sábado, 16 de julio de 2011

74. Dios, el trigo y la cizaña

Domingo XVI del tiempo ordinario, ciclo A
Mt 13,24-43




Hermanos:

1. En el Evangelio hay dos parábolas que explica Jesús: la parábola del sembrador, que la escuchamos el domingo pasado y la parábola del trigo y la cizaña, correspondiente a hoy. La lectura evangélica de hoy se abre con la parábola del trigo y la cizaña – que es bastante amplia –; le siguen dos breves: una del mundo masculino: el grano de mostaza sembrado en el campo; otra del mundo femenino: la mujer que amasa tres medidas de harina e introduce una pedazo de levadura.
Aquí termina esta pequeña serie. Y sigue el texto: “Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: ‘Explícanos la parábola de la cizaña en el campo’” (v. 36). Y Jesús, según el texto evangélico de Mateo, explica la parábola, dando sentido a cada detalle (como se hace con las alegorías, en las que cada detalle tiene su intención y significado), con la peculiaridad de que el sentido es del todo concreto. Nuestra reflexión de oyentes de la Palabra se va a centrar en esta parábola de la cizaña. Justamente como introducción a esta parábola leemos el texto de la Sabiduría (12.13. 16-19), que es una reflexión sobre el poder paciente de Dios, en espera de nuestra conversión.

2. La parábola es dramática. De hecho, aquí se enfrenta un sembrador y un enemigo. La vida es un drama, y no podemos ignorarlo. Existe el mal en el mundo, y esto no es un dato neutral de la historia. ¿De dónde sale la cizaña?, preguntan los criados al señor de la hacienda. Y  el hombre de parábola responde: “un enemigo lo ha hecho”.
El mal no se produce porque sí. Tiene una causa. Aquí comienza nuestra dificultad, hermanos, porque Jesús nos alerta, y uno se pregunta: ¿Quién es este enemigo? Una enfermedad viene al cuerpo, por múltiples razones, y no precisamente porque uno haya metido un enemigo en el cuerpo, como puede ser el abuso del alcohol. Una persona de vida ordenada, que regula alimentación, trabajo y descanso, de pronto puede padecer un cáncer. El cuerpo no es para siempre, y sin hacer nosotros nada en contra, el germen de la muerte lo llevamos dentro.
En este sembradío que Jesús representa, la cizaña no ha venido de la misma tierra, sino que una mano enemiga ha sembrado desde fuera una cosecha de cizaña.
Y ha sido una siembra poderosa, que luego va a ser atada en gavillas. Esto no pasa en cualquier sembrado, sino en el sembrado que Jesús imagina para su doctrina. Hay un enemigo de la siembra.

3. Nos produce escalofrío dar un nombre a este enemigo. En la explicación de la parábola aparece el nombre del enemigo: “las cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo” (vv. 38-39). Por el contrario, la buena semilla –siempre contando la explicación que registra el Evangelio – no es la palabra de Dios, la buena semilla son “los ciudadanos del reino”. Se trata, por tanto, de hombres buenos y malos, no de otro pensamiento: de que en toda persona hay trigo y cizaña. No es esto, sino de que hay personas que son trigo limpio y bien sembrado, y personas que son cizaña.
Y, por lo tanto, siguiendo la correlación de los datos primeros: el trigo bueno pasará a los graneros del Padre celestial; el trigo bueno son los ciudadanos que pasarán al reino de Dios. Y la cizaña, que son los malos, no será recogida en el reino de Dios, sino que será arrojada al fuego. Es decir, a los ciudadanos del maligno, a los hijos del diablo (por tomar una expresión que se encuentra en otro lugar) los ángeles “los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes”. En consecuencia se trata del destino eterno de unos y del destino eterno de los otros.

4. En el mundo en general, y en la Iglesia particularmente, hay cosas buenas y cosas y acciones malas, que no tiene que existir. Y no hay que aguardar al juicio final para limpiar a la Iglesia de las suciedades que puedan encontarrse dentro. Nuestro actual Papa ha emprendido, con clarividencia y con audacia evangélica, una verdadera limpieza de la Iglesia en cuestión de castidad. Y ha dado ejemplo a todos los obispos para que hagan igual. Allí donde exista un delito de abuso sexual, ha de ser extirpado. El niño o la niña que haya sido víctima de un abuso tiene un derecho superior al de la persona que haya sido causante, se trate de un sacerdote, de un obispo o de un cardenal. Eso es la verdad ante Dios, y esa verdad debe prevalecer por encima de otras razones que no acaban de convencer. Sería un escándalo destituir a un obispo que ha tenido un desliz con un niño, con una niña. Efectivamente sería un grande escándalo; pero sería mayor escándalo, que un niño o una niña fuera víctima, y la Iglesia se callara. Nosotros, y esperamos que la historia también, le damos gracias al papa Benedicto XVI que ha puesto remedio con rigor.
El Evangelio de hoy no dice que hay que tolerar el mal y dejar que las cosas pasen, porque vendrá el fin del mundo y entonces sí se sabrá y entonces a cada uno se le dará su merecido. No dice eso el Evangelio. Por tanto, es obligación de la Iglesia velar, y, si ve que existe el mal, atajar el mal. Es obligación de los cristianos, poniéndose la mano cada cual sobre el pecho, denunciar ese mal, para que se le ponga remedio, como hizo san Pablo cuando en la comunidad de Corintio vio que había alguien que convivía con la mujer de su padre, es decir con su madrasta. La comunidad había disimulado y se había callado. Al saberlo, san Pablo reprendió severamente a la comunidad por ese silencio cómplice, y expulsó de la comunidad a quien había comedido semejante aberración (véase 1 Corintios, capítulo 5).

5. No es eso lo que dice el Evangelio. De hecho, san Pablo no manda a ese pecador al fuego eterno, sino que lo expulsa para que se corrija, se convierta y otra vez se ponga en el camino de Dios,
La parábola nos enfrenta  de cara al destino eterno. ¿Podemos saber nosotros quiénes son los hombres que han de heredar la vida eterna, y quiénes han de ser los que serán arrojado al horno del fuego – al fuego eterno donde ha de ser el llanto y el rechinar de dientes? Jesús responde: No. No podemos hacer nosotros, mientras dura la historia, esa separación de buenos y de malos, como si nosotros fuéramos el árbitro de la sentencia, como si fuéramos quienes dictáramos quiénes son los amigos de Dios y quiénes son los que han de estar con el diablo.
Nadie, absolutamente nadie, puede pronunciar ese juicio. Solo Dios, y Dios va tolerando el mal en espera del juicio final. ¿Qué nos ha dicho la primera lectura? “Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia, porque haces de tu poder cuando quieres. Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano y diste a tus hijos una esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores” (Sb 2,18-19).

6. Los mandos de la historia los tiene Dios y no se los ha dado a nadie. Y mientras dure el mundo vamos mezclados buenos y malos, dejando a Dios la última palabra. En la parábola ha dicho el amo a los criados, cuando al instante quieren arrancar la cizaña: “No, que al recoger la cizaña, podéis arrancar también el trigo”(v. 29).
Fijémonos en la razón que se da: al arrancar la cizaña, a lo mejor arrancamos el trigo. Y arrancar el trigo nadie lo quisiera. Según el pensamiento de Jesús, personas que parecen cizaña, pueden ser trigo, y no tenemos nosotros el derecho de matar el buen trigo.
Estamos, pues, en una visión grandiosa de la historia, que Jesús salva como obra de Dios.
Esta parábola es, por lo tanto, la Parábola de la paciencia de Dios en la historia, y del triunfo de Dios al final de la historia.
Nos quedamos con esos pensamientos, tan bellos y estimulantes para nuestro corazón, a saber:
- Solo Dios es el dueño de la historia, conocedor de todos los corazones.
- Solo Dios tienen el triunfo de la historia y la palabra final que ha de dar al mundo.
Nuestra responsabilidad cristiana queda iluminada y fortificada.
Gracias, Señor Jesús, por la lección del trigo y de la cizaña. Amén.

Himno para la oración del Evangelio del trigo y la cizaña: Si yo viera la cizaña.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

MUCHAS GRACIAS FRAY RUFINO POR SEGUIR ILUMINANDO NUESTRAS VIDAS CON SUS REFLEXIONES, QUE DIOS LO BENDIGA Y NOS LO DEJE MUCHOS AÑOS PARA PODER GOZAR DE SU PRESENCIA.
SU AMIGO Y ALUMNO:
ENRIQUE TLASECA

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