viernes, 25 de noviembre de 2011

144. Adviento: Cristo esplendente

Primer domingo de Adviento, ciclo B
Mc 13,33-37

Hermanos:

1. Para representar gráficamente el Adviento entremos imaginariamente en una basílica romana, en una catedral románica. La nave de los fieles va toda ella abocaba al altar y al ábside que es el fondo escénico de la celebración. En el ábside hay un gran Cristo, Pantocrátor. Sus rasgos faciales en el conjunto de la representación hierática están llenos de majestad, y por la majestad, misteriosamente, fluye la ternura. Esta figura grande de Cristo, con el Evangelio abierto en su mano izquierda, con tres dedos de la derecha alzada que bendicen, infunde seguridad a la asamblea que mira y, al mirar, ama y adora. Esta imagen gloriosa y sencillamente divina está profiriendo una palabra: Vendré. Dos veces habla el breve Evangelio de que el Señor vendrá. Y al principio y al final del sagrado texto, Cristo nos dice: Vigilad.
¿Qué es exactamente el tiempo de Adviento? Los libros litúrgicos lo describen así:
““El tiempo del Adviento tiene dos características: es a la vez un tiempo de preparación a las solemnidades de Navidad en que se conmemora la primera Venida de Hijo de Dios entre los hombres, y un tiempo en el cual, mediante esta celebración, la fe se dirige a esperar la segunda Venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estos dos motivos, el Adviento se presenta como un tiempo de piadosa alegre esperanza” (Calendario Romano n.39).
En este párrafo se nos habla de “dos motivos” y los dos van en la misma dirección por cuanto que suscitan en el alma una “piadosa y alegre esperanza”.

2. Ya veis, hermanos: tiempo de esperanza – o, más exactamente - expectación – y tiempo de alegría. Se podría pensar que el Adviento es un tiempo paralelo a la Pascua, que es la preparación a la gran fiesta. Pero este paralelo no es exacto. Porque la Cuaresma tiene un acento severo que no es igual en Adviento. Tiempo penitencial es la Cuaresma; tiempo de ayuno, de reflexión, de confesión de nuestros pecados, que son notas no así marcadas en el Adviento, aunque la voz severa e Juan, testigo de la verdad, nos hablará todos los años en el segundo domingo de ese cambio de corazón que Dios está esperando para acoger a su Hijo.

3. En la vida social el Adviento no existe, porque el comercio y la mercadotecnia son los que dan el color a la vida. La Navidad, como ocasión de venta, empieza un mes antes de la Navidad. Las calles y fachadas se adornan con luces y arreglos navideños, y si entramos en un supermercado, donde se encuentra de todo, con facilidad vamos a escuchar dentro de unos días canciones de Navidad como ambientación, a destiempo de lo que el cristiano va viviendo en su corazón. Las bellas canciones de Navidad pueden molestar cantadas a destiempo. Pero el mercado y el dinero son los reyes que quieren adueñarse de nuestro corazón. No existe, pues, el Adviento en la vida cotidiana de la ciudad, que es nuestra casa grande.
Y entonces el cristiano tiene que refugiarse en vivencias personales y crear el ambiente adecuado. Ojalá que esto que el amante de las cosas de Dios percibe y vive en su intimidad puede traspasarlo a su hogar, que es una iglesia doméstica, y hacer él decorativamente un espacio y ambiente que hable del misterio que la Iglesia prepara.
En mi Parroquia de la Preciosa Sangre de Cristo (en Puebla) se ha organizado un taller de manualidades para el día anterior al Adviento. Se ha invitado a quien guste a preparar la Corona de Adviento para ponerla en casa y esta Corona se bendecirá en las misas del primer domingo. La van a elaborarla allí mismo en las horas del taller: técnica, materiales que se proporcionan, explicación del sentido espiritual de la Corona de Adviento.
La Corona de Adviento va en función de los cuatro Domingos de Adviento, y en estos domingos la clave de cada uno de ellos nos da el Evangelio:
Cristo esplendente, el que ha de venir revestido de la gloria del Padre, es el Evangelio todos los años del primer domingo. Juan el Bautista que invita al cambio de vida es el Evangelio del segundo domingo. Juan el Bautista que muestra al Mesías esperado es el Evangelio del tercer domingo; y todos los años María, la más bella esperanza de Adviento, es el Evangelio  del cuarto domingo.

4. Vamos a contemplar ahora, hermanos, esa figura de Cristo Pantocrátor, Cristo Soberano del universo y de la historia con que hemos abierto nuestra reflexión.
En cuanto misterio nos atrevemos a ir a la vida humana de Jesús, y a entender desde ahí qué significa la vuelta de Jesús en gloria. Bien podemos sospechar que esta, más exactamente que su resurrección, es la verdad central, original, que vive Jesús desde el íntimo núcleo de su ser, que es su filiación absoluta.
El ser humano se enfrenta ineludiblemente a preguntas esenciales que brotan del ser, que están ahí plantadas desde el momento de nuestra creación. Uno podrá sofocarlas por algún tiempo, relegarlas al olvido, pero jamás quitarlas: ¿Quién es Dios y cuál es mi destino? Eso Jesús se lo ha preguntado sin remedio; en este caso con inmenso gozo y exultación. Diríamos más: Jesús no se lo ha preguntado como una pregunta que cae de fuera de sí. Jesús lo ha vivido desde las raíces del ser.
¿Quién es Dios? Mi Padre es Dios. Jesús lo ha vivido de una manera que nosotros no podemos registrar, porque los módulos de la conciencia de Jesús no son, sin más, los de nuestra conciencia. Nos perdemos en  estas vivencias que, siendo psicología, son más que psicología. Sencillamente nos exceden.
Desde esta intimidad absoluta con Dios, Jesús se ha interrogado, se ha enfrentado con la pregunta ineludible: ¿Y qué será de mí? ¿Cuál será mi futuro absoluto? Por una lógica esencial, que dimana de su filiación, Jesús se ha respondido: mi futuro es la gloria de Dios; esa gloria que inunda y traspasa mi ser, esa gloria que es hoy presencia y ha de ser consumación.
La gloria de Dios es la verdad sustancial de la vida de Jesús. La gloria de Dios va a ser gloria suya. Jesús se ha visto así cuando ha tomado, para designarse a sí mismo, un misterioso pasaje del libro de Daniel: “Vi una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo” (Dan 7,13). Jesús en los Evangelios se autorreconoce e identifica como “el Hijo del hombre”.
Esta es la palabra suprema que Jesús pronunció en la Pasión ante el tribunal judío, cuando le preguntaron si era el Mesías, el Hijo del Bendito. “Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las nubes del cielo” (Mc 14,62).
Tal es el panorama espiritual que ha vivido Jesús; y de esta visión celestial se han derivado las palabras que ha pronunciado Jesús sobre su destino inmediato, la inmediata victoria sobre la muerte, la certidumbre de su resurrección. La propia resurrección es una derivación – nos atrevemos a decir – de la visión del triunfo final que Jesús vive y anuncia por un abandono total en Dios. Y en el mismo Evangelio de san Marcos que hoy se nos ofrece Jesús, un versículo antes, ha sentenciado: “En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre” (Mc 13,32).

5. Hermanos, siempre la celebración del culto, la Eucaristía, nos eleva a ese Cristo esplendente que, lleno del Espíritu Santo, es el triunfo pleno de Dios y el triunfo total del Jesús de Nazaret, que ha convivido con nosotros.
Jesús de mi Adviento, mi corazón también se llena de gozo al mirarte, pues yo sé que tú, y sólo tú, eres la seguridad de mi vida. Tú eres la respuesta a mi vocación de vida e inmortalidad.
Por eso, Jesús, como los primeros cristianos, llenod e confianza y ternura, te grito:
¡Maraná thá! Señor, ven. ¡Ven, Señor Jesús!

Viernes, 25 noviembre 2011.

Para honrar la Corona de Adviento he aquí este poema, que puede verse, con su explicación precedente en mercaba.org: Poema de la Corona de Adviento.


Poema de la Corona de Adviento


Apertura

1. Corona de Adviento,
verdor de esperanza,
al Verbo Encarnado
la Iglesia proclama.
Con ramas fragantes,
con fúlgidas lámparas
con la poesía
nacida en las almas.

2. Corona de Dios
que Él mismo regala:
el Hijo del Rey
su Boda prepara.
Corona de triunfo
que espera en la patria,
el fin del Adviento
será nuestra Pascua.

Lámpara del primer domingo de Adviento
Evangelios: Mt 24,37-44; Mc 13,33-37; Lc 21,25-28.34-36
3. Con lámparas vivas
salid a su encuentro;
es Cristo que viene
con gloria en su reino.
Señor de la historia
y juez de los tiempos;
vendrá con sus santos,
la cruz por trofeo.

4. De todos los hombres
el Hijo más bello,
Esposo divino,
la gloria del cielo.
De Dios Trinidad,
Jesús Heredero,
Hermano entre hermanos,
Jesús primogénito.

Lámpara del segundo domingo de Adviento
Evangelios: Mt 3,1-11; Mc 1,1-8; Lc 3,1-6
5. Haced penitencia
clamaba el Bautista,
con firmes propósitos
que cambien la vida.
Dejad los pecados,
rencores y envidias;
matad viejos odios
y toda injusticia.

6. Quien tenga dos túnicas
comparta y divida;
y al pobre y hambriento
le lleve comida.
Yo soy mensajero,
yo soy voz que grita:
quien viene detrás
él es el Mesías.

Lámpara del tercer domingo de Adviento
Evangelios: Mt 11,2-11; Jn 1,6-8. 19-28; Lc 3,10-18
7. Marchad y anunciad
a todos los vientos,
las misericordias
que en Él estáis viendo:
los ciegos y cojos
ya danzan contentos;
y de los sepulcros
se yerguen los muertos.

8. Es Cristo Mesías
en su Advenimiento:
llegó la alegría
en el sufrimiento;
Jesús Redentor
cambió el universo;
Adán ha llorado:
¡termine el lamento!

Lámpara del cuarto domingo de Adviento
Evangelios: Mt 1,18-24; Lc 1,26-38; Lc 1,39-45
9. La Virgen María
se siente a la espera,
y adora en silencio
a Dios a quien lleva.
A ella cantaron
los santos profetas;
los pobres y humildes
marcaban la huella.

10. Oh Madre purísima,
de suma belleza,
tu seno es la cuna
del Verbo que llega.
Y tú eres, oh Madre,
la llave y la Puerta:
por santa María
Dios es carne nuestra.

Puebla de los Ángeles (México),
21 noviembre 2011.

1 comentarios:

Laura Blanco dijo...

Querido Padre Rufino.
Gracias por tan hermosa explicación del Adviento que me anima a vivirlo con mas profundidad y esperanza.
La poesia como todas hermosa.
Lo quiero mucho
Laura Blanco

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