aflicción por Cristo; toda penalidad externa e interna.

La sangre no basta si no es oblación con el Espíritu eterno. Aplicando el paradigma de Jesús, como hemos dicho que la sangre propia de Jesús va unida con la oblación que dentro de ella hace el Espíritu eterno, de igual modo decimos que la sangre del sacerdote (toda aflicción de su vida) nada vale si no es como oblación del Espíritu eterno.
Dicho con otras palabras de la misma carta: “Y conforme a esta voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre” (Hb 10,10).
Esta es la identificación del sacerdote ministerial, que, en Cristo, se le ha concedido la gracia de participar en el mismo sacerdocio del Único y Eterno sacerdote, Jesucristo.

II
Segundo aspecto:
Sacerdote de Pascua celeste

1. El sacerdocio pascual de Cristo  El sacerdocio pascual, el que él ejerce en la Tienda “más grande y más perfecta, no hecha por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado” (Hb 9,11), “en el santuario donde ha entrado una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna”, es el culto que él ofrece en el cielo, y que tiene dos aspectos, unidos entre sí:
El primero es de cara a Dios.
El segundo es de cara a los hombres.

- De cara a Dios, Cristo pascual ejerce el culto, en la glorificación plenaria al Padre, como Cabeza de la humanidad. ¿Qué es esta glorificación? Es la operación integral de Cristo:
o   Amar
o   Alabar
o   Dar gracias
o   Exultar
o   En una palabra: vivir su vida celestial en el seno de la Trinidad.

- De cara a los hombres. Jesús ante el Padre intercede por los hombres: “pues vive siempre para interceder a favor de ellos. Y tal convenía que fuese nuestro Sumo Sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre los cielos” (Hb 7,25-26).

2. Participación del sacerdote en el sacerdocio pascual de Cristo
 El ministro de Cristo, sacerdote ministerial, participa en este doble ejercicio del sacerdocio pascual de Cristo:
- Asumido por Cristo en Cristo, está glorificando al Padre. Esto lo realiza especialísimamente en la Santa Misa, que es el homenaje de glorificación perfecta al Padre.
- Y del mismo modo, asumido en Cristo, la oración de intercesión de Cristo es también oración de intercesión del sacerdote. Lo cual se verifica especialmente en la Santa Misa, y se prolonga en toda la vida del sacerdote, cuya oración es por el pueblo santo de Dios.
Jesús intercedía en los días de su vida terrestre: así cuando dijo a Pedro: “Yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague” (Lc 23,32). En el cielo continúa su intercesión hasta su vuelta. Si es propio del sacerdote no solo “sacrificar” sino también “interceder”, ahora su intercesión es una con la intercesión de Cristo glorioso.

En suma de todo lo dicho: ser sacerdote es un modo específico de ser identificado con Cristo para actuar en consecuencia.

* * *

SACERDOTE DE SANGRE Y GLORIA
Rima meditativa sobre
“El Sacerdote del Misterio Pascua”


Estribillo
Soy Sacerdote de sangre,
con Cristo en la cruz clavado;
y sacerdote ante el Padre
con Cristo glorificado.

Estrofas
1. Yo no soy un funcionario
que ejecuta lo mandado
y mira de la barrera
lo que dentro está pasando.
Con el poder del Señor
absuelvo todo pecado,
y con la sangre de Cristo
la mía voy derramando.

2. Yo celebro su Alianza
y en su mandato consagro,
pero dentro ese cáliz
mi sangre la ha consagrado.
Y mi Jesús poderoso
está haciendo ese milagro:
mi sangre es suya y salvífica
cual sangre de su costado.

3. Mi Sacerdote celeste
ha entrado en el Santuario:
gloria y eterna alabanza
al Padre está tributando.
Soy su ministro en la tierra
y mi vida está en sus labios:
en la santa Eucaristía
el Padre en él se ha agradado.

4. Cual sacerdote intercedo
por todo su pueblo santo,
y es Jesús quien intercede,
cuando yo mis manos alzo.
Poderoso intercesor,
Jesús, mi Dios adorado,
mis gemidos y oraciones
en tus brazos se han colgado.

5. Sumo y único y eterno
Mediador del nuevo Pacto,
Sacerdote Jesucristo
que tu mano en mí has posado:
Gracias rendidas te ofrezco
del corazón que has tocado:
hazme humilde sacerdote,
sacerdote enamorado. Amén.

Aguascalientes, Ags., 13 julio 2011

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