lunes, 6 de febrero de 2012

186. Paisajes del corazón y Mártires de Nagasaki

Meditación sobre los distintos estados
que crea el Espíritu Santo en el corazón



Hermanos:
1. El Oficio de lectura (que antes se llamaba Maitines) es una hora litúrgica dedicada a meditación, contemplación y disfrute de la fe leyendo las santas Escrituras y las páginas bellas que a lo largo de los siglos ha ido produciendo esa fe que nos nutre.
La semana pasada, el viernes de la IV semana del tiempo ordinario, nos ofrecía este oficio de lectura un texto del siglo IV – época de oro de la patrística griega -, una homilía de autor anónimo, realmente admirable y delicioso. Los especialistas examinan el origen este tipo de literatura, pero no es mi asunto detenerme ahora en ello. (Véase, por ejemplo, Jaume Fábregas y Alexandre Olivar, La voz de los Padres en la Liturgia de las Horas. Los autores eclesiásticos del Oficio de lectura. Biblioteca Litúrgica. Centro de Pastoral Litúrgica. Barcelona 2002, en concreto, Homilías anónimas, pp. 133-134).
El pasaje que traemos a colación procede, según la inscripción, de las Homilías de un autor espiritual del siglo cuarto (Homilía 18, 7-11: Patrologia Griega de Migne 34, 639-642).
Al leer este texto venerable, inmediatamente acuden al espíritu las delicadas reglas de discernimiento de  espíritus que ha trabajado san Ignacio en los Ejercicios Espirituales desde su propia experiencia espiritual y desde al experiencia que ha encontrado en la Iglesia. Lo del discernimiento de los varios espíritus que agitan el interior del hombre viene a ser como la filigrana de los Ejercicios Espirituales.
Si abrimos los ojos a la creación vemos lo que se presenta a nuestra vista: paisajes de infinidad de representaciones, paisajes de incontables matices y tonalidades…, paisajes que, a veces, embriagan con una embriaguez de belleza. Así es el corazón: esos paisajes que se dan, por gracia, cuando nos visita el Espíritu Santo y uno, con sencillez, se abre a la gracia.
Al transcribir el texto, vamos notando con los paréntesis estos cambios de paisaje.

* * *
Los que han llegado a ser hijos de Dios y han sido hallados dignos de renacer de lo alto por el Espíritu Santo y poseen en sí a Cristo, que los ilumina y los crea de nuevo, son guiados por el Espíritu de varias y diversas maneras, y sus corazones son conducidos de manera invisible y suave por la acción de la gracia.
(Primer paisaje. Llorando con amor) - A veces, lloran y se lamentan por el género humano y ruegan por él con lágrimas y llanto, encendidos de amor espiritual hacia el mismo.
 (Segundo paisaje. Alegría y abrazo al mundo) - Otras veces, el Espíritu Santo los inflama con una alegría y un amor tan grandes que, si pudieran, abrazarían en su corazón a todos los hombres, sin distinción de buenos o malos.
(Tercer paisaje. Humildad, el último de todos) - Otras veces, experimentan un sentimiento de humildad que los hace rebajarse por debajo de todos los demás hombres, teniéndose a sí mismos por los más abyectos y despreciables.
(Cuarto paisaje. Gozo inefable) - Otras veces, el Espíritu les comunica un gozo inefable.
(Quinto paisaje. Valor para el combate) - Otras veces, son como un hombre valeroso que, equipado con toda la armadura regia y lanzándose al combate, pelea con valentía contra sus enemigos y los vence. Así también el hombre espiritual, tomando las armas celestiales del Espíritu, arremete contra el enemigo y lo somete bajo sus pies.
(Sexto paisaje. Silencio y bienestar iefable) - Otras veces, el alma descansa en un gran silencio, tranquilidad y paz, gozando de un excelente optimismo y bienestar espiritual y de un sosiego inefable.
(Séptimo paisaje. Inteligencia y sabiduría) - Otras veces, el Espíritu le otorga una inteligencia, una sabiduría y un conocimiento inefables, superiores a todo lo que pueda hablarse o expresarse.
(Octavo paisaje. Nada en especial) - Otras veces, no experimenta nada en especial.
De este modo, el alma es conducida por la gracia a través de varios y diversos estados, según la voluntad de Dios que así la favorece, ejercitándola de diversas maneras, con el fin de hacerla íntegra, irreprensible y sin mancha ante el Padre celestial.
Pidamos también nosotros a Dios, y pidámoslo con gran amor y esperanza, que nos conceda la gracia celestial del don del Espíritu, para que también nosotros seamos gobernados y guiados por el mismo Espíritu, según disponga en cada momento la voluntad divina, y para que él nos reanime con su consuelo multiforme; así, con la ayuda de su dirección y ejercitación y de su moción espiritual, podremos llegar a la perfección de la plenitud de Cristo, como dice el Apóstol: Para que seáis colmados hasta poseer toda la plenitud de Cristo.

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Las vidas de los santos – muy particularmente los diarios y cartas espirituales que nos han dejado – manifiestan de modo palmario la verdad estos paisajes diferentes que se dan dentro de nosotros.
Hoy celebramos la memoria de los Mártires de Nagasaki (año 1597), y es un gozo leer las cartas escritas camino del martirio. ¿Se puede ir al martirio con el corazón ungido de gozo que produce el Espíritu Santo? Así nos lo cuentan ellos y así es fue la realidad. Oigámosles.

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De las cartas de san Pedro Bautista, camino del martirio
(De 4 de enero y 2 de febrero de 1597: Edición Archivo Iberoamericano 5 [1916], pp. 303-309).

A seis hermanos de los que acá estamos nos han tenido presos muchos días, y nos sacaron por las calles públicas de Meaco con tres japoneses de la Compañía, uno de los cuales era hermano recibido ya, y otros cristianos, que por todos somos veinticuatro. Y después de esto se dio sentencia que nos crucificasen en Nagasaki, donde ahora vamos de camino por tierra, que son más de cien leguas de Castilla, por ser en este mes y llevamos a caballo, y muy bien guardados, porque levamos algunos días más de doscientos hombres para nuestra guardia. Con todo eso, vamos muy consolados y alegres en el Señor, porque la sentencia que se dio contra nosotros dice que porque predicamos la ley de Dios contra el mandato del rey nos mandan crucificar, y a los demás por ser cristianos.
Los que tuvieren espíritu de morir por Cristo ahora tienen buena ocasión. Lo que yo siento es que se animarían mucho los cristianos si por acá viesen religiosos de nuestra Orden; aunque puede tener por cierto que, mientras durase este rey, no se conservarán muchos días en Japón en nuestro hábito, porque luego los trasladarán a la otra vida, ad quam nos perducat (a la que Dios nos conduzca).
La sentencia que se dio contra nosotros traen públicamente delante de nosotros, escrita en una tabla. Dice que porque hemos predicado la ley de Nauan contra el mandato de Taycosama, y que en llegando a Nagasaki nos crucifiquen; por lo cual estamos muy alegres y consolados en el Señor, pues que por predicar su ley perdemos las vidas.
Venimos seis frailes y dieciocho japoneses, contenidos en la sentencia; unos por predicadores y otros por cristianos. De la Compañía de Jesús viene un hermano y un dóxico y otro hombre.
Sacáronnos de la cárcel y subiéronnos en unas carretas, y a todos los dichos cortaron a cada uno un pedazo de una oreja, y así nos pasearon por las calles de Meaco, con mucho aparato de gente y lanzas. Volviéronnos a la cárcel, y otro día nos llevaron bien atados, las manos atrás, y a caballo, a Usaca; y otro día nos sacaron de la cárcel y nos pasearon en caballos por las calles de la ciudad, y nos llevaron a Sacay y allí hicieron lo mismo, y con pregón público en todas tres ciudades. Entendimos que nos quitarán las vidas, pero a la vuelta supimos en Usaca que mandaban viniésemos a Nagasaki a lo dicho.
Por amor a Dios pedimos todos con mucho fervor oren por nosotros, que el viernes que viene, creo, sin falta nos crucificarán, según lo que acá he oído. En ese mismo día nos cortaron en Meaco parte de una oreja. Por grandes mercedes de Dios tenemos todo lo dicho. Ayudas, hermanos carísimos, de oraciones, para que sean gratas a su Majestad nuestras muertes, que en el cielo, donde esperamos ir, Deo volente (si Dios quiere), seremos gratos, y acá no he estado olvidado de vuestras caridades, antes los he tenido y tengo en mis entrañas.
Adiós, hermanos carísimos, que no hay lugar para más. Usque in coelum. Mementote mei (Hasta el cielo. Acordaos de mí).

NOTA. Sobre este grupo de mártires hemos amplia noticia, agregando un himno en mercaba.org / Flos sanctorum / 6 febrero. Véase: Mártires de Nagasaki.

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