viernes, 16 de diciembre de 2011

155. El sí de María en el misterio de la Encarnación


Domingo IV de Adviento, ciclo B - Lc 1,26-38
(Evangelio de la Anunciación)

Hermanos:
1. La página más bella, más dulce, más conmovedora que se ha escrito sobre la Virgen en la tierra, nos ha venido del Evangelio de san Lucas: la Anunciación. Con qué placer espiritual, con qué devoción la leemos los sacerdotes, cuando proclamamos este Evangelio, que tantas veces ocurre proclamar. El texto, muy bien traducido, corre fluido de los labios, porque este pasaje lo sabemos casi de memoria.
El ángel que viene con la divina embajada se llama Gabriel. Es el ángel que trajo el anuncio a Zacarías, padre de Juan el Bautista, precursor del Mesías: “Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia” (Lc 1,19).
Este fue el ángel enviado por Dios para anunciar el misterio de la Encarnación a la Virgen María. El ángel traía la alegría del cielo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Este Mensajero de Dios nos traía la alegría del cielo, toda la alegría del cielo que se derramaba sobre el mundo y reposaba en la humilde Virgen.
¿Cuál fue la reacción de aquella jovencita, de la que se nos ha dicho que se llamaba María?
Dice el texto sagrado que ella se turbó grandemente. ¿Cómo es que se turbó, si todavía el mensajero no ha hecho ninguna propuesta? Se turbó por el saludo. El ángel le había dicho “llena de gracia”, “llena de Dios” (el Señor está contigo). Esto no era para turbarse; esto era para saltar de alegría: ¡Alégrate!, fue la primera palabra. Aquí hay una belleza divina que debemos captar para admirarla y participar en ella.

2. Lo que María experimenta no es el miedo ante el enemigo, o el susto ante lo desconocido. Lo que María percibe es la invasión del ser divino sobre ella, pobre esclavita del Señor. Lo que ella siente es que el Dios del cielo se le entrega. Todo Dios - puede pensar – viene a mí. Pues... ¿quién soy yo?
Este temor sagrado no aterra, si uno no es consciente de su pecado; al contrario, nos hace penetrar en la más pura verdad, que es la más bella. Dios viene a una mujer, porque Dios quiere ser el esposo de la humanidad, como lo habían entrevisto los profetas. Todas las palabras se quedarán infinitamente cortas.
¡Cuánto le agradecemos a la Virgen María esa grande turbación que experimentó, pues vio que todo el misterio de Dios descendía sobre su corazón!
Cuando Dios entra en una vida no infunde pavor, sino admiración. Lo acabamos de escuchar en las últimas líneas de la carta de san Pablo a los Romanos, escogidas como segunda lectura de este domingo. “Al que puede consolidaros según mi Evangelio y el mensaje de Jesucristo que proclamo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora mediante las Escrituras proféticas, dado a conocer según disposición de Dios eterno para que todas las gentes lleguen a la obediencia de la fe; a Dios, único Sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén” (Rm 16,25-27).
A Dios toda la gloria, solo a Él. Él es el único Sabio.

3. María entra en ese trance de divinidad mediante el anuncio del ángel. Y el ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lc 1,30-34).
Es el momento en que va a nacer el mundo nuevo, misteriosamente anunciado por Dios. La profecía de Natán a David se va a cumplir ahora.
María, adorante, pide una aclaración a Dios. Y Dios, por boca del mensajero, le descubre el misterio del Espíritu Santo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios” (v. 35).
Y la culminación de esta escena es el sí eterno de María, que llega hasta nosotros, hasta mí: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (v. 38).

4. En estas palabras de María hay un misterio, que lo ha resaltado el Concilio. María puede decir sí, y María puede decir no, porque es esencial al ser humano la libertad, y quien es libre puede elegir entre el sí y el no.
El misterio consiste en la conjunción de la voluntad divina, que es inconmovible, y la voluntad humana que, por su naturaleza, es variable. ¿Es que Dios puede poner en manos de una mujer el misterio de la Encarnación para que ella decida con su sí lo que Dios ya ha decidido? Estas son las palabras del Concilio Vaticano II:
“Pero el Padre de la misericordia quiso que precediera a la encarnación la aceptación de la Madre predestinada, para que de esta manera, así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyese a la vida. Lo cual se cumple de modo eminentísimo en la Madre de Jesús por haber dado al mundo la Vida misma que renueva todas las cosas y por haber sido adornada por Dios con los dones dignos de un oficio tan grande” (Lumen gentium, 56).
Nunca la libertad de una pura criatura ha llegado a la cima que ha alcanzado en María. Este acto fue la santificación divina de María. María queda asumida en la familia de la Trinidad y para todos los siglos, por este supremo acto de libertad, María es “Madre de la vida”, la Madre de Jesús, hijo de Dios, mi Madre verdadera.

5. El sí de la Virgen María llega hasta mí y es mi salvación. María es la puerta que me ha entregado a Jesús. Por ella ha entrado al mundo el verdadero Hijo de Dios.
La Iglesia, antes de celebrar en los próximos días, el misterio de la Encarnación, quiere que pensemos en la mujer que es parte esencial de este misterio. Una hija de Adán, una hermana de la familia humana, es la Madre del Hijo de Dios. Dios jamás ha de olvidar que María es nuestra hermana. Su parentesco divino, que le hace plenamente agradable a la Trinidad, es tan real como su parentesco humano. Es tan hija de Adán como hija del Padre, madre del Hijo y esposa del Espíritu Santo, que así le llamó san Francisco.
María, por tanto, es la garantía de nuestra salvación. María es la criatura en la que Dios se ha glorificado y en ella ha mostrado su designio de amor para cada uno de nosotros.
María es la teología de la Iglesia, la Sabiduría narrada como historia en el sí humilde y decidido de la esclava del Señor.
María es el compendio de toda la Biblia, la Biblia viviente para todos. María es la profecía cumplida, la ley que se nos entrega como revelación del amor de Dios.

6. Los cristianos tenemos una oración singular para dar culto al Dios del amor y de las misericordias, una oración voluntaria que muchos acostumbran a decir tres veces al día: el Ángelus. Esta oración consta de tres declaraciones, tomadas de los Evangelios y de tres avemarías:
1ª El ángel del Señor anunció a María / y concibió por obra del Espíritu Santo. Avemaría.
2ª He aquí la esclava del Señor / Hágase en mí según tu palabra. Avemaría.
3ª Y el verbo se hizo carne / Y habitó entre nosotros. Avemaría.
He aquí, hermanos, misterios divinos y cotidianos.
Aquí, en medio del pueblo mexicano, he aprendido una oración que tantas veces se dice y que no se usa en España. Esta devota oración suena así:
Dulce Madre, no te alejes,
tu vista de mi no apartes.
Ven conmigo a todas partes
y nunca solo me dejes.
Ya que me proteges tanto
como verdadera Madre,
Haz que me bendiga el Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo.

Hermanos, somos hijos de María por el misterio de la Encarnación.
La Virgen, nuestra dulce Madre, nos lleve a su Hijo, nos acompañe hasta el cielo. Amén.

Puebla, viernes 16 diciembre 2011.

Himnos en torno a la Anunciación del Señor 
"El sí de María en el misterio de la Anunciación" es la entrada que más visitas ha tenido: 1624 hasta la fecha (20 de junio de 2013). Invito al lector y lectora a ir al Himnario de la Virgen María, donde encontrará cinco himnos a este divino misterio, que son:


1. La esclava del amor ha dicho sí
2. El Padre ha originado la Palabra
3. En la mañana del mundo
4. María de Nazaret, Madre del Verbo Encarnado
5. María eres silencio. 


3 comentarios:

Anónimo dijo...

gracias x alludarme a hacer mis tareas los amooooooooooooo

Anónimo dijo...

zii Graziaz pOr ayuDarme.. para mi examen Ta muy zhiDo...

Anónimo dijo...

TAN LINDA ESTA EXPLICACIÓN SOBRE MARIA NUESTRA MADRE ACLARA MUCHAS COSAS QUE SE ME HACIA DIFICIL EXPLICAR GRACIAS.

Publicar un comentario en la entrada

 
;