miércoles, 7 de septiembre de 2011

90. Natividad de María

Meditación


Hermanos:

1. La fiesta de la Natividad de María es una fiesta muy hermosa, toda llena de poesía. Celebremos con alegría el nacimiento de María, la Virgen; de ella salió el Sol de justicia, Cristo, nuestro Dios, dice el Introito de la Misa.
Los textos  litúrgicos de la fiesta, lo mismo de la Misa que de la Liturgia de las Horas, son de saborearse hondamente, con paz. “En los nuevos libros litúrgicos promulgados por Paulo VI, - indica un liturgista - esta fiesta ha sido muy revalorizada, principalmente, por sus dos himnos nuevos: uno de autor anónimo del s. X y otro de S. Pedro Damiani” (A. M. Franquesa Garrós, Enciclopedia Rialp).
Efectivamente, canta San Pedro Damiani, doctor de la Iglesia, en las II Vísperas: “Beata Dei génetrix / nitor humani generis, / per quam de servis liberi / lucisque sumus filii” (Santa Engendradora de Dios, esplendor del género humano, por quien somos libres cuando éramos esclavos, e hijos de la luz...”).
Y muy dulce, muy tierno, el otro himno natalicio, que se escucha en Laudes: “O sancta mundi domina”: ¡Oh santa Señora del mundo, ínclita reina del cielo, oh fúlgida estrella del mar, maravillosa Virgen Madre! ¡Muéstrate, dulce hija; brilla ya, tierno tallo virginal...! El poeta amoroso es muy audaz para llamar a la humilde Virgen de Nazaret “mundi Domina”, Señora del mundo.
 Icono de la Natividad de María
en la iglesia de Santa Ana en Jerusalén

2. La fiesta de la Natividad de María tiene sabor de Jerusalén. Los viejos apócrifos legendarios – comenzando por el Evangelio de Santiago – no pretenden imbuirnos de episodios que nadie podrá demostrar. Lo que buscan es gustar meditativamente lo que la fe puede contemplar.
Sabemos que un día acaeció en la tierra el misterio soberano de la Encarnación, clave de la Trinidad. Esta jovencita virginal, María,  amor que ha arrebatado a todas las generaciones, un día nació. ¿Cómo no cantar Las Mañanitas a esa niña, que ya al nacer hubo de ser toda santa, y que sin duda nació de padres santos...? El hecho central es la Encarnación, y de ahí derivamos a los principios.
Y como estamos en la Casa de Judá, podemos repasar la Escritura porque la niña que hoy aparece en el mundo, es hija de Israel, y es la flor más bella de la historia de la salvación que Dios ha ido haciendo con nuestros antepasados y la continúa hoy con nosotros.
Al felicitar, pues, a María, recordamos estas cosas: “Natívitas gloriósæ Vírginis Maríæ ex sémine Abrahæ, ortæ de tribu Iuda, clara ex stirpe David”. “Hoy es el nacimiento de la gloriosa Virgen María, del linaje de Abraham, nacida de la tribu de Judá, y de la noble estirpe de David” (Antífona de Laudes). Y las antífonas sucesivas rezan así: “Gloriosa es la estirpe de María, santa su raíz, bendito el fruto de su vientre; su nacimiento ilumina al mundo entero”. “Celebremos con gozo el nacimiento de santa María y pidámosle que interceda por nosotros ante Jesucristo, nuestro Señor”.
En fin, para bendecir a Dios con el Benedictus, oramos y alabamos así: “Tu nacimiento, santa Madre de Dios, ha anunciado la alegría al mundo entero, pues de ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios: él ha sido quien, destruyendo la maldición, nos ha aportado la bendición y, aniquilando la muerte, nos ha otorgado la vida eterna”.
Este es el tono de la fiesta.

3. Fiesta, pues, de alegría y de felicidades.
No nos sorprenda que la liturgia de nuestros hermanos de Oriente comience el año litúrgico con esta fiesta original de María, en la que se prepara el Nacimiento de Jesús, que es la verdad de la Encarnación, y que se termine en agosto con la Dormición de María, que es el fruto inmediato y más puro de la Pascua del Señor.
Los conocedores de la liturgia nos proporcionan datos de mucho valor para centrar nuestra piedad en armonía con la tradición de la Iglesia. Un benedictino, profundo conocedor de la liturgia oriental, escribe hoy (7/9/2011) en “L’Osservatore Romano”: “La Natividad de la Madre de Dios es una de las fiestas marianas más antiguas, de origen jerosolimitano, testimoniada ya en el siglo IV e introducida en Constantinopla en el siglo VI y en Roma en el VII. Los textos del oficio de la tradición bizantina de la fiesta —que retoman autores de Jerusalén (Esteban, siglo VI) o constantinopolitanos (Sergio y Germán, siglos VII-VIII)— subrayan la plegaria de Joaquín y Ana en la angustia por la falta de descendencia y la gran alegría por el nacimiento de María.
Romano el Melode (siglo VI) tiene un kontàkion (= himno de determinadas características) para la fiesta de la Natividad de la Madre de Dios. En la estrofa introductoria el autor resume los temas que desarrolla el texto y, sobre todo, el misterio que la fiesta celebra y contempla: a María misma, cantada con los títulos de “Madre de Dios, inmaculada, nutriente del género humano”, y su nacimiento, fuente de gozo para dos parejas, la de Joaquín y Ana, liberados de la vergüenza de la esterilidad, y la de Adán y Eva, liberados de la muerte” (Manuel Nin). En este himno el santo poeta le dirá a María "el nido del Señor".
Anunciación  de María Teresa Peña Echeveste (1935-2002)

4. San Romano el Meloda (el Melodioso), principal poeta litúrgico de los siglos antiguos (Benedicto XVI habló de él), en el siglo VI, nos ha transmitido un himno espiritual para celebrar esta fiesta. Otro poeta posterior, San Andrés de Creta (ca. 660-740), nacido en Damasco (Siria) y monje en Jerusalén, obispo en la isla de Creta, nos da hoy, en el oficio de lectura, el sentido de esta hermosa fiesta, al presentárnosla como aurora de la Encarnación del Verbo, de donde vinieron todos los bienes.
“Éste es el compendio de todos los beneficios que Cristo nos ha hecho; ésta es la revelación del designio amoroso de Dios: su anonadamiento, su encarnación y la consiguiente divinización del hombre. Convenía, pues, que esta fulgurante y sorprendente venida de Dios a los hombres fuera precedida de algún hecho que nos preparara a recibir con gozo el gran don de la salvación. Y éste es el significado de la fiesta que hoy celebramos, ya que el nacimiento de la Madre de Dios es el exordio de todo este cúmulo de bienes, exordio que hallará su término y complemento en la unión del Verbo con la carne que le estaba destinada. El día de hoy nació la Virgen; es luego amamantada y se va desarrollando; y es preparada para ser la madre de Dios, rey de todos los siglos”.

5. Bella y dulce fiesta de la Virgen, nuestra Madre. De nuestra parte también queremos cantar.

Hoy es el Nacimiento de María.
alégrese la Iglesia,
y honore el resto santo de Israel
a aquélla que en su estirpe es la primera.

Recuerden los creyentes de sus páginas
a Débora guerrera,
- ¡oh madre de Israel junto al Tabor! -,
a Sara bendecida y a Rebeca.

Recuerden en el Cántico de Ana
la gracia de un profeta,
los campos de Belén, la humilde Rut,
que busca pan en tiempo de la siega.

Recuerden a la intrépida Judit
y a Ester, la reina bella;
recuerden, mas comprendan con gran gozo
que flor más bella vino a nuestra tierra.

Hoy nace en este mundo la alegría
por una niña hebrea;
de todas las mujeres ella es única,
la Madre de los hombres, nueva Eva.

¡Oh Dios de nuestros padres, Dios eterno,
oh Dios de las promesas,
por la Natividad que anuncia al Hijo
a ti la bendición, la gloria sea! Amén. (Jerusalén, 1986).

6. Concédanos la Madre del Señor el don de la alegría y la ternura. ¡Te bendecimos, María! Amén.

Puebla, 7 de septiembre de 2011.

Puede el lector consultar otras composiciones en torno a esta fiesta: mercaba.org / Rufino María Grández / El pan de unos versos / Natividad de María; en particular: El más bello deseo tiene nombre..


0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
;