martes, 13 de septiembre de 2011

92. La sinceridad iluminada: soliloquio para un coloquio

Reflexiones ante el Comunicado del Congreso de
Teólogos de la Asociación Juan XXIII (Madrid, 11 septiembre 2012)


1. Ayer, 11 de septiembre, domingo XXIV del tiempo ordinario (ciclo A), celebré tres veces la Eucaristía. Prediqué tres veces la que fundamentalmente era la misma homilía, la que subí a estas Hermosas Palabras del Señor. Y comencé de este modo: “Hermanos: La palabra final del Evangelio hoy proclamado dice así: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano” (Mt 18,35)”.  Pude observar que el mensaje del perdón llegaba al corazón de los fieles: se veía en la cara, se escuchaba en el silencio. Nada importaba que la homilía se hubiera alargado quince minutos, quizás más, tratando de que la Palabra anunciada fuera, como dice la Verbum Domini, “con convicción y pasión”.
Y naturalmente que en las tres misas conmemoré, orando, la tragedia de las Torres Gemelas de hace diez años (yo estaba en un congreso bíblico en Segovia), siniestro episodio de la Humanidad en el inicio del tercer Milenio (2001). Mencioné la Carta del Papa al arzobispo de New York: Con el terrorismo no vamos a ninguna parte; no es el camino de la humanidad.
En mi computadora vi las noticias de la Iglesia. Los Teólogos y Teólogas de la Asociación Juan XXIII terminaban el XXXI Congreso, este año  sobre “El Fundamentalismo”, con una declaración de ocho puntos. Transcribo el punto cuarto y el quinto, que punzaron sensiblemente mi corazón:

4°. En la Iglesia católica el fundamentalismo suele canalizarse través de los movimientos neoconservadores, empeñados en llevar a cabo la restauración eclesiástica hasta el extremo, y de no pocas actuaciones intolerantes de la jerarquía que minimizan, e incluso niegan, aspectos fundamentales del concilio Vaticano II y condenan el trabajo de los teólogos, las teólogas y los movimientos renovadores.
5°. Algunas de estas actitudes hemos podido comprobarlas en la reciente Jornada Mundial de la Juventud, que ha ofrecido una imagen autoritaria y patriarcal de la Iglesia, ajena a los problemas reales de los jóvenes, y ha fomentado la exaltación del pontífice, hasta caer en la papolatría, una de las más nítidas expresiones del fundamentalismo. Y todo ello con el apoyo y la legitimación de las diferentes instituciones municipales, autonómicas, militares y empresariales.

Sí es verdad y... no es verdad; y si hubiera que escoger entre el “sí” y el “no” – que en la vida nada es tan claro y todo anda mezclado – escojo el “no” (porque hay más “no” que “sí”), aunque personas para mí muy queridas escojan el sí desde su percepción global; y ciertamente que si pidieran mi consentimiento para firmar este texto, no lo firmo.

2. Hablo en voz alta. La palabra más sorprendente de este Comunicado es ésta: papolatría. Palabra que a un lector crítico y bienintencionado (creo que lo soy) le resulta insultante, agresiva, irritante, antidialogante y antiecuménica, y sinceramente... torpe e injusta. He ido al Diccionario a buscarla: no está. Las Autoridades de la Lengua hasta hoy solo reconocen estas clases de “latrías”: autolatría, demonolatría, egolatría, idolatría, necrolatría, ofiolatría, pirolatría. La papolatría no ha llegado todavía al Diccionario.
Pero seguramente que si prosigo a ras de este tono y con estas armas salgo a la palestra, me van a vencer, y ni me voy a evangelizar ni voy a evangelizar a nadie. En estos tipos de dialéctica no tiene por qué vencer el que más razón tiene, sino el que más habilidad tiene... No poseo tal habilidad; por tanto, precaución y no te lances.
Este grupo de Teólogos y Teólogas, al repasar su historia, reconocen que hay una fractura entre los Obispos y estas posturas y quienes las representan; un diálogo roto, por lo tanto... un “no-diálogo”, girando en torno a una Causa en la que creemos y que es la que motiva nuestra vida. Pero... – reflexionen, hermanos – ¿a uno le puede apetecer entrar a dialogar, que es un acto noble de cercanía y amistad... tomando como punto de partida este lenguaje...? Los que se sientan a dialogar, se sientan porque, de alguna forma, antes de sentarse ya se han entendido.
Acaso mi camino personal sea otro: un silencio que jamás sea autosuficiencia, un testimonio humilde y vibrante, y, si Dios fuere servido, una palabra pura como una flor.

3. Me vuelve la palabra: papolatría... con una noticia de última hora: ¿Acaso será papolatría la noticia que acaba de saltar a la prensa mundial, de primera plana, claro, en L’Osservatore Romano?  

Por primera vez se exponen 600 versiones de libros escritos por el Papa. La casa editorial Herder, en colaboración con la Libreria Editrice Vaticana, ha aprovechado la ocasión de la visita del Papa a Alemania para recoger y presentar las obras de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI en sus múltiples traducciones.
En una exposición única en su género – organizada en Castel Gandolfo en primer lugar para el Santo Padre, después para los interesados en el Vaticano, en el Campo Santo Teutónico, y finalmente en la sede de la editorial Herder en Friburgo- se expondrán casi seiscientos volúmenes representativos de más de 25 países.

Ante un evento de tal significado, un intelectual se rinde, admira, y no tiene sino una felicitación en sus labios, el augurio que ofrecen editorial Herder y la Editrice Vaticana: Ad multos libros, sancte Pater!

4. Papolatría en Madrid, hipnotizados millón y medio de jóvenes... Uno de esos jóvenes, mexicano, y no perteneciente a ninguna de las comunidades “neoconservadoras”, sino a las de nuevo cuño, concretamente a la Comunidad de las Bienaventuranzas (Francia 1973), vino a charlar tras la Jornada Mundial. No tenía palabras para ponderar la hermandad de nacionalidades diferentes, las que a él le tocó, durmiendo en el suelo..., radiantes por algo superior. Salió muy fortificado en su fe.
- ¿Y del papa?
- Lo vi tan sencillo, tan humilde..., y ¡cómo nos animaba! No quería retirarse de la lluvia. Del fondo del corazón le hubiese dicho: ¡papá...! Porque así lo percibí, como un padre con sus hijos.
Esto decía el joven. Y en mi soliloquio, Señor, yo me pregunto: ¿Y esto en cristiano no se llama puro, purísimo amor...? No todo lo que roza el Espíritu es perceptible a los ojos de cualquiera.

5. Me fascina la Unidad de la Iglesia (escribí un librito: Oblación por la Unidad), y bien sabemos que la Unidad de la Iglesia por la que pedimos todos los días antes de la comunión, se inicia en los fondos del ser.
¿Cómo no decir que en discursos de ese tipo hay montones de razones, cuyas verdades las sufrimos, las digerimos como podemos, las anhelamos como ideal de una Iglesia pura... que desde el fondo del alma deseamos? Cosa similar podría decir de todas las comunidades por las que he ido transitando en mi no breve curso de vida religiosa. Y, volviendo a lo dicho, hay que tornar a los fondos misteriosos y contradictorias del corazón. Y allí, en el corazón, la humildad es la única luz de la vida, la única esperanza.
Pero estoy escuchando: “Ya ese mismo discurrir es el discurso de un fundamentalista, sutilmente autosuficiente, que espiritualiza y riza el discurso para no entrar en pormenores y llamar a las cosas por su nombre”.
Si así lo fuera, pido al Espíritu su “logoterapia” (la Logos-terapia del Verbo), que es diferente de la otra, la logoterapia que tanto bien hace al descubrir la propia verdad debajo de las capas que la enmascaran.
¡Ven, Espíritu, Mistagogo del Padre, y por los secretos de la Mistagogía dame un baño de humildad, porque en la humildad me vendrá la Sabiduría, y en la serena Sabiduría, la Valentía (la Parresía)!
Y como ya tengo que terminar estos inicios de pensamiento a retazos, escritos a picos de reloj, te pido una gracia..., ¿la diré...?
Que yo sea una florcita perfumada en tu Iglesia; que un cristiano, una cristiana, al roce, a la mirada de esos pétalos, pueda decir: ¡Alabado sea el Señor! Amén.

San Juan Crisóstomo 2011.

13 de septiembre
San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia
349-407

Este himno está compuesto al eco de una homilía antes del destierro (oficio de lectura) y de las catequesis de Benedicto XVI sobre san Juan Crisóstomo (19 y 26 de septiembre de 2007), cuando se celebraba el decimosexto centenario de la muerte del santo doctor (349-407).
Nació en la actual Turquía, en Antakaya (Antioquía de Siria, al sur de Turquía) en torno al 349; fue bautizado en el 368. “Se retiró durante cuatro años entre los eremitas del cercano monte Silpio. Prosiguió aquel retiro otros dos años, durante los cuales vivió solo en una caverna bajo la guía de un "anciano". En ese período se dedicó totalmente a meditar "las leyes de Cristo", los evangelios y especialmente las cartas de Pablo. Al enfermarse y ante la imposibilidad de curarse por sí mismo, tuvo que regresar a la comunidad cristiana de Antioquía”.
“Y aquí se realiza el giro decisivo de la historia de su vocación: pastor de almas a tiempo completo. La intimidad con la palabra de Dios, cultivada durante los años de la vida eremítica, había madurado en él la urgencia irresistible de predicar el Evangelio, de dar a los demás lo que él había recibido en los años de meditación. El ideal misionero lo impulsó así, alma de fuego, a la solicitud pastoral”.
En el año 381 es ordenado Diácono y en el 386 Presbítero, y en el 397 Obispo de Constantinopla, Capital del Imperio en Oriente. Nos quedan de él más de 700 homilías auténticas, 18 tratados, y comentarios a Romanos, Corintios, Efesio, Hebreos y 241 cartas. Sufrió dos destierros, y murió en el destierro, en el Ponto.
Al meditar en las obras de Dios en los días de la creación (nos recuerda Benedicto XVI) nos presenta cuatro estancias de la presencia de Dios: 1. La creación, “subida” desde la belleza hasta el Creador; 2. La Escritura “descenso” (bajada, synkatábasis) de Dios a su criatura; 3. La Encarnación, habitación de Dios entre nosotros; 4. El Espíritu Santo, principio vital y dinámico de la vida de la Iglesia cuando Jesús se fue.
Fue un gran predicador de exigencias sociales, y murió dejando su último testamento: ¡Gloria a Dios en todo! Con estos sentimientos cantamos.

1. Este es mi báculo firme,
mi total seguridad,
el códice que predico
Cristo, mi roca y verdad.

2. La Escritura es la respuesta
a cualquier humano afán;
se hará Palabra de vida
si es obra de caridad.

3. La creación es la escala,
que nos sube hasta el umbral,
y en la Escritura desciende
Quien marca su voluntad.

4. La Encarnación es la entrada
Del Hijo en su propio hogar;
y el Espíritu corona
cuanto Dios quiere plasmar.

5. Predicador catequista
de la fuente bautismal,
la divina Eucaristía
se hacía entrega social.

6. En doloroso destierro
fuiste lazo de unidad,
pastor que nunca dejaste
de orar, sufrir y de amar.

7. ¡Gloria a Dios sea en todo
en tiempo y eternidad,
y alabe la santa Iglesia
a su Esposo celestial! Amén.

13 septiembre 2011.

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