jueves, 22 de diciembre de 2011

160. Una comida prenavideña

Postre para Una comida prenavideña

Hermanos:

1. Por poco conocedores que seamos de la liturgia, fácil nos será admitir que el Adviento es una filigrana espiritual, el aura de primavera de la Iglesia antes del Nacimiento del Señor. En la esfera comercial el Adviento entra en colisión  con la Navidad desde el principio. Desaparece el Adviento y no existe. Desde que a principios de diciembre se atisba la Navidad, los comercios, con cordeles de luces chispeantes y colorines, se visten de los halagos comerciales de la Navidad: lazos y bolas de adorno, arbolitos de hojas de plástico, Papá Noel con su gorro infantil y cómico, paisajes de nieve, y el noche de Paz, con un zumbido místico, que se canta 500 veces antes de Navidad...
Llega Navidad, comienza la Navidad y desaparece la Navidad, porque se vuelve al trabajo y se cierra la cartera de los regalos. ¡Adiós, Navidad! Ahora que vengan Año Nuevo y los Reyes Magos..., y ¡hasta otro año!
El Adviento no existe, y nos perdemos una maravilla, que año tras año, puede ir creando costumbres preciosas, dignas de conservarse. Este extremo del Adviento, muerto al nacer, espero que no sea la situación de mis hermanos lectores, de mis hermanas – laicas o religiosas – que quedan conmovidas y elevadas al leer algunos pensamientos aquí desgranado.

2. Pero nosotros lectores aplicados y bienintencionados podemos ser víctimas de otros secuestros de Adviento. Diciembre, bello mes invernal – para algunas latitudes, mes estival – es el mes de clausurar etapas de curso, y de celebrar festejos una vez por “San Queremos” (pretextos que nosotros nos inventamos), otras veces por la especial oportunidad que exhalan estas fiestas que se avecina para crear amistad.
Y este es el caso, por ejemplo, de tal grupo parroquial que se dice a sí mismo por boca de los más animadores, y, con preferencia, animadoras, pues, al fin y al cabo, la Mujer es la Reina del hogar.
- Tenemos que juntarnos para celebrar una fiesta con una cena, con una comida.
- Y a santo ¿de qué?
- Simplemente para encontrarnos como grupo y hablar.
Y así sucede que el tiempo prenavideño es tiempo de grupos, de reuniones, y de fiestas de medio año... Donde hay fiesta hay música; y donde hay música en diciembre hay villancicos. Y, antes de inaugurar la Navidad, oídos como una nana el “Noche de paz” que diviniza el alma...
Pero no es Navidad, y tendríamos que privarnos de estos gustos estéticos, para que sean cuando deban ser y como Dios quiera.

3. Es una reflexión que me hago, porque el Grupo de Ministros de la Eucaristía (más Ministras que Ministros) hoy ha querido hacer fiesta, porque a dos pasos estamos en Navidad.
- ¡Muy bien!, Hagamos fiesta como prenavidad, pero sin olvidar que Navidad no es más que una, y cae el próximo domingo.
Pues he aquí que nos hemos juntado y hemos celebrado fiesta pre-navideña, sin olvidarnos, que es Adviento.
Festín “de traje”, como dice en México: Pues yo traje los espaguetis, pues yo traje unas botellas de vino...
Y yo también fui de traje: Pues yo traje una poesía, pues siendo todos ministros apegados al altar, bien será en la comida hablar de cosas divinas.
Y así se hizo. Vean ustedes el traje del poeta, gremio que nunca se ha distinguido por el bien vestir.

4. Es divino hablar de la Eucaristía en la comida de unos Ministros de la Eucaristía, unida a Belén, sin olvidarnos de que estamos en Adviento.

Ministros de la Eucaristía
Encuentro y comida prenavideños

1. Cuando Cristo Eucaristía
es pan sagrado en tus manos,
para darlo a los hermanos
piensa en la Virgen María.

2. Fue la Madre de Belén,
la que le dio el primer beso,
que era Dios de carne y hueso
de sus brazos al vaivén.

3. Y ella fue quien entregaba
a José y a los pastores:
besos y dulces amores
que ella misma regalaba.

4. Cuando en tus manos palpita
esa Hostia consagrada,
en tu diestra perfumada
mira a Dios que nos invita.

5. Y al dar el divino don,
que ni a mirarlo te atreves,
mira bien si te conmueves
para darte en comunión.

6. Pues eres siervo de amor,
que amor es la Eucaristía,
y lo que Cristo quería
es darse cual servidor.

7. Servidores del altar
para dar al pueblo fiel
un festín de leche y miel
que es el divino manjar.

8. Sed santos con humildad,
muy puros de cuerpo y alma
porque llevas en tu palma
a la misma Santidad.
Puebla, 22 diciembre 2011

Fr. Rufino María Grández

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