martes, 20 de septiembre de 2011

96. El hijo que hizo la voluntad del padre

Domingo XXVI, ciclo A

Mateo 21, 28-32
Hermanos:

1. La parábola del Evangelio de hoy nos habla de dos hijos: el bueno y el malo. Al final resulta que el malo es el bueno y el bueno el malo.
Y en esta parábola hay un dicho chocante de Jesús, que no pocas veces se trae a colación desafortunadamente, fuera de contexto: las prostitutas os precederán en el reino de los cielos. Dicha así, parece un desafío a ir por el camino de la mala vida. Al fin lo que importa es el amor. Esto sería un abuso del Evangelio. Jesús no dice    que “las prostitutas nos preceden o nos precederán en el reino de los cielos”, sino que habla, frente a las autoridades, de las que han dejado de ser prostitutas, porque se convirtieron ante la voz severa de Juan.
Pero vayamos por partes y por detalles.

2. Y lo primero vayamos a los dos hijos. Uno es el educado, el obsequioso, el bueno, que tiene las palabras más bonitas para su padre. El otro es el maleducado y respondón. Le dice el padre: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña”. Y este, descarado, y mal hablado, le contesta: “No me da la gana”.
Pero luego este muchacho, cae en la cuenta de cómo le ha respondido a su padre, y “se arrepiente” (esta es la palabra evangélica). Y casi le oímos lo que está hablando consigo mismo: “Pero ¡qué sin vergüenza he sido! No hay derecho a responder así a mi padre. Venga, voy a trabajar. Voy a cumplir “la voluntad de mi padre”, que esta es la palabra del Evangelio.
La otra escena es la contraria. “Hala, hijo vete a trabajar hoy en la viña”. Y responde: “¡Sí, señor!”. Pero ¿qué pasó? Que no fue. Bonitas palabras, llenas de respecto, palabras que el viento se llevó... Y no fue a la viña.
Y ahora viene la pregunta de Jesús, examen de vida: “¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?” Cumplir la voluntad del padre, ése era el asunto.
Y respondieron: El primero. Evidentemente que el primero, el maleducado, el malo.

3. Este cuento, hermanos, es trágico, si desenmascaramos ahora a las personas y decimos de quién está hablando y en qué momento de su vida está hablando.
Jesús está hablando a los sumos sacerdotes del templo y a los ancianos del pueblo. Jesús no está hablando a la gente en general, sino a las autoridades, a los responsables espirituales de la nación. Y los está comparando con las prostitutas. Las prostitutas escucharon la predicación de Juan, reconocieron su mala vida, se convirtieron a la gracia de Dios. Los publicanos eran pecadores por trampas y corrupción; pero reconocieron sus abusos, sus injusticias, se arrepintieron. Pero vosotros, los espirituales, los guías del pueblo de Dios, no os habéis rendido, no nos habéis arrepentido, no aceptáis la voluntad de Dios, la voluntad del Padre del cielo, de mi Padre.
Lo dice Jesús en la semana última de su vida, y está haciendo un balance de la misión que le había traído a esta tierra. Las autoridades, los custodios sagrados de la Ley..., precisamente esos, no lo han recibido. En cambio, los pecadores, los que en Juan vieron a un enviado de Dios, esos sí, esos le han acogido...; acogieron primero a Juan y ahora acogen a Jesús.
“Porque vino Juan a vosotros, enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicados y las prostitutas le creyeron”.  Pero continúa Jesús: “Y, aun después de ver esto, no os arrepentisteis ni le creísteis” (Mt 21,32)

4. La magnitud del drama que aquí se encierra, lo advertimos cuando calibramos lo que para Jesús significa la “voluntad del Padre”. La voluntad del Padre es la pasión de su vida – “mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra” (Jn 4,34) – y esta voluntad no ha sido acogida. Jesús puede quejarse de que él no ha sido acogido, pero aquí nos está hablando directamente de Dios, de la voluntad de Dios. No abrirse a la voluntad de Dios es el pecado por esencia de la creatura.
¿Y Jesús va a terminar su vida de este modo? Su ministerio, cortado tan tempranamente, ¿ha sido un fracaso? Su palabra ¿no ha tenido la fuerza persuasiva para cambiar la situación, y, por otra parte, salvar a la nación de la amenaza que Jesús ve que se avecina?

5. ¡La voluntad de Dios!, hermanos, que es la bendición más grande que el hombre puede recibir en esta tierra. Hacer la voluntad de Dios, como pedimos en el padrenuestro: que este mundo sea el reino de la voluntad de Dios, como el cielo es ese reino de la voluntad de Dios.
La voluntad de Dios ha sido la pasión de Jesús, su único proyecto de vida. Y por la voluntad de Dios ha muerto. Si viéramos la vida de Jesús solo desde el rafe de esta parábola, podríamos inclinarnos a pensar que su obra fue un fracaso: no consiguió aquello por lo que había luchado. Sería una mirada parcial y falsa.
Él ha triunfado. Él ha cumplido la voluntad del Padre, como lo pidió en el Huerto de los Olivos, y ha levantado en torno a sí a una muchedumbre de discípulos, entre quienes nos encontramos, dispuestos, por gracia, a cumplir la voluntad de Dios en el mundo. Nosotros somos esa voluntad de Dios que Jesús quería y pedía.
La voluntad de Dios es nuestra misión para nuestra vida personal y para el mundo entero que Dios ha creado: ¡Que se haga tu voluntad lo mismo que en el cielo, así en la tierra!

6. No es ningún fanatismo el pedir con alma y vida que la Voluntad de Dios sea la ley que gobierne el mundo. Ciertamente que el mundo va por otros derroteros, pero, porque la gran mayoría vaya por el camino ancho, eso no prueba que ese sea el camino de la humanidad.
Al escribir esta homilía en vísperas de que el Papa va emprender la visita a su tierra patria, Alemania, donde va a estar del 22 al 25 de este mes de septiembre, me viene a la mente lo que es el eslogan de esta visita: Donde está Dios, ahí está el futuro. El sábado pasado, en la radio-televisión alemana, saludaba el Papa a su país. Les explicaba los sitios donde va a estar y por qué y para qué. Y añadía: “Todo esto no es turismo religioso, y todavía menos un “show”. De lo que se trata, lo dice el lema de estos días: Donde está Dios, ahí hay futuro. Debería tratarse del hecho de que Dios vuelva a nuestro horizonte, este Dios tan a menudo totalmente ausente, a quien sin embargo necesitamos tanto.
Quizás me preguntaréis: ¿Pero Dios, existe? Y si existe, ¿se ocupa verdaderamente de nosotros? ¿Podemos nosotros llegar hasta Él? Sí, es verdad: no podemos poner a Dios sobre la mesa, no podemos tocarlo como un utensilio o tomarlo en la mano como un objeto cualquiera. Debemos desarrollar de nuevo la capacidad de percepción de Dios, capacidad que existe en nosotros...” El Papa, Joseph Ratzinger, no va a su tierra como un ilustre alemán. Va sencillamente como un mensajero de Dios, que tiene una palabra que decir. Tendrá que hablar con sumo respeto y consideración para con todos – y ese es su estilo – pero tiene que decir lo que el Espíritu de Dios, tras sincera meditación, pone en sus labios. El Papa hablará de Dios. Decía: “Por eso, en estos días queremos empeñarnos para volver a ver a Dios, para volver nosotros mismos a ser personas por las que entre en el mundo una luz de la esperanza, que es luz que viene de Dios y que nos ayuda a vivir”.
Dios es el horizonte, el tema, el futuro. Y la voluntad de Dios es la obra a la que el hombre está emplazado.
Terminemos, pues, hermanos, con las palabras de la oración del Señor:
“Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”. Amén.

Puebla, 20 septiembre 2011.


Dos hijos había
Canción espiritual para vivir en verdad
(sobre Mt 21,22-32)
 
Estribillo

Dos hijos había:

el bueno y el malo;

el bueno con halo,

mas no obedecía



Estrofas

1. Bonita apariencia,

corteses modales,

mas no son señales

de buena conciencia.

Que no es el que dice:

Jesús mi Señor,

sino el pecador.

¡perdón, mal lo hice!



2. No hay cosa más bella

que andar en verdad,

tomar la humildad

por guía y estrella.

Y ser el que soy

por dentro y por fuera,

y al ver mi manera

sabrán dónde voy.



3. Que al verme la cara

contemplen ni alma,

mi pena o mi calma

como en agua clara.

Yo busco anhelante

al Dios que está ahí;

si vienes a mí

no te desencante.



4. Que el sí sea sí,

por gracia y huy firme

y al punto de irme...,

diré: lo cumplí.

Que el no sea no

muy claro y valiente,

y diga obediente:

Jesús me ayudó.



5. Jesús, en tus manos,

la vida es verdad,

la sinceridad

fulgor de cristianos.

Tu rostro piadoso

me abra el paraíso,

que ya lo diviso,

misericordioso.


Puebla, 20 septiembre 2011

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