sábado, 29 de octubre de 2011

120. Vosotros no os dejéis llamar Rabbí

Domingo XXXI, ciclo A
Mt 23,1-12

Hermanos:
1. Hace dos domingos el mensaje de Jesús iba sobre Dios y el César: “Al César lo que es del César, pero a Dios lo que es de Dios”. Y recalcábamos que el sentido de la frase incide en la segunda parte: a Dios lo que es de Dios. Dios es el eje del huracán; Dios, el que dinamiza nuestra existencia; Dios, el polo de nuestro universo
Hoy el mensaje de Jesús es paralelo en otra visión de la comunidad cristiana. Y la pregunta es ésta: ¿Qué representa Dios en la comunidad? ¿Quién es el Señor en la comunidad? ¿Quién es el rabbí, quién es el guía, quién es el maestro? ¿Cuáles son las realidades que vivimos y con qué vocabulario las expresamos? Pues las palabras no son inocentes, dado que las palabras engendran comportamientos y los comportamientos crean hábitos.

2. El Evangelio de hoy es la primera sección de un capítulo durísimo, que recoge las críticas y las palabras que Jesús lanzó en su día a los guías espirituales del judaísmo. Después del sector escuchado siguen siete “¡Ayes!”: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas...! (v. 13). No son maldiciones, sino increpaciones, al estilo de los  profetas.
 Los llamó “guías ciegos” (v. 16); les increpó diciéndoles “¡serpientes, raza de víboras!” (v. 33). Si hoy un predicador en la iglesia utilizara un léxico parecido, al punto sería advertido por su obispo.
¿Qué es lo que censura Jesús de los dirigentes, agrupados en la doble designación de “escribas y fariseos”? Jesús censura todo: sus palabras y comportamientos, hasta llegar al punto de decir que son incapaces de conducir el pueblo hasta Dios: “cerráis a los hombres el reino de Dios. Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren” (vv. 13. 15).
Pero tengamos claridad para interpretar sus palabras y veamos, ante todo, que Jesús no niega la institución del Rabinato, del magisterio, que es propio de toda religión, y debe haber en la comunidad de Israel, y en la Nueva Comunidad Mesiánica. Sin magisterio no se garantiza la transmisión de una religión. Taxativamente dice Jesús: “Haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen” (v. 3). Desde este pronunciamiento que dice al principio de estas invectivas hay que entenderle a Jesús. Jesús acepta la existencia y la legitimidad del Rabinato; lo que lamente es el estado al que ha venido a parar.

3. La verdad es que el asunto viene de lejos, y testigo es el profeta Malaquías, cuya palabra resuena en la primera lectura, un profeta que vivió en la época persa, en el siglo V antes de Cristo. “La boca del sacerdote atesora conocimiento y a él se va en busca de instrucción, pues es mensajero del Señor del universo. Pero vosotros os habéis separado del camino recto y habéis hecho que muchos tropiecen en la ley, invalidando la alianza de Leví, dice el Señor del universo” (Ml 2,7-8).
El abuso del propio servicio espiritual es tristemente un hecho contra el que se han lanzado repetidamente los profetas. Lo más penoso sería que hayamos caído en él, y, por costumbre, ni nos demos cuenta. Jesús les reprocha que “lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar” (v. 4).
Jesús les reprocha su ostentación y orgullo, su prepotencia. Les reprocha, incluso, su vestido y su lenguaje: “alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto” (v. 5). Da muchísimo respeto escuchar estas expresiones, porque al punto surge en el fondo del corazón la pregunta: Y en la Iglesia, en las dignidades de la Iglesia, ¿no estaremos en condiciones semejantes? No es la pompa de otros tiempos..., pero sigue siendo pompa: pompa de ropajes, de mitras, de títulos que habría que revisar.
A lo mejor nos parece natural que, dentro de la celebración de la Eucaristía, alguien que debe dirigirse al Obispo, le salude: Excelentísimo Sr. Obispo... Pues no es tan natural. Un fiel, turbado en su corazón, puede preguntarse: Pero aquí... ¿quién preside: el Obispo o Cristo? ¿Será verdad que “todos vosotros sois hermanos”? Una cosa es un acto social con el protocolo correspondiente..., pero el protocolo tiene que ser distinto en la Eucaristía, si Cristo es el que nos preside y ante él todos pedimos perdón de nuestros pecados.
Fue en este contexto de crítica cuando Jesús, comparando actitudes dice: “les gusta que les hagan reverencias y que la gente les llame rabbí. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabbí” (7-8).
Jesús no destruye un buen orden social, que necesitamos para nuestra convivencia; y ese orden social requiere su cortesía y sus palabras correspondientes. Y los apóstoles así lo entendieron. Pablo pide que en las asambleas cristianas se rece “por los reyes y por los constituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto. Esto es agradable y bueno a los ojos de Dios, nuestro Salvador” (1Tm 2,3-4).

4. Jesús censura esa corrupción del poder religioso, y pide que su comunidad sea distinta completamente distinta. Ya había dicho él que el que quiera ser el primero sea el último de todos, el servidor de todos.
“No os dejéis llamar rabbí”, dice Jesús”. Esto ¿qué significa? ¿Habrá que cambiar la palabra? Las palabras se gastan, terminan por no significar nada o casi nada, aunque tampoco son inocentes. En la vida civil el protocolo es importante, y cuando se saluda hay que saber cuál es el título. No se trata tanto de palabras cuanto de actitudes de relación, pero también las palabras hay que purificarlas.
Pero vengamos a la frase más sorprendente: “Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo” (v. 9).
Evidentemente que Jesús va mucho más allá del el uso de la palabra “padre” que damos a nuestro progenitor. Esa es la palabra propia que debemos usar: padre – madre, hijo – hija. Sería ridículo pretender sustituir estas palabras por otras. Ninguna es equivalente; ninguna la puede sustituir.
Pero Jesús nos quiere introducir en un misterio. Él tiene una experiencia del Padre del cielo, a la que nos quiere asociar. Y a ese Padre del cielo le llama Padre, Abbá, mi Padre. “Mi Padre”, así les dijo a María y a José, al encontrarle en el templo. Quien ha sabido lo que es la experiencia de Dios Padre, ya no puede darle a nadie más esa categoría.
Por esta razón Jesús, con un lenguaje en verdad chocante y paradójico, nos dice que a nadie llamemos “Padre”, que a nadie le demos esa categoría. La palabra “llamar” significa tanto “nombrar” como “atribuir esa categoría”: “Se llamarán hijos de Dios”, es decir: “serán hijos de Dios". San Pablo nos recordará: “Habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: “¡Abbá, Padre!” (Rm 8,15).
Acaso se objete: A un sacerdote no se le puede llamar “Padre”, porque Jesús lo ha prohibido. Por el mismo argumento a un sacerdote tampoco se le puede llamar “pastor”, uso común en la tradición protestante, porque no hay más que un Buen Pastor, y poner otro frente va él sería un verdadero atentado.

5. Volviendo al conjunto del Evangelio de hoy, no quiero pasar por alto, hermanos, el pasaje de la carta de san Pablo, la primera a los Tesalonicenses, recordando a sus fieles cómo fue la evangelización., con ternura: “aunque, como apóstoles de Cristo, podíamos haber hablado con autoridad, por el contrario, nos portamos con delicadeza entre vosotros, como una madre que cuida con cariño de sus hijos” (1Ts 2,7). Es la antítesis de la imagen de los fariseos que Jesús ha censurado.

6. No quiero concluir esta homilía, hermanos, sin una referencia a una fiesta que en el calendario está fijada para mañana, el 31 de octubre: el Halloween, y que con frecuencia se fomenta en los colegios. Fiesta de disfraces y de fantasía de niños, que gustan disfrazarse de brujas y demonios. ¿Está bien? No. No hay que fomentarla; no lleva ningún mensaje cristiano dentro.
El Halloween, que precede que los difuntos seguramente que en la mayoría de los casos no va más allá que una diversión inocente. Pero hay unas coincidencias que hacen pensar... Para las sectas satánicas, que realmente existen, el 31 de octubre es su fiesta sagrada, y el comienzo ritual del año. Los que un día pertenecieron a estas sectas aborrecen esta fecha por lo que entraña y sugiere. En el satanismo se hacen ritos de sangre, aparte de lujuria desenfrenada y misas negras, y el 31 de octubre es el Gran Día de las sectas satánicas con sus ritos nefandos. (En el mismo Internet encontramos información de quienes un día entregaron su alma a Satanás, hicieron ritos abominables, y por la intercesión de almas buenas, pudieron salir de estas redes).

7. Concluyo, hermanos, poniendo los ojos en Cristo, el Hijo amado del Padre, nuestro único Maestro, nuestro único Señor. ¡A él nuestro amor, a él la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Puebla, 29 octubre 2011.

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Mi Jesús Eucaristía
Mt 23,1-12
Canción para la Comunión

Estribillo

Mi Jesús Eucaristía,
festín de amor y verdad:
aquí está mi identidad,
la Vida que en Dios latía.

Estrofas
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Padre
1. Dios es Padre, Dios es Padre
y Jesús le llama Abbá,
con el pecho alborozado
y en el Huerto, en soledad.
Solo Jesús le conoce
y aquel nombre es su maná:
¡Padre mío, Padre mío,
que nunca me has de dejar!

2. Ese río de delicias
yo también quiero gustar,
saberme y vivirme hijo
en trinitaria amistad.
Muérame el día en que muera
en su seno paternal,
bajo su mano caliente
con la que me ha de abrazar.

3. Vea sus ojos dulcísimos,
que son de ternura y paz,
y sepa yo que tal Padre
solo a él puedo llamar.
Dios es la fuente divina,
fecunda paternidad,
beba yo del agua viva
del divino manantial.

Rabbí
4. A nadie llaméis Rabbí,
con mundana vanidad,
que uno solo es el maestro,
su palabra es santidad.
Y vosotros sois hermanos
mirando a su hermosa faz;
Cristo, Doctor de tu Iglesia,
irradia tu majestad.

5. Cuando escruto el santo Libro,
yo siento un hambre voraz,
como el hambre irresistible
de Eva y del padre Adán.
¡Oh Árbol del Conocimiento,
que me da vida inmortal!
Árbol único de Dios,
Jesús, tú eres mi manjar.

6. Si conocer yo pudiera
para amar y más amar,
y la marcha a lo infinito
yo pudiera continuar...
Y Jesús en mí hospedado
me abre su fiesta nupcial:
Yo te diré mi secreto:
Tan solo déjate amar. Amén.

Puebla, 28 octubre 2011

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