viernes, 23 de septiembre de 2011

99. San Pío de Pietrelcina: Textos para el Oficio Divino y Misa

En la memoria de San Pío de Pietrelcina

A todos sus devotos esparcidos por el mundo.

 

23 de septiembre

SAN PÍO DE PIETRELCINA

Memoria
(Del Común de Pastores)

El padre Pío, en el siglo Francesco Forgione, nació en Pietrelcina, diócesis de Benevento, el 25 de mayo de 1887. Entró en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos el 6 de enero de 1903; recibió la ordenación sacerdotal en la catedral de Benevento el 10 de agosto de 1910. El 28 de julio de 1916 pasó a San Giovanni Rotondo, en las estribaciones del Gárgano, donde, salvo pocas y breves interrupciones, permaneció hasta su muerte, que tuvo lugar el 23 de septiembre de 1968. La mañana del viernes 20 de septiembre de 1918, orando ante el crucifijo del coro de la vieja iglesita, recibió el don de las llagas, que permanecieron abiertas y sangrantes por espacio de cincuenta años.
En el curso de su vida, entregada únicamente al ministerio sacerdotal, inició los "Grupos de oración" y fundó un moderno hospital al que él mismo le puso el nombre de "Casa Alivio del Sufrimiento".

Oficio de lectura

(Segunda Lectura)

De las cartas de San Pío de Pietrelcina
(Lett. 500; 510; Epist. I, 1065; 1093 1095. Edic.1992).

Alzaré con fuerza mi voz y no desistiré

En fuerza de esta obediencia me resuelvo a manifestarle lo que sucedió en mí desde el día 5 por la tarde hasta todo el 6 del corriente mes de agosto de 1918.
Yo no soy capaz de decirle lo que pasó en este tiempo de superlativo martirio. Me hallaba confesando a nuestros muchachos (seminaristas) la tarde del 5, cuando de repente quedé lleno de un extremo terror a la vista de un personaje celeste que se me presenta delante ante los ojos de la inteligencia. Tenía en la mano una especie de arma, semejante a una lámina larguísima de hierro con una punta bien afilada y parecía que de aquella punta saliera fuego. Ver todo esto y observar que dicho personaje descarga con toda violencia el referido instrumento en el alma, fue todo una sola cosa. A punto de desvanecerme, emití un gemido; me sentía morir. Le dije al muchacho que se retirase, porque me sentía mal y no me encontraba con fuerza para continuar.
Este martirio duró, sin interrupción, hasta la mañana del día 7. Yo no sé decir lo que sufrí en este período tan luctuoso. Hasta las entrañas sentía que se desgarraban y estiraban por efecto de aquel dardo; todo mi ser estaba a hierro y fuego.
¿Qué decirle con respecto a lo que me pregunta sobre cómo ha ocurrido mi crucifixión? ¡Dios mío, qué confusión y humillación experimento al tener que manifestar lo que tú has obrado en esta tu mezquina criatura!
Era la mañana del 20 del pasado mes de septiembre, estando en el coro después de la celebración de la santa misa, cuando me sentí invadido por un reposo semejante a un dulce sueño. Todos los sentidos, internos y externos, y las mismas facultades del alma, se encontraron en una quietud indescriptible. En todo esto reinaba un total silencio en torno a mí y dentro de mí; estando así, de pronto se hizo presente una gran paz y abandono a la completa privación de todo, aceptando la propia destrucción.
Todo esto fue instantáneo, como un relámpago.
Y mientras acaecía todo esto, me vi delante de un misterioso personaje, semejante a aquél visto la tarde del 5 de agosto, con la sola diferencia de que en éste las manos y los pies y el costado manaban sangre. Su vista me aterrorizó; lo que yo sentía en mí en aquel instante, me resulta imposible decírselo. Me sentía morir, y habría muerto si el Señor no hubiera intervenido para sostener el corazón, que yo sentía que se me escapaba del pecho.
Se retira la vista del personaje y yo me vi con que manos, pies y costado estaban atravesados y manaban sangre. Imagine el desgarro que experimenté entonces y que voy experimentando continuamente casi todos los días. La herida del corazón mana asiduamente sangre, sobre todo del Jueves por la tarde hasta el Sábado. Padre mío, yo muero de dolor por el desgarramiento y la confusión subsiguiente que sufro en lo íntimo del alma. Temo morir desangrado, si el Señor no escucha los gemidos de mi corazón y no retira de mí esta operación. ¿Me concederá esta gracia Jesús, que es tan bueno?
 ¿Me quitará, al menos, esta confusión que yo experimento por estos signos externos? Alzaré fuerte mi voz a él y no cesaré de conjurarle, para que por su misericordia retire de mí, no el desgarro, no el dolor, porque lo veo imposible y siento que él me quiere embriagar de dolor, sino estos signos externos, que son para mí de una confusión y de una humillación indescriptible e insostenible.
El personaje del que quise  hablarle en la mía  precedente, no es otro que el mismo del  que le hablé en otra carta mía, visto el 5 de agosto. Él sigue su operación sin descanso, con superlativo desgarro del alma. Yo siento en el interior un continuo rumor, como el de una cascada, que está arrojando siempre sangre. ¡Dios mío! Es justo el castigo y recto tu juicio, pero al fin usa conmigo de misericordia. Domine te diré siempre con tu profeta: Domine, ne in furore tuo arguas me, neque in ira tua corripias, me! (Ps 6,2; 37,1). Padre mío, ahora que todo mi interior le es conocido, no se desdeñe de hacer llegar hasta mí la palabra que me conforte, en medio de tan fiera y dura amargura.



Responsorio                                       Mt 16, 24; Hb 12, 2
V. Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y * tome su cruz, y me siga.
R. Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y me siga.
V. Cristo, en lugar del gozo que se le preponía, soportó la cruz, sin miedo a la ignominia.
R. * Tome su cruz, y me siga.
V. Gloria al Padre...

Oración colecta
Oh Dios, que has otorgado a San Pío de Pietrelcina la gracia de participar de manera especial en la Pasión de tu Hijo, concédenos, por su intercesión, conformarnos con la muerte de Jesús, para ser partícipes de su resurrección. Por nuestro Señor...
(Véase abajo la oración colecta aprobada para la misa)


HIMNOS PARA LA LITURGIA DE LAS HORAS

Oficio de lectura

(o común para otras horas)

El Padre Pío se definió a sí mismo como "un frate che prega", un fraile que ora. A esta frase aludimos al decir de él  hermano que ama y ora. Pero el Padre Pío llevó por 50 años (1918-1958) las llagas de Cristo y ésta es su verdadera efigie: clavado en Cruz con Cristo. Fue, sobre todo, en la celebración del Santo Sacrificio de la Misa donde él vivió la Pasión del Señor. Por ello glorificamos los dones del Altísimo.
El Padre Pío consumió su vida en el confesonario. A ello apunta la segunda estrofa del himno. Al contemplar a Cristo compasivo, transmite el perdón que Cristo nos da: y entregas absolviendo la gracia del bautismo. El cristiano queda de nuevo santificado por el Santo Jesucristo.
Quien piensa en el Padre Pío piensa en la "Casa Sollievo della Sofferenza". Tú buscas y tú encuentras al Sufrimiento Alivio. Y siempre, detrás del humilde siervo, vemos a Jesús; aquí, detrás de aquel moderno hospital, al Médico divino.
La iglesia donde celebraba misa, la antigua o la nueva, está dedicada a Santa María de las Gracias.  La Madre de las Gracias te guarda a su cobijo. Y él respondía a esta ternura desgranando sin pausa muchos rosarios cada día. Ésta es la fe de los sencillos en la Iglesia.
En la doxología, empezando por Cristo Redentor, nos elevamos al Padre y al Espíritu, que es el Aura del principio. A la santa Trinidad ascienda amor y gloria por siglos infinitos.

1.Humilde padre Pío,
clavado en Cruz con Cristo,
hermano que ama y ora
y ofrece el Sacrificio:
en ti glorificamos
los dones del Altísimo.

2. Tu corazón contempla
al Hijo compasivo,
y entregas absolviendo
la gracia del Bautismo:
por ti decimos gracias
al Santo Jesucristo.

3.  Amigo de dolientes,
que son tus preferidos,
tú buscas y tú encuentras
al Sufrimiento Alivio:
en ti reconocemos
al Médico divino.

4. La Madre de las Gracias
te guarda a su cobijo.
Y tú vas desgranando
sin pausa tus cariños:
en ti la Iglesia siente
la fe de los sencillos.

5. A Cristo Redentor,
que a amar al hombre vino,
al Padre que lo envía
y al Aura del principio
ascienda amor y gloria
por siglos infinitos. Amén.

Laudes


“Un reclinatorio, un altar, un confesonario”, ésta es la vida y carisma del Padre Pío (Alessandro da Ripabottoni).
Para cantar a Cristo Redentor en los Laudes matutinos por su siervo Pío de Pietrelcina, miramos esas manos que un día fueron llagadas ante el crucifijo, orando en el reclinatorio, después de haber celebrado la Eucaristía (20 septiembre 1918), y que se hicieron fuente de gracia absolviendo en el confesonario. Desde entonces las llagas que llevaba por dentro, le acompañaron toda la vida, 50 años, hasta la víspera de su muerte (23 septiembre 1968).
Todo arranca de la Cruz pascual, que ha hundido sus raíces en el fecundo huerto de la Iglesia. Esas llagas son la vida del Padre Pío. Él se sintió llamado a una “grandísima misión”; él, efigie de Jesús Crucificado, fue asociado a la obra redentora de Cristo. Por ello, en ti glorificamos al Amado, que a su misión de amor te abrió la puerta.
El Padre Pío, con su diestra alzada en sacramento, ha dejado fluir el río vivo de la gracia, acogiendo y perdonando.  Recordamos a Jesús que vio a los ángeles celebrando fiesta ante el trono de Dios por un pecador que se convierte.
En la doxología nos atrevemos a llamar a Jesús Sangre de tu Padre, porque el amor infinito del Padre latía en la Sangre del Hijo. Glorificamos a Cristo Redentor, misericordia desbordada de Dios, que con sus llagas gloriosas de Pascua es la vida de la nueva creación.

La Cruz pascual ha hundido sus raíces
en el fecundo huerto de la Iglesia;
con sangre de Jesús está regado
y brotan rojas rosas y azucenas.

Las cinco heridas, fuentes del Espíritu,
nos dicen que Dios ama con sus venas;
metido en esas llagas alguien sufre
y en él se quedan dentro y fuera impresas.

Efigie de Jesús Crucificado,
herido padre Pío, don y ofrenda,
en ti glorificamos al Amado
que a su misión de amor te abrió la puerta.

Un río vivo fluye de tus manos
a quien, buscando a Cristo, a ti se acerca,
y por tu diestra alzada en sacramento
los ángeles de Dios celebran fiesta.

¡Oh buen Jesús, oh Sangre de tu Padre,
en El la gratitud y gloria sea,
a ti, misericordia desbordada,
que en tus gloriosas llagas nos recreas! Amén.

 

Vísperas


En la hora de la tarde brillan los misterios vespertinos: la Eucaristía y la muerte de Jesús. Contemplamos a Jesús muriendo: holocausto en obediencia. La cruz es el altar del mundo. Contemplamos al pecador - a mí - a quien se le abre el Paraíso, al alzarlo Jesús hasta su Cruz y hasta el triunfo de su resurrección.
En esta escena se anuncia ya el futuro.
Ésta es la imagen del Señor en la que debemos encuadrar al Padre Pío al iniciar las Vísperas.
Recordamos en este himno al Padre Pío como víctima de amor - así se había ofrecido al Señor - y recordamos aquellas expresiones suyas que lo definen en su misión de intercesor, unido a Jesús: "Puedo olvidarme de mí mismo, pero no de mis hijos espirituales. Incluso puedo asegurar que, cuando el Señor me llame, yo le diré: Señor, yo me quedo a la puerta del Paraíso; entraré cuando haya entrado mi último hijo".
La hora de la tarde nos está evocando el cielo, pero el cielo que ha alcanzado la cruz de Jesucristo.

El Hijo es holocausto de obediencia
sobre el altar del mundo,
y se abre el Paraíso al pecador,
alzado por tu Cruz hasta tu triunfo.

En esta tarde ungida por tu gracia
se anuncia ya el futuro,
oh Cristo, Sacerdote en el Calvario,
abrázanos a ti cual hijos tuyos.

Tu víctima de amor, tu siervo Pío,
oraba por los suyos;
y estar allí en la puerta te pedía,
en tanto que no viera entrar al último.

Jesús orante, oh toda bendición
y sacrificio augusto,
concédenos ser hostia y alabanza
y con san Pío estar contigo juntos.

Divina Trinidad de cielo y tierra,
presente en nuestro culto,
oh gloria y luz-misterio de la Iglesia,
en ti sea el amor y el gozo sumo. Amén.

NOTA - Estos Himnos no han sido presentados para una aprobación oficial. Los demás textos han de ser controlados con las versiones concedidas para la Orden; véase con detalle en Analecta OFMCap.



MISA DE SAN PÍO DE PIETRELCINA



Antífona de entrada                                    Cf. Dn 3,84.87
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
Santos y humildes de corazón, alabad a Dios.

Oración colecta
Dios omnipotente y eterno,
que, con gracia singular,
concediste al sacerdote san Pío
participar en la cruz de tu Hijo
y, por medio de su ministerio,
has renovado las maravillas de tu misericordia:
concédenos, por su intercesión,
que, unidos constantemente a la pasión de Cristo,
podamos llegar felizmente a la gloria de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo...

Primera lectura
(Cuando se celebra como solemnidad)
La verdadera sabiduría

Lectura de la profecía de Jeremías                          9, 22 23      
Así dice el Señor:
"No se gloríe el sabio de su saber,
no se gloríe el soldado de su valor,
no se gloríe el rico de su riqueza;
quien quiera gloriarse,
que se gloríe de esto:
de conocer y comprender
que soy el Señor,
que en la tierra establece la lealtad,
el derecho y la justicia
 y se complace en ellos".
Palabra de Dios.

Salmo responsorial                            15 1 2a y 5.7 8.11           
V/. Tú eres, Señor, mi heredad.
R/. Tú eres, Señor, mi heredad.

V/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: "Tú eres mi bien".
El Señor es el lote de mi heredad y mi cáliz,
mi suerte está en tu mano. R/.

V/. Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

V/. Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Segunda lectura
Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas              6,14 18
Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino una criatura nueva.
La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios.
En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.
Palabra de Dios.

Aleluya                                                           Cf. Mt 11,25
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.

Evangelio
Has escondido estas cosas a los sabios
y las has revelado a la gente sencilla

Lectura del santo Evangelio según san Mateo      11, 25 30

En aquel tiempo, exclamó Jesús:
  "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro. descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera".
  Palabra del Señor.

Oración sobre las ofrendas
Acoge, Señor, los dones que te presentamos
en memoria de san Pío
y haz que, participando en estos santos misterios,
merezcamos obtener los frutos salvíficos de la redención.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio
Seguir a Cristo mediante el sacrificio y la cruz

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno,
Por Cristo nuestro Señor.
Tú has puesto en el corazón de san Pío
el fuego de una tan ardiente caridad hacia Cristo,
que, unido a su pasión,
lo ha seguido con amor perseverando hasta la cruz
y a los hermanos, afligidos por sufrimientos
en el cuerpo y en el alma,
revelase incesantemente la divina misericordia.
Por eso, unidos a la multitud de los Ángeles y de los Santos, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión                                        Is 61,1 2
El Señor me ha enviado
para dar la buena noticia a los que sufren,
para proclamar el año de gracia del Señor.

Oración después de la comunión
Señor, que nos alimentas con el sagrado banquete,
haz que, siguiendo siempre las huellas de san Pío,
te sirvamos con dedicación plena
y trabajemos con caridad incansable hacia todos.
Por Jesucristo nuestro Señor.

1 comentarios:

Franklin Padilla dijo...

Magnífica labor misionera y de divulgación. Es difícil a veces conseguir los textos litúrgicos. Por ejemplo, para mí, que soy venezolano, ha sido imposible conseguir en internet el oficio de N.S. de Coromoto, Patrona de Venezuela

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