jueves, 22 de septiembre de 2011

98. "Nuestra afinidad interior con el Judaísmo"


Coloquio sobre nuestros hermanos Hebreos

1. El Papa Benedicto XVI ha iniciado hoy una visita pastoral a su tierra patria, Alemania. Ha ido no como el ilustre Ciudadano Ratzinger, mundialmente conocido y admirado como sabio pensador, sino como humilde Papa de la Iglesia Católica, para llevar una palabra de fe a sus hermanos cristianos católicos, y una palabra de amistad a quienes le han invitado y desean un encuentro con él. La visita se inicia hoy, jueves, 22 de septiembre, y se concluye el próximo domingo.
Visita profundamente anhelado por su corazón de pastor. El lema escogido suena así: “Wo Gott ist, da ist Zukunft”: Donde Dios está, allí hay un futuro(o “allí está el futuro”). Es un lema plasmado por él, tomado de una frase que dijo en una peregrinación mariana en Austria a una santuario de la Virgen (Mariazell), en enero de 2007.
Cuatro días que van a estar saturados de encuentros, discursos, homilías..., que nosotros podremos seguir y copiar, casi al minuto, desde nuestras computadoras. El banquete suculento, si queremos servirnos de él, es el siguiente:
1.    Ceremonia de bienvenida en el Castillo de Bellevue de Berlín (22 de septiembre de 2011)
2.    Visita al Parlamento Federal en el Reichstag de Berlín (22 de septiembre de 2011)  
3.    Encuentro con los representantes de la comunidad judía en una sala del Reichstag de Berlín (22 de septiembre de 2011)  
4.     Santa Misa en el Estadio Olímpico de Berlín (22 de septiembre de 2011
5.    Encuentro con los representantes de la comunidad musulmana en el salón de recepciones de la Nunciatura apostólica (Berlín, 23 de septiembre de 2011)
6.    Encuentro con los representantes del Consejo de la "Iglesia Evangélica en Alemania" en la sala capitular del antiguo convento de los agustinos (Erfurt, 23 de septiembre de 2011)
7.    Celebración ecuménica en la iglesia del antiguo convento de los agustinos (Erfurt, 23 de septiembre de 2011)
8.    Vísperas marianas en la Wallfahrtskapelle (Etzelsbach, 23 de septiembre de 2011)
9.    Santa Misa en la Domplatz (Erfurt, 24 de septiembre de 2011)   
10.Saludo a la población en la Münsterplatz de Friburgo de Brisgovia (24 de septiembre de 2011)
11.Encuentro con representantes de las Iglesias ortodoxas en la Hörsaal del Seminario de Friburgo de Brisgovia (24 de septiembre de 2011)
12.Encuentro con los seminaristas en la capilla de San Carlos Borromeo del Seminario de Friburgo de Brisgovia(24 de septiembre de 2011)
13.Encuentro con el Consejo del Comité Central de los católicos alemanes (ZDK) en la Hörsaal del Seminario de Friburgo de Brisgovia (24 de septiembre de 2011)
14.Vigilia de oración con los jóvenes en la Feria de Friburgo de Brisgovia (24 de septiembre de 2011)
15.Santa Misa en el aeropuerto turístico de Friburgo de Brisgovia (25 de septiembre de 2011)
16.Rezo del Angelus Domini en el aeropuerto turístico de Friburgo de Brisgovia (25 de septiembre de 2011)
17.Encuentro con católicos comprometidos en la Iglesia y en la sociedad en el Konzerthaus de Friburgo de Brisgovia (25 de septiembre de 2011)
18.Ceremonia de despedida en el aeropuerto de Lahr (25 de septiembre de 2011)

Hace un año, por este mes de septiembre, el Papa estaba en Gran Bretaña. Pese a las protestas que se dieron, la dignidad, la autoridad de este hombre de Dios fue reconocida por la gran mayoría, y el éxito de este viaje – hablando con términos coloquiales – fue espléndido. Y cosa igual, por la gracia de Dios, esperamos que sea este viaje. Para quienes miramos las cosas con mirada simple e ingenua, el viaje ha de ser “gracia de Dios”, lluvia de gracias.

2. Después de haber leído al recio discurso al Parlamento, fuertemente aplaudido por los oyentes, después de haber gustado la homilía en el estadio de las Olimpíadas (la vid y los sarmientos... donde se da una relación con Cristo, que no es “un tipo cualquiera de relación teórica, imaginaria, simbólica, sino casi me atrevería a decir, un pertenecer a Jesucristo en sentido biológico, plenamente vital”..., después de apreciar cosas tan bellas, centro mi atención en el encuentro que esta tarde ha tenido con la Comunidad Judía.  Y como persona dedicada a las Santas Escrituras, leo con respeto y admiración, con gran gozo, y comparto, estas palabras que tomo de su alocución:

“Junto a estas encomiables iniciativas concretas, me parece que los cristianos debemos también darnos cuenta cada vez más de nuestra afinidad interior con el judaísmo. Para los cristianos, no puede haber una fractura en el evento salvífico. La salvación viene, precisamente, de los Judíos (cf. Jn 4, 22). Cuando el conflicto de Jesús con el judaísmo de su tiempo se ve de manera superficial, como una ruptura con la Antigua Alianza, se acaba reduciéndolo a un idea de liberación que considera la Torá solamente como la observancia servil de unos ritos y prescripciones exteriores.
Sin embargo, el Discurso de la montaña no deroga la Ley mosaica, sino que desvela sus recónditas posibilidades y hace surgir nuevas exigencias; nos reenvía al fundamento más profundo del obrar humano, al corazón, donde el hombre elige entre lo puro y lo impuro, donde germina la fe, la esperanza y la caridad.
El mensaje de esperanza, transmitido por los libros de la Biblia hebrea y del Antiguo Testamento cristiano, ha sido asimilado y desarrollado por los judíos y los cristianos de modo distinto. "Después de siglos de contraposición, reconozcamos como tarea nuestra el esfuerzo para que estos dos modos de la nueva lectura de los escritos bíblicos –la cristiana y la judía– entren en diálogo entre sí, para comprender rectamente la voluntad y la Palabra de Dios" (Jesús de Nazaret. Segunda parte: Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, pp. 47-48). En una sociedad cada vez más secularizada, este diálogo debe reforzar la común esperanza en Dios. Sin esa esperanza la sociedad pierde su humanidad”.

3. Nosotros, cristianos (católicos o cristianos de otras confesiones), dividimos la Biblia en dos partes: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. Obviamente esta división no tiene sentido para un Judío. La Biblia de nuestro hermanos, la Biblia hebra, las Santas Escrituras sin más tienen tres partes: Torá – Nebiím – Ketubím, es decir: La Torá – Los Profetas (comenzando con Josué, Jueces...) – y el otro conjunto de textos sagrados reunidos bajo esta palabra: Los Escritos.
La Torá (los cinco libros que forman el “Pentateuco”) son la fuente de todo lo demás, el centro, el cimiento de la fe. Los Profetas nacen de la Torá (la Ley) y vuelven a la Torá; son los defensores y estimuladores de la Alianza de Dios, establecida en al Torá.
A lo mejor nosotros, por superficialidad e ignorancia, miramos la Torá como un conjunto abigarrado de preceptos (hasta 613 contabilizaron los rabinos medievales). Una visión así, miope e injusta, nos cierra la hermosura de lo que contemplaron y contemplan nuestros hermanos Hebreos.
Viene Benedicto y nos dice que Jesús, en el Sermón de la Montaña, no ha derogado la Torá. ¿Cómo es eso? En realidad Jesús lo había dicho en aquella sentencia del sermónd e la Montaña: “No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no eh venido a abolir, sino a dar plenitud” (Mt 5,17). Y Benedicto XVI abre un poquito los secretos de esta plenitud las Escrituras en sus “recónditas posibilidades”.

4. Podríamos hacer una prueba con la historia de Abraham, seguida por la historia de los patriarcas, es decir, capítulos 12 al 50 del Génesis.
Esta historia de la Biblia (toledoth, en hebreo, palabra importante en el Génesis), sigue a los “toledoth” de los orígenes. Los once primeros capítulos del Génesis – que son mitos, tradiciones, composiciones de gran poesía e increíble fuerza humana – son las estremecedoras respuestas a los problemas de hoy..., los eternos problemas que acompañan al hombre. ¡Pensar, por ejemplo, que el primer acto de la historia humana, cuando el hombre empieza a andar por la vida sea un asesinato...! Caín mata a su hermano Abel. ¿Estamos hablando de tiempos inverificables en lal historia o estamos hablando de hoy mismo..., de la guerra que ha acompañado a la aventura humana?
En fin, es fascinante esa historia que no se puede demostrar que existiera (son “mitos”, una forma de profecía), pero que estremecedoramente está delatando lo que hoy existe.

5. De aquella historia perdida en los orígenes del corazón humano, pasamos a una historia reciente: Abraham (¿siglo XIX antes de Cristo?), que explica la configuración de un pueblo. Es la historia de un hombre y de una familia – así está escrita, si bien mil años... después – Abraham, Isaac, Jacob, José. Si leemos en lo profundo, nos hemos de percatar de que no es tanto la historia de hombres, sino la historia de un Dios personal con los hombres. Y esto es lo maravilloso y lo que nos fascina: ¿Cómo es Dios? La respuesta nos abruma, y nos derriba... de amor. Porque ese Dios de los Patriarcas:
- Es el Dios de la Alianza, por lo mismo, el Dios del amor gratuito.
- Es el Dios que habla y que se aparece; por tanto, Dios compañía perpetua e inmanente del hombre.
- Es el Dios de las promesas: Dios promete un hijo, una descendencia, una tierra; es decir, el Dios de la creación pone a disposición del hombre esas mismas riquezas que él creó y que cuida y protege.
- Es el Dios de la bendición. Siempre y para todo podemos contar con su bendición.
Una lectura así de la Biblia, ¿Cómo no te va a hacer sentir entrañablemente hermano del pueblo judío? Leemos las mismas páginas y oramos y gozamos con los mismos textos.

5. Lo que ocurre es que Jesús se ha identificado como el Hijo de la promesa y, por lo tanto, les da un giro divino a todas las páginas de la Biblia. Nuestros hermanos hebreos no aceptan esto. No obstante, seguiremos leyendo.
Cuando Pablo, que había sido marcado pro al experiencia judía, pasó a la experiencia cristiana, discurriendo como teólogo, dio un paso de consecuencias incalculables. El pensó y expuso que el centro de los antiguos libros no hay que ponerlo en Moisés, Mediador de la Ley, sino en Abraham, primer depositario de la Promesa; léase, por ejemplo, la Carta a los Gálatas. La Promesa es superior a la Ley..., ¡y la promesa es Cristo!
Cuando uno adquiere estas perspectivas puede leer las santas Escritura y sentir que el centro de la Palabra revelada no está ubicado en Moisés, pero tampoco en Abraham, sino que, llegada la plenitud de los tiempos, el centro es Cristo. Cristo es el centro de toda la Escritura.
¡Cómo quisiera yo decirlo a un Hermano Hebreo y besar con él los santos libros de Moisés...!
El Papa decía hoy estas cosas a los Hebreos, herederos de la fe de Abraham, no con estas palabras: que el centro de las Santas Escrituras es... Jesús de Nazaret. El recóndito sentido de la Biblia, al que apunta al Torá, y el que anuncia la Profecía.
¡Ojalá podamos verlo así y amarlo hasta lo infinito!
Y con toda la Comunidad Santa de Israel, yo digo: Amén.

Puebla de los Ángeles (México), 22 septiembre 2011.

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