miércoles, 14 de diciembre de 2011

153. San Juan de la Cruz y el Nobel del año

La realidad vista y vivida  en poesía


1. Hoy es san Juan de la Cruz y bueno es abrir sus obras completas y con ellas abrir el alma, y escoger algunas páginas de ese volumen que ha quedado como tesoro de la Iglesia. Aparte de escritos breves y las cartas, los libros de san Juan de la Cruz son cuatro: Subida al Monte Carmelo;  Noche oscura; Llama de amor viva; Cántico espiritual. San Juan de la Cruz escribió tan solo 20 poesías (que se distribuyen en cuatro géneros: Romances, Poemas, Glosas, Letrillas), y las 20 poesías dan un total de 964 versos. Lo suficiente para darnos un poeta puro y enseñarnos al místico de la fe, que es lo mismo que decir el místico del amor.
La nada..., nada..., nada..., será siempre nada. Y el camino que lleva a la nada será la aniquilación. La aniquilación es la anticreación. Y Jesús dijo lo contrario: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 12,10).
El todo..., todo..., todo... será siempre el todo; y el todo será siempre Dios.
¿Cómo alcanzar el Todo, fundirse con el Todo, ser uno con el Todo, como es el anhelo de toda religión superior?
Primero habrá que saber, tener alguna noticia de qué o Quién, más bien, es ese todo., pues no todas las religiones lo explican del mismo modo. San Juan de la Cruz lo explica con la Biblia, con el Antiguo y el Nuevo Testamento Testamento. Y nos dice que Dios es persona (no Idea), e incluso que es Hijo Encarnado, Verbo de Dios que se hizo hombre, que fue crucificado y resucitó. Jesús Crucificado es el Todo, y adherirse al Todo es adherirse a la Cruz.
Por eso el Doctor de la Nada, que es el Doctor del Amor, es el Doctor de la Cruz. Su vida “vivida” está en sus poemas. Oigamos lo que ha vivido. Es un enamorado divinamente descarado. Bajo la figura de la amada, vemos al alma, mejor dicho, vemos a Fray que tiene carne y ansias de amor. La amada se ha fugado del castillo, por la noche y por la secreta escala, y su amado le aguarda en la campiña, donde nadie parecía, y allí, en esa divina soledad, se produce el dúo de amor – los ojos, el cabello, el pecho (pecho adornado con flores), las caricias – que termina en una juntura de amor, “Amado con amada, / amada en el Amado transformado”. Cristo ha quedado dormido (“quedó dormido”) en el pecho de la amada (fray Juan) “yo le regalaba”, mientras “el ventalle de cedros aire daba”. Y allí están en este deliquio de amor... “cuando yo (fray Juan) sus cabellos esparcía” (Me remito a la tesis doctoral, máxima calificación, del hermano menor capuchino Antxon Amunarriz, Dios en la noche:
AMUNARRIZ, Antonio, Dios en la noche. Lectura de la Noche Oscura de San Juan de la Cruz. Roma, Collegio S. Lorenzo da Brindisi, 1991, 233,[6] p., 24 cm. (Dimensioni spirituali 12).
¿No será esto demasiado atrevido?
Fray Juan de la Cruz, que se tiene que saber de memoria el Cantar Divino, el Cantar de los cantares, dice que no. No porfía; sin más escribe, para quien pueda entenderle.

CANCIONES DEL ALMA

1. En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada,

2. A oscuras y segura
por la secreta escala disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

3. En la Noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía,
sino la que en el corazón ardía.

4. Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía

5. ¡Oh Noche que guiaste!
¡Oh  Noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en Amado transformada!

6. En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

7. El aire del almena
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

8. Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado:
cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.
                 FIN

* * *

De un poeta nos pasamos a otro poeta, el Nobel de Literatura de que este año. En octubre se anunció y el 10 de diciembre se hizo la entrega de premios Nobel: Tomas Tranströmer (*1931). Al otorgarle el galardón a este poeta que ha sido traducido a más de 50 lenguas, la Academia indició que “a través de sus imágenes condensadas y translúcidas, da acceso fresco a la realidad”, En el discurso de recepción que un académico hubo de hacer en lugar del galardonado, enfermo de hemiplejia, se dijo que el poeta así premiado con sus metáforas va “al centro de las cosas”. (Nordicalibros de Madrid, acaba de publicar de Tomas Tranströmer Deshielo a mediodía, que es una selección de poemas, en sueco y español, de su variada producción, desde el primer poemario con 17 poemas en 1954).
Tranströmer, que es psicólogo y tiene la pasión de la poesía y de la música, no es un poeta social, sino un poeta de la intimidad de lo cotidiano, cuyo contenido lo comunica con metáforas que para un lector se prestan a múltiples interpretaciones. De alguna manera también el lector tiene que ser poeta, o pertenecer al mundo del espíritu, para entenderle. He aquí uno de sus poemas.

Breve descanso en concierto para órgano
El órgano deja de sonar y hay un silencio profundo en la iglesia
pero sólo por unos pocos segundos
así penetra un débil zumbido del
tráfico exterior, el órgano mayor.
Sí, estamos rodeados por el tráfico rumoroso que circula
a lo largo de las paredes de la catedral.
Allí se desliza el mundo exterior como una película transparente
Y con sombras belicosas en pianissimo
Como si estuviera incluido entre los sonidos de la calle, oigo uno
de mis latidos palpitar en silencio,
escucho mi sangre fluir, cascadas que se esconden
dentro de mí, como si yo fuera con ellas,
y lo más cerca de mi sangre, y lo más lejos como
una memoria de cuatro años de edad
oigo el camión que pasa y hace que los muros de seis
siglos de antigüedad tiemblen.
Esto es tan diferente al regazo de una madre que puede ser cualquier
cosa, aunque soy un niño en este instante
que escucha a los adultos hablar alto allí fuera, voces de ganadores y
perdedores que fluyen en la multitud.
En los bancos azules esta sentado un grupo escaso. Y
los pilares se yerguen como árboles extraños:
sin raíces (sólo el suelo común) y ninguna
fronda (sólo el techo común).
Revivo un sueño. Estoy de pie en un cementerio
solo. Por todas partes hay luces suaves
hasta donde alcanza el ojo. ¿A quién estoy esperando? Un amigo. ¿Por qué?
La muerte atornilla lenta a la luz desde abajo, desde el suelo.
La pradera ilumina todo más intenso de color lila-
no ¿en un color que nadie ha visto? Hasta que luz pálida de la mañana
se encaja a través de los párpados,
y me despierto a lo inexpugnable quizás que me
lleva a través del mundo tambaleante.
Y cada imagen abstracta del mundo es tan imposible como
dibujo de una tormenta.
En casa está la Enciclopedia omnisciente,  de un metro en
el librero, aprendí a leer en ella.
Pero cada individuo logra su propia enciclopedia escrita,
crece en cada alma,
se escribe desde el nacimiento y hacia adelante,  las cien mil
páginas están comprimidas una contra otra,
Y aún así ¡con aire entremedio!  Como las hojas trémulas en
un bosque. El libro de las contradicciones.
Eso que está cerca cambia a todo instante, las imágenes se retocan
así mismas, las palabras titilan.
Un reflujo se traslada a través de todo el texto, que es seguido por
otro reflujo, ¿y el siguiente?


La poesía sigue. El jesuita Ulf Josson, profesor de filosofía, publica hoy un artículo en L’Osservatore Romano sobre este último Nobel de Literatura: Resplandores de luz en el oscuro invierno nórdico. Este jesuita filósofo nos dice que la poesía de Tomas Tranströmer no es una poesía religiosa en el sentido usual del término, pero  “sus textos están permeados de un sentido del misterio y de apertura a lo infinito de otro mundo que trasparece en las metáforas tomadas de la vida cotidiana”.
El poeta se adentra en lo que de pronto no se ve, pero existe. El poema vive sus vivencias y trata de transmitirlas. Hay que leer bastante a cada poeta para entrar en su mundo, porque hay que vibrar con sus claves...
No; no es nuestro intento comparar al último Nobel con san Juan de la Cruz. Nos quedamos con el poeta-santo, cuya poesía nos santifica, pero admiramos todo lo bello que en el corazón humano se produce, porque allí está Dios. Y en este momento nuestro aplauso a Tomas Tranströmer.

Puebla, San Juan de la Cruz 2011.

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