lunes, 15 de agosto de 2011

81. JMJ – Juventud, vivero de la Iglesia

Desde México, de corazón en la
Jornada Mundial de la Juventud

Jóvenes:

1. Este Ciudadano del Mundo, nacido hace 74 años, en un hermoso pueblo de La Rioja Baja – Alfaro -, que huele a melocotones, pueblo regado por el padre Ebro (nombre romano) y por el Río Alhama (nombre árabe), este alfareño muy a gusto quisiera estar presente con vosotros en la adoración al Santísimo y en la celebración eucarística, pero la vida nos pone en nuestros sitios. Y en este momento católico mundial yo resido en esta parte del Atlántico. Os acompaño en el latido del Cuerpo Místico. Veré algunas imágenes y con mucha atención leeré y meditaré los discursos del Sucesor de Pedro. Soy adicto a sus mensajes.
Si vis a vis pudiera conversar, ¿qué os diría? Lo primero que yo fui joven, incluso precozmente joven, y que de joven asumí, gozoso, serias responsabilidades. Con dispensa de ocho meses de edad fui ordenado sacerdote a los 23 años; con 27 años y dos licenciaturas (Fribourg y Roma) iniciaba la cátedra, cuando florecían los teologados; con 28 tenía título de director espiritual de un teologado granado... Y por semejantes experiencia se me han quedado - ¿acaso malformación? – unos residuos, unos posos... de juventud que me han acompañado hasta anteayer... Siempre me ha aparecido que yo era “de los jóvenes”... Vana ilusión, me dirán los expertos. Lo cierto es que si en deporte nunca fui joven (no es gala, no es virtud, pero, vamos, creo que tampoco me podrán recriminar que así aconteciera), siento por dentro un misterioso temple para decirme a mí mismo mis ideales. Ganas no me faltan. Como biblista, hasta me consuela pensar que Abraham empezó a los 75, es decir, que ahora vamos a nacer.
No sé si sabréis lo que decía san Francisco cuando ya su cuerpo no daba para más. Quería volver a los lances espirituales de su juventud, soñaba con los leprosos, y decía a sus hermanos: Hermanos, comencemos, porque hasta ahora bien poco hemos hecho.
Está claro que hay un vigor por dentro, que a lo mejor sería un camuflaje llamarlo “juventud”, pero que de todas maneras existe y ahí está y que habrá que darle un nombre, que no sé cuál será. Los nombres nunca son inocentes. Pero no quiero proseguir mi discurso por esta línea.
Más bien, fijándome en quienes tienen 20..., 25 años... (no muchos más), quiero proclamar una gran verdad: Las decisiones de fe son, en principio, decisiones de juventud. En la vida lo he visto.
La zona ideal de vocaciones, de discipulado, de arranques..., es la juventud. Cuando yo tenía esos años, le oí decir a un educador que nos conversaba así: Mira, si no te entregas a Jesucristo antes de los 28 años..., no te vas a entregar. Y, la verdad, que no sé por qué puso precisamente el número de 28. Y muchas veces en la vida, he pensado que esa frase llevaba una escondida verdad. Dios llama, según dicen las vidas de los santos, a cualquier edad. Pero, por fantasía, si Dios fuese Psicólogo (que, por supuesto, no lo es) me parece que diría: Hijo, rápido, no tardes.
Y esto es lo que yo quisiera decir, con un altavoz divino, a los jóvenes que han venido a Madrid, entre los que quisiera perderme y desaparecer, mirando, con el corazón muy sensible, a Jesucristo. Y hasta prohibiéndome leer esas cosas míseras (por las que te pica la curiosidad) de la manifestación Anti-Papa; qué han leído del Papa para manifestarse “antipapa”. Volviéndome a mí mismo, me digo que no merece la pena caer en esa curiosidad. (Asunto diferente sería el de un discernimiento cristiano de gastos, públicos o privados – no es el punto central – para estos grandiosos eventos. Mas no es este el momento ni mi intención).
Hay otras cosas que me han tocado el alma. Leí y vi en un vídeo cómo una muchacha hablaba con fervor de las Jornadas, cómo para ella fue admirable el encontrarse con otros, el sentirse, ¡Iglesia de Jesucristo! Eso tocó mi corazón, porque creo que esa es la verdad vibrante de las Jornadas. Y esa es la experiencia de innumerables jóvenes. Por eso, benditas estas Jornadas, bendito ese encuentro de Madrid, de donde van a brotar numerosas vocaciones para Jesús: amor a fondo perdido, que uno lo entrega a Jesús y a los necesitados. Vocaciones de las que espiritualmente estoy ya gozando.
Pensando en estas cosas, en estas verdades que nos llena de paz y de dinamita por dentro, he escrito este poema.

Juventud de Jesucristo

Canción de envío
a la Juventud reunida en Madrid
(JMJ – 2011),
fijos los ojos en Cristo
con el Papa Benedicto.

Estribillo
Juventud de Jesucristo,
pureza, fuego y pasión,
con fragante corazón
ve y anuncia lo que has visto.

Estrofas
1. He visto con Pedro y Juan
a Jesús, que es el Viviente,
y lo he visto Dios presente
donde los hombres están.
Con María Magdalena
he visto al Señor amado,
lo he llorado y abrazado,
le he dicho mi gozo y pena.

2. Lo he visto en la Iglesia vivo,
lo he visto luz y alegría,
Pentecostés que caía
como el amor compasivo. 
Y lo he visto en el dolor
con su hermosura escondida,
latiente Dios de la vida,
sufriendo cual Dios amor.

3. He visto a Dios encarnado
en cada humano latido,
que el que acampó no se ha ido
y todo ha santificado.
La esperanza es nuestra ruta
que Cristo nos acompaña,
y amor de Dios nunca engaña
a la confianza absoluta.

4. La Madre, amor silencioso,
estaba fiel junto al Hijo;
ella será mi cobijo
al sentirme temeroso.
Madre, fuerza de mi fe,
necesitada caricia,
eres mi paz y delicia,
y a Jesús en ti veré.

5. He visto mi vocación,
al ver en él mi verdad:
quiero irradiar su bondad,
y hacer de mi vida un don.
Y si Jesús me llamara
para ser su mensajero,
lo que tú quieras, yo quiero;
nadie de ti me separa.

6. Lo he visto en el Pan y el Vino,
Jesús nuestro, cotidiano,
de cualquier afán humano
más nuestro por ser divino.
Tu dulcísima mirada
la llevo dentro de mí,
y sé que, al tenerte a ti,
Jesús, no me falta nada.


Puebla de los Ángeles (México) 20 julio 2011
Rufino María Grández

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