miércoles, 26 de octubre de 2011

118. Asís, mi querida Asís, yo te bendigo

Rumbo al encuentro de Asís
27 octubre 2011 


1. Mañana el Santo Padre Benedicto XVI va a Asís, y se va a juntar con muchos líderes religiosos, para mirar todos a una al Creador de cielo y tierra (para nosotros, creyentes del Evangelio, el Padre de nuestro Señor Jesucristo),  estar y orar.
Desde esta ladera del Nuevo Mundo, México – hoy México dolorido – yo le acompaño con devoción, con amor, incluso con ternura. Soy franciscano (franciscano capuchino), pero Dios nos libre de hacer de este evento una bandera franciscana. Esto sería una profanación de algo que es muy puro y muy bello. El recuerdo de san Francisco no puede ser un recuerdo partidista; sería sencillamente pecado.
El nombre de Assisi se ha tomado como una evocación inofensiva, lugar del hermano Francisco, de aquel pobrecito capaz de llamar al lobo “hermano lobo” y capaz de llegar hasta el Sultán en Damieta y hablare con cortesía, capaz de llorar a Jesús Crucificado y de ir por el mundo gimiendo. ¡El Amor no es amado!
Solo como evocación del humilde Francisco traigo un recuerdo de bendición para bendecir a Asís, con san Francisco antes de su muerte, a Asís, ciudad de Paz, ciudad de Luz, ciudad de Amor y de Esperanza.
Cuentas las fuentes franciscana (la “Legenda” de Perusa, relato escrito unos veinte años después de la muerte de san Francisco) lo que sucedió una semana antes, aproximadamente, de pasar de este mundo su su Creador y Padre.
“El bienaventurado Francisco permanecía todavía en el mismo palacio; pero, viendo que su mal empeoraba de día en día, hizo que le llevasen en camilla a la iglesia de Santa María de la Porciúncula, pues no podía ir a caballo, ya que se había agravado su enfermedad.
Al pasar junto al hospital (2), pidió a los que lo llevaban que dejaran la camilla en el suelo; y como, a consecuencia de la gravísima y larga enfermedad de los ojos, apenas podía ver, pidió que le giraran la camilla de suerte que quedara con el rostro vuelto a la ciudad de Asís. Enderezándose un poco, bendijo la ciudad, diciendo:
«Señor, creo que esta ciudad fue en tiempos antiguos morada y refugio de hombres malos e injustos, mal vistos en todas estas provincias; pero veo que, por tu misericordia sobreabundante, cuando tú has querido, le has manifestado las riquezas de tu amor, para que ella sea estancia y habitación de quienes te conozcan, den gloria a tu nombre y difundan en todo el pueblo cristiano el perfume de una vida pura, de una doctrina ortodoxa y de una buena reputación.
Te pido, por tanto, Señor Jesucristo, Padre de las misericordias, que no tengas en cuenta nuestra ingratitud, sino que recuerdes siempre la abundante misericordia que has mostrado en esta ciudad, para que ella sea siempre morada y estancia de quienes te conozcan y glorifiquen tu nombre bendito y glorioso en los siglos de los siglos. Amén».
Acabada esta plegaria, le llevaron a Santa María de la Porciúncula”.
 

3.  El “espíritu de Asís” ¿hacia dónde apunta? Sin duda que a humanizar más la humanidad. Esto lo entienden todos. La palabra PAZ escrita en muchas lenguas ha sido como el logotipo del encuentro. O podríamos poner la Paloma, símbolo que lo puede tomar un Picasso, pero ya lo tomó el Génesis en el Diluvio (8,8; o “la paloma con una hoja verde de olivo en el pico” 8,10; o “la paloma, que ya no volvió” 8,12), paloma de los tres viajes sobre la haz de la tierra, paloma que se quedó entre nosotros y que sigue revoloteando. Paloma que vieron los evangelistas en el bautismo de Jesús, Paloma de la Trinidad, que era el mismísimo Espíritu Santo: “bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una Paloma” (Lc 3,22), paloma que no hubiera sido nada sin la voz celeste que la acompañó: “Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco” (Lc 3,22). La pura Trinidad era dentro en Jesús, y era una en Jesús. Por eso el Espíritu Santo, Espíritu de intimidad, puede llamarse “Espíritu de Jesús”.
Hemos derivado en cristiano hablando del Espíritu de Asís. Es inevitable si uno quiera hablar desde su propia identidad. Yo – ni nadie – si hemos de ser auténticos hemos de hablar con palabras que no sean nuestras, que no arranquen de las vísceras, palabras que quizás aprendimos de otros, pero que al fin son mías, absolutamente mías, y de quien quiera compartirlas conmigo.

4. El espíritu de Asís, a mi sencillo entender, va más allá. Y diré mi testimonio. El problema de la humanidad no es la paz, no es el hambre..., no es nuestro pecado.
El problema de la humanidad (parece una blasfemia el decirlo) es Dios mismo. La humanidad es nada sin Dios. Pero Dios es el Conocido-Desconocido. San Pablo dice que Dios es el Visible, el Evidente: “lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, son perceptibles para la inteligencia a partir de la creación del mundo a través de sus obras” (Rm 1,20).
Este sería el Dios de primera instancia. Porque el Dios total, el Único y verdadero, el que si no existiera así no existiría sin más, es el Dios Uno y Trino, Dios revelado en Jesucristo, el misterio “que no había manifestado en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu...” (Ef 3, 5).
En mi modo de entender la realidad – la Realidad – es Dios no reconocido, Dios que se oculta a sí mismo, y que a través de la revelación nos invita a una cosa, a la Adoración.
Esto es muy bello, pero es muy doloroso.

5. El “espíritu de Asís”, al fondo, es el Espíritu, es la Adoración.

Dios mío, Dios mío,
¿por qué nos has creado,
y al crearnos, te ocultas en tu infinito acto creador?
Dios mío, ¿por qué, al lanzarnos al mundo,
nos ocultas el misterio de tu Hijo?
Dios mío, ¿por qué caminamos por el mundo
sin saber quién es nuestro Padre?
¿Será la Teología la ciencia de nuestra ignorancia?
¿Será la Teología la petulancia de nuestro pecado?
Dios mío, Dios mío,
yo adoro,
yo espero,
yo amo.
Dios mío, ten piedad de mí.
Dios mío, solo Tú, Padre, Hijo, y Espíritu Santo.
A ti, único Dios,
a Ti y solo a Ti la gloria. Amén.

¡Asís, mi querida Asís!
(El espíritu de Asís, 27 octubre 2011)

Asís, mi querida Asís,
yo te bendigo.

1. Patria de mi corazón,
cuna de aquel pobrecillo,
Asís, pequeña y humilde,
que eres como un panecillo,
nido de alondras de paz,
ciudad cercada de olivos,
Asís, mi querida Asís,
yo te bendigo.

2. Vienen de todos los pueblos,
a Asís, hogar consentido,
vienen de largos milenios,
del Sol Naciente vestidos;
llegan orantes humildes,
sufriendo como sufrimos,
Asís, mi querida Asís,
yo te bendigo.

3. Soy discípulo de Dios,
que por Él respiro y vivo,
y vengo para adorar:
mi silencio es mi testigo;
mi palabra, balbuceo,
que a Dios solo se la digo,
Asís, mi querida Asís,
yo te bendigo.

4. Y vengo para mirar
otros ojos que los miro,
para escuchar con amor
y corazón compungido.
Ten piedad, oh Tú, Viviente,
Eje del Mundo y Camino,
Asís, mi querida Asís,
yo te bendigo.

5. Desde el principio del mundo
vengo y llego peregrino;
vengo con fe y con dolor,
Invisible Transcendido;
Yo, cristiano, te confieso
carne mía y Cuerpo Místico,
Asís, mi querida Asís,
yo te bendigo.

6. Oh Dios Misericordioso,
Dios de todos, oh Dios mío,
en  el fuego del amor
te ofrezco mi sacrificio:
Hágase tu Voluntad,
tu Gloria, tu Poderío,
Asís, mi querida Asís,
yo te bendigo.

Puebla, 26 octubre 2011.

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