miércoles, 21 de diciembre de 2011

158. “Acostadita en tu cama...”


Las “mañanitas” de Adviento:
Liturgia del 21 de diciembre

Hermanos:

1. La liturgia del día 21 de diciembre, que pertenece a las “ferias privilegiadas” de Adviento tiene una belleza y una frescura primaveral. En los Laudes matinales, una antífona, como un ángel celestial, nos dice: “No temáis, dentro de cinco días vendrá a vosotros el Señor, nuestro Dios” (Benedictus). Comienza la marcha atrás: 21, 22, 23, 24 y 25. El 25 es el día quinto de la llegada de nuestro Salvador.
Se va estrechando la espera, que el día 24, la víspera, se hace inminente. Este día se abre el Oficio divino con este invitatorio: “Hoy sabréis que vendrá el Señor y mañana veréis su gloria” (Hodie scietis quia venit Dominus et mane videbitis gloriam eius, que es una frase acomodada de un episodio del desierto: “Esta tarde sabréis que es el Señor quien os ha sacado de Egipto, y mañana veréis la gloria del Señor” Ex 16,6-7).
Y en Laudes, tomando una cita de Lc 2,6-7, se dice esta antífona: “A María le llegó el tiempo (en rigor: “se le completaron los días”) de su alumbramiento, y dio a luz a su Hijo primogénito”.

2. Hoy, 21 de diciembre, toca leer el Evangelio de la Visitación de María a su prima Isabel (Lc 1,39-45);  puesto que estos días, a partir del 17, se van leyendo las perícopas del Evangelio de la Infancia (Mt 1-2; Lc 1-2) que anteceden al nacimiento.
María se pone en camino, de prisa – así lo subraya el texto sagrado – hacia la montaña. María es el Arca de la Alianza, que lleva en su seno al Salvador. Y ya sabemos los relatos del Arca de la Alianza de los tiempos de Samuel y David (1Sam 5-7), rescatada de los filisteos, “la llevaron a la casa de Abinadad, en la colina,y consagraron a su hijo Eleazar, para que custodiara el Arca del Señor” (1Sam 7,1). Capítulos después se contará el traslado del Arca de la casa de Abinadad a Jerusalén; David cantaba y bailaba delante del Arca en aquella memorable procesión. Fue una gran fiesta la de aquella memorable procesión (véase 2Sam 6). Al instalarla en Jerusalén, David “bendijo al pueblo en nombre del Señor del universo. Repartió a todo el pueblo, a la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, una torta de pan, un pastel de dátiles y un pastel de uvas pasas. Tras lo cual, todo el pueblo se fue, cada uno a su casa” (vv. 18-19).

3. La Virgen María es el Arca de Dios, y a su paso florece la primavera. Podemos recordar el salmo de la salida de Egipto, cuando llevaban el arca:
¡Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?
En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob... (Salmos 113ª 5-7).
Salta Juan en el vientre materno, porque viene el Señor en el Arca santa.

4. Muy oportunamente se lee hoy el Cantar de los Cantares (2,8-14). Una canción amorosa del esposo (más bien, el novio) que va a cantarle las mañanitas a la novia “acostadita en tu cama”. Todos los mexicanos saben “Las Mañanitas” (las letrillas varían un poco), para felicitar en los cumpleaños y para cantar a la Guadalupana el 12 de diciembre y días de alrededores...

Quisiera ser solecito
para entrar por tu ventana,
y darte las mañanitas
acostadita en tu cama,

Ya viene amaneciendo
ya la luz del día nos dio;
levántate de mañana,
mira que ya amaneció.

Despierta, mi bien; despierta,
mira que ya amaneció;
ya los pajaritos cantan
la luna ya se metió.


5. Si el corazón humano es así, ¿no podremos cantar el cantar de los cantares “a lo divino” – que ya lo es, siendo tan humano – para decirle a la esposa (Juan Bautista y toda la comunidad mesiánica) que despierte, que se levante, que ya ha venido el Esposo...?
Tomamos una traducción:
El cervatillo (2,8 3,5)
(Mañana de primavera)

Ella
¿Sentís?
¡Los pasos de mi amado!
Miradle cómo viene,
saltando por la sierra,
brincando por las quebradas.

Viene como gamo ligero mi amado,
como ágil cervatillo.
¡Ya se para!
¡Ya está arrimado a mi cerca,
ya mira por las rendijas,
atisba por la empalizada!
Canta mi amado
y escucho que dice:
“Sal, amada mía,
preciosa,
ven a mí.
Mira, ya se fue el invierno,
y pasaron las lluvias y se fueron.
Brotan las flores del campo,
y vuelven las canciones;
se oye por la vega
el arrullo de la tórtola.
Le han nacido las yemas a la higuera,
y se huele el aroma de las viñas.
Paloma,
no me escondas tu cara
en los nidos de la roca,
en los huecos de la peña;
que quiero verte, déjame;
déjame escuchar tu voz:
tu voz es dulcísima,
tu cara bellísima”.


5. Jesús es el que viene y viene a mí. ¿Seré yo capaz de dejarme envolver de toda esa dulzura que destilan sus palabras, sus requiebros? ¿Y por qué no? ¿Es que no soy la amada de su santa carne...?

Puebla, 21 diciembre 2011.

Véase nuestra versión de El Cantar Divino (Cantar de los cantares) al final de la sección de Navidad, en mercaba.org.

1 comentarios:

juan rivas, L.c. dijo...

Padre lo felicito. Muy bonitas sus homilias.
Juan Rivas, L.C.

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