viernes, 22 de julio de 2011

75. El Evangelio, el tesoro escondido

Domingo XVII del tiempo ordinario, ciclo A
Mt 13,44-52


Hermanos:

1. Por tercer domingo consecutivo estamos leyendo y escuchando las parábolas de Jesús en el Evangelio de san Mateo. Con estas tres de hoy se cierra un ciclo en el primer evangelista.
Recordemos: Hace dos domingos era la parábola del sembrador y su explicación. El domingo pasado había tres: el trigo y la cizaña, con su explicación, y otras dos muy breves: el grano de mostaza, y la levadura en la masa; una de ella dirigida a la sensibilidad del hombre agricultor, la otra dirigida al ama de casa, que sabe lo que es la amasada del pan. Hoy de nuevo tres y así se completa el número de siete: la del tesoro escondido en el campo y la de la perla preciosa que aluden igualmente a la sensibilidad del hombre o de la mujer, y la séptima, para terminar, la de la red que recoge todas clases de peces, y luego se hace la separación, mirando al juicio final.

2. Vamos a centrar nuestra atención en la parábola del tesoro escondido; sin duda el Señor nos dirá cosas que nunca las habíamos pensado.
Si preguntáramos a alguien: ¿Has oído hablar de “el tesoro escondido”, acaso nos responda: No, esa película no la he visto; o “esa novela me suena, pero no la he leído”. Efectivamente, el título sugerido por esas dos palabras juntas “tesoro escondido” suena a una aventura, que a lo mejor sea muy original o acaso sea una sarta de tópicos.
Jesús habla de un labrador que ha encontrado un tesoro en un terreno. Comienza la intriga. No se lo puede llevar, porque ese terreno no es suyo, y, por lo visto, el tesoro pertenece al campo. Jesús quizás está imaginando la aventura con unas costumbres de propiedad rural que nosotros ignoramos. Son detalles que, si los supiéramos, la narración cobraría más vida, pero nada obsta para el sentido clarísimo que tiene el texto.
Hay cinco cosas en esta pequeña parábola, y que las tenemos que ponderar una a una:
1) La primera es que un hombre se ha encontrado un tesoro. Cómo lo ha encontrado, no lo sabemos: se lo ha encontrado
2) La segunda es que al punto se afana por esconder el tesoro. Lo esconde para que nadie lo descubra, pues él quiere hacer con el tesoro una gran operación.
3) La tercera es que, rápido, va y vende todo lo que tiene; es decir, se queda sin nada.
4) La cuarta, importantísima, es que esta operación de quedarse sin nada la hace con toda la alegría del mundo.
5) Y la quinta, naturalmente, es que compra aquel campo para tener el tesoro.

3. La sexta sería lo que pasó luego: aquello cambió su vida, y Jesús la deja a que cada uno termine la parábola. ¿Qué pasaría si yo encontrara un tesoro y por tenerlo vendiera todo lo que tengo, me quedara sin nada, y me entregara con alma, vida y corazón a explotar y gozar este tesoro que he encontrado. No es una fantasía sino una realidad que se nos brinda. He aquí una aventura redonda, que va a implicar nuestra vida, si queremos escuchar a Jesús, ser discípulos suyos.
La terminación del grupo de parábolas lleva una pregunta del Maestro: “"¿Habéis entendido todo esto?” Y sigue el texto. “Ellos le responden: "Sí".”
Vamos a ir por partes, hermanos, a calibrar cada una de las cosas que se dicen y sacar las consecuencias.

4. La primera es el encuentro del tesoro. La vida, hermanos, es un encuentro. No quiero decir que sea una casualidad, porque la casualidad no existe, pero sí un encuentro.
Tantos matrimonios pueden decir: Encontrar a esta mujer es lo más hermoso que me pasó en la vida. Y a la inversa, podrá repetir lo mismo, como un eco, el marido a la mujer. Felices ellos, porque no es un piropo vacío.
En su primera encíclica, escribió el Papa estas frases: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus caritas est, 12).
Si esto es así, puedo definir la vida: “La vida es un encuentro. Lo demás son las consecuencias”.
Y el catecismo podría definir la fe, igualmente, con estas palabras:
- ¿Qué es la fe cristiana?
Y la respuesta sería:
- La fe cristiana es haberse encontrado con Jesucristo.
El encuentro es igual que un enamoramiento. Uno no se enamora por unas convicciones muy sensatas, que las acepta sin dificultad, pero no le encienden; uno se enamora por un chispazo que salta, por una química que empalma. Como si la cosa ya estuviera dentro antes de que se diese.
Yo puedo decir, hermanos: El tesoro escondido es el Evangelio. Puedo decirlo convencido, como lo digo. Mas por eso el tesoro seguirá siendo tesoro, pero escondido.
Para encontrarlo tiene que “haber pasado algo”. ¿Qué es eso? El que lo encuentra lo sabe; y el que no, no lo sabe.
El que ha encontrado el tesoro siente que su vida ha sido movilizada definitivamente en otra dirección. Eso es la acción de la parábola. El hombre afortunado va rápido a negociar, y vende todo lo que tiene; no le importa dejar lo que hasta ahora tenía. Y no es solo que no le importe, sino que Jesús pinta a este negociante como alguien que deja todo “con alegría”. Y eso es – dicen los intérpretes – la punta afilada de la parábola. No le supone ningún sacrificio dejarlo todo cuando lo que le cae encima vale sin comparación más.

5. Esto que vamos diciendo lo podemos ver con el ejemplo de la vida de un santo. El joven Francisco de Asís era hijo de un acomodado comerciante de telas, Pietro Bernardone. Parece que el galán Francisco iba a seguir el negocio de su padre..., pero comenzó a hacer cosas raras. Y a su mejor amigo, cuyo nombre ha quedado en el secreto, le hablaba misteriosamente y le decía que había encontrado el tesoro escondido. El primer biográfico de san Francisco, que escribió la vida con motivo de la canonización que fue a los dos años de la muerte, recuerda aquellos hechos...
“Quienes le oían pensaban que trataba de tomar esposa, y por eso le preguntaban: «¿Pretendes casarte, Francisco?» A lo que él respondía: "Me desposaré con una mujer la más noble y bella que jamás hayáis visto, y que superará a todas por su estampa y que entre todas descollará por su sabiduría». En efecto, la inmaculada  esposa de Dios es la verdadera Religión que abrazó, y el tesoro escondido es el reino de los cielos, que tan esforzadamente él buscó; porque era preciso que la vocación evangélica se cumpliese plenamente en quien iba a ser ministro del Evangelio en la fe y en la verdad” (Vida de san Francisco por Fray Tomás de Celano, 7).
Para san Francisco, hermanos, “el tesoro escondido” fue la pobreza de la que se enamoró Jesucristo, naciendo pobre en Belén y muriendo pobre en la Cruz. Francisco encontró ese tesoro; se desposó con Dama Pobreza. Es decir, se desposó con Cristo pobre y con todos los pobres de la tierra.
Estas cosas no las aprendió en ningún libro. Cristo mismo se las reveló en un proceso de cambio de su corazón que duró varios años.

6. Hermanos, a vosotros os digo lo que a mí mismo me estoy diciendo, el asunto de nuestra vida, el “tesoro escondido” es encontrarse con Jesucristo. Encontrarnos con él es lo más grande que nos puede suceder. Jesús nos dijo:
“Donde estará tu tesoro, allí está tu corazón” (Mt 7,27).
El que encuentra a Cristo, encuentra su tesoro; encuentra su corazón, encuentra en el corazón su vida, el sentido de su vida; encuentra su presente y su futuro.
La súplica que surge de las vivas entrañas es esta: Jesús, haz que te encuentre a ti, que es lo más grande que me puede pasar.
Y Jesús me da la respuesta, que está en el Evangelio:
“Buscad y encontraréis” (Mt 7,7).
Amén.

Puede verse como cántico de oración de este Evangelio, el poema Tesoro escondido (mercaba.org -


Tesoro escondido

Mt 13,44-52
Cántico de comunión
Estribillo
Tesoro escondido
en la Eucaristía,
aquí noche y día
presencia y latido.

Estrofas
1. Divino Evangelio,
tesoro escondido,
los cielos y tierra
jamás fueros dignos
de oír tal noticia,
de ver tal prodigio:
Jesús lo ha anunciado:
yo lo he recibido.

2. El Verbo del Padre 
tesoro escondido,
no cabe en el cosmos
y cabe en mí mismo.
Muy dentro del alma
de mí lo más mío,
plantó su morada
y habita conmigo.

3. Dios es su Palabra,
tesoro escondido;
profetas y reyes,
por Dios bendecidos,
no vieron ni oyeron;
yo sí lo he oído,
que Dios en Jesús
Dios carne se hizo.

4. La Virgen purísima
lo lleva consigno;
lo cree y lo adora,
tesoro escondido.
María nos marca
lo que es el camino:
la fe y obediencia
y afecto purísimo.

5. Él vive, él está,
tesoro escondido,
y llena la tierra,
yo soy su testigo.
Jesús es el cielo,
que al suelo ha venido,
yo soy su discípulo
y yo lo predico.

6. Jesús, mi Jesús,
mi Dios escondido,
Jesús proclamado
a todos los siglos.
A ti me consagro,
pues tú lo has querido;
tu gracia me basta:
guárdame contigo. Amén.

Puebla, 22 julio 2011
(Santa María Magdalena).

 

1 comentarios:

Laura Blanco dijo...

Querido Padre Rufino. Que hermosa reflexión la del perdón como cada una de estas.
He estdo asistiendo esta semana a la Hora Santa y me siento muy felíz, que hermoso es estar en la presencia de mi
Jesús.
Padre ya regrese lo extraño muhco en las misas del domingo.
Dios me lo Bendiga y pido por Usted, pero Usted que esta mas cerquita de Dios pida por mi.

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