domingo, 25 de diciembre de 2011

163. Dulcísima Homilía del Papa en Nochebuena

 Glosa con san Francisco a la Homilía del Papa

Una cosa puede ser dulcísima por dos motivos: porque en sí misma lo es, o porque, aunque no lo fuera, el paladar de quien gusta en tal ocasión está predispuesto a saborear cualquier como dulcísima. En este caso me parece que se juntan y fusionan las dos. Dígalo el lector.

Lo que el Papa ha dicho

...La Navidad es Epifanía: la manifestación de Dios y de su gran luz en un niño que ha nacido para nosotros. Nacido en un establo en Belén, no en los palacios de los reyes. Cuando Francisco de Asís celebró la Navidad en Greccio, en 1223, con un buey y una mula y un pesebre con paja, se hizo visible una nueva dimensión del misterio de la Navidad. Francisco de Asís llamó a la Navidad «la fiesta de las fiestas» – más que todas las demás solemnidades – y la celebró con «inefable fervor» (2 Celano, 199). Besaba con gran devoción las imágenes del Niño Jesús y balbuceaba palabras de dulzura como hacen los niños, nos dice Tomás de Celano (ibíd.).
Para la Iglesia antigua, la fiesta de las fiestas era la Pascua: en la resurrección, Cristo había abatido las puertas de la muerte y, de este modo, había cambiado radicalmente el mundo: había creado para el hombre un lugar en Dios mismo.
Pues bien, Francisco no ha cambiado, no ha querido cambiar esta jerarquía objetiva de las fiestas, la estructura interna de la fe con su centro en el misterio pascual. Sin embargo, por él y por su manera de creer, ha sucedido algo nuevo: Francisco ha descubierto la humanidad de Jesús con una profundidad completamente nueva. Este ser hombre por parte de Dios se le hizo del todo evidente en el momento en que el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, fue envuelto en pañales y acostado en un pesebre. La resurrección presupone la encarnación. El Hijo de Dios como niño, como un verdadero hijo de hombre, es lo que conmovió profundamente el corazón del Santo de Asís, transformando la fe en amor.
«Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre»: esta frase de san Pablo adquiría así una hondura del todo nueva. En el niño en el establo de Belén, se puede, por decirlo así, tocar a Dios y acariciarlo. De este modo, el año litúrgico ha recibido un segundo centro en una fiesta que es, ante todo, una fiesta del corazón.
Todo eso no tiene nada de sensiblería. Precisamente en la nueva experiencia de la realidad de la humanidad de Jesús se revela el gran misterio de la fe. Francisco amaba a Jesús, al niño, porque en este ser niño se le hizo clara la humildad de Dios. Dios se ha hecho pobre. Su Hijo ha nacido en la pobreza del establo. En el niño Jesús, Dios se ha hecho dependiente, necesitado del amor de personas humanas, a las que ahora puede pedir su amor, nuestro amor.
(...)
Francisco hacía celebrar la santa Eucaristía sobre el pesebre que estaba entre el buey y la mula (cf. 1 Celano, 85). Posteriormente, sobre este pesebre se construyó un altar para que, allí dónde un tiempo los animales comían paja, los hombres pudieran ahora recibir, para la salvación del alma y del cuerpo, la carne del Cordero inmaculado, Jesucristo, como relata Celano (cf. 1 Celano, 87). En la Noche santa de Greccio, Francisco cantaba personalmente en cuanto diácono con voz sonora el Evangelio de Navidad. Gracias a los espléndidos cantos navideños de los frailes, la celebración parecía toda una explosión de alegría (cf. 1 Celano, 85 y 86).
(...)
Quien desea entrar en el lugar del nacimiento de Jesús, tiene que inclinarse.
(...)
Hemos de seguir el camino interior de san Francisco: el camino hacia esa extrema sencillez exterior e interior que hace al corazón capaz de ver. Debemos bajarnos, ir espiritualmente a pie, por decirlo así, para poder entrar por el portal de la fe y encontrar a Dios, que es diferente de nuestros prejuicios y nuestras opiniones: el Dios que se oculta en la humildad de un niño recién nacido. Celebremos así la liturgia de esta Noche santa y renunciemos a la obsesión por lo que es material, mensurable y tangible. Dejemos que nos haga sencillos ese Dios que se manifiesta al corazón que se ha hecho sencillo.
Lo que yo he escuchado

1. Navidad, Epifanía
del amor pascual de Dios:
es la fiesta de las fiestas
como Francisco intuyó;
y así debemos vivirla
con inefable fervor.

2.  Que Francisco ha descubierto,
por gracia que se le dio
la humanidad de Jesús
raíz de la salvación,
y a Cristo Resucitado
presente en la Encarnación.

3. No cambió la jerarquía
que fijó la Tradición;
por su modo de creer
que Dios mismo le inspiro,
el Infante de Belén
le enseñó Muerte y Pasión.

4. La pobreza de la Cruz
en Belén se la aprendió;
la ternura de Dios Padre
en un Niño la besó;
la hermosura del Espíritu
en la carne contempló.

5. En las pajas de un pesebre
– buey y mula alrededor –
la Misa de Nochebuena
en Greccio se celebró;
y donde paja comían
comieron al Dios de amor.

6. Y de ternura deshecho
Francisco nos predicó:
sus lágrimas nos hablaban,
ebrio de tanta emoción,
los labios y el paladar
gustaban puro sabor.

7. Aquí se puede tocar,
si tu fe fue conversión,
las manos, la faz divina,
su alma y su corazón;
y colmarles de caricias
a Jesús, tu Salvador.

8. Francisco quedó transido
de excelsa revelación,
y la santa humanidad
fue el altar de su oblación;
vio al Amor roto y mendigo,
por siempre a nuestro favor.

9. Niño pascual de la cuna,
que a nadie infunde temor,
sálvame de todo mal,
tú, mi solo Redentor;
y dame para obsequiarte
amor a morir de amor. Amén

fr. Rufino María Grández
Día de Navidad por la mañana, 25 diciembre 2011

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
;