jueves, 8 de marzo de 2012

201. Transfiguración (5). Los ecos del silencio

Instrucción
Sobre el Silencio en la celebración de la Eucaristía



Enlace: “Mi Hijo amado: ¡Escuchadle!”

Nos vamos deteniendo estos días (semana segunda de Cuaresma) en contemplar la Transfiguración del Señor: la Gloria y la Voz, la Gloria para verla,  la Voz para escucharla.
Y, estando en estos pensamientos, llega a nuestro corazón la catequesis que ayer (miércoles, 6 marzo 2012) daba el Papa a los diez mil fieles que acudieron en el encuentro habitual de los miércoles. Y comenzaba de esta manera: “En una serie de catequesis precedentes he hablado sobre la oración de Jesús y no quisiera concluir esta reflexión, sin detenerme brevemente sobre el tema del silencio de Jesús, tan importante en la relación con Dios”.
¡El silencio de Jesús! Hay dos tipos de silencio de Jesús que nosotros los tomamos como dejar que ese mismo silencio configure el nuestro.
Uno es el silencio que Jesús guarda para escuchar al Padre.
Otro es el silencio que el Padre guarda con su Hijo, especialmente el silencio de la cruz.
Los dos silencios están presentes en la vida de todo cristiano, porque arrancan de Jesús. “La dinámica de la palabra y el silencio, que marca la oración de Jesús en toda su vida terrena, sobre todo en la cruz, toca también nuestra vida de oración en dos direcciones”.


El silencio para escuchar a Dios

Benedicto XVI, artista de la palabra, comienza a hablar de este silencio de la escucha. Baste un párrafo:
“La primera es la que se refiere a la recepción de la Palabra de Dios. Es necesario el silencio interior y exterior para que esa palabra se puede escuchar. Y este es particularmente un punto difícil para nosotros en nuestro tiempo. De hecho, la nuestra es una época que no favorece el recogimiento; es más a veces se tiene la impresión de que haya miedo a salirse, aunque sea por un instante, del río de palabras e imágenes que marcan y llenan los días. Por esto en la citada Exhortación Apostólica Verbum Domini, he recordado la necesidad de educarnos sobre el valor del silencio: “Redescubrir la centralidad de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia significa también redescubrir el sentido de paz interior y de meditación. La tradición patrística nos enseña que los misterios de Cristo están engastados al silencio, y sólo en el silencio la Palabra puede encontrar morada en nosotros, como ocurrió en María, inseparablemente mujer de la palabra y el silencio” (n. 21)”.

Silencio como oración litúrgica

Y acto seguido nos hace una reflexión, que, sin ser censura, podemos tomarla como un aviso, o, al menos, como una instrucción.
Sigue el texto de la alocución en la audiencia de ayer:

“Este principio de que sin el silencio no se oye, no se escucha, no se recibe una palabra, este principio vale para la oración personal, especialmente, pero también para nuestras liturgias: para facilitar una escucha auténtica, éstas deben también estar llenas de momentos de silencio y de acogida no verbal. Es siempre válida la observación de San Agustín: Verbo crescente, verba deficiunt - “Cuando la Palabra de Dios crece, disminuyen las palabras del hombre” (cf. Sermo 288,5: PL 38,1307, Sermón 120,2 PL 38.677).

Este pensamiento del Papa nos invita a una verdadera reflexión personal y a un compartir en comunidad (en comunidad de vida religiosa, en equipo parroquial que prepara la celebración de la Eucaristía…, o incluso en una reunión de estudio).
La liturgia, que por su naturaleza tienen a hacerse celebración festiva, expansiva, nos llama a la interioridad, porque es el supremo momento de contemplación de la Iglesia. Y esta interioridad requiere la paz del silencio.
 En onda con estos pensamientos y sentires, me han venido al recuerdo unas Notas sobre el silencio en la liturgia, apuntes que ofrecí a unas Clarisas en unos días sabrosos de reflexión en torno a la Eucaristía (Lardero, La Rioja, septiembre 2001). Hoy se las ofrezco a los hermanos, a las hermanas, que anhelan hacer de la celebración de la Eucaristía el centro de su vida.

* * *
PERFILES DEL SILENCIO EN LA
CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA

El silencio en la iglesia como lugar sagrado es un elemento muy deteriorado en la sensibilidad de estos decenios. Parece que era el sagrario la causa del silencio observado antes en nuestros templos. Al presente ni siquiera ciertos grupos espirituales guardan el silencio como relación con el misterio de adoración de una presencia. Esto es discutible.
Nada digamos del barullo que se forma en las iglesias con motivo de celebraciones como bodas, bautizos y otras celebraciones especialmente festivas.
Pero aquí hablamos específicamente de los momentos de silencio como parte de una armónica celebración de la Eucaristía.


Nuevo planteamiento

En la OGMR (Ordenación General del Misal Romano) todavía vigente se comienza a hablar de la Liturgia de la Palabra en el número 33 (léase en el misal). En la nueva Institutio ese número, tan rico de contenido, permanece igual, salvo la añadidura de una palabra: “silencio”. A saber, donde antes se decía:
“Esta palabra divina la hace suya el pueblo con los cantos...”, ahora se dice:
“Esta palabra divina la hace suya el pueblo con el silencio y los cantos...” (Actual número 55).
Y hay un número nuevo dedicado expresamente al silencio.


Silentium (Nueva Ordenación, número 55)

“La Liturgia de la Palabra hay que celebrarla de tal modo que se preste a la meditación;
por tanto se ha de evitar totalmente cualquier forma de prisa que impida el recogimiento.
En vista del recogimiento están los breves momentos de silencio, acomodados a la asamblea celebrante, mediante los cuales, con la acción del Espíritu Santo, se acoja la Palabra de Dios en el corazón, y se prepare la respuesta por la oración.
Estos momentos de silencio se pueden guardar oportunamente después de la primera y segunda lectura y al concluir la homilía”.


Comentario

Se trata de un número “nuevo”, que supone la experiencia de una falta observada en la liturgia: la necesidad de favorecer la interiorización.
Con silencios o sin ellos, en toda celebración ha de evitarse en absoluto la sensación de “prisa”. Esto es un criterio de base.
Estos silencios no son obligatorios, sino facultativos. Pero no son indiferentes (como si fuera igual hacerlos que no hacerlos); se los recomienda si, como se espera, cumplen una función interna en la celebración.
Los tiempos de silencio deben ser “breves”. La Eucaristía no es para “incrustar” meditaciones dentro de ella. Esto sería una desfiguración de su ritmo interno y armonía.
Hay que considerar con prudencia qué tipo de asamblea es la que está celebrando la Eucaristía. Hay asambleas para las que estos silencios les pondrían resultar enervantes. Hay también ocasiones en que, por otras circunstancias, los silencios pueden resultar tensos.
Estos tiempos de silencio aquí se contemplan en relación con la Palabra de Dios.
El silencio tiene una interioridad. Es silencio divino, por cuanto que el corazón, lo más recóndito de nosotros mismos, se abre a la Trinidad. Se menciona en concreto el Espíritu Santo y el “Dei Verbum” (escribiendo la palabra “Verbum”, en este caso, con mayúscula. En el número anterior, con minúscula: liturgia verbi, Christus per verbum suum, hoc verbum divinum).


Tres tipos de silencio en la celebración de la Eucaristía

Según esto, podemos configurar tres tipos de silencio -que a veces es breve pausa- en la Eucaristía

Acto penitencial e invitación a la oración:

- Silencio en el acto penitencial
Dice el Ordinario de la Misa en los tres modos del acto penitencial: “El sacerdote invita a los fieles al arrepentimiento... Se hace una breve pausa de silencio”.
- Silencio al “Oremos” de la Colecta diciendo:
Oremos. Todos, juntamente con el sacerdote, oran en silencio durante breve tiempo (OGMR actual, 88)
- Silencio al “Oremos” de la oración de después de la comunión.
Dice el Ordinario de la Misa: “Oremos. Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya tenido antes”

Acogida meditativa de la Palabra:

- Silencio antes de comenzar la liturgia de la Palabra
Pueden guardarse estos momentos de silencio, por ejemplo, antes de empezar dicha liturgia de la palabra, después de la primera y segunda lectura y, por último, al terminar la homilía” (Ordo lectionum Missae, 28)
            - Silencio después de la primera lectura
            - Silencio después de la segunda lectura
            - Silencio después de la homilía

Silencio de alabanza y oración:
- Silencio después de la comunión.
          “Cuando se ha terminado de distribuir la comunión, el sacerdote y los fieles, si se juzga oportuno, pueden orar un rato recogidos. Si se prefiere, puede también cantar toda la asamblea un himno, un salmo o algún otro canto de alabanza” (OGMR 56 j).


Comentario al silencio de después de la comunión

La nueva Ordenación o Institutio habla de este silencio en los números 88 y 164; lo acentúa, y lo llama “Sacrum silentium”, que no lo había llamado así la Ordenación anterior (véase el número 121, que sería el correspondiente al 164).
No hablamos del momento de distribuir la comunión, sino del de después de la comunión, antes de la oración llamada “Postcomunión”.
Este sacrum silentium no es obligatorio, sino facultativo: “pro opportunitate”.
Este sacrum silentium no es alternativo, como hasta ahora (como lo interpretamos) o silencio o canto;  sino que es un elemento celebrativo que se puede añadir, a saber:
y silencio
y canto de después de la comunión, antes de la Postcomunión.
De esta manera se logra, a nuestro parecer, que la celebración con concluya tan rápidamente de la comunión a la despedida.


(Puebla de los Ángeles, 8 marzo 2012)

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Os recomiendo el libro de CCS "Educar en el silencio y en la interioridad" es una experiencia educativa muy interesante!.

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