viernes, 30 de septiembre de 2011

103. El drama de Jesús

Domingo XXVII, ciclo A
Mateo 21,33-43



Hermanos:
Cuando yo era niño, había un libro que nos encantaba en el Seminario: El drama de Jesús. Era la vida de Jesús escrita con este título por el jesuita P. José Julio Martínez. Tenía ilustraciones, dibujos esparcidos por sus páginas, devotos, sencillos y expresivos. Aquí está, por ejemplo, el dibujo que corresponde al Evangelio de hoy
    
Es un libro muy ameno y muy devoto, escrito con los criterios de entonces, sobre la base de los “Evangelios concordados”. Todos los Evangelios son historia por igual, y se pueden completar uno con el otro. El bien que este libro hizo solo Dios lo conoce.
Hoy he ido a investigar cuándo nació y cómo se divulgó, cuántas ediciones ha tenido. Se publicó por primera vez en 1941. España vivía el gran fervor religioso de la postguerra. Los seminarios se poblaban. Ciudades como Pamplona (España), donde yo he vivido bastante años, se rodeaban de hermosas casas religiosas que iban a ser colegios apostólicos, noviciados, juniorados... Este libro, apetitosamente leído, iba a tener numerosísimas reimpresiones. En los años noventa ya iba por la 32ª. 
(Grata sorpresa que, curioseando, he podido hallar este libro entero, ilustraciones incluidas, en un archivo Scribid, de Internet. Para quien el placer de leer el libro, he aquí la dirección: El drama de Jesús )

2. Este recuerdo me ha saltado a la memoria, porque, al empezar a escribir esta homilía, me ha venido, como un relámpago, esta idea: ¡El drama de Jesús! Efectivamente, la vida de Jesús ha sido el drama de Jesús.
No solo eso; el mismo Jesús ha hablado de su vida como de un drama.
Hay anuncios de la Pasión: los tres famosos anuncios de la Pasión (Mt16,21-23; 17,22-23; Mt 20,17-19 y par.). En realidad son más que tres, pero los así llamados, primero, segundo y tercer anuncio de la Pasión, son los más importantes.
Desde el momento en que Jesús entra en conflicto con los escribas y fariseos surge en lontananza el destino violento que Jesús ha de asumir. En una controversia sobre el ayuno, cuando le reprochan a Jesús que sus discípulos no ayunan, diversamente a la praxis penitencial de los fariseos y de los discípulos de Juan, Jesús replica: “Mientras el esposo está con ellos no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el esposo; aquel día sí que ayunarán” (Mc 2,19-20). El “ser arrebatado” alude  a la muerte violenta que Jesús va a padecer.

3. La parábola de hoy no es solo un anuncio de la Pasión; es una representación dramática que anuncia el drama de la Pasión, que viene y se echa encima sin remedio.
Pero vayamos a la interpretación crítica y rigurosa. ¿Es que Jesús es consciente de lo que va a ocurrir luego de unos pocos días?
Jesús habla de una viña elegida, protegida, cultivada y mimada. Es la viña de Dios, la viña de Israel. El Dios del cielo manda una embajada y luego otra a recoger los frutos de la viña. Jesús está evocando la historia de la Biblia, que muy bien conocen los que le escuchan. Los profetas eran los mensajeros de Dios. Muy mala ventura tuvieron los profetas: o los matan o los dejan medio muertos, al ser apedreados. Así en la primera misión; así en la segunda: muertos o apedreados. Por citar un texto del Antiguo Testamento: “Les envió profetas para convertirlos al Señor, pero no hicieron caso de sus amonestaciones. Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías, hijo del sacerdote Joadá. ... Pero conspiraron contra él y, por mandato del rey lo apedrearon en el atrio del templo del Señor” (2 Crónicas 24,19-21). Esta muerte de Zacarías la recordará el Señor en otro lugar de los Evangelios (ver Mt 23,35).
La parábola cuenta que las dos embajadas terminaron calamitosamente en la misma desgracia: muerte a espada o lapidación. ¡Qué hacer? ¿Una nueva delegación? ¿Para qué, visto el resultado anterior? Ahora comienza el drama. El dueño de la viña hermosa toma una última decisión.
Jesús nos abre el corazón de Dios, cuando describe este momento culminante. “Por último, les mandó a su hijo, diciéndose: Tendrán respeto a mi hijo” (v. 37).

4. Jesús está hablando de su Padre y están hablando de sí mismo. Jesús ha meditado mucho en esto. Él sabe quién es su Padre, y quién es él, el hijo enviado. Tendrán respeto a mi hijo. ¿Se habrá equivocado Dios en esta decisión? El amor cree lo imposible y Dios también aquí, como engañándose a sí mismo, está pensando que respetarán a su Hijo. ¡Qué distintos eran los pensamientos de los hombres de los pensamientos de Dios!
Dios, cuando piensa en los hombres se equivoca. Es como los padres buenos que se ilusionan, que esperan cuando no deben esperar. Dios es así. Dios pensaba que respetarían a su Hijo; se equivocó. Dios cuando piensa en sí acierta, pero cuando piensa en nosotros se equivoca...
Estamos hablando, hermanos – bien comprendéis –, acomodando el lenguaje al mundo de nuestros sentimientos, para que podamos penetrar más profundamente en el corazón de Jesús, en lo que Jesús pudo sentir ante la inminencia de lo que se había fraguado y él lo veía con ojos clarividentes.

5. ¿Qué sucedió a continuación? Jesús pinta dos escenas: la primera, que lo echaron fuera al hijo; y la segunda, que fuera, lo mataron.
Jesús está retratando su intimidad. Jesús en su vida sufrió dos muertes: una fue la expulsión, y otra fue la crucifixión.
Jesús fue expulsado de su pueblo. Un expulsado es un indeseado. Jesús, judío hasta los tuétanos, fue considerado como un blasfemo. Si Jesús no hubiera sido muerto, no habría podido actuar en su pueblo. ¿Cómo vamos a admitir en la Cátedra de Moisés, a quien se está oponiendo a la Ley de Moisés, más aún, a quien está blasfemando contra Dios? Hoy, cuando un judío se convierte al cristianismo, deja de ser judío; y, en consecuencia, es expulsado de su pueblo. Contra Jesús no dieron  un decreto de expulsión, porque lo verdaderamente expeditivo fue la muerte, y ¡una muerte de cruz!, añadirá san Pablo.
Jesús fue expulsado del corazón de su pueblo. Aquella anécdota contada por san Lucas, cuando el sacaron fuera del pueblo y quisieron tirarlo por un barranco, es todo un presagio. “Lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado el pueblo, con intención de despeñarlo” (Lc 4,29). ¡Qué terrible tiene que ser eso de no ser querido y, por el contrario, sentirse rechazado!
Dice, pues, la parábola que lo sacaron fuera de la viña. Recordemos las palabras: “Al ver al hijo, se dijeron: Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron” (vv. 38-39).
Esto lo está viviendo Jesús dentro de su corazón: me van a echar fuera y me van a matar.

6. La parábola termina con una pregunta: “¿Qué hará con aquellos viñadores?”
No nos atrevemos a decir la respuesta que dieron  los mismos interlocutores a quienes iba dirigida la parábola. No nos atrevemos a decir que “hará morir de mala muerte a esos malvados”. No, eso Dios no lo hizo. Lo segundo sí: que entregará la viña a otros viñadores. Esos otros viñadores somos nosotros; ese traspaso de la viña, de Israel a los paganos, sí, eso es lo que se vivía al tiempo en que se anunciaba el Evangelio a los paganos.

7. Sin embargo, hay una frase final que descubre el último plan de Dios y que cambia el rumbo de los acontecimientos. Hay una frase en los salmos que aparece diversas veces en el Nuevo Testamento y que ahora está en labios de Jesús: “La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular (Sal 118,22)” (v. 42).
Esto es lo que estamos celebrando: el triunfo final de Jesús. Jesús, de momento rechazado, no es un fracaso. Bien al contrario, Jesús es el triunfo de Dios; es el triunfo de la humanidad ante Dios. Nadie como él ha sido admirado y amado.
Y por eso estamos aquí. A él le aclamamos pidiendo perdón, y a él miramos cuando le decimos, con toda la Iglesia desde el principio hasta hoy: ¡Ven, Señor Jesús!
Amén.

Como poema de oración para este domingo, con su introducción, véase en mercaba.org: Jesús, manjar y vino de alegría


Jesús, manjar y vino de alegría

Canción para la Comunión


Estribillo
Jesús, manjar y vino de alegría
Jesús Resucitado,
amor viviente y santa Eucaristía.


Estrofas

1. Y fuera de la viña lo mataron,
¡Jesús, perdón por ellos!
malvados viñadores que eso hicieron,
y de sangre sus túnicas tiñeron.

2. El canto del amor cantar yo quiero,
Jesús, si me permites,
decirte que tú tienes una viña,
por ti plantada, Iglesia bendecida.

3. Y en esta viña tienes un lagar,
Jesús, de sangre tuya,
divina Eucaristía que nos sacia
pues llena el corazón de toda gracia.

4. Por eso entre los hijos de los hombres,
Jesús, ninguno nunca,
ha sido ni será el más amado,
amor del Padre, ahora comulgado.

5. Recibe este homenaje, amado mío,
Jesús, mi don entero,
y a estos viñadores de tu herencia
regálales la paz de tu presencia.

6. ¡Cantar de mis cantares, Jesucristo,
a ti, cantar purísimo,
cantar que el santo Espíritu alimenta,
todo su amor la Iglesia te presenta!

Puebla de los Ángeles, 28 septiembre 2011.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

PRECIOSO,LIBRO ,Y AMO A JESÚS ÉL ES TODO AMOR Y LA VIDA SOLO TIENE SENTIDO VIVIRLA PARA ÉL,NO HAY OTRO NOMBRE DADO A LOS HOMBRES COMO ÉL DE MÍ AMADO SEÑOR JESÚCRISTO,A ÉL SEA TODA LA GLORIA POR TODOS LOS SIGLOS AMÉN..

Anónimo dijo...

TODO HOMBRE, MUJER,Y JOVÉN SI DESPRECÍA EL MANJAR DE LA VIDA QUE ES ÉL SEÑOR JESÚS,VIVIRÁN CIEGOS,Y SIN SABER LA VERDAD,QUE SOLO EN ÉL ESTÁ,EL CAMINO,Y LA VERDAD Y LA VIDA PARA VENIR AL PADRE,Y SER LLAMADOS HIJOS DE DIOS ALTISIMO,TIENEN QUE CONOCER AL HIJO,Y ADORARLO,PORQUE ÉL ES PRINCIPIO Y ÉL FÍN DE TODAS LAS COSAS,QUE HAY TANTO EN LOS CIELOS COMO EN LA TIERRA,ÉL ES SEÑOR DE SEÑORES Y REY DE REYES,Y NADIE ES MÁS GRANDE QUE ÉL..GLORÍA A TU NOMBRE JESÚS..

Publicar un comentario en la entrada

 
;