viernes, 18 de noviembre de 2011

141. Jesús, el Rey: veredicto sobre todas las naciones

Domingo XXXIV del tiempo ordinario, ciclo A
Domingo final: Jesucristo Rey, Mt 25,31-46


Hermanos:

1. Todos los años, el domingo final de la serie de 34 domingos del tiempo ordinario, domingo final del ciclo litúrgico, es el Día de Cristo Rey: Jesucristo Rey del universo. El domingo que viene será la apertura del ciclo navideño como primer domingo de Adviento.
Domingo de Cristo Rey, tomando cada año un evangelio distinto. A lo largo de este año primero, que decimos ciclo A, hemos escuchado el Evangelio de San Mateo; pues he aquí que del Evangelio de san Mateo tomamos aquella escena grandiosa del Juicio final.
Y esto ¿qué tiene que ver con Cristo Rey? Tiene que ver del todo, puesto que al principio de este Evangelio se habla del Rey. “Entonces dirá el rey a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre”.  Este Rey se ha sentado en su trono de gloria, y tiene como corte no escuadrones militares, sino “y todos sus ángeles con él”.
Este Rey evidentemente es Jesucristo, que es rey del cielo y de la tierra, rey de los ángeles y rey de todas las naciones.  
El que ha de juzgar al mundo tiene que ser Dios mismo, y no un delegado de Dios. Pero san Juan nos dice en el Evangelio: “El Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre” (Jn 5,22-23).

2. Justamente acabamos de asomarnos al texto y vemos que está todo él repleto de verdades claves de nuestra fe

1ª – Que Jesús de Nazaret es rey.
2ª – Que tiene a su servicio a todos los ángeles.
3ª – Que tiene la misma categoría de Dios Creador y Padre; por eso es el juez de la Historia.
4ª – Que va a juzgar no solo a los cristianos o al pueblo de Israel, sino a todas las naciones.
5ª – Y quinta verdad, que es lo que más sorprende en este Evangelio, es que nos va a juzgar de una manera inesperada. No va a hacer un repaso de los diez mandamientos, con todas las divisiones y subdivisiones – porque yo puedo ofender a Dios de innumerables formas – sino que el juicio va recaer en una sola pregunta: ¿Has amado? Demuéstramelo respondiendo a lo que ahora te pregunto: ¿has amado a los pobres, a los hambrientos y desnudos, a los perseguidos, a los encarcelado?
O, si lo quieres, de una manera más concreta: A toda esa gente, desecho de la humanidad ¿los has amado como a mis hermanitos pequeños, los más queridos? ¿Los has amado y abrazado entendiendo que Dios nunca es más Dios, más sublime y glorioso que en los más necesitados de este mundo?
Habíamos comenzado con  una solemne lección de teología, de la sublime dignidad de Jesús de Nazaret, y terminamos con unas preguntas que parecen el programa del más revolucionario de los revolucionarios?

3. La verdad es que no quisiéramos que nada quedara fuera en la explicación de este Evangelio.
Al principio de la parábola se nos representaba a Jesús esplendente. Recordemos lo que dice el Catecismo: “Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles..." (Mt 25,31). Le pertenecen porque fueron creados por y para El: "Porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él" (COL 1,16). Le pertenecen más aún porque los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: "¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?" (Heb 1,14) (Catecismo de la Iglesia Católica, 331).

Como en los domingos pasados estamos en esos días finales de Jesús –dentro de la Semana Santa – y Jesús de Nazaret, ante la muerte que le viene encima, nos habla no de lo que va a ser su fracaso, sino su triunfo. Él es el esposo al que la Iglesia, su esposa, va a salir a recibirle con las lámparas encendidas; Él es el Señor que fue de viaje y al regreso va a pedir cuentas a sus empleados; Él es el Rey del mundo que va a dar el veredicto final a las naciones.

4. Notemos cuidadosamente este dato. No nos está hablando Jesús del juicio sobre sus discípulos, sino del juicio sobre toda la historia humana. Han desaparecido todas las religiones. Ha desaparecido la Iglesia, que ya no es Iglesia, sino Reino de Dios. Todos los hombres de todas las edades del mundo, de todas las fases de la historia, todos los hombres de todas las razas, de todos los tiempos, hemos de rendir cuentas ante Jesús. El haber sido musulmán o cristiano, el haber sido budista, confucionista..., el haber sido ateo..., todo, absolutamente todo, ha quedado atrás. Pero entiéndase que no es indiferente ser ateo o ser creyente; ser cristiano a ser pagano.
Y en esta hora de la verdad, que es la hora del amor, viene el examen. La humanidad es un río inmenso de pecados: guerras, muertes y más muertes, adulterios y más adulterios. Muchas veces dice la Escritura que cada uno tendrá que rendir cuenta de su vida a Dios Creador, Juez del mundo.
Y aquí Jesús, con palabras que escandalizan, como tantas veces en los Evangelios, por resumir, como catequista todo en uno, hace un examen que nos deja helados. Nos pregunta sobre el amor, sobre todo lo que hemos hecho y sobre lo que hemos dejado de hacer, los pecados que llamamos de “omisión” que parece que no son pecados. El punto más grave de la parábola es que Jesús pone en el infierno a los que han omitido las obras de amor con los desgraciados de este mundo. “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”.

5. No puede ser esto, hermanos. ¿Qué tipo de religión es esta? Dios tiene que ser más serio...
Vuelve otra vez a primer plano la pregunta que tantas veces nos hacemos en nuestra predicación, la que nos hacíamos en el último domingo, en que veíamos a aquel siervo que le tenía miedo a su señor. El miedo al señor paralizaba sus brazos y le hacía ser un holgazán. Como es mi Dios en mi pensamiento y en mi corazón, seré yo en mi vida. El Dios del amor infunde, ciertamente reverencia, pero no miedo. El Dios del amor moviliza todo mi ser para que toda mi vida florezca como una ardiente respuesta de amor.
Esta parábola nos está revelando que el Dios de Jesús, Dios de inmensa gloria ante quien se postran los ángeles, es el Dios que reposa humildemente en los humildes. La Iglesia nos habla así de los “lugares de la presencia de Dios”:
“La Escritura y la Eucaristía, como lugares de encuentro con Cristo, están sugeridas en el relato de la aparición del Resucitado a los dos discípulos de Emaús.
Además, el texto del Evangelio sobre el juicio final (cf. Mt 25,31-46), en el que se afirma que seremos juzgados sobre el amor a los necesitados, en quienes misteriosamente está presente el Señor Jesús, indica que no se debe descuidar un tercer lugar de encuentro con Cristo: "Las personas, especialmente los pobres, con los que Cristo se identifica". (29) Como recordaba el Papa Pablo VI, al clausurar el Concilio Vaticano II, "en el rostro de cada hombre, especialmente si se ha hecho transparente por sus lágrimas y por sus dolores, podemos y debemos reconocer el rostro de Cristo (cf. Mt 25,40), el Hijo del hombre". (30)” (Iglesia en América, 112. Lugares de encuentro con Cristo).

6. Hermanos, hay otro pensamiento que debemos precisar. Cuando Jesús ha hablado del reino de Dios, que es su reino, nunca ha hablado con términos políticos. Pero nosotros, sí, falsamente hemos politizado el reino de Jesús, y le hemos atribuido unos poderes mundanos que Jesús nunca ha reclamado. Esto nos daría pie para un largo discurso.
Volvamos a lo esencial. El reino de Jesús es el reino del amor; el reino de Jesús es el servicio del amor. El reino de Jesús está en medio de nosotros, y no en un país lejano. El reino de Jesús se me está brindado hoy mismo y a mí.
¡Oh Cristo, Señor, hazme digno de servirte en el reino de amor de tus hermanos más pequeños! Amén.

Puebla, 18 noviembre 2011.


Puede acceder el lector a diversos Himnos a Cristo Rey, que fueron puestos por este orden: Cristo Rey ciclo B - Cristo Rey ciclo C - Cristo Rey ciclo A.

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