lunes, 17 de octubre de 2011

112. Ha llegado la Belleza - 1

Coloquios  sobre la Belleza,
vocación, presencia y destino


Hermano:

1. Hay en la teología católica una realidad, vieja como la Biblia y reimpulsada al soplo del Espíritu, que ha llegado y avanza, consagrada con grandes esperanzas: la Belleza.
El año próximo se cumplirán 50 años del inicio del Concilio Vaticano II (11 octubre 1962), vendaval de Dios en esta época de la historia. Ayer el Papa anunciaba el “Año de la Fe” que se va a celebrar para memoria de este evento de la presencia de la Iglesia en el mundo (11 octubre 2012 – 24 de noviembre de 2013, Cristo Rey del Universo,  y hoy se publica la carta apostólica convocatoria “Porta fidei” (Hch 14,27). A medida que se van deslizando los años, podemos perfilar la espiritualidad que se ha ido engendrando en este época, diferencia del modo y estilo de épocas anteriores. He aquí unas palabras que dibujan este perfil: la Sagrada Escritura en el centro de todo, el Misterio Pascual esencia de nuestras celebraciones, nueva conciencia de la dignidad humana, del sentido de libertad y autonomía de los pueblos, solidaridad y comunión, ecumenismo, diálogo con el mundo, la nueva evangelización... la vía de la belleza. Sí, aquí, en este cuadro que marca nuestro camino en el mundo, hemos de colocar la belleza. Poned junto a ella la mística; y decid que amor, belleza, mística son una trilogía indivisa que surgen del corazón del ser humano, que son vocación y destino. No es táctica, no es programa – derivaciones que de por sí vienen de dentro – es llamada del ser que así se afirma en el mundo. Ni es tampoco evasión de la cruda realidad cotidiana, marcada con carencias económicas que humillan y esclavizan.
De esto, de la Belleza – vocación y futuro -  quisiéramos hablar, mejor dicho, compartir... y también deleitarnos.

2. Todo ser humano lleva una palabra dentro, auténtica por ser suya. Pero no todos son diestros para dar a esta palabra la forma adecuada para transmitirla a otras personas y éstas puedan reencontrarse en ellas. Y pocos son los maestros en el pensamiento, para hacer de la abundancia de ideas particulares y vivencias múltiples, un libro  orgánico que pueda llamarse “Tratado de la Belleza”. Es el oficio de loa Filósofos y nos hacen  un bello servicio cuando escriben esos libros, que podemos leer como patrimonio de todos.
Ahora bien, con el mero sentido de la observación, con el saboreo personal de realidades que primariamente son nuestras, personales, mías...,  con esa intuición, que es también promesa de que Dios quiere concederte algo..., con estos elementos y otros semejantes, sí que podemos escribir sobre la Belleza, nacida en el corazón de Dios y depositada en el corazón del hombre.
Dios, nuestro Padre, no nos niega el gozo de una serena contemplación de lo bello, de una asimilación íntima de tales vivencias (y resulta superfluo decir si son de elevada categoría o sencillas, con tal de que sean auténticas...) y de poder comunicarlas y compartirlas. Todo lo bueno, compartido, se dilata y se fecundiza.
Por ahí van estos sencillos Coloquios sobre la Belleza, vocación, presencia y destino. Hablar de estas cosas es gracia.

3. Hace pocos días (9 de oct.) “L’Osservatore Romano” con la firma del Director de los Museos Vaticanos, Sr. Antonio Paolucci publicaba un artículo sobre una exposición de arte que se hacía en Florencia, recogiendo la obra del escultor florentino Lorenzo Bartolini (1777-1850). Como ilustración una bellísima figura del dorso de mujer desnuda (era la Ninfa del escorpión, vista de espaldas), que por ser en las páginas de este “quotidiano” vaticano podría verse como “atrevida”. Pero no, si los ojos del contemplador son puros y no están cubiertos de telarañas. El ilustre profesor se adentrada en la filosofía de lo bello de este gran artista, Bartolini. Más en concreto daba la explicación del “capolavoro” de Bartolini: Fiducia in Dio (1834-1836), Confianza en Dios, figura purísima que reproducimos.
El comentario de Paolucci dice así: “La casta simplicidad de la figura es espejo de la grandeza y nobleza de los pensamientos que el rostro extático expresa”. El artista, a través de la “belleza natural, ungida de ternura y con un toque de exquisita delicadeza, eleva a la fuente de donde mana todo belleza.
Uno sin argumentos entiende que la belleza es la puerta de una felicidad pura, que tiene que ser transcendente y duradera. La belleza es siempre ráfaga de lo divino, es trance de un éxtasis que late en el fondo. Uno adivina que ser bello, ser santo, ser verdadero, al final, tienen que confundirse en lo mismo.
Y vienen a la mente viejos pensamiento que aprendíamos de joven en las clases de filosofía: “ens et verum convertuntur”: “el ser y lo verdadero se convierte”: se convierten uno en el otro porque son lo mismo. Y lo mismo “ens et bonum”, “ens el pulchrum”, el ser y lo bueno, el ser y lo bello.
Ahondando..., ahondando..., se llega fácilmente al final, que es el principio: el ser humano ha nacido para la belleza, como ha nacido para la verdad, como ha nacido para el amor. Nadie puede no amar lo amable, si lo tiene delante..., si bien algunos, momentáneamente y con violencia personal pretenden hacer amable lo odiable; para lo cual tienen que “autoengañarse”.  Nadie puede deleitarse en lo feo, sino en lo bello, si bien algunos, por una transformación íntima, que no deja de ser violenta, hacen de lo hórrido algo digno de adoración, o, al menos, de veneración; por ejemplo, la llamada Santa Muerte...
En suma, la Belleza es vocación constitutiva del ser humano. Y si es vocación también es destino. Ver el rostro del Señor es lo supremo que puede alcanzar el hombre, criatura de Dios, y es un anhelo que nadie le puede quitar.

4. En años recientes ha habido unos pronunciamientos que nos abren el fascinante camino de la Belleza, que hasta se gusta pronunciarlo en latín: “via pulchritudinis”.

El Papa Pablo VI convocó a los artista en la capilla Sixtina (dopnde se elige al papa) en 7 de mayo de 1964 y pronunció un histórico discurso, de alguna manera de reconciliación entre la Iglesia y los artista. ““Nosotros necesitamos de ustedes- dijo-. Nuestro ministerio necesita de vuestra colaboración. Porque, como ustedes saben, nuestro ministerio es el de predicar y de hacer accesible y comprensible, es más, conmovedor, el mundo del espíritu, de lo invisible, de lo inefable, de Dios. Y en esta operación….ustedes son maestros. Es vuestro oficio, vuestra misión; y vuestra arte es la de entender del cielo del espíritu sus tesoros y revestirlos de palabra, de colores, de formas, de accesibilidad”.
Juan Pablo II el 4 de abril de 199, Pascua de resurrección escribió una carta a los Artista, y en el título puso esta dedicatoria: “A los que con apasionada entrega buscan nuevas « epifanías » de la belleza para ofrecerlas al mundo a través de la creación artística”. Y añadió este texto bíblico: “Dios vio cuanto había hecho, y todo estaba muy bien (Gn 1, 31)”
Benedicto XVI, esteta por profesión cultural (teólogo, escritor, músico, y... santo) también en la Capilla Sixtina convocó a los artistas el 21 de noviembre de 2009 y pronuncio un discurso de antología. Recordaba al principal teólogo moderno de la belleza: “...Se habla, en este contexto, de una "via pulchritudinis", un camino de la belleza que constituye al mismo tiempo un recorrido artístico, estético, y un itinerario de fe, de búsqueda teológica. El teólogo Hans Urs von Balthasar abre su gran obra titulada "Gloria. Una estética teológica" con estas sugestivas expresiones: “Nuestra palabra inicial se llama belleza. La belleza es la última palabra que el intelecto pensante puede osar pronunciar, porque ella no hace otra cosa que coronar, cual aureola de esplendor inalcanzable, el doble astro de lo verdadero y del bien y su indisoluble relación”. Después observa: esa es la belleza desinteresada sin la cual el viejo mundo era incapaz de entenderse, pero que se ha apartado de puntillas del moderno mundo de los intereses, para abandonarlo a su oscuridad, a su tristeza. Esa es la belleza que ya no es amada y custodiada ni siquiera por la religión”. Y concluye: “Quien, en su nombre, crispa los labios en una sonrisa, juzgándola como el juguete exótico de un burgués, de éste se puede estar seguro que –secretamente o abiertamente- no es capaz de rezar y, pronto, ni siquiera de amar”. El camino de la belleza nos conduce, entonces, a tomar el Todo en el fragmento, el Infinito en lo finito, Dios en la historia de la humanidad”.
Antes el Pontificio Consejo de la Cultura (que fue fundado en 1982) en 2006 había dedicado una sesión a la Belleza como camino de evangelización, y publicó un espléndido documento: “La Via Pulchritudinis camino privilegiado de evangelización y de diálogo” (marzo 2006). Documento del que casi se diría que es un “Tratado sobre la Belleza”, con su tres caminos: la Creación, el Corazón del hombre, Cristo.
* * *
Dejo aquí estos pensamientos, estas vivencias, como aperitivo.
En alabanza de Cristo. Amén.

Inauguración de la capillita de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento, Puebla, Preciosa Sangre de Cristo, 4 octubre 2011.  
Puebla, 17 de octubre de 2011, San Ignacio de Antioquía.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Es de agradecer esta invitación a la belleza. Este recuerdo de lo que Dios nos ha dado y nos sigue dando, esa vía amplia, difícil, por exigente, para abrirnos a lo bello y puro en todo. Para contemplar y celebrar a Dios en el mundo, su mundo, en medio de lo que los hombres y mujeres vivimos, transformamos, creamos y destruimos. Muchas gracias.

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