martes, 16 de agosto de 2011

82. Juventud de cara al sacerdocio

 En el inicio de la Jornada Mundial de la Juventud


1. Hoy a la 8.00 horas de la tarde (1.00 p.m. en México) comienza la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, con una gran Misa de apertura. Cibeles será un ventanal abierto al mundo.
Poco antes, el predicador – diré mejor, en este caso, “el comunicador” - que esto escribe también tenía una hermosa misa de apertura. El arzobispo de esta antigua diócesis de Puebla de los Ángeles había invitado a profesores y alumnos a la apertura del Curso académico 2011-2012 del Seminario. Participaban también familiares de alumnos que iniciaban su carrera.
Era en la capilla mayor de este Seminario llamado Palafoxiano, porque don Juan de Palafox y Mendoza (1600-1669), obispo venido de España había fundado el Seminario de Puebla (1644). La Misa inaugural de curso tenía un significado especial, como lo destacó el Obispo, porque junto a nosotros había dos Beatos:
- el Beato Juan de Palafox, que fue beatificado el 5 de junio de este año en Burgo de Osma, su diócesis final;
- y el Beato Juan Pablo I, que es venerado en la Iglesia con este título desde el 1 de mayo.
Y ¿por qué el Beato Juan Pablo II?. Porque en esta Sala espléndida donde nos encontramos, Capilla mayor del Seminario, aquí mismo estuvo el Beato Juan Pablo II, en enero 1979, presidiendo la apertura de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano (III CELAM). Era el PRIMERO de sus 106 viajes apostólicos que hacía este papa Peregrino, a los pocos meses del inicio de su pontificado (octubre de 1978). Su primera salida como Sucesor de Pedro fue a la República Dominicana, México y Bahamas (25-I/1-II-1979), y en México estuvo seis días. La estatua dedicada a Juan Pablo II a la entrada del Seminario recuerda, con sus fechas precisas, la presencia del Papa en esta Casa.
Al inicio de la santa Misa, el Rector del Seminario expuso ante el Arzobispo y toda la Asamblea la realidad presente de los alumnos que iniciaban el curso y que mañana estarán en las aulas. Son 177 alumnos en total, de los cuales, dos religiosas, dos religiosos, dos laicos. Un bello seminario con más de 170 diocesanos. Y, abundando en detalles, decía el Rector que 39 jóvenes iban a tomar la sotana comenzando de esta manera el Curso Introductorio.
Así se hizo. Aquellos valerosos muchachos, desanudaron su corbata, y apadrinados por sacerdotes, vistieron la sotana con alzacuello y faja azul. Iniciaban con una bendición su camino hacia la vida sacerdotal. Es un dato hermoso que infunde esperanza. El ciclo escolar comienza con el Introductorio y sigue con el primero, segundo y tercero de Filosofía. Viene luego un año de experiencia, y se pasa a la Teología, que se despliega en un cuatrienio. El quinto de teología es un año de prácticas pastorales.
Obviamente, a medida que el escuadrón avanza, se estrechan las filas.
Pero el Rector, en el mismo cuadro litúrgico, podía presentar ante el altar y ante la Asamblea un panorama final, cuajado de esperanza. En efecto, el 22 de agosto, fecha en que se cumple el 367 aniversario de la fundación del Seminario por el Beato Palafox, y como espléndida celebración dentro del “Año Jubilar Palafoxiano” el Pastor de esta diócesis, Mons. Víctor Sánchez Espinosa, presidirá una magna ordenación diocesana: 17 diáconos (uno de ellos diácono permanente) y 12 presbíteros. Y no se hará ni en la catedral ni en la espaciosa capilla donde estamos. Esta vez la celebración será a campo abierto en el área del Seminario.
 Alumnos de Primero de Teología a los que explico el Pentateuco
Estos números, estas celebraciones, esa foto que nos tomaron para la historia al concluir la Misa, ensanchan el corazón. Claro que el crítico más elemental busca una comparación: ¿qué significan estos números para el conjunto de la diócesis? Hay que saber que en la última estadística de México (2010) el estado de Puebla sumaba 5.780000 habitantes, de los cuales un porcentaje muy mayoritario se declaran católicos. Ante esta feligresía los seminaristas son pocos. Y otra vez volvemos a la palabra de Jesús: que la mies y la cosecha es tanta, tanta... que los operarios resultan pocos (Mt 9,37-38). La cosecha de Dios en el mundo así ha sido siempre: desproporcionadamente mayor que los braceros mandados a la mies.
Pero vuelvo a los bancos nutridos de la capilla: es hermoso contemplar este equipo de juventud disponible a la llamada.
En mi mente lo estoy relacionando con los chicos y chicas de Cibeles, que le gritan, no precisamente al Papa que va a venir, sino a Jesús mismo que ya se ha adelantando y que está allí. Espero ardientemente que Jesús suscite muchas vocaciones de discípulos misioneros – ellos, jóvenes, y ellas, muchachas en la flor de la vida -, discípulos misioneros en el sentido más lanzado.

* * *
Pero sígame ahora el lector por las veredas de la reflexión, que va rondando por mi mente y se aposenta plácida en mi corazón.
La liturgia ferial de hoy nos lleva a la historia emocionante de Gedeón, uno de los Héroes del antiguo Israel, en la época de los Jueces. El Señor lo ha llamado como salvador del pueblo. “El Señor esté contigo, valiente guerrero” (Jue 6,12). Así le dijo el Ángel de Yahéh, representación del mismo Yahvéh de la zarza ardiendo. “Ve con esa fuerza tuya y salva a Israel de las manos de Madián. Yo te envío”.
Los muchachos que hoy comienzan son también un pequeño escuadrón de Gedeones, valientes guerreros. Pero Gedeón responde: “Perdón, mi Señor, ¿con qué voy a salvar a Israel? Mi clan es el más pobre de Manasés y yo soy el menor de la casa de mi padre” (v. 15).
Justamente esto es lo que necesita el Señor. “El Señor le dijo: Yo estaré contigo y derrotarás a Madián como a un solo hombre” (v. 16).
El discípulo elegido bien puede pensar que esto es la vocación sacerdotal.

* * *
Las cosas no terminan aquí. Nos gozamos sí, en esta pléyade hermosa, que con humildad podemos decir que es la fuerza de la Iglesia. Pero sigamos la historia con nuevas reflexiones y enseñanzas. Avanzando un capítulo en Jueces, vemos ya al campamento de Israel dispuesto a entrar en combate con el campamento de Madián. Interviene Dios con su lógica: “Quien tenga miedo y tiemble, vuelva y márchese por el monte Galaad” (7,3), que es lo que puede ocurrir en el curso de la marcha al sacerdocio. “Se volvieron veintidós mil del pueblo y quedaron diez mil” (7,3).
En aquel lance también para Dios 10.000 son muchos y estos tienen que superar la prueban de la fuente. Y quedaron 300 nada más. “El Señor declaró a Gedeón: Os salvaré con los trescientos hombres...” (7,7). De 22.000 quedaron solo 300.
¿Qué significa esto? No tomemos la calculadora. Significa que las matemáticas de Dios no cuadran con las nuestras, y que la estrategia de Dios puede ser muy otra que la nuestra.
He invitado al lector a alegrarse con estos hermosos números de este “nuestro Seminario”. Pero, hermanos, no nos confundamos: los números no son más que un pequeñito indicador que nos dice que es de suponer que detrás de los números hay ilusión, fuerza, respuesta..., fe...
¡Viva, sí, los seminarios florecientes!, pero pensemos que la savia de nuestra floración está dentro, está abajo, está en la mística..., que es la vida personal con Jesús. Lo otro vale para nuestra crónica – de la que nos alegramos, sí por cierto – pero sin perder de vista que la Crónica de Gedeón, valiente guerrero, fue la Crónica del Espíritu.
Lo deseo de corazón al Pontificio Seminario Palafoxiano de Puebla; lo deseo con el mismo afecto a los jóvenes ya reunidos en Madrid, que, pasado mañana, van a acoger al Papa.
Cristo Jesús sea nuestro vigor, nuestra autenticidad.

Puebla de los Ángeles, martes 16 agosto 2011.

2 comentarios:

Padre Fco dijo...

Muchas felicidades Padre que Dios nuestro Padre lo siga iluminando para que siga aportando su sabiduría que Dios me lo bendiga

Sex Shop Paraguay dijo...

Muy buenooo!!!!!!!!

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