lunes, 5 de septiembre de 2011

88. En torno a un Manifiesto de sacerdotes

Diálogos espirituales:
Opiniones y criterios sobre la crítica a la Iglesia


A través de la Agencia eclesiástica de Zenith, llega a mi conocimiento que un grupo de sacerdotes de Austria – 300 sobre un total de 2000 (según la misma agencia) – ha firmado un “Manifiesto” (Pfarrer-Initiative, que sería “Iniciativa de Párrocos” sobre una toma de postura precisa en asuntos que afectan a la fe y disciplina de la Iglesia. El Manifiesto en cuestión, liderado por el que fue Vicario general de Viena, Helmut Schüller en su redacción integral, dice así:

MANIFIESTO DE LOS SACERDOTES AUSTRÍACOS
Llamada a la desobediencia

El rechazo de Roma a una largamente esperada reforma de la Iglesia y la inactividad de nuestros obispos no solo nos permiten sino que incluso nos obligan a seguir nuestra propia conciencia y actuar de manera independiente.

Nosotros, sacerdotes, queremos dejar establecidos para el futuro los siguientes signos:

1.   En adelante en todas las misas rezaremos una oración por la reforma de la Iglesia. Tomaremos en serio las palabras de la Biblia, pedid y recibiréis. Ante Dios existe la libertad de expresión.

2.   No negaremos, en principio, la Eucaristía, a los fieles de buena voluntad. Con especial referencia a los divorciados en segundo matrimonio, a los miembros de otras Iglesias cristianas y en algunos casos también a los católicos que han abandonado la Iglesia.

3.   Evitaremos, en lo posible, celebrar más de una Misa los domingos y los días de fiesta o de encargarlas a los sacerdotes que están de paso o no son residentes. Es mejor celebrar una Liturgia de la Palabra localmente organizada que turnos litúrgicos.

4.   Organizaremos en el futuro la liturgia de la palabra con distribución de la comunión como una “Eucaristía sin sacerdote” y así la llamaremos. De esta forma cumpliremos con nuestra obligación dominical cuando falten sacerdotes.
5.   Rechazaremos igualmente la prohibición de predicar para laicos competentes y cualificados y profesoras de religión. Es necesario anunciar la Palabra de Dios en tiempos especialmente difíciles.

6.   Nos comprometeremos a que cada parroquia tenga su propio superior, hombre o mujer, casado o soltero, a tiempo completo o parcial. No por medio de fusión de parroquias sino mediante un nuevo modelo de sacerdote.

7.   Por lo tanto vamos a aprovechar todas las oportunidades de manifestarnos públicamente a favor de la ordenación de las mujeres y de las personas casadas. Los vemos como colegas y como colegas bienvenidos al servicio pastoral.

Nos sentimos solidarios además con aquellos que a causa de su casamiento no pueden seguir ejerciendo sus funciones y también con quienes, a pesar de mantener una relación, continúan prestando su servicio como sacerdotes.

Ambos grupos siguen con su decisión los dictados de su conciencia como lo hacemos nosotros con nuestra protesta. Os vemos como “hermanos nuestros”, como al Papa y los obispos. No sabemos qué otra cosa debe ser un “co-hermano”. Uno solo es nuestro Maestro y todos somos hermanos y hermanas, como deberíamos llamarnos entre cristianos y cristianas.
Por lo tanto es por eso que queremos rebelarnos, eso es lo que queremos que suceda y por eso queremos rezar. Amén.
Domingo de la Trinidad, 19 de junio de 2011” (Traducción del alemán por Susana Merino”.

* * *

Como ocurre en este tipo de Manifiestos, se pone el dedo en la llaga de puntos importantísimo, tal, el de las misas dominicales. Las reacciones y comentarios surgen, especialmente en el ámbito en que han nacido (http://www.pfarrer-initiative.at/).
Los firmantes de este documento no hablan de una “ruptura” (Spaltung, Abspaltung) ni con la Iglesia ni en la Iglesia. Pero si la cosa sigue adelante, los presupuestos en los que se apoya la “llamada a la desobediencia” (Aufruf zum Ungehorsam, título que se atribuye al sacerdote párroco que ostenta el liderazgo), el punto de partida puede llevar a una ruptura con la Iglesia.
Sin duda que Lutero tenía muchas “razones” para dejar la Iglesia; pero no tenía simplemente “la razón”; y no es un socorrido juego de palabras.
Hace unos años – antes de 2005 – el entonces Ratzinger, dio una célebre conferencia con el título de “¿Por qué pertenezco a la Iglesia?”, conferencia accesible en Internet. El comienzo era bastante escalofriante: Tengo muchos motivos para no permanecer en la Iglesia... Decía así: “Existen hoy muchos y opuestos motivos para no permanecer en la Iglesia. En nuestros días están tentados de volver la espalda a la Iglesia no sólo aquellos a quienes se les ha hecho extraña la fe de ésta, a quienes aparece demasiado retrógrada, demasiado medieval, demasiado hostil al mundo y a la vida, sino también aquellos que amaron la imagen histórica de la Iglesia, su liturgia, su independencia de las modas pasajeras, el reflejo de lo eterno visible en su rostro.
Estos tienen la impresión de que la Iglesia está a punto de traicionar su especificidad, de venderse a la moda del tiempo y de este modo perder su alma. Están desilusionados como el amante traicionado y por eso piensan seriamente en volverle la espalda”.
Según estas observaciones, no solo los rebeldes sienten la tentación de irse de la Iglesia, por sentirla anquilosada y obsoleta, ajena a la marcha del mundo; sino los fieles, los devotos... también, por verla traidora a su amor.
Luego el cardenal dabas las razones de por qué permanezco en la Iglesia. En suma, una conferencia, que merecería ser releída ante noticias de este género.

* * *

Al leer el comunicado mis sentimientos son dobles: cercanía y distancia. Cercanía, porque veo el celo y las razones que subyacen en el documento. Distancia, porque sencillamente no pienso así. Y tengo razones para ello. No solo los más de 50 años de vida sacerdotal, sino también mi reflexión personal sobre la Teología y la Escritura.
Pedir por la reforma de la Iglesia (de mi orden, de mi Comunidad en la que vivo), sí; a condición de que, con absoluta seriedad, responsabilidad y compromiso, pida por mi propia reforma personal, en la que procuro aplicarme. Si no partiéramos de esta base, lo demás sería un asunto meramente académico, presa de discusiones interminables. Tantas veces la vida me ha enseñado – y me reduzco a normas de “perfección evangélica” (pues mi vida se ha centrado mayormente en trabajos de educación) –  que las cosas son de dos maneras: de la forma como las hacemos, y de otra con que también las podríamos hacer. Ahora bien, tratándose de comunidad, ha de haber una instancia, la que sea, la que, al fin, dé una palabra. También se puede disentir, con razones, frente a la palabra establecida, pero salvo ofensa de Dios, la praxis hay que hacerla en unidad.
El inicio de este discurso nos llevaría a lo que es una exposición académica, perfilando matices, con “distingos” y “subdistingos”.
Valga un espécimen con una reflexión cristiana en torno al celibato sacerdotal. Es obvio que el ministerio sacerdotal no va de sí ligado al celibato. La Iglesia, desde hace muchos siglos, ha optado por no llamar al sacerdocio, sino a aquellos candidatos que al desear ser investidos del ministerio sagrado,  se comprueba que han recibido el carisma del celibato. ¿Es esto lo mejor para la Iglesia? No hay razones matemáticas que puedan demostrarlo, ni tampoco rebatirlo. Habrá razones teológicas... La teología puede justificar perfectamente el sacerdocio celibatario y el sacerdocio de quienes ni optaron ni optan por el celibato. El Espíritu es amplio para hacer posibles las dos opciones, las dos hermosas, llenas de los dones de Dios.
Pero la Iglesia ha escogido una. ¿Es infiel al Espíritu? ¿Está ahogando el Espíritu? ¿Quién puede demostrarlo...? Ciertamente que nadie.
Yo “opino” – y muy decidido doy mi voto a favor – que la Iglesia hace muy bien en tomar para ministros a quienes, con gran fervor de corazón, han respondido a una llamada celibataria. A mí me parece mejor que el sacerdocio católico resplandezca surgido en el celibato. Es una opinión tan solo que no anula la de mi hermano; pero es “una” que no puede ser anulada por la opinión de otro; en este caso, opinión avalada por una tradición consistente de siglos.
En el fondo, uno tiene que ampararse en una concepción mística y real de la Iglesia.
Esto es lo que no se percibe en el documento transcrito de los sacerdotes.
Y pienso que solo desde ese fondo, real e inasible, avanza la Iglesia.
El amor y la verdad en la Iglesia son vasos comunicantes. Y tanto avanza la Iglesia cuanto ama, y tanto queda iluminada la Iglesia cuanto ama.
Al final, “solo el amor es digno de fe”.

Puebla de los Ángeles (México), 5 septiembre 2012.


Nota. La citada conferencia de Joseph Ratzinger puede verse pulsando en:
http://hagaseestar.files.wordpress.com/2010/03/por-que-permanezco-en-la-iglesia-joseph-ratzinger.pdf

1 comentarios:

Rodolfo Plata dijo...

EL LLAMADO DEL CLERO AUSTRIACO A LA DESOBEDIENCIA DE LAS DIRECTRICES DE LA IGLESIA SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD, EL DIVORCIO, EL CELIBATO Y EL SACERDOCIO FEMENINO; SOLO ES UNA CUESTIÓN DE FORMA, NO DE FONDO; YA QUE TIENE POR OBJETO ADECUAR LAS DIRECTRICES CONTROVERTIDAS A LA MODERNIDAD, SIN ATACAR LA DOCTRINA JUDAIZANTE DE LA IGLESIA, QUE ES EL VERDADERO CÁNCER QUE HAY QUE EXTIRPAR. La paideia griega tenía como propósito educar a la juventud en la virtud (desarrollo de la espiritualidad) y la sabiduría (cuidado de la verdad), mediante la práctica continua de ejercicios espirituales (cultivo de sí), a fin de prevenir y curar las enfermedades del alma. El educador, utilizando el discurso filosófico y la discusión de casos y ejemplos prácticos, más que informar trataba de inducir transformaciones buenas y convenientes para si mismo y la sociedad, motivando a los jóvenes a practicar las virtudes opuestas a los defectos encontrados en el fondo del alma, a efecto de adquirir el perfil de humanidad perfecta (cero defectos) __La vida, ejemplo y enseñanzas de Cristo coincide cien por ciento con el currículo y objetivo de la paideia griega. Y por su autentico valor pedagógico, el apóstol Felipe introdujo en los ejercicios espirituales la paideia de Cristo (posteriormente enriquecida por San Basilio, San Gregorio, San Agustín y San Clemente de Alejandría, con el currículo y la metodología de los filósofos greco romanos: Aristóteles, Cicerón, Diógenes, Isócrates, Platón, Séneca, Sócrates, Marco Aurelio,,,), a fin de alcanzar la trascendencia humana (patente en Cristo) y la sociedad perfecta (Reino de Dios). Meta que no se ha logrado debido que la teología judeo cristiana al apartar la fe de la razón, castra mentalmente a sus seguidores extraviándolos hacia la ecumene abrahámica que conduce al precipicio de la perdición eterna (muerte espiritual)__ Es tiempo de rectificar y retomar la paideia griega de Cristo, separando de nuestra fe el Antiguo Testamento y su teología fantástica que han impedido a los pueblos cristianos alcanzar la supra humanidad. http://es.scribd.com/doc/73946749/Jaque-Mate-a-La-Doctrina-Judaizante-de-La-Iglesia

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