viernes, 16 de marzo de 2012

206. Tanto amó Dios al mundo

Domingo IV de Cuaresma, ciclo B
Evangelio de san Juan 3,14-21


Hermanos:

1. El domingo pasado el Evangelio según san Juan nos sumergía en el misterio del Templo. Este domingo, en una conversación reveladora de Jesús con Nicodemo, Jesús nos adentra en el misterio del amor del Padre.
Podemos tomar como frase central de nuestra reflexión de fe esa soberana declaración, que quede eternamente grabada en nuestro corazón. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna (Jn 3,16).
¿De qué Dios está hablando Jesús? De un Dios que tiene un nombre único: de Dios Padre.
¿Y de qué Hijo está hablando Jesús? No de un rey, no de un profeta, no de un enviado humano muy querido de Dios. Está hablando del Unigénito.
¿Quién es el Unigénito? ¿En qué lugar de la Biblia habrá que encontrarlo? No es otro que él mismo: Jesús es el Unigénito de Dios.

2. Hay una trilogía en acción en esta obra en la que estamos implicados: el Padre, el Hijo unigénito, el mundo. Al decir “mundo” estamos hablando de nosotros mismos, de todos los seres humanos – pasado, presente y futuro – y aquí estoy yo. Estamos hablando de mí. No falsifico el sentido, si singularizo la frase y me introduzco yo con mi propia historia: Tanto me ha amado el Padre, que por mí ha enviado a su Unigénito.
El amor es el ámbito del sentido. Dios ha obrado así en aras del amor, y ha impregnado el mundo de amor.
La frase, palabra revelada, queda coronada, cuando se me dice que toda esta gesta de amor, tiene un fin: ser salvados de la perdición, teniendo vida eterna. La vida eterna es ni más ni menos que la vida misma de Dios. El Evangelio del amor es el Evangelio de la vida.

3.¡Diálogos de Jesús con Nicodemo…! Nicodemo era doctor de la ley, adherido espiritualmente a los fariseos (Jn 7,50). En la sepultura de Jesús, allí estaba junto con José de Arimatea (Jn 19,38-39), que era miembro del Sanedrín (Mc 15,42).
¡Diálogos nocturnos en Jerusalén de Jesús con Nicodemo! Evangelio de la reflexión y de la confidencia. Jesús ha predicado el reino de Dios, el amor del Padre, lo mismo en la plaza, que al aire libre en el campo, que en la sinagoga, que en el coloquio nocturno con este doctor… y que finalmente clavado en la cruz. Jesús tenía una palabra que decir al mundo y ha conseguido decirla. Y esta palabra es: el Padre nos ha amado. Solo el amor es la palabra de Dios; solo el amor es la noticia de Dios; solo el amor es el Evangelio de Dios.
También los humanos tenemos una palabra que decir, cada uno a nuestro estilo y manera. ¡Ojalá que esa palabra no sea, en el fondo, otra cosa que un eco de la palabra de amor que Jesús ha pronunciado! ¡Ojalá que la herencia nuestra que recojan nuestros herederos sea algo tan simple como esto: Dios nos ama!
Si esto es, hermanos, la evidencia del conocimiento divino, nosotros, ya regenerados por este amor, podemos añadir: Es que si Dios no nos amara dejaría de ser el Dios que es, y, a la verdad, que no hay otro Dios sino el que es.

4. La declaración de Jesús, al amor de la noche – alcoba de los secretos – tiene una resonancia sonora en la primera carta de san Juan: Dios es amor (1Jn 4,8.16). Dios es amor, primer mensaje que Benedicto XVI, en carta encíclica (Deus caritas est, 25 diciembre 2005), ha dirigido al mundo.
El pensador cristiano comienza a navegar por este mar infinito para investigar, sin nunca terminar, sobre la verdad clave del pensamiento. ¿Quién es Dios? ¿Cómo es Dios?
Dios no es la imaginación caprichosa del hombre. Dios es la realidad de Él, que pasa a ser realidad nuestra. El ser de una persona se lo conoce por la proyección que de sí misma irradia. La irradiación de Dios, es decir, la obra de Dios, la vida de Dios, sea hacia adentro o hacia fuera, es una: el amor. Dios existe amando, y si no amara, su propio ser sería la negación infinita. En cristiano, en esta filosofía, que puede tejer el corazón pensante, el ser de Dios es el mismo acto perenne de su amor.
Filosofía del amor, que es la única que puede dar pauta y sabiduría a nuestro comportamiento.
Contemplar estas cosas, hermanos, no es una fuga de la realidad, sino abordar la realidad en su más pura entraña, la realidad misma de Dios a la que estamos destinados.

5. El Evangelio de Juan avanza para sacar la consecuencia humana. El mensaje del amor tiene dos polos: Dios y nosotros, y lo que acabamos de decir giraba en torno a Dios.
Por lo que a nosotros respecta, por lo que ese amor creador y esperanzador anuncia, nuestro Evangelio, enseñado por Jesús, es absolutamente simple. Creer en el amor; creer en el amor de Dios, que en el anuncio que se nos está dando tiene la expresión más concreta, pues creer en el amor de Dios es creer en una persona, en Jesús de Nazaret, que aquella noche estaba hablando a Nicodemo y que en esta mañana me está hablando a mí.
Jesús es el enviado del Padre para mí, y en su corazón guarda una palabra: que el Padre Dios me ha amado.
Por ese principio de lo concreto e individual que estamos manejando, Jesús me puede decir y me dice: Yo te amo; esto es lo que significa que el Padre te ha amado. Yo te amo y te estoy amando, yo soy, como el Padre dice, “el entregado”, el que en la cruz te ha dicho, con una palabra de muerte y de vida: yo te amo.
Y así aceptar el amor de Dios Padre en su unigénito es aceptar la Cruz alzada de Jesús, en donde quedó el amor clavado y vencedor para siempre.

6. Así comienza la lectura de hoy, como una bandera alzada. Ha proclamado el texto sagrado: “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna” (Jn 3,14-15).
Esta frase bíblica, que une Antiguo y Nuevo Testamento, da alas a la contemplación. Jesús, el Hijo del hombre, puesto en la cruz. Es no es el abatimiento de Jesús, sino, al contrario, la exaltación de Jesús: es que la cruz salvadora es resurrección y ascensión, es exaltación, es la soberanía del amor de Dios en el mundo.
Durante los cinco primeros siglos de cristianismo nadie osó pintar el cuerpo de Jesús en la Cruz. Se pintaba la Cruz, y a veces en múltiples símbolos, pero no al crucificado; que nadie pensara que el ajusticiado fuera la palabra final de la Cruz. La exaltación del Hijo del hombre es el triunfo del amor victorioso. Y la Cruz proclama, por encima de todo, la victoria del amor; también los dolores del Crucificado, a condición de que en los dolores del Doliente veamos el amor triunfante del Amante.
La Cruz de Jesús alzada proclama al mundo el amor del Padre.

7. Para que todo el que cree tenga vida eterna, dice el texto sagrado a propósito de la Cruz levantada.
Los israelitas miraban al signo alzado, y eran sanados.
Los alzamos los ojos a la cruz alzada y quedamos sanados. Dirigir la mirada a la Cruz es lo mismo que creer, pues la fe es esa apertura contemplativa hacia el misterio, aceptando cordialmente, el don que nos viene de lo alto.
Estamos en Cuaresma, y vamos caminando a Viernes Santo cuando la comunidad cristiana avanza para adorarla, poniendo a los pies de Cristo un beso ungido de amor.

Hermanos: Que el Padre en su misericordia nos conceda la fe que su Hijo ha anunciado, y que la fe se transforme en el milagro del amor. El verdadero creyente tanto cree cuanto ama y tanto ama cuanto cree. Amén.

Puebla, viernes de la III semana de Cuaresma, 16 marzo 2012. 

Pueden verse como himnos para este domingo en mercaba.org / Cuaresma:

1 comentarios:

Anónimo dijo...

. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
EN LA CONDUCCION DIARIA

Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

Ejemplo:

Ceder el paso a un peatón.

Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

Poner un intermitente

Cada vez que cedes el paso a un peatón

o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


Atentamente:
Joaquin Gorreta 55 años

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