lunes, 13 de febrero de 2012

191. Santa Clara, perfume de 800 años CONTINUACIÓN

PIANTICELLA
Poemario espiritual de Santa Clara
de fr. Rufino María Grández, capuchino


Nota de envío
Para el día de santa Clara del año pasado (11 agosto 2012) subimos a nuestro blog la entrada número 78, cuyo título dice: “Santa Clara, perfume de 800 años”.  Para la fiesta de Santa de Clara de 2013, la estadística daba este resultado:
Núm. 78: Santa Clara, perfume de 800 años: 1.138 visitas
Núm. 191 (el presente): Santa Clara, perfume de 800 años. CONTINUACIÓN: 950 visitas.
Para poner al alcance de nuestros visitantes – especialmente hermanos y hermanas de la familia franciscana – poemas que pueden servir para celebraciones de santa Clara, ponemos aquí este poemario seguido de las composiciones que el autor ha dedicado a santa Clara.
11 agosto 2013. Fr. Rufino María Grández 




Chiara
 indegna serva di Cristo e
Pianticella
(Plantita)
del beatissimo padre Francesco
(Regla de santa Clara, capítulo I)

Índice
1. Nada posee Clara
2. Es la esposa del Rey la virgen Clara
3. Clara, pequeña planta
4. Con pleno corazón te bendecimos
5. Encuentro matutino del amor
6. La verde palma alzada con tu diestra
7. Del Padre, Dios Altísimo, eres hija
8. Secuencia de santa Clara
9. Lloraba la virgen Clara
10. Fui de la nada a la vida
11. Es Pascua en esta celdilla
12. ¡Vete, alma mía, segura!
13. Clávame tus ojos bellos
14.  Amor a ti cuerpo a cuerpo
15. Te llamaré hermana mía
16. La savia y gracia de los orígenes
17. Tanta belleza en los ojos
18. Con verde y fragante palma
19. Encuentro matutino del amor
20. Francisco y Clara  juntos, alma y alma
21. Su santidad fue sencilla
22. De esencias del Evangelio
23. Clara, cristiana y hermana
24. Clara, penúltima azucena


1. Nada posee Clara
   
    Noticia. Durante los Ejercicios espirituales que di a las Clarisas Capuchinas de Zaragoza, que fueron de la Ascensión a Pentecostés de 1976, compuse este “Tríptico de Santa Clara (Para una celebración franciscana)”.
    Letra y música. Rufino María GRÁNDEZ [letra] - Fidel AIZPURÚa [música], capuchinos (Fraternidad de Capuchinos, Burlada / Falces, Navarra), Himnos para el Señor. Editorial Regina, Barcelona 1983, 250 páginas.

             I
Nada posee Clara,
nada le pertenece;
como lirio del huerto
libre respira y crece.

Nada coge en su mano,
nada que aquí fenece;
pobre en la Cruz se abraza
con Cristo que padece.

Nada de lo que fluye
su párpado estremece;
Clara mira y escucha
al Verbo que acontece.

            II
Nada nos espantaba,
nada nos detenía;
éramos cual guerreros
en batalla bravía.

Amador más amante,
más audaz en porfía
entre amadores no era;
nada nos reprimía.

Nada apagaba el fuego,
nada resplandecía
más claro que el amante;
nada nos contenía.

             III
Clara virgen amable,
esposa enamorada,
dulce nos es tu nombre,
muy suave tu fragancia.

El gozo de la Cruz
danos, benigna hermana,
danos tu amor castísimo
y la pobreza santa.

Gloria al Hijo doliente
en la Cruz levantada,
gloria a Jesús excelso
en la paz de la patria. Amén.


2. Es la esposa del Rey la virgen Clara

    Noticia. El himno está fechado en Zaragoza, con la siguiente indicación: “En la reunión de nuestro equipo para preparar el Curso de Santa Clara (9 julio 1980)”. Se trata del Curso por correspondencia, dirigido por Fidel Aizpurúa. Pasó a las Liturgia de las Horas de la Familia Franciscana.
    Letra y música. Rufino María GRÁNDEZ [letra] - Fidel AIZPURÚa [música], capuchinos (Fraternidad de Capuchinos, Burlada / Falces, Navarra), Himnos para el Señor. Editorial Regina, Barcelona 1983, 250 páginas.

Es la esposa del Rey la virgen Clara,
virgen y esposa cual la Iglesia santa,
para el divino Amor su sueño es vela
y canto el despertar antes del alba.

Ni muro ni castillo aquel recinto
que en caridad congrega a las hermanas;
es San Damián bello jardín clausura
para el coloquio santo de la amada.

Allí palpita el mundo doloroso
en el cuerpo de Clara y su plegaria;
junto al altar, junto a la cruz es madre,
y en silencio engendra, gime, abraza.

Pobre de corazón, como en Belén
nuestro Señor nacido en unas pajas,
pobre como en la Cruz el Dios altísimo
que se nos da sin retenerse nada.

Hermana de los ángeles contempla
al Vencedor con cara iluminada,
y en el destierro clama peregrina:
Tráeme al olor de tu fragancia.

Que Cristo se levante, inmenso, santo,
que derrame la luz de su mirada:
¡la Iglesia te bendice, Bienamado,
y en ti se goza con la virgen Clara! Amén.


3. Clara, pequeña planta

    Letra y música. Rufino María GRÁNDEZ [letra] - Fidel AIZPURÚA [música], capuchinos (Fraternidad de Capuchinos, Burlada / Falces, Navarra), Himnos para el Señor. Editorial Regina, Barcelona 1983, 250 páginas..

Clara, pequeña planta:
en el huerto de Cristo
eres tallo fragante
de amor incorruptible.
    ¡Salve, virgen cristiana!
    ¡Salve, rey de las vírgenes!

Clara, virgen sensata:
tu lámpara encendida
ha llenado la casa
de la divina gloria.
    ¡Salve, llama en vigilia!
    ¡Salve, Cristo esperado!

Clara, pobre en la tierra:
tu cuerpo es holocausto,
cual pan de eucaristía
por la vida del hombre.
    ¡Salve, madre fecunda!
    ¡Salve, cruz creadora!

Clara, paz en la cumbre:
al morir abrazabas
a la santa pobreza,
bienamada de Cristo.
    ¡Salve, en tu bello tránsito!
    ¡Salve, Cristo inclinado!

Clara, hoy invocada:
tu amor sigue exhalando
como precioso nardo
para el feliz Esposo.
    ¡Salve, vive con Cristo!
    ¡Salve, Rey por los siglos! Amén.



4. Con pleno corazón te bendecimos

    Noticia sobre letra y música. Este himno fue compuesto a petición de las Clarisas de España con motivo del VIII Centenario de Santa Clara. La música se le pidió a Carmelo Erdozáin, sacerdote de Navarra, ya famoso por sus cantos publicados con las correspondientes grabaciones. Se publicó partitura aparte (ver Escritores de la Provincia ...1261) Este también fue grabado en una cassette editada por el autor de la música, al final de 15 cantos para la Misa, en doble versión: con música y letra y sólo versión instrumental. Fue publicado en el Boletín que las Clarisas fueron sacando durante varios meses para aquella circunstancia: Boletín Informativo del VIII Centenario, n. 5 (1993) 6. Posteriormente se publicó en Cantoral de Santa Clara Cuautitlán Izcalli, 2003.

Estribillo
Con pleno corazón te bendecimos.
a ti, belleza y luz de nuestros himnos,
oh Cristo, cuya gloria brilla en Clara,
reflejo de tu amor y de tu Pascua.


Estrofas
De Asís la luz ha venido
y Clara nos la señala;
de un rostro desde la cruz
la paz y el bien se derrama;
venid, hermanos, venid:
mirad
adonde Clara miraba.
                 
                   2
Hermana a ti te decimos,
como Francisco te llama;
tu corazón silencioso
al mundo hermano se abraza;
venid, hermanos, venid:
que estáis
muy dentro de esta morada.

                   3
Cristiana muy pobrecita,
muy limpia y muy liberada,
sencilla Clara que vives
feliz con Cristo sin nada;
venid, hermanos, venid:
llenad
de paz y amor vuestras almas.

                   4
Sendero amable, alegría,
y bella flor de esperanza,
oh Clara, a Dios te confías,
fiada de su Palabra;
venid, hermanos, venid:
creed
que amor de Dios no defrauda.



5. Encuentro matutino del amor
Pobreza-amor-virginidad: tres en uno
(Himno en la solemnidad de santa Clara)

    Noticia. Las reciente celebración del 750 aniversario del Tránsito de Santa Clara trajo una floración de ilusiones y celebraciones. No se extinga la hermosura que provoca el recuerdo de Clara. Con tal ánimo va esta composición, obsequio a mis hermanas y gracia de este día, tras la hermosa Vigilia en torno a la Vida y Tránsito de Clara de ayer noche (Casa de Formación Santa Verónica, 11 agosto 2005).

    En el entramado de estos versos hay un anhelo: amor. Palabra que a todos se concede, pero que, a lo mejor - sin quitar a Dios misericordioso el regalo de sus dones, todos gratuitos, quizás sólo pocos, por gracia se la saben.
    Ante clara, criatura virginal, quizás emblema del paraíso, puede desatarse nuestros pensamiento: ¿Cuál fue exactamente su carisma?
    Una vez que Cristo, a los 18 años, se lo regaló como un anillo nupcial, su carisma es lo que se produjo en su corazón, cuando aquella noche del Domingo de Ramos, junto al altar de la Virgen, dejó su cabellera. Lo que pasa en el fondo de nosotros mismos, y lo percibimos con un rayo que es más intuición que inteligencia, eso es nuestro carisma.
    Lo que nos atrevemos a percibir en Clara es un amor, puro y fragante, abierto a Jesucristo, como una flor se abre al rocío de la mañana. ¿O es que Clara es un mero esquema, proyecto de nuestros sueños, soñado en las horas puras en las que no se sueña, y sale a flote lo mejor de uno mismo?
    Clara - me parece que mi saeta es certera - es exactamente lo que yo ansío: el amor triunfante, como sea, aunque haya de pasar por la cruz.
    La pobreza no vale en sí misma, es - para Clara - el “status”, donde cobra cuerpo el amor. Por eso, la pobreza simple es el amor, es la belleza misma (pues nada más bello que un corazón dado al Amor); es el carisma, si es la dote del todo donada de la esposada enamorada.
    El carisma de Clara, nacida de Francisco, es el todo ella para el amor, haciendo incluso que la pobreza, superabundante, no sea otra cosa que el abrazo a su Esposo, de quien nada necesita sino a él mismo... Cuando se tiene a Jesús todo lo demás ha caído, pues Jesús es el todo y el único Suficiente.
    Quiera el Señor llevarnos, en esta hora, por los blancos caminos de su amor, y encontrar en el amor la virginidad que, este caso, es lo mismo que la pobreza.

Encuentro matutino del amor
tu vida, hermana Clara, cual la mía:
un ímpetu que anhela y rasga el cielo
y emprende tras Jesús su travesía.

Pobreza es tu pureza, bella virgen,
pobreza es sólo Él en tus caricias;
pobreza es tu cantar de soledades
pues sólo Él, Jesús, es compañía.

Tu pecho, hermana, es tierno como un nido,
es todo para Él a quien cobijas,
regalo que te da, virginidad,
al cálido vaivén de tus delicias.

Pobreza pura, el último misterio
de carne casta, rama florecida,
Clara, fontana fresca del amor,
resurrección de Cristo en esta vida.

¡Oh, quién pudiera en mí a ti encontrarte
oh, quién pudiera ver lo que uno ansía,
mendigo yo, oh Clara, de tu mano,
mendigo sin palabras si me miras!

¡Jesús, oh Dios, festín de enamorados,
belleza y paz, y luz de bienvenida:
a ti suba el incienso de los votos;
acéptalos, cual gloria que en ti brilla! Amén.


6. La verde palma alzada con tu diestra

Himno narrativo y oblativo
(Apertura del 750 aniversario del Tránsito de Santa Clara).

    Noticia. Himno compuesto en la Casa de Formación Santa Verónica (Cuautitlán Izcalli), el domingo V de Cuaresma, 4 de abril de 2003, para iniciar el 750 aniversario del Tránsito de Santa Clara el siguiente Domingo de Ramos.
    Letras y música. Musicalizado por el P. Vicente Saurí Ferriol, OFMCap (Fraternidad de Capuchinos, Alicante, España). Partitura.

    El relato de la Legenda sanctae Clarae (escrito probablemente por Tomás de Celano) dice así:
    “Se acercaba el día solemne de Ramos cuando la doncella, fervoroso el corazón, fue a ver al varón de Dios, inquiriendo el qué y el cómo de su conversión.
    Ordénale el padre Francisco que el día de la fiesta, compuesta y engalanada, se acerque a recibir la palma mezclada con la gente y que, a la noche, saliendo de la ciudad, convierta el mundano gozo en el luto de la pasión del Señor.
    Llegó el Domingo de Ramos. La joven, vestida con sus mejores galas, espléndida de belleza entre el grupo de las damas, entró en la iglesia con todos. Al acudir los demás a recibir los ramos, Clara, con humildad y rubor, se quedó quieta en su puesto. Entonces, el obispo se llegó a ella y puso la palma en sus manos. A la noche, disponiéndose a cumplir las instruccio-nes del santo, emprende la ansiada fuga con discreta compañía. Y como no le pareció bien salir por la puerta de costumbre, franqueó con sus propias manos, con una fuerza que a ella misma le pareció extraordinaria, otra puerta que estaba obstruida por pesados maderos y piedras.
    Y así, abandonados el hogar, la ciudad y los familiares, corrió a Santa María de Por-ciúncula, donde los frailes, que ante el pequeño altar velaban la sagrada vigilia, recibieron con antorchas a la virgen Clara. De inmediato, despojándose de las basuras de Babilonia, dio al mundo «libelo de repudio»; cortada su cabellera por manos de los frailes, abandonó sus variadas galas”.

La verde palma alzada con tu diestra
entrega el corazón y a Cristo aclama;
y rojas de ternura tus mejillas,
el Pan de vida sella una alianza.

Aquella misma noche en la Porciúncula
Francisco y los hermanos la esperaban;
salieron con antorchas por la esposa,
con cánticos de amor la festejaban.

La ofrenda virginal de sus cabellos
cayó sagrada sobre el ara santa;
ya Clara es de Jesús, por siempre bella,
plantita de Francisco, dulce hermana.

Hicieron pacto Clara y la Pobreza
la una de la otra enamorada,
Jesús Crucificado estaba en medio
y al lado, Virgen fiel, María estaba.

Esposa y virgen Clara, flor de Cristo,
nosotros recordamos tu llamada,
miramos a Jesús, contigo hermanos,
unidos y pegados a tu alma.

Contigo tras las huellas del Amado,
siguiendo paso a paso sus pisadas,
contigo hasta tu tránsito sereno,
de puro amor tu vida coronada.

Jesús, sendero y ánimo de humildes,
que en obediencia y paz la muerte abrazas,
a ti la gloria sea sin medida,
que muestras tu bondad mostrando a Clara. Amén.


7. Del Padre, Dios Altísimo, eres hija

(Himno para el 750 aniversario del Tránsito de Santa Clara)

    Noticia. Compuesto en la casa de Formación Santa Verónica (Cuautitlán Izcalli) el 28 de febrero de 2003, entregado juntamente con “¡Vete, alma mía, segura!” con esta dedicatoria: “A las Madres Presidentas de las Capuchinas, que lanzaron la iniciativa de este Año Jubilar Clariano, y a todas mis hermanas capuchinas de México”
   
Rufino M. GRÁNDEZ, OFMCap., El bello tránsito de Clara, en: Selecciones de Francisca-nismo, n. 93, 32 (2003) 424-435. En este artículo se recoge la siete composiciones en honor de santa Clara, con sus correspondientes introducciones, a saber: 1. La verde palma alzada con tu diestra; 2. Del Padre, Dios Altísimo, eres hija; 3. Francisco y Clara juntos; 4. Fui de la nada a la vida; 5. El coro de los hermanos; 6. Vete, alma mía, segura; 7. Clávame tus ojos bellos.

    Los hermanos y hermanas de la familia franciscana conocen aquella mínima “Forma vitae” que Francisco escribió para Clara y el recinto de San Damián, y que Juan Pablo nos ha recordado en el mensaje del VIII centenario del Nacimiento. “ «Por inspiración divina os habéis hecho hijas y siervas del altísimo y sumo Rey, el Padre celestial, y os habéis desposado con el Espíritu Santo, eligiendo vivir según la perfección del santo Evangelio». A Clara y sus hermanas se las llama esposas del Espíritu Santo: término inusitado en la historia de la Iglesia, donde la religiosa, la monja, siempre es calificada como esposa de Cristo...”
    En la primera estrofa contemplamos a santa Clara en esa perspectiva trinitaria con que Francisco la ha visto, a ella y a sus hermanas: hijas y siervas del Altísimo, enamoradas de Cristo pobre en la cruz, esposas del Espíritu Santo, como María en la Anunciación.
    En las siguientes evocamos aquel pasaje tan conocido del espejo en que la hermana Inés de Praga (hoy santa Inés de Bohemia) debe contemplar a Jesús en los momentos de la vida del esposo; fiel retrato, sin duda, del alma contemplativa de Clara.
    Y en la quinta estrofa nos introducimos reverentes en el momento del Tránsito - ya anunciado en la cuarta - tal como lo recordaron las hermanas en sus testimonios, y tal como fervorosamente, con estos datos, lo escribió fray Tomás de Celano. Contó la cuarta testigo, sor Amada, que el viernes anterior a la muerte, la madre Clara le dijo: “¿Ves tú al Rey de la gloria, al que yo estoy viendo?”. Y otra hermana (sor Bienvenida) “contempló esta feliz visión: ...he aquí que ve entrar una procesión de vírgenes vestidas de blanco”. El mismo delicado biógrafo recoge aquella perla de plegaria, que varias hermanas (sor Felipa, sor Bienvenida, sor Angelita) escucharon a la madre, tres días antes de la muerte, conversando ella con su alma: “Vete segura (alma mía)...; el que te creó te santificó...; como la madre al hijo te ha amado con amor tierno. Tú, Señor, seas bendito porque me creaste”.
    Es el tránsito de santa Clara, que quisiéramos fuera el nuestro.

Del Padre, Dios Altísimo, eres hija;
del Hijo, pobre en cruz, la enamorada;
y esposa del Espíritu fecundo,
oh Clara de Francisco, nuestra hermana.

Allí en Belén te postras adorando,
enternecida, blanda la mirada;
y ves en un pesebre a la Pobreza,
al tierno Rey, reinando en unas pajas.

Lo ves desnudo, bello en el suplicio,
doliente cuerpo, alma ensangrentada;
y allí el amor, sin velos ni secretos,
abierto el corazón, Jesús te habla.

Y aquel divino espejo que refleja
la gloria que anhelamos de la patria,
alzado del sepulcro te contempla
te está llamando a ti, desde su Pascua.

Al tránsito feliz de eternas nupcias
acude el Rey con vírgenes sagradas;
y al Padre Creador que te creó,
te lanzas jubilosa dando gracias.

¡Oh clara Trinidad que das la paz
y llenas de hermosura nuestras almas,
que toda bendición sea corona
de tu infinito amor, que es nuestra gracia! Amén.

SECUENCIA, TRÁNSITO Y LETRILLAS
(Al concluir la celebración del 750 aniversario de su Tránsito)
           
8. Secuencia de santa Clara

    Noticia. Esta “Secuencia” fue compuesta en la Casa de Formación Santa Verónica (Cuautitlán Izcalli) el 7 de julio de 2004, con la intención de que sirviera de “Secuencia” en la Misa de Santa Clara de este año, conclusión del 750º aniversario del Tránsito. Y fue entregado a la Hna. Teresa Martínez, de la Comunidad de Cortazar, miembro de la Comisión que preparaba la solemne clausura del 750º aniversario en los Franciscanos de Acámbaro. Al acto fue convocada la familia clariana y franciscana. Téngase presente que la  Reliquia de Santa Clara había visitado México. Le puso la música, muy agradable, muy fina, el capuchino Lorenzo Ondarra.
Lorenzo Ondarra [OFMCap.], ¡Oh Clara, luz en la Iglesia!: Secuencia de santa Clara A una voz y acompañamiento de órgano. Edición informática LOK, Donostia (San Sebastián) 2004. 4 páginas. Dirigirse al autor la música: Fraternidad de capuchinos / Calle Oquendo, 22.

1. ¡Oh Clara, luz en la Iglesia,
plantita de san Francisco,
la claridad de Jesús
en ti refleja su brillo!

2. Aquel Domingo de Ramos
tomaste el ramo de olivo;
el corazón extasiado
tan sólo miraba a Cristo.

3. De noche, y en la Porciúncula,
con voto fue el sacrificio;
Francisco lo recogía
y hermanos eran testigos.

4. Una familia, un carisma,
nacieron juntos y unidos:
guardar el puro Evangelio
fue regla desde el principio.

5. Ser franciscana y hermana,
abría el nuevo camino;
ser pobre para el Esposo
con corazón indiviso.

6. Y San Damián fue el jardín
la casa y el paraíso;
allí una Forma de vida
mostraba Jesús al vivo
                                       
7. Fuiste tenaz cual diamante,
guiada por quien te dijo:
Que nadie te desoriente
con un proyecto distinto.

8. Tu fuiste madre entrañable,
de amor humano y divino;
por el Espíritu Santo
apóstol desde tu sitio.

9. Hoy celebramos tu Tránsito
junto a tu lecho contigo;
ya viene el Rey de la gloria
con su cortejo escogido.

10. ¡Bendito seas, mi Dios,
ternura hasta lo infinito,
mi Padre que me creaste,
y en todo me has bendecido!

11. Cerraste, suave, los ojos
el día de San Rufino,
y despertaste en el cielo
junto a tu hermano Francisco.

12. ¡Oh Clara, bella plantita,
del huerto de Jesucristo,
ruega al Señor por nosotros
nos lleve un día consigo! Amén.


9. Lloraba la virgen Clara
Elegía pascual al eco del Llanto de San Damián

    Noticia. Concluido el 750ª aniversario del Tránsito de Santa Clara esta letra está compuesta en Alfaro, La Rioja, 22 de septiembre de 2004, encontrándome de vacaciones junto a mi madre. La rima fue entregada a las Monjas de la Concepción del pueblo, donde tengo una hermana.

    “La señora Clara [Madonna Clara, más bien], en verdad Clara por la santidad de sus méritos, primera madre de todas las otras   fue la primera planta de esta Santa Orden  , se acercó con las demás hijas a contemplar al Padre, que ya no les hablaba y que, habiendo emprendido otras rutas, no retornaría a ellas.
    Al contemplarlo, rompieron en continuos suspiros, en profundos gemidos del corazón y copiosas lágrimas, y con voz entrecortada comenzaron a exclamar: «Padre, Padre, ¿qué vamos a hacer?, ¿Por qué nos dejas a nosotras, pobrecitas? ¿A quién nos confías en tanta desolación? ¿Por qué no hiciste que, gozosas, nos adelantáramos al lugar a donde vas !as que quedamos ahora desconsoladas? ¿Qué quieres que hagamos encerradas en esta cárcel, las que nunca volveremos a recibir las visitas que solías hacernos? (...) ».
    Mas el pudor virginal se imponía sobre tan copioso llanto; muy inoportuno resultaba llorar por aquel a cuyo tránsito habían asistido ejércitos de ángeles y por quien se habían alegrado los ciudadanos y los familiares de Dios. Dominadas por sentimientos de tristeza y alegría, besaban aquellas coruscantes manos, adornadas de preciosísimas gemas y rutilan-tes margaritas; retirado el cuerpo, se cerró para ellas aquella puerta que no volvería a abrirse para dolor semejante. ¡Cuanta era la pena de todos ante los afligidos y piadosos lamentos de estas vírgenes!” (1 Cel 116-117).

Lloraba la virgen Clara,
lloraba con sus hermanas:
lloraba de inmensa pena,
de gozo pascual lloraba.

Miraban el cuerpo blanco,
de puro amor lo miraban,
y mirándole entre lágrimas
su soledad le contaban.

Le hablaban del todo huérfanas,
con una espada en el alma;
y cuanto más lo miraban
los ojos se abrillantaban.

Besaban las santas llagas,
las vírgenes lo besaban;
los labios se enternecían
cuando las llagas besaban.

Las llagas de pies y manos
ungían con su mirada,
y con ojos de mujer
mirando, lo acariciaban.

La llaga de su costado
a la derecha manaba,
ríos de amor de Jesús
salían de aquella llaga.

Clara la reconocía
la llaga que al pecho estaba,
y con pureza amorosa
Clara virgen la besaba.

Lloraban en San Damián
bajo el Cristo que miraba:
en la cruz o en este cuerpo,
¿en dónde Jesús estaba?

El dolor y la alegría
eran uno y se mezclaban:
una liturgia celeste
de lágrimas perfumada.

Era el amor sin rubores,
eran las pobres hermanas;
lloraba la virgen Clara
y todas juntas amaban.


10. Fui de la nada a la vida
(Letrilla en torno al Tránsito de santa Clara)
   
    Noticia. Letrilla escrita el 2 de marzo de 2003, en Casa de Formación Santa Verónica (Cuau-titlán Izcalli), en el clima del 750º aniversario del Tránsito de Santa Clara.

Fui de la nada a la vida
convocada por mi Dios;
desde el principio fui amada:
todo mi ser es amor;
por haber sido creada
bendito seas, Señor.

Nací de aquella caricia
y he vivido de su unción,
mi vida fue pura gracia,
mi tránsito es redención;
por haber sido creada
bendito seas, Señor.

Yo he sido un regalo suyo,
lo siente mi corazón;
y al volver a su regazo
yo le devuelvo este don;
por haber sido creada
bendito seas, Señor.

Mi ternura fue Francisco,
fue tu gracia y bendición;
mi alma y la suya eran
un alma que Dios juntó;
por haber sido creada
bendito seas, Señor.

¡Oh alma mía bendita,
redimida en la Pasión,
canta, gozosa, a Jesús,
que en sus brazos me llevó;
por haber sido creada
bendito seas, Señor.

Yo bendigo a mis hermanas,
soy de ellas sin condición,
yo las bendigo y las amo,
y conmigo tuyas son;
por haber sido creada
bendito seas, Señor.


11. Es Pascua en esta celdilla
(Letrilla en torno al Tránsito de santa Clara)

    Noticia. Letrilla compuesta en torno al Tránsito de Santa Clara, en la Casa de Formación Santa Verónica (Cuautitlán Izcalli), el 3 de marzo de 2003.
                                         
Es Pascua en esta celdilla
que Clara se está muriendo;
sean de gozo las lágrimas,
porque es el Tránsito y premio.

Soy el hermano Junípero,
me llaman el Saetero;
mi corazón es aljaba,
llena de divinos versos.

Mirando a la dulce Hermana,
del horno que arde por dentro
he sacado una centella
que ha recogido en el pecho.

A Cristo Crucificado,
van esos dardos de fuego;
por el divino costado
se abre la puerta del cielo.

Es Pascua en esta celdilla
que Clara se está muriendo;
sean de gozo las lágrimas,
porque es el Tránsito y premio.

Soy el hermano León,
confidente de secretos,
soy de Francisco y de Clara
archivo de los recuerdos.

Y en la verdad de este tránsito,
humildemente me acerco,
y mi ternura se vierte
de mis labios a este lecho.

Loado, Señor Jesús,
toda paz, todo consuelo;
por ti luchamos unidos
y hasta el final lucharemos.

Es Pascua en esta celdilla
que Clara se está muriendo;
sean de gozo las lágrimas,
porque es el Tránsito y premio.

Yo soy fray Ángel de Rieti
y lloro con gran contento,
fui de los Tres que escribimos
nuestros recuerdos en Greccio.

Oh Clara, urna preciosa,
que guardas un Testamento,
te marchas de San Damián,
nos dejas tu santo cuerpo.

Tú serás siempre memoria
de todos nuestros anhelos,
has de ser pura fragancia
oreo de nuestro huerto.

Es Pascua en esta celdilla
que Clara se está muriendo;
sean de gozo las lágrimas,
porque es el Tránsito y premio.

Yo soy hermano Rainaldo
y a las hermanas confieso;
y a la madre, reverente,
también le doy mi consejo.

“Que sepas, querido hermano,
que hubo un día del encuentro,
y desde entonces Francisco
fue mi senda de Evangelio.

Y no hubo tristeza o pena
que hiciera mella en mis huesos;
no hubo dolor que no fuera
por Jesús dulce sustento”.
                                       
Es Pascua en esta celdilla
que Clara se está muriendo;
sean de gozo las lágrimas,
porque es el Tránsito y premio.



12. ¡Vete, alma mía, segura!
(Letrilla en torno al Tránsito de santa Clara)

    Noticia. Esta letrilla fue escrita en Casa de Formación Santa Verónica (Cuautitlán Izcalli), en marzo de 2003, en el clima del 750º aniversario del Tránsito de Santa Clara, evocando lo que nos dice la Leyenda de Santa Clara, inspirada principalmente en los datos del Proceso.
    Letra y música. Rosa María Riera (Clarisa), Canto y Alabanza Folleto musical y CD. Ediciones de San Pablo.
    Esta letra se ha comenzado a usar como canto de despedida en el funeral de una hermana.
Fue cantada – más bien, escuchada – en el funeral de mi madre (Monasterio de la Concepción, Alfaro, 16 agosto 2008), que murió en la Asunción de María (2008), a punto de cumplir 100 años.

Vete, alma mía, segura
a la morada de Dios,
desata las ataduras,
que el tiempo ya se cumplió.
¡Vete, alma mía, segura!

A bodas están llamando
ya el Esposo se adornó;
vírgenes hacen cortejo
y vienen para esta unión.
¡Vete, alma mía, segura!

Traen coronas preciosas,
María, de más valor.
La Reina ya se ha inclinado
con su abrazo me envolvió.
¡Vete, alma mía, segura!

Dios te llamó de la nada
y por amor te creó,
y derramó su hermosura,
te miró y santificó.
¡Vete, alma mía, segura!

Como madre con su niño,
mi Dios se me enterneció.
Bendito, que me creaste,
oh mi dulce Creador.
¡Vete, alma mía, segura!

Tu hora, mi Dios, es mía,
dispuesta, mi Dios, estoy:
y eternamente soy tuya
para alabanza y amor.
¡Vete, alma mía, segura! Amén.


13. Clávame tus ojos bellos
(Letrilla para evocar aquel Domingo de Ramos)

    Noticia. Letrilla compuesta en el convento de capuchinas de San Juan de La Maguana, República de Santo Domingo (7 octubre 1992), visitando a las Capuchinas, esta fundación que nació de las Hermanas Capuchinas de España.

Clávame tus ojos bellos,
dulce Jesús enclavado,
clávalos dentro del pecho,
que el corazón yo te he dado.

Amores de Asís perdí
por otro amor conquistada,
juglares de cortesía
adiós os dice mi alma;
son dieciocho primaveras
que a esta doncella engalanan,
adiós, donceles garridos
de San Rufino en la plaza;
a ti, Jesús mis cabellos:
clávame tus ojos bellos.

Clávame tus ojos bellos,
dulce Jesús enclavado,
clávalos dentro del pecho,
que el corazón yo te he dado.

Cuando la vida es sonrisa,
otra sonrisa buscaba;
el pordiosero en la puerta
algo de ti me mostraba
y más yo de ti quería:
tenerte como la amada,
de día y noche contigo,
de todo afán despojada,
amor de Dios humanado:
dulce Jesús enclavado.

Clávame tus ojos bellos,
dulce Jesús enclavado,
clávalos dentro del pecho,
que el corazón yo te he dado.

A oscuras me fui de noche
donde Francisco velaba,
y en el altar de la Virgen
dejé mis trenzas cortadas.

¡Qué libre y feliz me vi
como pobre consagrada,
qué anchura en el universo
contemplado en mi atalaya!
Desde la cruz que es tu lecho
clávalos dentro del pecho.
                                                               
Clávame tus ojos bellos,
dulce Jesús enclavado,
clávalos dentro del pecho,
que el corazón yo te he dado.

Y así respiro la vida
que se respira en tu aura,
tu frente cae hacia al mundo,
tu sangre de amor nos baña.

¡Oh valeroso Señor,
rendido en una montaña,
cuando despiertes, contigo
iremos todos al alba!

Y en tanto velo a tu lado,
que el corazón yo te he dado.
Clávame tus ojos bellos,
dulce Jesús enclavado,
clávalos dentro del pecho,
que el corazón yo te he dado.


14.  Amor a ti cuerpo a cuerpo

    Noticia. Letrilla escrita en San Juan de la Maguana, República de Santo Domingo, en el monasterio de capuchinas, 8 octubre 1992.  Las cartas de santa Clara a santa Inés de Praga nos dan la clave de inspiración de estos versos
    Estrofas I-III: Amándole, sois casta; abrazándole os haréis más pura; aceptándolo sois virgen.
    Estrofas IV-VI: Su poder es más fuerte,   su generosidad más alta, su aspecto más hermoso, y todo su porte más elegane. Y ya os abraza estrechamente Aquel que ha ornado vuestro pe-cho con piedras preciosas. (Véase Carta I,2)   

Amor a ti cuerpo a cuerpo,
tocando al Verbo humanado,
es fuente de castidad,
oh Cristo en la cruz colgado.

Abrazos de ardiente esposa
junto a tu santo costado
es delicia toda pura,
oh Esposo crucificado.

Y entrar hundida en tu pecho,
y acogerte en el regazo
es de tu virgen fecunda,
oh Rey de florido tálamo.

Oh Cristo, mi fiel Esposo,
vigor se siente en tu brazo,
suave luz en tu mirada
y honor en tu porte raudo.

Se enlace mi brazo al tuyo
y mi susurro a tu cántico
y el cielo destile miel
desde tu boca a mis labios.

Con Clara, Señor, dichosa,
nosotras amor cantamos;
a ti la gloria en el Padre,
oh noble Esposo exaltado. Amén.



15. Te llamaré hermana mía

(Letrillas en la fiesta de santa Clara,
a modo de un Juglar a lo divino)

A Clara de Asís, hermana de sangre en el Espíritu,
y a las demás hermanas clarisas, clarisas-capuchinas,
porque el carisma, en masculino o femenino, es uno,
respirando en la belleza del amor.
En la fiesta de santa Clara,
como solaz, anhelo y testimonio,
esta secuencia que, si no es litúrgica,
es, cierto, muy verdadera.

1. Te llamaré hermana mía,
Clara entrañable, soñada,
luz pura en la madrugada,
mi muy dulce poesía.

2. La vía de la belleza
es la vía del amor
y su hermoso resplandor
es escondida pureza.

3. La belleza es confidencia
corazón a corazón,
dejando que la razón
se rinda ante otra querencia.

4. Es alta contemplación
más pura que el puro anhelo,
que Jesús rasga su velo
para ser revelación.

5. Clara hermana en mi suspiro,
en mi doliente inquietud,
tú sabes de gozo y cruz,
y sabes cómo le miro.

6. Mi vida no es otra cosa
que un cotidiano gemido,
porque llevo el pecho herido
por un pétalo de rosa.

7. No será loca locura
esta lágrima que brota
de una ambición nunca rota,
de un beso que me tortura.

8. ¿Qué anhelo ya en este mundo,
mientras subo la colina 
y mi vida ya se inclina
al ocaso rubicundo?

9. Amor, silencio y… amor,
y por él… la voz ardiente,
que antes callará la fuente,
que calle el predicador.

10. Clara amor apetecido,
comensal a vera mía,
comensal de Eucaristía,
Clara, lirio que yo cuido.

11. Clara y yo: esto es secreto,
de nuestra tierna mirada
y la diestra entrelazada,
mientras yo,  sensible, aprieto.

12. Clara, la fiesta que torna,
eres tú maternidad,
virginal fecundidad,
fuente que a la Iglesia adorna.

13. La senda de lo sencillo
de lo sublime es la senda,
el Evangelio es mi ofrenda,
Clara luz…, de fiel anillo.

14. Clara hermana, siento el eco
de una llamada que suena,
al amor, la paz serena
en un misterioso hueco.

15. Del Eterno Femenino
el hombre nació con sed:
no es la sed de la avidez;
es el tránsito más fino.

16. ¿No es Unidad el Dios Uno,
y trino porque es amor?
Ósculo Consolador,
une lo que yo desuno.

17. Y Clara hermana recuerda
la llama que no se apaga,
y Clara aviva la llaga,
que amor con dolor concuerda.

18. Sin el amor todo es paja,
y la paja al fuego va;
pero el amor que se da...
del Verbo Dios es alhaja.

19. En alas del corazón
caminito del amor,
que si fue el hermoso albor,
será el abrazo y fusión.

20. Esto escuché en San Damián,
Clara, por eso lo canto;
y ¡lo extraño tanto…, tanto…
con mi mochila y mi pan!
Amén.

Puebla, 5 de agosto de 2009, la Virgen de las Nieves.


16. La savia y gracia de los orígenes
(1209 2009)
Himno memorial y oblativo

A hermanas capuchinas
al concluir el 8° centenario
de la aprobación de la vida franciscana

Es muy bella la gracia de los orígenes, contemplar cómo Dios condujo a Francisco, y con Fran-cisco, y por medio de él, a la joven Clara. El primer toque fue: “Cómo Dios visitó su corazón por una enfermedad y por un sueño” (1Cel 3-5); siguió la “época de la gruta” (1Cel 6); ruptura con su padre (1Cel 15). En la “nueva vida”, Francisco es va a servir a un monasterio como mozo de cocina (1Cel 16), y pronto “se fue adonde los leprosos” (1Cel 17), punto capital en la experiencia de Francisco (Test 2; 1Cel); les besa la mano y la boca (2 Cel 9; LM 1,5). Jesús había dicho: “limpiad a los leprosos” (Mt 10,8); y a él mismo le tuvimos como leproso (et nos putavimus eum quasi leprosum et percussum a Deo et humiliatum
Is 53,4). En la soledad “se le apareció Cristo Jesús en la figura de crucificado (LM 1,5). La relación con Jesús crucificado se concreta en locución a partir de 2 Celano (1246; véase 2 Cel 10; LM 2,1).
Luego “ cierto día” (1Cel 22) fue el encuentro en la Porciúncula, donde Francisco, a la vera de la Eucaristía, halló el Evangelio, incluso antes de tener hermanos - Evangelio de misión - que fue como la iluminación radial de su carisma. Para el primer seguidor, Bernardo, la norma de vida fue el Evangelio (Mt 19,21; cf. 1Cel).
Y todo esto (que los críticos estudiarán con mucho rigor y discernimiento) llegó a su plenitud a los pies del Papa Inocencio III (1Cel 32-33). Nacía la vida franciscana en la Iglesia.
Y bajo aquella confirmación pontificia ("confirmavit" dirá en su Testamento), sin que Francisco lo supiera, iba a nacer la vida de la hermana Clara, gemela de corazón. Cuando años más tarde Dios les hizo encontrarse, la joven Clara Favarone comprendió que su gracia evangélica era la gracia que el Señor Altísimo había revelado y concedido al hermano Francisco. Una solo carisma en dos proyecciones distintas.
Clara asumió la pobreza de Francisco ("Privilegium paupertatis", 1228) y luego el Papa Inocencio IV refrendó con su autoridad todo lo vivido que ahora, en víspera de la muerte de santa Clara (1253). Era el programa que dejaba a las hermanas pobres de San Damián, y a todas las que se había de adherir a la misma inspiración. Al inicio de su Regla, la hermana Clara plasmará la esencia de su ideal, con tres consignas:
  ser franciscanas (vivir el evangelio en la fibra de Francisco),
- ser pobres,
  ser hermanas.
En la primera línea de su Regla, santa Clara dice que su forma de vida es “La forma de vida de la Orden de las Hermanas Pobres, instituida por el bienaventurado Francisco...”
Todo esto lo recordamos, y de un cierto modo sacramental, lo vivimos hoy, actualizado por la fuerza del Espíritu.


Estribillo
Ser pobres siendo menores
ser entrañables hermanas,
ser de Jesús, el esposo,
es nuestro anhelo y su gracia.

Estrofas
1. La savia de los orígenes
junta a Francisco con Clara:
un corazón, un carisma,
una misión que nos llama:
¡Oh Jesús, nuestro Evangelio,
sé pasión de enamorada!

Ser pobres siendo menores
ser entrañables hermanas,
ser de Jesús, el Esposo,
es nuestro anhelo y su gracia.

2. Ser hermana capuchina
con Verónica hermanada,
del Maestro ser discípula,
junto al sagrario ser llama:
¡Oh Jesús, rostro del Padre,
a ti va nuestra mirada!

Ser pobres siendo menores
ser entrañables hermanas,
ser de Jesús, el Esposo,
es nuestro anhelo y su gracia.

3. Cantar de ardientes amores
es mi canción exhalada,
mi trabajo y mi silencio
es melodía a sus plantas.
¡Oh Jesús, dulce susurro,
tú eres verdad que no engaña!

Ser pobres siendo menores
ser entrañables hermanas,
ser de Jesús, el Esposo,
es nuestro anhelo y su gracia.

4. Ser luz de Cristo radiante
en clausura retirada,
de su sabor ser la sal
y levadura en la masa:
¡Oh Jesús, don del Espíritu,
hazme Evangelio que irradia!
Ser pobres siendo menores
ser entrañables hermanas,
ser de Jesús, el Esposo,
es nuestro anhelo y su gracia.

5. Ser tuya y toda del mundo,
ser amor que todo abraza,
ser unidad anhelante
y tierna y dulce esperanza:
¡Oh Jesús, amor primero,
conságrame en tu alianza!

Ser pobres siendo menores
ser entrañables hermanas,
ser de Jesús, el Esposo,
es nuestro anhelo y su gracia.

6. Ser alabanza de gloria
para cantar sus hazañas,
oh Hijo en la Trinidad,
a ti la gloria y las gracias.
¡Oh Jesús, alfa y omega,
sé mi bienaventuranza! Amén.

Ser pobres siendo menores
ser entrañables hermanas,
ser de Jesús, el Esposo,
es nuestro anhelo y su gracia.

Puebla, 30 de junio de 2009


17. Tanta belleza en los ojos

De la belleza de Clara, reflejo de Cristo,
y de la belleza de Cristo, que a Clara enamoraba


Noticia. La víspera de santa Clara y el día de santa Clara vimos por la noche el largometraje Clara y Francisco (Chiara e Francesco), que dura 210 minutos, emitido por la RAI en octubre de 2007. La joven artista Mary Petruolo tenía en el rodaje de esta película 17 años. Amplia información en Internet, incluida una entrevista de Mary con el P. Raniero Cantalamessa.
Puebla, 12 de agosto 2009

I
ERA MUY BELLA

Que Clara era una joven muy bella es un dato histórico seguro. En el proceso lo testifi-caba, a más de cuarenta años, un señor de Asís, Messer Rainieri de Bernardo: “Como era bella de rostro, se trató de darle marido; y muchos de sus parientes le rogaban que consin-tiese en casarse; pero ella jamás accedió. Y el testigo mismo le había rogado muchas veces que accediese, y ella no quería ni oírle” (Proceso de San Clara 18,7).
Este dato de su hermosura, con un misterios encanto que irradiaba de su ser, lo ha acentuado toda la tradición, y las artes figurativas lo expresan maravillosamente (así en el film Chiara e Franceso de Fabrizio Costa, que al aparecer en la pequeña pantalla, octubre de 2007, es seguido por una audiencia de 9 millones de italianos).
La hermosura es largamente más que la buena apariencia; es irradiación y transparencia; es al primera puerta que anuncia el amor. Contemplemos la hermosura de Clara para contemplar allí mismo otra cosa. Y contemplemos luego (II parte) la hermosura del rostro de Cristo, que hermoseaba el rostro de la virgen Clara.

Tanta belleza en los ojos
desde el jardín de tu alma…
y en tus labios y mejillas,
tanta pureza en tu cara…

¿De este mundo dolorido,
o del otro, hermana Clara…?
¿Quién quiere ser bella esposa,
como Clara, virgen blanca?

Van y vuelan pensamientos
a zaga de cosas santas;
y siento que el cuerpo flota,
aun sin salir de mi casa.

Es cual divina Ascensión
dar a Clara la mirada,
porque lo mismo que ella
yo en mi alma deseaba.

¡Vuela en alto, corazón,
lánzate con nuevas alas,
vuela al mar de la pureza,
vuela, canta, duerme y habla!

Yo defino la belleza:
“Es mi vida franciscana”,
y en el talle de mujer
más bella…, bella con ganas.

¡Oh belleza santidad,
que es belleza en cuerpo y alma,
perfume que ya se huele
del cuerpo santo de Pascua!

Belleza, amor derretido
en silencio remansada,
belleza de san Damián
de pobreza engalanada.

Humilde virginidad
agua rota en la montaña,
de la luz cuerpo palpable,
de la luz muy digna hermana.

Y al fin será la Belleza,
cuando el dolor se deshaga,
y detrás de este aposento
pase a la divina estancia.

II
EL ROSTRO DE CRISTO

“Cuius pulchritudinem sol et luna mirantur” (Clara, Tercera carta de a Inés de Bohemia, 16)
“Cuius pulchritudinem omnia beata caelorum agmina incessabiliter admirantur…” (Clara, Cuarta carta a Inés de Bohemia, 10).

Y nadie podrá llamar
al Amor Belleza clara,
que el Amor y la Belleza
serán la misma sustancia.

Bello Amor, qué dulce eres,
cuando a Jesús  nos regalas,
y yo encuentro mi verdad
en la paz de su mirada.

El cielo será su gozo,
que del amor se rebasa,
y la belleza, la túnica
que transparenta las almas.

Mas ya Jesús tiene rostro,
porque la fe se adelanta:
yo vivo y amo y espero:
tu presente es mi esperanza.

Y con ojo penetrante,
yo miro como una lanza;
Dios es belleza, si no,
el mundo sería nada.

Y el Hijo fascinador
es la belleza que mata:
dulce muerte del sentido,
que la unión la deseaba.

¡Oh Cristo, luz de los cielos,
lucecita en mí encarnada,
mírame, que yo te mire
con mi carne enamorada!


18. Con verde y fragante palma

Rima espiritual
para el octavo centenario
del inicio de nuestra madre y hermana,
santa Clara de Asís
en Santa María de la Porciúncula (1212-2912)

1. Con verde y fragante palma
y el alma en ardientes ascuas,
celebremos la memoria
de nuestra madre y hermana.
Es una historia de amor
de Jesús Esposo en Clara,
seguida por ocho siglos
en la misma caravana.

2. Celebremos la belleza
de Cristo en Ramos y Pascua;
a cuyas plantas rendía
Clara virgen su mirada.
Francisco la recibía,
la cabellera cortaba,
y ante el altar del Señor
Clara a Cristo se entregaba.

3. Celebremos la pobreza
de una hermana iluminada,
que al ver al Pobre en la cruz
se vio cual pobre llamada.
Hermanas pobres serán
siendo así puras hermanas,
y la santa caridad,
será la armonía santa.

4. Celebremos esa vida,
que es Evangelio que mana;
la oración humilde y simple
será la constante llama.
Y la santa Eucaristía
nutrida con la Palabra,
será el pan en el desierto
y el festín que Dios regala.

5. Celebremos al Espíritu,
que a Clara llevaba en alas,
la divina inspiración
todos sus pasos guiaba.
El Espíritu nos lleva
a la divina morada,
y desde Dios Trinidad
al mundo en misión nos lanza.

6. Celebremos a la Iglesia,
que la Iglesia es nuestra casa;
nuestras penas y alegrías
en la Iglesia se desgranan.
Dulce Madre de la fe,
caricia que da confianza,
tú guardas pura y fecunda
nuestra vida franciscana.

7. ¡Honor al Verbo de Dios,
el Germen de toda gracia;
honor a ti, mi Jesús,
mi corazón y esperanza!
Por el camino amoroso
que tú revelaste a Clara,
condúcenos hasta el Padre
con tu mano ensangrentada. Amén.

Puebla de los Ángeles, 17 julio 2011

Para “Gotitas Capuchinas”, con amor
fr. Rufino María Grández

Puebla de los Ángeles (México), Santa Clara 2011.

Se ruega fraterna y gentilmente:
al usar este Poemario,
citar procedencia y autoría
En alabanza de Cristo. Amén.
Puebla de los Ángeles, 13 febrero 2012


Añadido (10 julio 2012)


19. Encuentro matutino del amor

“…Permite una evocación para entrar  en este Jardín de San Damián con poesía. Un jardín es un templo de poesía.
Clara es como una palabra que guardo escondida,  acaso como una crisálida, de la que nace la mariposa. He aquí el himno  compuesto para celebrar a santa Clara, como al eco del 750 aniversario de su Tránsito, que movió tal oleada de cosas hermosas” (Esencias de santa Clara, 1).

Encuentro matutino del amor
tu vida, hermana Clara, cual la mía:
un ímpetu que anhela y rasga el cielo
y emprende tras Jesús su travesía.

Pobreza es tu pureza, bella virgen,
pobreza es sólo Él en tus caricias;
pobreza es tu cantar de soledades
pues sólo Él, Jesús, es compañía.

Tu pecho, hermana, es tierno como un nido,
es todo para Él, a quien cobijas,
regalo que te da, virginidad,
al cálido vaivén de tus delicias.

Pobreza pura, el último misterio
de carne casta, rama florecida,
Clara, fontana fresca del amor,
resurrección de Cristo en esta vida.

¡Oh, quién pudiera en mí a ti encontrarte
oh, quién pudiera ver lo que uno ansía,
mendigo yo, oh Clara, de tu mano,
mendigo sin palabras si me miras!

¡Jesús, oh Dios, festín de enamorados,
belleza y paz, y luz de bienvenida:
a ti suba el incienso de los votos;
acéptalos, cual gloria que en ti brilla! Amén.

Tres Ojitos (Chihuahua), 20 febrero 2007
(Esencias de san Clara, 1)


20. Francisco y Clara juntos, alma y alma

Francisco y Clara juntos, alma y alma,
unida la Oración y la Palabra;
un solo corazón que se dilata,
un único carisma por la gracia.

Francisco en un espejo se retrata,
y Clara es su plantita delicada;
no existe el pobrecillo sin la hermana,
sin él la flor nacida fuera nada.

Y en esta comunión de regla y vida
queremos ser nosotros su familia,
en oración callada y ofrecida
y en la misión al mundo enardecida.

Jesús crucificado, que unificas
el corazón humano que te ansía,
condúcenos, Señor, bajo tu guía,
y da al sincero amor sabiduría.

¡Oh Dios de la unidad, oh Trino y Uno,
destino de quien busca el absoluto,
a ti la gloria viva, eterno fruto,
y todo nuestro amor como tributo! Amén.

Lago de Guadalupe, 12 de diciembre de 2002
(Esencias de san Clara, 2)



21. Su santidad fue sencilla
Santa Clara de Asís vista por su hermana Beatriz
en el proceso de canonización

Testimonio de Beatriz
1. Sor Beatriz de messer Favarone de Asís, monja del monasterio de San Damián, declaró bajo juramento que la testigo fue hermana carnal de madonna Clara, de santa memoria, cuya vida había sido casi angélica desde su niñez ya que fue virgen y permaneció siempre en virginidad. Y era solicita en las buenas obras de santidad, y tanto que su buena fama se divulgó entre todos los que la conocían.

Conversión de santa Clara
2. Y dijo que, habiendo oído san Francisco la fama de su santidad, muchas veces se acercó a ella para predicarle; y la virgen Clara aceptó su predicación y renunció al mundo y a todas las cosas terrenas, y se fue a servir a Dios tan pronto como le fue posible.
3. Y vendió toda su herencia y parte de la herencia de la testigo y la dio a los pobres.
4. Y luego, san Francisco la tonsuró ante el altar, en la iglesia de la Virgen María, llamada de la Porciúncula, y después la llevó a la iglesia de San Pablo de las Abadesas. Y, como sus parientes quisieron sacarla de allí, madonna Clara agarró los manteles del altar y se descubrió la cabeza, mostrándola rapada; y de ningún modo quiso acceder, ni se dejó sacar de allí, ni regresar con ellos.
5. Más tarde, san Francisco, fray Felipe y fray Bernardo la llevaron a la iglesia del Santo Angel de Punzo, donde estuvo poco tiempo y de donde fue llevada a la iglesia de San Damián, lugar en que el Señor le dio más hermanas que gobernar.
Preguntada por cómo sabía las cosas antedichas, contestó que, siendo ella su hermana, unas cosas las había visto y otras las había oído de la misma madonna Clara y de otros.
Preguntada sobre cuánto tiempo hacía, contestó: unos cuarenta y dos años.

Vida religiosa de santa Clara en el monasterio
6. Dijo también la testigo que, siendo madonna Clara abadesa en el monasterio, se condujo en su gobierno tan santa y tan prudentemente, y tantos milagros hizo Dios por medio de ella, que todas las hermanas y todos los que la conocieron la tuvieron y la tienen como santa.
Preguntada por en qué estaba la santidad de madonna Clara, respondió que estaba
                  en la virginidad,
                  en la humildad,
                  en la paciencia y afabilidad,
                  en la corrección necesaria,
                  en las dulces exhortaciones a las hermanas,
                  en la asiduidad en la oración y la contemplación,
                  en la abstinencia y el ayuno,
                  en la aspereza del lecho y del vestido,
                  en el desprecio de sí misma,
                  en el fervor del amor de Dios, en el deseo del martirio;
                  y, por encima de todo, en el amor al Privilegio de la Pobreza.
                 
7. Preguntada por cómo sabía las cosas antedichas, contestó: porque había visto que ella practicaba todas estas cosas, y porque era su hermana carnal y había vivido con ella en el monasterio durante unos veinticuatro años. Y antes había tratado y vivido con ella, como hermana suya. Y aseguró que era tal la bondad de madonna Clara, que su lengua no era capaz de expresarla.
8. Preguntada sobre qué milagros había obrado el Señor por medio de ella, contestó que Dios había curado a algunas hermanas al trazar ella la señal de la cruz sobre las mismas. Y otros muchos milagros; pues Dios, por sus oraciones, defendió al monasterio de los sarracenos, y a la ciudad de Asís del asedio de los enemigos, según se cree públicamente.
Preguntada por cómo sabía esto, contestó: porque vio cuando ella hizo oración y cuando huyeron los sarracenos sin hacer ningún daño a ninguna ni al monasterio. Y luego de haber hecho oración, al día siguiente, el ejército que estaba a las puertas de la ciudad de Asís se retiró
9. Preguntada sobre la curación de las hermanas, contestó que por medio de madonna Clara habían sido curadas sor Bienvenida, sor Cristiana y otras más.
Preguntada sobre cómo lo sabía, contestó que primero las había visto enfermas y muy mal, hasta que la santa madre, trazando sobre ellas la señal de la cruz, con la oración, las curó v después las había visto sanas.
(Proceso de canonización)


                  1. Su santidad fue sencilla,
                  transparente como el agua:
                  fue virgen, toda de Cristo,
                  virgen solo por gracia.

                  2. Humilde, paciente, afable;
                  era madre y fue la hermana,
                  suave en la corrección,
                  muy dulce cuando exhortaba.

                  3. Fiel en la santa oración,
                  y en contemplación muy alta,
                  en la abstinencia y ayuno
                  como esposa enamorada.

                  4. Pobre en el lecho y vestido
                  como el Niño en unas pajas;
                  era toda para todas
                  y de sí misma olvidada.

                  5. Y ardientemente por Cristo
                  el martirio deseaba:
                  en la santa Eucaristía
                  su vida a Dios inmolaba.
     
                  6. Su secreto y privilegio
                  lo que más de todo amaba,
                  era la santa Pobreza
                  que Francisco le enseñara.

                  7. En milagros florecía
                  la gracia que Dios le daba,
                  mas su hermosa santidad
                  en los milagros no estaba.

                  8. Oh Clara, Virgen humilde,
                  nuestra madre y nuestra hermana,
                  condúcenos hasta Cristo,
                  por sus huellas y palabras.

                  9. ¡A ti, Cristo, Esposo amado,
                  el amor y la alabanza,
                  a ti el gozo y nuestros cánticos,
                  oh Hijo, luz de la patria! Amén.

Tres Ojitos (Chihuahua), 23 de marzo de 2007
(Esencias de santa Clara, 5)


22. De esencias del Evangelio

Si hoy en la Iglesia, desde hace varios decenios, estamos viviendo una Edad de Oro en los Estudios clarianos, queda todavía una palabra por decir. ¿Cuál? Acaso la mía...
La Iglesia nos ha lanzado a la “fidelidad creativa”. Ser fiel no significa repetir lo que ya se hizo, sino hacer algo nuevo desde la inspiración de donde se hizo lo que se hizo. Y este es el desafío de la vida clariana hoy en la Iglesia.
Las esencias evangélicas de santa Clara están en el primer capítulo de su Forma vitae (Clara no habla de Regla, sino de una Forma o Manera de vida..., que queda abierta); en el capítulo primero - repetimos - y en el capítulo sexto, en el que cita a Francisco. Tres referencias, un “sagrado trío” resumen el meollo de la vida de Clara: ser pobre, ser hermana, ser de Francisco. ¿Tendremos valor?
Este himno - o esta cantinela juglaresca, o esta rima - quiere lanzarnos a ello. Con la gracia de Dios, lancémonos. Clara, “mujer nueva” (ministros generales en un centenario); Clara “nueva vida”, Clara “lluvia y río”.
Quiéralo el Señor en su misericordia.


1. De esencias del Evangelio
fue tu vida, lluvia y río,
Clara de Asís en la Iglesia
nuestra guía y desafío.

2. Oh Clara, nueva palabra,
voz de Dios sin vocerío,
enséñanos la labor
de nuestro libre albedrío.

3. Porque el amor es sorpresa,
nueva forma, nuevo brío,
y el esposo está a la espera
de oír lo que nunca ha oído.

4. Cumpliste tú tu belleza
con aquel primer plantío,
y el jardín de San Damián
quiere nuevo sembradío.

5. Es Hoy en el mundo amado,
es Hoy con bello rocío;
Jesús, muriendo de amor,
de amor busca señorío.

6. Una pobreza muy pura
una hermandad sin hastío,
y beber de san Francisco,
tal fue tu sagrado trío.

7. Clara, evangélica y bella,
refresco de nuestro estío,
eres amor, cuerpo y alma,
colmado el vaso vacío.

8. Eres hoy nuestro futuro,
el estreno que yo ansío
y esa humilde profecía
que señala nuestro envío.

9. Dulce madre, mi familia,
en la cual feliz sonrío,
que tu velo virginal
sea siempre mi atavío.

10. A Jesús, el más hermoso,
amor hasta el desvarío:
¡oh amor de todo amor,
de amadores el Navío! Amén.

Puebla, fiesta de Santa Clara 2007.
(Esencias de santa Clara, 12)

23. Clara, cristiana y hermana


Poema construido sobre la carat que el Papa Juan Pablo II escribió a las Clarisas el 11 de agosto de 1993, VIII centenario del Nacimiento de santa Clara. Véase la entrada 272. Clara, una vida hecha de pura Eucaristía.
Publicado en el número 272. Clara, una vida hecha pura Eucaristía (5 de agosto de 2012).


1. Clara cristiana y hermana,
enamorada a porfía,
y del Espíritu esposa,
como la Virgen María.

2. Clara de humilde pobreza
que santa unidad hacía,
Clara, la contemplativa,
silencio de cada día.

3. El tálamo de la Cruz
de heridas resplandecía,
rosas de amor que Jesús
a Clara esposa ofrecía.

4. El pesebre de Belén,
donde el tierno Rey yacía,
caliente de dulces besos
el misterio predecía.

5. Riquísima de pobreza,
Clara, hecha Eucaristía,
Clara de la Trinidad,
adoración y alegría.

6. Clara, anhelo, intimidad,
la que mi búsqueda ansía,
maestra de ruta hermosa,
me confío: sé mi guía.

7. Oh Cristo luz, que iluminas,
alzado, la travesía,
sé, Cristo, el Rey de la gloria,
oh gozo de nuestra latría. Amén.

24. Clara, penultima azucena (Como Poeta de tierra)
(Tomado de este blog, núm. 275. Clara, penúltima azucena, 8 de agosto de 2012)


1. Como Poeta de tierra
que canta a su enamorada,
yo te canto, Clara mía,
de mis ensueños aliada.

2. Clara que yo contemplo,
maceta de mi ventana,
ojos que puedo mirar,
y de mis sienes almohada.

3. Clara de mis cansancios,
que no me cansa pensarla,
candado en mi corazón
con una palabra sabia.

4. Clara, silencio turgente
y muerte como crisálida,
acaso tú me comprendas
lo que al decirlo se mancha.

5. Muy pura más que la nieve,
por Jesús santificada,
cuerpo que parece de alma,
alma de carne inmolada.

6. Yo desatado por ti,
¿qué voy diciendo, mi hermana?
Yo voy tejiendo deseos,
deseos de blanca lana.

7. Porque soñarte es soñarme,
en brisa de suave playa,
barquero a la mar abierta,
gaviota batiendo alas.

8. Clara escondida en mis libros,
y más en mi alma llana,
nido de plumas caricia,
y verso que me desgrana.

9. Acaso oración no cumpla
con palabras tan profanas;
no busqué en el diccionario,
que estaban todas sembradas.

10. Clara nocturna en mi vela,
semilla de mi alborada,
eres, Clara de Jesús,
alberca de mis miradas.

11. Ya no me voy, que no puedo,
aunque mi copla se acaba,
que nada hermoso termina,
si nace en  noche sagrada.

12. Clara de Asís, Favarone,
y del mundo Ciudadana,
muy apretado a tus brazos,
un beso que se me escapa...

(¡Hasta ahora, Clara, Clara…!).

Guadalajara, actualizado 8 agosto 2012, Santo Domingo de Guzmán.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Fr. Rufino:
Doy gracias a Dios todopoderoso por tí y por encontrar este bello material, ahora que nos preparamos para la Clausura del 8 centenario de la consagración de N.M. Santa Clara.
Gracias mil
Paz y Bien
Fr. José Alberto, OFM

Fr. Rufino Ma. Grández, OFMCap dijo...

Hermano:
Un generoso matrimonio me va a publicar en un folleto PIANTICELLA, con los 18 poemas que aquí se recogen y otros cuatro, hasta 22, tomados de "Esencias de santa Clara".
Paz y Bien en el Señor

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