martes, 21 de febrero de 2012

193. Un retiro cuaresmal

La Cuaresma,
humanidad divina de Jesús

Puntos para un retiro de Cuaresma sobre el Evangelio de Marcos 
a una Comunidad de consagrados o consagradas
(y a quien busca a Dios con corazón sincero)


I
Por una Cuaresma como vivencia mística
Sentido cristológico y redentor de la Cuaresma,
mysterium Christi

Nota en entrega. El hermano que escribe estas notas, escribió hace años un librito pedagógico, explicando elementos, proceso y espiritualidad de la Cuaresma. Parece que tuvo cierta fortuna porque El camino cuaresmal (CPL, Barcelona, 1994. 1996) fue traducido al italiano: Il cammino quaresimale (Libreria Editrice Vaticana 1996) y al portugués O Caminho quaresmal (Paulinas 2003). Ahí se describen, de una manera suficientemente orgánica, los elementos litúrgicos y espirituales que configuran la Cuaresma.
Los capítulos de esta pequeña obra son los siguientes:
Apertura de Cuaresma: Miércoles de ceniza, convocatoria de conversión - Las seis etapas del camino - El recio itinerario del Antiguo  - El día a día de la Cuaresma a la escucha de la  - Palabra - Semana Santa - Los tres ejercicios cuaresmales: el ayuno, la oración y la limosna - Como busca la cierva corrientes de agua: Cuaresma y bautismo - Últimos consejos: persona y comunidad cara a la Cuaresma
No es esta nuestra intención en este momento, sino destacar ciertos rasgos, con estilo meditativo, para que cada hermano según la inspiración del Señor trace su propio proyecto – o camino – cuaresmal.

1. Texto  Marcos 1,9-1
Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.
Apenas salió del agua vio rasgarse los cielos y al Espíritu que baja hacia él como una paloma.
Se oyó una voz desde los cielos: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.
A continuación el Espíritu lo empujó al desierto.
Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles le servían

2. Bautismo y Cuaresma: perspectiva mistérica

1. En los Evangelios la Cuaresma de Jesús sigue al Bautismo de Jesús. Los dos episodios son inseparables. Aunque sean sucesivos en la cronología, en su íntimo sentido, en la vivencia que estructura a las personas, son indivisibles, con estas dos características:
1ª. La Teofanía del Bautismo no es el resultado de la preparación cuaresmal, como actualmente en las órdenes religiosas la profesión se hace después de la preparación larga, penitencial y silenciosa del noviciado. Al contrario, la Teofanía es el punto inicial y necesario para iniciar la Cuaresma, al cual se presenta al lector del Evangelio como obra del Espíritu, que conduce a Jesús. En suma, no hay Cuaresma de Jesús sin la previa Teofanía.
2ª. Por ello, la Cuaresma de Jesús es, ante todo, la revelación de la humanidad divina de Jesús, la consumación de su ser humano, cuyas profundidades se han comenzado a  descubrir cuando Jesús ha pedido el bautismo a Juan.
Con este enfoque radical estamos dando a la Cuaresma un enfoque primordialmente místico, por encima de la tarea ascética que es el programa que primero emerge al empezar a reflexionar sobre ella.

3. La Cuaresma, experiencia creatural

Sondeo sobre la experiencia humana
 La Cuaresma implica, en su ser, la experiencia creatural en la última radicalidad del ser.
Las vivencias de la creatura, en cuanto tal, vistas en un hombre cualquiera, son múltiples, como estas:
- Perspectiva de la muerte, que puede acaecer en cualquier momento por causas previsibles e imprevisibles, internas y externas: experiencia de la finitud en el tiempo, que trunca en su raíz la posesión del anhelo de inmortalidad.
- Experiencia de la enfermedad, que es el tope del cuerpo pasajero. La enfermedad nos habitan como un aviso constante, y se va manifestando en la vida con sus altibajos.
- Experiencia de la sustancial soledad como confinamiento del ser humano en sí mismo. No hablamos de la postergación, de la que uno puede ser objeto; ni tampoco de fracasos experimentados – acaso afectivos – que le repliegan a uno sobre sí mismo, sino de una soledad de más abajo, en que se encuentra el Yo como su hábitat.
- Experiencia de los avatares y caprichos de la vida, que no se pueden dominar. El triunfo, el logro en la vida no son proporcionales ni a los sueños ni al trabajo que uno ha puesto en el empeño. La vida lleva dentro un misterio aleatorio, que se hurta a nuestro dominio. La vida fluye, poderosa, si bien a merced de causas imponderables.
- Experiencia de grandes frustraciones. La vida está llena, si no de fracasos, sí de frustraciones. El ministerio de Jesús comportará la frustración de la no respuesta de su pueblo, comenzando con el drama mismo  de sus apóstoles.

Una descripción del ser humano
Todas estas múltiples experiencias nos llevan a una descripción del ser humano con este género de características:
- un ser desajustado entre sus anhelos y sus realidades;
- un ser donde se verifica de modo personal e inmediato la suprema indigencia; la pobreza en este fondo sustancial se llama indigencia;
- un ser anhelante de vida, que busca emborracharse de lo que sea (p.e., el deporte) para vivir, en verdad o falsedad, u olvidarse de la muerte que le corroe dentro;
- el deseo de vida puede concretarse en el deseo de una inmortalidad generacional, si bien nadie sabe cuál va a ser la suerte de sus hijos. (El matrimonio es la opinión inmediata, acertada o problemática, a fuerza de múltiples circunstancias, de la casi totalidad de la familia humana)
- un ser con una voracidad insaciable de amor;
- un aspecto de la indigencia es la inseguridad en que transcurren sus días;
- un ser que busca la verdad y se tropieza de continuo con el tope. El tope de la verdad son las infinitas teorías para todo.
- un ser que padece la experiencia más dura, la del Deus absconditus. ¿Quién es Dios para el hombre errabundo, cuando los dioses diferentes han conformado las distintas religiones desde tiempo inmemorable? ¿Es que Dios ha desamparado al hombre de tal manera que le deje a merced de sus propias opiniones.


Dilema absoluto: el hombre es creatura, no es Dios
Todas estas indigencias, que presentan variedades distintas según cada historia personal, se reducen a una: el ser humano es una criatura, y no es Dios. Y debe aceptar su puesto en el mundo como creatura, y jamás intentar suplantar a Dios, cosa que no hizo Adán, mostrándonos a todas las generaciones cuál es el pecado que llevamos dentro.
Ese es el misterio humano: alteridad, parentesco, plenitud.

La pecaminosa actitud del hombre es huir de sí mismo y ser esquivo a la verdad, y espontáneamente lucha por retorcer la verdad y evadirse de ella.
Cuando huimos de la Verdad, lo hacemos por un fortísimo impulso interior, mediante el cual,
- o bien queremos justificarnos a nosotros mismos ante nuestra conciencia, forzando sutilmente cuanto haya que forzar en una semioscuridad para decirnos que estamos en la verdad;
- o bien huimos de la verdad para justificarnos ante los demás.

Tentación de fuga de sí mismo
Insistimos. Una “solución de vida” es olvidarnos de nosotros, no abordar la propia interioridad, y dedicarnos a trabajar…, trabajar…, organizar, planificar, trazar esquemas, redactar documentos, celebrar reuniones… pasando por encima de la oración, vivida y celebrada que nunca negada, queda postergada y mal vivida. En definitiva, optar por una vida de áurea mediocridad, con buen renombre al exterior y cierta autosatisfacción interior de que, al fin de cuentas, estamos trabajando por el Reino.

Te invito, hermano, para tu examen cuaresmal, a responder a preguntas, situadas no en los parámetros de una áurea mediocridad, sino en el anhelo de ser todo de Dios con una lógica total.

(Nota. En este sondeo del corazón humano hemos visto con datos concretos de nuestra realidad de familia religiosa casos tristísimos, públicos, que uno quisiera olvidar, pero han sido realidad, desfigurada imagen del corazón; o de la Iglesia – tal como el reciente Congreso convocado en Roma contra la pederastia –;  o de la sociedad en general: la realidad truculenta de las muertes por el narcotráfico… Todo ello nos remite a la marea del pecado que ha invadido la humanidad, según la consideración de san Pablo en Romanos 1-2).

4. El ser humano como morada del Espíritu

1. Si uno quedara anclado en la visión negativa del hombre, que hemos descrito, pudiera sucumbir frente a sí mismo sin salida.
No puede hacer uno de la contradicción inherente en nosotros, la pauta de su conducta. Ahí no puede surgir ni la esperanza ni la alegría, nutrición esencial para vivir y seguir viviendo.
Estamos habitados por otro mundo interior, que nos transforma y diviniza.  Cada uno debe encontrarlo, por gracia, y cultivarlo.
Hay una verdad sustentante del ser sobre las que se arman todas las demás en nuestro itinerario humano: es la nostalgia de Dios que no nos abandona en ninguna etapa de nuestra vida, más aún, en ningún instante. Platón lo captó cuando escribió sobre el amor en “El Banquete”. Y en  la misma línea san Agustín, al comenzar sus Confesiones (es decir sus Reconocimientos y Alabanzas a Dios) lo expresó así: Nos has hecho, Señor para ti, y nuestro corazón anda inquieto mientras no descanse en ti.
En este mundo interior se halla el verdadero amor. Es posible, por ejemplo, una divina amistad en la tierra; es posible que alguien, una mujer, pueda decir con un corazón limpio, sin traicionar al Señor: “Te quiero”.

Sobre esta espiritual amistad – por seguir la alusión – escribe el monje cisterciense Elredo de Rieval (en su orden san Elredo) su tratado De amicitia spirituali (ca. 1160). Cicerón disertó sobre la amistad (De amicitia, 20: “Amistad es tener un mismo sentir, con benevolencia y caridad, acerca de las cosas humana y divinas”). Y ya antes Aristóteles había dicho que nada más dulce en la tierra.
Elredo escribía en sus diálogos, lo que seguramente había experimentado:

“Me parece que amigo viene de amor. El amor es cierta afición del alma racional por la que ella busca algo con ardor y lo apetece para gozarlo; lo goza con cierta suavidad interior, lo abraza y lo guarda como adquisición propia. (…)
El amigo es el custodio del amor o, como dicen otros, el guardián del alma (Cicerón). Sí, es necesario que mi amigo sea custodio del mutuo amor y, aún más, de mi misma alma, para que guarde con silencio fiel todos sus secretos; para que cure y cargue con todas sus fuerzas cualquier vicio que vea; para que goce cuando gozo y llore cuando lloro, y sienta que son todas suyas las cosas de su amigo” (De amicitia spituali, Lib. I, 20).

2. Sí, para no asfixiarnos de tristeza, para no sucumbir en la onerosa tarea de la vida, necesitamos refugiarnos en lo interior – sin evadirnos del mundo – donde aparece la nueva creación.
Necesitamos encontrar la Belleza de Dios, concreta en algo (personas, pensamientos, actividades) y estrecharla dulcemente en nuestros brazos, y dejarnos acariciar por ella, para no enfermar mortalmente por los malos pensamientos. Aun la teología puede ser una cadena de malos pensamientos, que no liberan el ser, por más que sea amargo el pecado y no se pueda esquivar.
En el alma hay un jardín. Que no se seque por falta de riego; que todos los días podamos pasear por él, oreados por la brisa de la tarde.

3. Es un empeño diario de conversión el sacar de lo hondo de nosotros mismos (que tratamos de entregarnos del todo al Señor) ese fondo de la Nueva Creación en la cual respiramos, y que es la que sustenta nuestra esperanza.


II
La Cuaresma mística de Jesús
Encuentro con Dios, encuentro consigo, encuentro con el mundo

La Cuaresma de Jesús está encuadrada mentalmente dentro de lo que en el Antiguo Testamento es el desierto, de múltiples evocaciones. El desierto es el lugar de Sinaí, lugar de alianza y consagración.
En Jesús consagración y Alianza son del todo únicas.
Su Cuaresma es absolutamente mística, sin que pueda  separarse de su Cuaresma ascética (anacoreta del desierto, en duro ayuno).


1. El encuentro con Dios

1. Ante todo y radicalmente la Cuaresma de Jesús es una vida con el Espíritu que le lleva al Padre. La Cuaresma de Jesús habrá que definirla por la relación que se ha establecido entre el Espíritu y él.  Es un misterio espiritual, exclusivo y privativo de Jesús, que nosotros no podemos barruntar.
Nos quedamos en este umbral. Y ahí lo que produzca el Espíritu en nosotros.

2. Al hablar del Espíritu, hablamos del Padre, pues para la criatura el Espíritu es el mistagogo del Padre, el que lleva al Padre.
La Cuaresma de Jesús no puede ser otra cosa sino la prolongación de la ocurrido en el Bautismo: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.
Esa es la palabra que uno puede captar como resonancia de la meditación de Jesús en el desierto.
Si la Cuaresma es ayuno, el ayuno no es sino la contrapartida de esa nutrición espiritual que le da de continuo el saberse Hijo amado, e incluso hijo único del Padre. Obviamente que en Jesús el ayuno no es ayuno penitencial de reparación de sus pecados, sino que es ayuno de sentirse alimentado de otra forma.


2. El encuentro consigo en el Espíritu

Historia externa e historia interna de Jesús
La teología se las trae en siglos recientes con un gran debate sobre el Jesús Histórico y el Cristo de la Fe, como si fuera dos matizadamente distintos que hay que estudiar con métodos exegéticos distintos.
La “aproximación al Jesús histórico”, sin prescindir de la fe, halla su fuente inmediata en la investigación crítico-histórica de la forma del texto que la ha contado, los cuatro Evangelios. Por principio, las hipótesis se multiplican innumerables, porque las conclusiones no son evidentes. (Por ejemplo, Jesús no nació en Belén, sino en Nazaret, y todo lo referente a Belén es una pura construcción teológico-mesiánica… ¿Quién puede asegurarnos de que esta mera hipótesis de aproximación al Jesús Histórico es críticamente demostrable?
La historia que se alcanza – cuando se alcanza - de Jesús es, básicamente, los datos de su historia externa, a los que, supuestamente, según las circunstancias corresponden atisbos de su historia interna; por ejemplo, su espíritu crítico, su misericordia, sus preferencias…

Pero la verdadera y profunda historia íntima, la historia interna de Jesús, está vedada a la investigación crítica.
- La historia interna de la infancia de Jesús (salvo el episodio de sus doce años) está oculta, es un secreto. “Crecía” es simplemente el testimonio que se refiere a su adolescencia, pero que vale igual de su infancia, y el complemento: “en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,52).
- ¿Qué sabemos de la juventud y primera adultez de Jesús, edades en que se define y fragua definidamente la persona? Nada. Suposiciones por vía comparativa, de lo que se hacía y se vivía en Israel.
Pero para conocer al “individuo” su historia interna es la que nos interesaba, la reveladora, más que la historia interna.
Para la historia interna de Jesús tenemos nuestros parámetros personales, en virtud de los cuales, hacemos las correspondientes aplicaciones: así habría sentido Jesús…

3. La Cuaresma de Jesús como encuentro sacramental con los hombres, sus hermanos

1. Jesús se ha separado de la Comunidad de Israel – de la frecuencia a la sinagoga – para entrar de otro modo en el corazón de la Comunidad de Dios.
¿Qué ha llevado Jesús al desierto en su alforja de anacoreta? A lo mejor nada, ni alforja.  Jesús va como el día primero de la creación, cuando Adán y Eva fueron puestos en el mundo sin nada. El que tiene a Dios y puede contar con él, nada necesita; es la pobreza gloriosa.
Habría sido demasiado llevar un rollo de la Torá, o de los Profetas. ¿Pará qué? ¡Con lo que él llevaba dentro…!
Algo querrá significar cuando describe que vivía con las fieras y los ángeles le servían.
Al parecer, Jesús entra en el estado adámico, cuando, antes del pecado, reinaba la armonía. Y quizás podamos decir: ¡Qué feliz fue Jesús en el Paraíso del desierto!
El servicio de los ángeles no está contemplado, seguramente, como el homenaje final, como el premio a la victoria. Esta doble compañía habitual de las fieras y los ángeles acaso esté anunciando el inicio del mundo nuevo, que emerge desde la Trinidad, desde la comunión amorosa que él tiene con el Padre.

2. La lejanía del mundo, a veces nos aproxima increíblemente a los hombres, porque la soledad, ungida de oración, desarrolla enormemente las vísceras de la misericordia. A distancia, todo parece pequeño y perdonable. Y los afanes que tanto nos han hecho sufrir quedan muy relativizados. Es que, al final, ¡solo Dios! Y uno adquiere entrañas de misericordia para sí y para el mundo.

3. De Jesús en el desierto, antes bautizado en el Espíritu, consagrado en la Trinidad, sale el hombre nuevo anunciador del Reino. Es el mundo que va a anunciar Jesús y por el que va a morir en la Cruz: el mundo de las Bienaventuranzas, el Evangelio de los pobres.
El desierto para él ha sido el sello indeleble de su misión. Jesús, que ora de continuo, no tendrá un segundo desierto, porque su desierto fue de una vez para siempre.

4. Pero ha  luchado contra Satanás. Luego, a secuencia de san Marcos, la tradición evangélica de Mateo (4,1-11) y Lucas (4,1-13) especificará las tres tentaciones bíblicas que Jesús ha enfrentado cara a cara con el Adversario, y las ha vencido; lo ha vencido. Este es el Hombre. Es el hombre representativo de la Humanidad, que toma las riendas del destino humano, que Adán no las tomó.
Las tentaciones, descritas con un lenguaje u otro, son las tentaciones de Adán, de Israel, del ser humano en su historia, las mías. En el fondo, son todas las tentaciones.

Jesús podrá enseñarnos a orar en el Padrenuestro: “…y no nos introduzcas en la tentación” (Et ne nos inducas in tentationem), porque él las ha vencido todas, derrocando a Satanás justamente en el desierto.
La tentación a la que Jesús se refiere es la tentación escatológica, pero es que cada ser humano ya está en la tentación escatológica, en la que se juega su fidelidad  Dios o su condena.

5. Jesús está con los hombres y los hombres están con él. Y esto por una solidaridad que transciende el mero dato histórico, el cual no es constatable. Las tentaciones de Jesús son mis tentaciones: yo estaba allí, era tentado en él. Es clásico el texto de san Agustín (véase la lectura del Oficio de lectura del primer domingo de Cuaresma). Pero, igualmente y sobre todo – añadirá el santo doctor – la victoria de Jesús sobre el Tentador es mi propia victoria: yo estaba allí en él y con él.

6. Volviendo a la historia, el desierto y las tentaciones de Jesús son la historia al vivo de Jesús, son la proclamación de una humanidad igual que la mía, pero traspasada misteriosamente de ese Dios que yo anhelo, y al que él, de una manera única, puede llamar: ¡Dios mío, Padre mío!
Jesús es historia; es el pedestal de mi historia.


III
Desde todo lo dicho, nuestra Cuaresma,
mi Cuaresma

Una Cuaresma centrada en el misterio de Cristo

Yo puedo “programar” mi Cuaresma, apuntándome una serie de actos o propósitos cuaresmales, como el cristiano que dice: Yo en Cuaresma no voy a fumar, no voy a ir al cine… Está bien, pero hay algo mejor.
Vayamos directamente a Cristo, al misterio que él ha vivido. Y preguntémonos: ¿Cuál es la participación que me está ofreciendo Jesús? Desde Jesús, por Jesús, para Jesús  voy a participar en la Cuaresma, que la Iglesia instituye, no como una táctica, sino como venerabile sacramentum.
La Cuaresma de Jesús fue una Cuaresma trinitaria. ¿Cuál es la llamada de Jesús para mí a la fe y a la contemplación que debe dar forma a mi vida?
Y así en todas las demás preguntas que se planteen.

Una Cuaresma en mi camino personal

La Cuaresma en una llamada a la conversión cristiana, a la conversión al Evangelio.
Mi vida no puede ser otra que la vida evangélica. Solo la conversión abre las fuentes de la alegría. Posiblemente haya que dar fuertes virajes en mis hábitos y comportamientos, desde la sinceridad absoluta del corazón.
Una pregunta, hermano: ¿Cuántas veces acudes al sacramento de la reconciliación?
Haz un examen con sinceridad para que tu vida vuelva al Señor. Y no olvides que solo el amor puede ser la medida de tu entrega. La entrega que firmamos un día es una entrega sin condiciones. No somos “profesionales religiosos”; somos seguidores de Jesús hasta la muerte. A él hemos entregado cualidades, salud, tiempo, libertad y corazón.

Una Cuaresma con vibración comunitaria

Hay un método socorrido de: En Cuaresma nos vamos a privar de esto y de esto, y además vamos a hacer el Via Crucis todos los viernes. ¿Crees que con eso la Comunidad vibra en el misterio de Jesús?
Una Cuaresma en comunidad es, ante todo, una conversión a la fraternidad; un empeño generoso de sinceridad y de amor; una disponibilidad completa para colaborar y compartir; una luz nueva de que el Señor me hace partícipe de la vida íntima de mis hermanos, que respeto y que debo llevar día a día a la oración.
Una Cuaresma en Comunidad es una Cuaresma en la que todos y cada uno de los hermanos vibran por el anuncio evangélico y las obras apostólicas que se llevan a cabo.
Y así sucesivamente piensa la comunidad en oración y discernimiento.

En verdad y amor

La verdad es siempre más hermosa que la mentira, aunque sea la verdad de mis pecados…
El que quiere ir a la luz no puede pactar con las tinieblas para disimular su propio pecado, ni el pecado de su comunidad. No podemos hacernos preguntas agresivas que quizás producen heridas que no se restañan. Pero siempre tenemos que ir en búsqueda de la verdad, sin negarla. El Señor nos conceda el don de la humildad para ser dignos de la verdad.
La verdad y el amor se besan. Y en ese beso está la santa Pascua de Jesús.

En alabanza de Cristo. Amén.
Puebla, 21 de febrero de 2012 (víspera de Cuaresma).

Fr. Rufino María Grández Lecumberri
Noviciado de hermanos menores capuchinos
Puebla, Pue. (México)

Para el curso de la Cuaresma invitamos al lector a acudir al Himnario de Cuaresma, en mercaba.org

1 comentarios:

Laura Blanco dijo...

Querido Padre Rufino, inicia este tiempo de Cuaresma y con sus palabras puedo ver con mayor luz y entendimiento la manera de vivirla.
Gracias por esta forma tan verdadera de evangelizar mi alma a través de sus palabras.
Dios lo siga bendiciendo y llenando de sabiduría para ayudarnos a entender las palabras hermosas del evangelio.

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