viernes, 12 de agosto de 2011

79. La cananea, creyente, primicia de las naciones

Domingo XX del tiempo ordinario, ciclo A
Mt 15,21-28
Hermanos:

1. El Evangelio de hoy se clava en el corazón. Esta mujer aparece en toda su grandeza, mujer que va derecha al corazón y gana.
El Evangelio no se ha escrito para rendir un homenaje a la mujer, a la madre, a la esposa... Su mensaje no se ha escrito con pretensiones ni filosóficas ni culturales, que tanto importan hoy a la conciencia de sociedades avanzadas. La promoción de la mujer es uno de los códigos en la sociedad de hoy. No se ha escrito para estos fines, pero, en verdad, las nobles causas humanas se pueden acercar a la palabra de Jesús, y se encontrará una misteriosa sintonía de fondo. La Cananea de hoy es una de esas mujeres intrépidas, que son todo un emblema para que se sepa hasta dónde llega una mujer, si se decide a la conquista, en este caso a la conquista de Dios, mas no por ella, sino por su hija.

2. Un estudio del mensaje de Jesús a la luz de esta página fascinadora nos puede llevar en dos direcciones.
La primera, la que salta a la vista: Jesús y una mujer creyente y decidida, y el triunfo de la fe frente al poder Dios. Como en cierta ocasión dijo Jesús: “Todo es posible al que tiene fe” (Mc 9,23), que algunos desglosan de esta manera: Dios puede todo en favor de quien tiene fe. La fe, por lo tanto, es todopoderosa.
La segunda dirección del mensaje quizás no la percibamos de repente, pero sí prestándole atención. Jesús ha penetrado en territorio pagano, y esta mujer viene de tierra pagana. El intérprete se pregunta: ¿Cuál fue la actitud de Jesús frente a los paganos, frente a aquellos que no pertenecían a la comunidad de Israel? El Evangelio de la mujer de la región de Tiro y Sidón, que Marcos la describe como una fenicia de Siria, nos abre al tema y nos endereza de cara a una solución.
De las dos cosas tenemos que hablar, centrándonos principalmente en la primera.

3. ¡Cómo quisiera uno identificarse con esta mujer intrépida, que aparece como mujer y madre, dispuesta a todo por su hija! Esta mujer, que no la presenta san Mateo como mujer judía en tierra pagana, sino como mujer pagana, a la que ha alcanzado la fama de Jesús, sale del pueblo como una creyente, como una gran creyente. A gritos tiene una súplica para elevar a Jesús. Su petición es muy hermosa, para que caiga dentro de nuestro corazón. Dice: Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David: Mi hija tiene un demonio muy malo. Su hija está enferma, pero no sabemos de qué. Tiene un “espíritu impuro”, dice el Evangelio de san Marcos; tiene “un demonio muy malo”, precisa san Mateo. Se trata, por tanto, de una enfermedad rara, en la que poco pueden hacer los médicos. Una enfermedad que le va deshaciendo, y que la va a inutilizar para el mañana; acaso una enfermedad psíquica, epilepsia u otros ataques. Marcos señalará que cuando volvió la madre a casa la encontró acostada y tranquila: había sido curada y descansaba.
Sale, pues, al medio la mujer con esa fe impetuosa y, diríamos, ruidosa. Jesús no quiere darse por enterado y no le presta atención. A lo mejor algunos podrían pensar que la que está enferma es la mujer y no la hija. Tanto que los apóstoles dicen al maestro: “Atiéndela, que viene detrás gritando”. Gritona y molestona, diríamos con lenguaje de esta tierra mexicana. La mujer va a lo suyo, y a gritos y de rodillas lo va a conseguir.

3. Como respuesta a lo que le dicen los apóstoles, tenemos una reacción de Jesús que, de pronto, nos deja sorprendidos. Dice: “Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel”.
¿Qué diríamos de un sacerdote que, ante una necesidad seria que se le presenta, sacudiera el bulto y dijera: No es de mi parroquia? Eso no es correcto. Infórmate, dale un consuelo, una orientación, anímale, acércate, dale una palabra de esperanza, orienta el caso.
La palabra de Jesús hay que entenderla en un plano teológico que requiere su examen para una recta comprensión.
De todas maneras, la mujer ha llegado hasta a Jesús, se lanza ante él y se postra: “Señor, ayúdame”. Y viene la última prueba, la frase dura de Jesús. “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos”. Los peros son los paganos, y los hijos son mi pueblo de Israel.

4. Si nos es lícito asomarnos a lo que pasa o puede pasar en el corazón de Jesús, pensamos: ¡Cómo ha tenido que sufrir Jesús para hablar con ese lenguaje! Si la pura verdad es que está deseando hacer lo que la mujer le pide..., si se muere de ganas por concederle todo lo que le está clamando, si para esto ha venido él a este mundo.
Es, por tanto, la prueba de la fe a la que Dios somete a sus elegidos. Quien bien te quiere te hará llorar, y Jesús la está haciendo sufrir, porque le está purificando la fe, para que sea resplandeciente y limpia.
Al dicho de el pan y los perrillos, la mujer responde: “Tienes razón, Señor (por tercera vez le ha llamado “Señor”); pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de los amos”. Que era como decirle: Sí, es verdad, mi Señor, pero observa que no te estoy pidiendo pan, te estoy pidiendo los desperdicios que caen de la mesa, y no se lo comen los hijos, sino los perritos de casa... Como si ella en este momento fuera ese animalito doméstico, al que no lo sentamos a la mesa con plato y mantel, pero sí le damos algo para que quede contento. ¡Qué hermosura la de esta mujer, y cómo supo darle en medio del corazón, para que, al fin, Jesús se rindiera!
Y no solo se rindió. Jesús sacó afuera lo que llevaba dentro para que la mujer se enterase de cómo la había conquistado, cómo le había agradado. “Mujer, ¡qué grande es tu fe!; que se cumpla lo que deseas”

5. Hermanos que me escucháis, todos tenemos fe, sin duda. Pero puede haber una fe apenas, una fe raquítica, una fe pequeña, una fe mediana así así..., una fe grande, una fe grandísima, una fe total, como la de esta mujer, por hablar con medidas y calificaciones humanas... ¿En qué medida está la nuestra? De esto ha hablado Jesús muchas veces, y hasta nos ha enseñando que hay una fe tan grande que puede mover montañas. La fe de esta mujer es inmensa; con una fe así se conquista el mundo.

6. Y esto nos da pie para pasar a otro tema: Jesús y los paganos, porque sucede que esta mujer no era judía sino pagana. Expresamente lo indica el texto de Marcos: “La mujer era pagana, una fenicia de Siria” (Mc 7,26).
Los profetas habían dicho cosas muy bellas sobre la salvación universal que Dios quería más allá de las fronteras judías. Así lo hemos escuchado en la lectura de hoy, capítulo 56 del libro de Isaías, un pasaje que citó Jesús en su vida: “A los extranjeros que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor..., los traeré a mi monte santo, los llenaré de júbilo en mi casa de oración..., porque mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos” (Is 56,6-7).
Jesús sabe que va a dar su vida, como Siervo de Dios, no solo por Israel sino por todos... Entonces la pregunta nuestra es esta: ¿Por qué se ha mostrado como reticente y esquivo al cruzar las fronteras geográficas de su pueblo y asomarse al mundo de los gentiles? Por lo que acaba de decirnos: Yo he sido enviado a las ovejas de Israel, ovejas descarriadas.
Hablando de esta manera, Jesús, por una parte, hace una confesión espléndida del amor a su pueblo. Su vida lo ha entregado a su pueblo, y por su pueblo va a morir.
Pero nos está diciendo otra cosa no menos importante. Jesús no es Jesús solo; es Jesús y sus discípulos. Lo que materialmente no pudo hacer Jesús, lo tuvieron que hacer los apóstoles y lo tenemos que seguir haciendo nosotros. Jesús es Jesús para todo el mundo, y somos, nosotros, los discípulos misioneros, los que debemos llegar allí donde Jesús no pudo llegar, predicar donde Jesús no pudo hablar, sanar penas y dolores que Jesús no pudo alcanzar.
Por este motivo el Evangelio de san Mateo, quien nos está contando estas cosas, termina con la misión universal: “Haced discípulos a todos los pueblos... Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos”. Punto final del Evangelio.
Hermanos, esa es nuestra misión.
Somos discípulos, y por ser discípulos somos misioneros. Amén.

Himno para este domingo con su introducción Qué grande es tu fe, mujer, en mercaba.org



Qué grande es tu fe, mujer

Estribillo

¡Qué grande es tu fe, mujer,
que en tu pecho Dios sembró,
y cuánto me gozo yo
de verla así florecer!


Estrofas

1. Don para todas las gentes
es la fe que Dios regala,
y a toda nación iguala
haciendo hijos creyentes.
Y una mujer se adelanta,
primicia de las naciones,
que el amor tiene razones
y halla voz en la garganta.

2. Tienes, razón, mi Señor,
si quieres no hacerme caso,
mas no pido pan ni vaso,
indigna de tanto honor.
Yo pido solo migajas
que se echan a los perritos,
pido tus ojos benditos,
que me mires, si te abajas.

3. ¡Qué palabras cual saeta
que llega a mi corazón!:
soy tu banquete, dispón
y queda de Dios repleta.
Llégate a mi intimidad,
que pronto la has percibido,
y no salgas de este nido,
que es tu casa de verdad.

4. Y la fe la hizo feliz
y vio cumplido el deseo;
yo contemplo y saboreo
y quiero ser su aprendiz.
Sin retorno en ti confío,
Jesús, por ser tú quien eres,
tú colmas todos los seres,
cólmame el anhelo mío. Amén.


Puebla, 10 agosto 2011

1 comentarios:

Rafael Merida Cruz-Lascano dijo...

ODA “A LA PLANTITA”

A: Santa Clara de Así
16 julio 1194 -- 11 agosto 1253
.
.

Era tan solo una niña
en su delicada mano
y aun estaba fresco el ramo
que cambiaría a Clariña
.
En el milagro de marzo
nace el amor más hermoso.
¡El más Puro y luminoso
que la perfección del cuarzo!
.
Único amor en el mundo
lleno de fascinación
¡ De mística religión
en su sentido profundo ¡
.
Ya desde los catorce años
en secreto ama a Francisco
era tan solo un pellizco
para subir sus peldaños
.

Su gozo al sufrir por Cristo
era algo muy evidente
y que esto es, precisamente,
la vida de Clara, insisto.
.
Es la oración su alegría
Su santuario de virtud
santa escuela plenitud
crear santas ¡Ho OSADIA!
.
Clara amaba su carisma
y con pasión a Jesús
la Eucaristía su Luz
y la pobreza en si misma
.
La joven rica y hermosa
no quiere estar para el pobre
sino como El en pesebre
y así se sintió dichosa
.
Su convivencia convierte
en vida contemplativa
para ser la siempre viva
al momento de su muerte.
.
Lo que la muerte daría:
…es otro Cristo “ Francisco ”
Vemos desde el obelisco
en Clara “La otra María”
.

.
Dr. Rafael Merida Cruz-Lascano, OFS.
“Hombre de Maíz” 2009
Guatemala Centro América
Premio mundial a la trayectoria SELAE, Italia. 2011
02 agosto 2012
San Francisco de Asís, solía llamar "Mi plantita" a Santa Clara de Asís.

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