miércoles, 5 de octubre de 2011

106. El Maestro Benedicto y el Seminarista Biblista

A los Seminaristas del Palafoxiano de Puebla
a quienes explico Sagrada Escritura,
y a los Seminaristas... del mundo que esto vieren y leyeren.

Amigos:
Ha sido para mí un placer leer lo que el Papa hace una semana les decía a los Seminaristas de Freiburg in Breisgau, en el viaje apostólico a su tierra natal de Alemania.
Era en la capilla y el Papa abría su corazón a un grupo de unos sesenta seminaristas. Nota interesante: Este no era un discurso, cuidadosamente preparado en papeles. Hablaba “ex corde”, o, como dice el Evangelio: “ex abundantia cordis os loquitur”, como se habla en un coloquio cuando las personas se entienden con solo mirarse a los ojos. Y este dato es muy interesante, porque cuando una persona pensadora tiene que hablar de repente, sin preparar, por fuerza habla de lo que sabe, de lo que no necesita preparar, porque lo sabe y le fluye sin dificultad. Mil veces lo ha pensado, y ahora, del corazón pasan a los labios, pensares y sentires en los que un sabio quiere resumir su sabiduría.
No me pareció una pía ocurrencia, sino algo oportuno, serio y muy útil incorporar las reflexiones del Papa a las hojas de apoyo que voy dando a los alumnos al tiempo que va corriendo el curso.
El año pasado, como motivo de san Lucas, ya había escrito a los Seminaristas una hermosa carta. Los Párrafos consagrados a la Escritura eran de copiarlos, marcarlos, meditarlos y aprenderlos.
Ahora le escuchábamos al Papa pensamientos que va derramando acá y allá cuando habla de la Escritura, el modo de acceder a ella, para tomar la forma mentis de la Escritura. Yo podía resumir sus pensamientos a modo de axioma con este género de frases:
1.  No se puede hacer exégesis sino desde “el estar con Jesús”  (estar y ser enviado).
2.  No se puede hacer exégesis sino desde “el escuchar” al que habita (aunque el leer sea necesario: “el estudio es esencial”).
3.  No se puede hacer exégesis sino desde “el ayer y hoy” conjuntados.
4.  Y en suma: No se puede hacer exégesis sino “en trance de revelación”.
La exégesis es un arte del Espíritu, sin menoscabo de la ciencia. La exégesis se basa en la “simpatía” con el texto habitado, en la empatía...; en la simbiosis espiritual con el texto.
Y añadiría: Querido Seminarista, la exégesis científica vuela con dos alas: la oración y la poesía.
Esta exégesis espiritual no es una evasión del texto, de esas hipótesis científicas con que uno se arma para dar caza a su presa. No podemos escindir en dos al espiritual y al doctor. El texto es lo que es y ahí está. Pero los intelectuales santos – y ahora cito a san Buenaventura – hablan de la “intelligentia Sacrae Scripturae” de esta manera. Se refiere a san Francisco y dice:
“El incesante ejercicio de la oración, unido a la continua práctica de la virtud, había conducido al varón de Dios a tal limpidez y serenidad de mente, que -a pesar de no haber adquirido, por adoctrinamiento humano, conocimiento de las sagradas letras-, iluminado con los resplandores de la luz eterna, llegaba a sondear, con admirable agudeza de entendimiento, las profundidades de las Escrituras. Efectivamente, su ingenio, limpio de toda mancha, penetraba los más ocultos misterios, y allí donde no alcanza la ciencia de los maestros, se adentraba el afecto del amante.
(...) Nada extraño que el Santo recibiera de Dios la inteligencia de las Escrituras, ya que por la perfecta imitación de Cristo llevaba impresa en sus obras la verdad de las mismas, y por la plenitud de la unción del Espíritu Santo poseía dentro de su corazón al Maestro de las sagradas letras.” (Legenda maior, XI, 1-2). Como se aprecia, esta sería una exégesis por ósmosis.
Sin duda que Ratzinger ha sido y es muy bonaventuriano en su exégesis (por otra parte, su tesis de habilitación de cátedra la hizo sobre el Doctor Seráfico).
El Papa, al dirigirse a los Seminaristas, comenzó con el bien conocido texto de Marcos en la institución – que él decía “creación” – de los Doce. Dice el texto sagrado que así los hizo “para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar” (Mc 3,14). Y se detuvo a considerar que es el estar y qué es el ser enviado.
Luego pasó a otros aspectos, que recojo, poniendo títulos y divisiones.
* * *
Tiempo de oración y de escucha
Un tiempo de discernimiento, de aprendizaje, de llamada... Y después, naturalmente, en cuanto que tiempo de estar con Él, tiempo de oración, de escucha de Él.
(Escuchar: aspectos). Escuchar, aprender a escucharle de verdad – en la Palabra de la Sagrada Escritura, en la fe de la Iglesia, en la liturgia de la Iglesia – y aprender el hoy en su Palabra.
(Exégesis: escuchar el ayer, escuchar el hoy). En la exégesis aprendemos muchas cosas sobre el ayer: todo lo que existía entonces, qué fuentes hay, que comunidades existían, etc. También esto es importante. Pero más importante es que en este ayer nosotros aprendemos el hoy; que Él con estas palabras habla ahora y que éstas llevan todas en sí su hoy, y que, más allá de su inicio histórico, llevan en sí una plenitud que habla a todos los tiempos. Y es importante aprender esta actualidad de su hablar – aprender a escuchar – y así poder hablar de ella a los demás hombres. Ciertamente, cuando se prepara la homilía del Domingo, este hablar... Dios mío, ¡está a menudo tan lejos! Pero si yo vivo con la Palabra, entonces veo que no está lejos en absoluto, que es actualísima, está presente ahora, se refiere a mí y se refiere a los demás. Y entonces aprendo también a explicarla. Pero para esto se necesita un camino constante con la Palabra de Dios.

Exégesis y hermenéutica de la escucha: “Fides ex auditu”
Estar personalmente con Cristo, con el Dios vivo, es una cosa; la otra es que siempre, sólo en el “nosotros” podemos creer. A veces digo: san Pablo escribió: “la fe viene de la escucha” – no del leer.
(Escucha y lectura. Escucha del “tú”). Necesita también de la lectura, pero viene de la escucha, es decir, de la palabra viviente, de las palabras que los demás me dirigen y que puedo escuchar; de las palabras de la Iglesia a través de todos los tiempos, de la palabra actual que ésta me dirige mediante los sacerdotes, los obispos y los hermanos y hermanas. Forma parte de la fe el “tú” del prójimo, y forma parte de la fe el “nosotros”.
(Escucha del “nosotros”). Es precisamente este ejercitarse en soportarse mutuamente es algo muy importante; aprender a acoger al otro como otro en su diferencia, y aprender que él tiene que soportarme a mí en mi diferencia, para llegar a ser un “nosotros”, para que un día también en la parroquia podamos formar una comunidad, llamar a las personas a entrar en la comunidad de la Palabra y estar juntos en camino hacia el Dios viviente. Forma parte de ello el “nosotros” concreto, como lo es seminario, como lo será la parroquia, pero también el mirar más allá del “nosotros” concreto y limitado al gran “nosotros” de la Iglesia en todo lugar y en todo tiempo, para no hacer de nosotros mismos el criterio absoluto.
Cuando decimos: “Nosotros somos Iglesia” – sí, es verdad: somos nosotros, no cualquier persona. Pero el “nosotros” es más amplio que el grupo que lo está diciendo. El “nosotros” es la entera comunidad de los fieles, sí, allí existe, por así decirlo, el juicio de la mayoría de hecho, pero nunca puede haber una mayoría contra los Apóstoles y contra los Santos: esto sería una falsa mayoría. Nosotros somos Iglesia: ¡seámoslo! Seámoslo precisamente en el abrirnos y en el ir más allá de nosotros mismos y en serlo junto con los demás.
Creo que, en base al horario, quizás debería concluir. Quisiera solamente deciros una cosa más.
“El estudio es esencial”
(Estudio académico). La preparación al sacerdocio, el camino hacia él, requiere ante todo también el estudio. No se trata de una casualidad académica que se ha formado en la Iglesia occidental, sino que es algo esencial. Sabemos todos que san Pedro dijo: “Estad siempre dispuestos a defenderos delante de cualquiera que os pida razón de la esperanza que tenéis”(cfr. 1Pe 3, 15).
(Racionalismo y cientificidad). Nuestro mundo hoy es un mundo racionalista y condicionado por la cientificidad, aunque a menudo se trate de una cientificidad sólo aparente. Pero el espíritu de la cientificidad, del comprender, del explicar, del poder saber, del rechazo a todo lo que no es racional, es dominante en nuestro tiempo. Hay en esto algo grande, aunque a menudo detrás se esconde mucha presunción e insensatez.
(La fe lo abraza todo, no es paralela). La fe no es un mundo paralelo del sentimiento, que nos permitimos además como un “plus”, sino que es lo que abraza el todo, le da sentido, lo interpreta y le da también las directrices éticas interiores, para que sea comprendido y vivido de cara a Dios y a partir de Dios. Por esto es importante estar informados, comprendes, tener la mente abierta, aprender.
(La moda: Dentro de veinte años). Naturalmente, dentro de veinte años estarán de moda teorías filosóficas totalmente distintas de las de hoy: si pienso en lo que entre nosotros era la más alta y moderna moda filosófica y veo cómo todo eso ya se ha olvidado... A pesar de ello, no es inútil aprender estas cosas, porque en ellas hay también elementos duraderos. Y sobre todo, con ello aprendemos a juzgar, a seguir mentalmente un pensamiento – y a hacerlo de forma crítica – y aprendemos a hacer que, al pensar, la luz de Dios nos ilumine y no se apague. Estudiar es esencial: sólo así podemos hacer frente a nuestro tiempo y anunciarle el logos de nuestra fe. Estudiar también de forma crítica – en la conciencia, precisamente, de que mañana otro dirá algo distinto – pero ser estudiantes atentos y abiertos y humildes, para estudiar siempre con el Señor, ante el Señor y para Él.
* * *
De todo esto que he referido, con el alma pacificada, me salió un poema... No diré que los seminaristas lo guarden en su iblia; sí que le dediquen una sonrisa. Y gracias. 




SEMINARISTA
BIBLISTA
Al eco de lo que el Papa decía espontáneamente
a los Seminaristas de Friburgo en Brisgovia

1. Yo quiero contigo estar
y estando ser enviado,
sin salirme de tu lado
cuando voy a misionar.

2. Quiero escuchar la Escritura,
escuchar más que leer:
qué decía el texto ayer,
qué dice en mi coyuntura.

3. Quiero entender que el amor
es la palabra divina;
solo el amor ilumina,
y el amor es creador.

4. Leer también lo que lee
mi amada generación,
mas con medida y unción,
que, al final..., solo el que cree.

5. No caiga en ciencia aparente
y me aleje de la fe,
que lo que sé, yo lo sé
desde otra luz del Oriente.

6. La fe no es ciencia, mas es
un abrazo que se extiende
mas allá de cuanto entiende
quien va buscando porqués.

7. Y la Escritura es la hija
de la fe en su pura esencia,
porque es la dulce vivencia
de Dios que nos regocija.

8. Seminarista biblista,
cuando tomes la Escritura,
la has de besar con ternura,
y goza: ¡Dios a la vista!

Puebla de los Ángeles, 28 sept. 2011





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