martes, 24 de enero de 2012

180. Consagración por la unidad

Corona de la Semana de la Unidad

Hermanos:

1. Esta la cuarta entrega que hago estos días fomentando el espíritu de la unidad cristiana (Números precedentes: 175, 177 y 178). La unidad – lo hemos dicho y repetido – es la corona del amor.  Es la alianza trinitaria, si podemos hablar de la intimidad de Dios... La unidad nace en la Trinidad y retorna a la Trinidad. La unidad será nuestro estado celestial, en la nueva creación iluminados por Dios, en quien todo es luz y no hay tiniebla alguna.
Hay comunidades que han recibido esta gracia singular de Dios; así la Comunidad de Taizé, que tanta esperanza ha infundido en los cristianos. Estos hermanos, que han consagrado su vida en celibato en pro de la uni-dad, nos dicen, con el ejemplo de su existencia, que es posible curar las heridas y abrir el corazón a la esperanza.
En estas reflexiones hemos hablado de una obrita que publicamos en el “Instituto de Teología Espiritual de Barcelona”, a raíz de unas clases dedicadas a esta vivencia y oración de Jesús. (El librito se recoge, íntegro, en mercaba.org: Oblación por la unidad - En el índice: Oblación por la Unidad).
Aquellos pensamientos terminaban con un poema oracional que sirviera en la liturgia para orar por la unidad.
Pero aquella pequeña obra apuntaba a algo personal e íntimo, a que el lector, con una nueva gracia del Espíritu Santo hiciera una oblación por la Unidad de la Iglesia. Ignoramos hasta dónde han llegado esos pensamientos. Lo que sí estamos percibiendo en la Iglesia es una llamada a ofrecerse por la unidad, a trabajar desde el corazón por lo que estuvo en el corazón de Jesús.

2. Sin traspasar intimidades, he aquí en alguien el fruto de aquel librito de Oblación por la Unidad, que me permito transcribir. Acaso sea un estímulo. Cada uno, desde su medio donde está el día a día la realidad de su vida de hijo, de hija de Dios. Hay un ecumenismo del corazón, que une a las personas sin conocerse, porque las identifica, más allá de sus propios rostros, con el rostro de Jesús.
He aquí, pues, una oración en la que el cristiano ha fundido Unidad y Eucaristía, y hace una consagración por la Unidad en el Día del Amor, Jueves Santo.

Señor Jesús,
amor infinito del Padre,
hecho historia concreta,
entregado en la Cruz y en la Eucaristía,
unido a toda la Iglesia,
te adoro, te doy gracias y te alabo
en el seno de la Trinidad.
Por ti, que eres mi camino, mi verdad y mi vida,
quiero llegar al Padre,
impulsado por la fuerza del Espíritu Santo.

Tú que ves el fondo de mi corazón,
mírame con misericordia y acógeme.
Aquí tienes mi corazón para que sea tuyo,
enteramente tuyo,
por siempre tuyo
y sólo tuyo
en medio de tu santa Iglesia,
embellecida por el don de la virginidad y del martirio.
Que el amor sea la vida de mi vida;
que todo amor que en mí habite
sea amor traído por ti
para afianzar más mi vocación de amor
y para amarte más a ti.

En este día en que nos diste
todo tu amor en la santa Eucaristía,
preludio de tu Cruz y Resurrección,
acepta, como respuesta, todo el amor de mi corazón.

Me ofrezco, por tu misericordia,
para que mi vida sea, día a día, una oblación de amor a ti,
de modo que éste sea el único sentido y tarea de mi existencia,
sin otra aspiración que vivir en el amor.
Acoge esta oblación por la Unidad de la santa Iglesia.

Que la Virgen María, Madre tuya,
interceda piadosa
y me haga sentir su protección maternal.

Acepta, mi Señor Jesús, esta ofrenda
en la santa Eucaristía,
en ti, oh Espíritu divino,
para tu gloria y amor, oh Padre. Amén.

* * *

3. Es un ejemplo, que, a lo mejor, puede lanzar una pregunta: Y a mí ¿qué me pide el Señor para vivir en unidad y trabajar por la unidad?
Mencionábamos al principio el milagro de la Comunidad de Taizé. Diríamos cosa igual de la “Obra de María” que es el Movimiento de los Focolorares (focolar en italiano es “hogar”), iniciado por Chiara Lubich, muerta en olor de santidad. Vivir en la unidad es el alma de esta maravilla cristiana que ha despertado este momento.
Hermanos, dejémonos conducir por donde nos lleve el Espíritu. Y si él quisiera, hacer de nosotros una flor de unidad, silenciosamente, en la Iglesia, fiat, fiat.

Puebla, 24 enero 2012

Puebla, Seminario, Primero de Teología, noviembre 2011

1 comentarios:

Laura Blanco dijo...

Tú que ves el fondo de mi corazón,
Mírame con misericordia y acógeme.
Aquí tienes mi corazón para que sea tuyo,
Me ofrezco, por tu misericordia para que mi vida
Sea día a día una oblación de amor a ti

Querido Padre Rufino, gracias por estas hermosas palabras, a partir de hoy esta será mi oración.
Dios lo bendiga.

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