martes, 27 de septiembre de 2011

102. No me mates, mamacita

El argumento sencillamente humano

Hoy en México se reaviva la polémica sobre el aborto, legal en el Distrito Federal, pero no legal en otros estados. No es que se quiera dar marcha atrás en el Distrito Federal, que eso queda inconcuso. Lo que se busca es conquistarlo en otros estados, como “derecho” de la mujer, como “derecho” de la pareja. Para detalles, véase cualquier periódico, o ponga uno en Internet: “Aborto en México”.
Este vocecita que surge aquí, en alas y en olas del Internet, no es para entrar en discusión sobre el tema “hic et nunc” – aquí y ahora – en México, sino para decir unas palabras humanas del asunto sencillamente en sí. Y pido al Espíritu de Dios deposito en algún corazón esta semilla.
Para vencer conviene enmarañar, y los legisladores tienen mil recursos para enmarañar. Por ejemplo, si el aborto es legítimo, es legal, es derecho... en el Distrito (que tiene habitantes como un país entero), ¿por qué no va a ser legal en otros estados o en todos? Como argumento, vale, o puede valer. Efectivamente dentro de la maraña.
Pero he aquí que cada uno de nosotros es un ser humano sin más, antes de ser político, e incluso con independencia de que yo sea cristiano, budista o musulmán. Yo soy un ser humano – me da igual oriental que occidental, europeo que africano o latinoamericano –, yo soy un ser humano.
Y como ser humano (luego añadiré que soy cristiano) diré ante la faz del mundo. He aquí que un minúsculo ser viviente ha venido a engendrarse en el útero de una mujer, haya sido por el camino que haya sido, que de eso no hablamos.
Y he aquí que esta minúscula vida, si no “se interrumpe el embarazo” (puesto que esta es la terminología técnica y hasta “científica”), llegará un día a ser una criatura: un niñito, una niñita, un Hombre, una Mujer, Ciudadano, Ciudadana del mundo. Ocurre que por decisión de la madre, de la pareja, se puede “interrumpir” esa minúscula vida y lanzar fuera del mundo al que tenía que venir a este mundo. ¡Han matado a un ser humano! Hablamos a lo humano. La madre llevaba una vida, una promesa, y ahora no la lleva: la ha arrojado. ¿Qué dice un ser humano, si habla desde las raíces del ser?

* * *
Pero ahora hablo como cristiano, humildemente, sí, pero con la fuerza de la verdad. Y esta vocecita mía, que se hace onda del universo, quiere decir tres cosas, que no se van a oír en la Corte de Justicia, pero sí ante la Corte de Dios. A una persona que, como a sacerdote, ministro de la ternura y de la misericordia de Dios, viene a decir lo que ya confesó, pero lo quiere repetir, porque le sigue doliendo, yo le diré con mucha humildad, muy consciente de que yo, pecador, podría haber hecho lo mismo:

Primero. Dios te ha perdonado, hermana mía; porque le pediste y le pides perdón. Dios perdona siempre, absolutamente siempre. Y, según está escrito: “y de sus pecados no me acordaré más” (Jeremías 31).
Segundo. Pide perdón a tu hijo, a tu hija..., porque tu hijo, tu hija vive ante Dios. No ha desaparecido en los espacios etéreos. Pero ten presente que tu hijo, tu hija, te ha perdonado, pues Dios te ha perdonado.
Tercero. Ruega a tu hijo, a tu hija, que sea tu intercesor, tu intercesora ante Dios. Y ten la seguridad de que tienes un  abogado, una abogada en el cielo.
Y lo demás..., queda en el misterio infinito de Dios, que es amor. Y Dios sabe cambiar el mal en bien. Amén. Puebla, 27 septiembre 2011.

* * *
Esta circunstancia me ha traído a la memoria un poema que compuse, y tal como lo compuse aquí lo transcribo.

No me mates, mamacita
(Canción)

Desde México, lejos de mi patria, me entero que a partir de hoy (5 de julio de 2010) en España se puede matar a todos los niños de 14 semanas.
¿Qué dice el Dios del cielo a todo esto? Porque el Dios del cielo existe…, existe…, y yo lo he visto… Y lo están viendo todos mis hermanitos…

No matarás,
dijo el Señor de la vida.
No me mates escondida,
mamá,
que sé te arrepentirás.

No me mates por vergüenza,
no ofendas mi dignidad,
que nada malo te hice
para quererme abortar.
Yo te quiero, mamacita,
y un día te enterarás.
Déjame que estos ojitos
vean los tuyos gozar.

No matarás,
dijo el Señor de la vida.
No me mates escondida,
mamá,
que sé te arrepentirás.

En tu nido me acurruco,
y aún no sé lo que  es llorar,
tengo mi vida en tus manos,
si tú me quieres amar.
No te prives, madre amada,
de esta tu felicidad;
no me mates, mamacita,
que nunca te olvidarás.

No matarás,
dijo el Señor de la vida.
No me mates escondida,
mamá,
que sé te arrepentirás.

No me mates, que podemos,
las dos juntas caminar;
con la sangre que me has dado
yo te tengo que ayudar.
Soy persona, soy tu hija,
y orgullosa tú has estar;
déjame mamar tu leche,
que es un manjar celestial.

No matarás,
dijo el Señor de la vida.
No me mates escondida,
mamá,
que sé te arrepentirás.

Mas también tengo un secreto
que te puede consolar;
que si un día no quisiste
que yo llegara a tu hogar,
Dios y yo te perdonamos,
perdonada queda en paz,
y con mi ruego celeste,
mi mamá, puedes contar.

Puebla de los Ángeles (México), 5 julio 2010.
Rufino María Grández Lecumberri

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