miércoles, 18 de abril de 2012

227. Una atmósfera de oración - Temblor y parresía


Hechos de los Apóstoles
y particularmente la oración unánime de la Iglesia  4,23-31


Hermanos

1. Acabo de leer la catequesis que hoy ha pronunciado el Papa en la audiencia de los miércoles. Ya que está hablando de oración, al retomar el hilo, le vienen como anillo al dedo los párrafos que estos días estamos escuchando en la liturgia. De entrada, una palabra feliz se cierne sobre mi corazón y le da profunda serenidad. Dice el Papa al comenzar:
Una atmósfera de oración acompaña los primeros pasos de la Iglesia. Y añade lo que explican todos los exegetas:
“Pentecostés no es un episodio aislado, ya que la presencia y la acción del Espíritu Santo guían y animan de manera constante el camino de la comunidad cristiana. En los Hechos de los Apóstoles, de hecho, san Lucas, además de contar la gran efusión que tuvo lugar en el Cenáculo cincuenta días después de la Pascua (cf. Hch 2, 1-13), informa de otras irrupciones extraordinarias del Espíritu Santo, que vuelven en la historia de la Iglesia. Hoy quiero centrarme en lo que se ha llamado el "pequeño Pentecostés", que tuvo lugar en la culminación de una etapa difícil en la vida de la Iglesia naciente”.
¿Qué pasó en este Pequeño Pentecostés? Dos cosas sucedieron:
- que hubo un temblor
- y que el acontecimiento produjo “parresía” – valor, decisión, arrojo… - para salir y anunciar a Jesucristo.

2. Pero situemos la oración de la comunidad apostólica en el entramado de los sucesos que la preceden:
Los Hechos de los Apóstoles nos dicen que, después de la curación de un paralítico a la entrada del Templo de Jerusalén (cf. Hch 3, 1-10), Pedro y Juan fueron arrestados (Hechos 4, 1) porque anunciaban la resurrección de Jesús a todo el pueblo (cf. Hch 3, 11-26). Tras un juicio sumario, fueron puestos en libertad. Regresaron con sus hermanos y les contaron cuanto habían sufrido debido al testimonio de Jesús resucitado. En ese pasaje dice san Lucas que "todos unánimemente elevaron su voz a Dios" (Hechos 4, 24). Aquí San Lucas registra la mayor oración de la Iglesia que encontramos en el Nuevo Testamento, al final de la cual como hemos escuchado " tembló el lugar donde estaban reunidos; todos quedaron llenos del Espíritu Santo y anunciaban decididamente la Palabra de Dios " (Hch 4, 31)”.

3. La imagen de la Iglesia que se proyecta de estos rayos del  texto es la verdad de la Iglesia en que vivimos. Pienso en la Iglesia que conocí de joven, y la Iglesia en la que vivo. Con estos pensamientos no pretendo hacer una homilía de la homilía del Papa, sino una homilía del texto que se aposentó en mi corazón. La palabra del Papa no es – ni puede ser – Palabra de Dios; la letra de la Escritura, esa sí y esa siempre. Pero el discurso humilde y bello del Papa, sí es para mí palabra mistagógica que logra meterme en la Palabra y me enseña un estilo para que yo haga lo mismo. Uno puede pensar que Benedicto tomo un texto y eruditamente hace unas consideraciones morales, una aplicaciones oportunas, y… adelante. No pienso que sea esa su exégesis. El Papa como cristiano, y como cristiano pastor de cristianos, se mete dentro el texto y escucha al texto. Y a eso se llama exégesis teológica, y, por lo tanto, exégesis espiritual. Él ha defendido tenazmente la primacía de la exégesis espiritual sobre la exégesis histórico-crítica. Esta última, necesaria para tomar con seriedad el texto como un científico toma en manos el material de su tarea, llega un momento en que se acaba: ya ha dado todo lo que tenía que dar de sí. La exégesis teológico-espiritual es un manantial perenne. Al ponernos en contacto con el Espíritu, advertimos que el Espíritu está diciendo una palabra a las Iglesia, y a mí, en particular, persona indigente de Dios.
Esta es una exégesis
- fundamentada en el valor absoluto del texto,
- que se reviste de la misma gloria de Dios, del poder y de la misericordia de Dios,
- y que, al mismo tiempo, se concreta como el verbo encarnado se concretó en un individuo, sujeto al espacio y tiempo, sujeto a la historia,
- y que puedo llamar “exégesis sacramental”, pues todo la letra como sacramento de la presencia y actuación de Dios,
- y exégesis “teológico-espiritual”, pues la Palabra – cualquier palabra de la Escritura – es bastión de mi fe.
Pensamientos que visitan mi mente en esta ocasión en que la Iglesia, espiritualmente reunida como la comunidad naciente de Jerusalén, celebra en torno al Pedro, el VII aniversario de su elección para llevar el timón de la barca de Jesús.
Y al pensar así, estimo que voy haciendo un homenaje sencillo, humilde y sincero al pastor y maestro en el camino de nuestra fe.

4. Seguimos, pues, desde dentro el texto, con el doble mensaje que la Palabra está emitiendo. Estábamos en la Iglesia, y decíamos que vino un temblor. Ese temblor sacudió la casa. Era un terremoto, y como terremoto ha sacudiendo la tierra, que ppor esto decimos “terrae-motus” (movimiento de la tierra).
Nunca hubiera pensado en mi juventud soñadora y generosa que me aguardaba este terremoto en mi vida, nunca. Es que, si lo hubiera pensado, ni adolescencia y juventud habrían dejado de ser tales. Es providencia de Dios que nos seamos tan inteligentes como para anticipar en nuestra cabeza lo que ha de venir. Ni tampoco ahora sé cuáles serán las consecuencias de este terremoto que está tirando abajo edificios y está preparando otro hábitat de espacios verdades: jardines y nueva urbanización. No lo sé. Vivo el hoy, que me exige una oblación continua y el levantar mis ojos a la confianza, y depositar mi vida en el abandono.
Ha venido, pues, el terremoto.
Pero lealmente la Palabra creadora no me está hablando, de modo directo de este terremoto cambio generacional, cambio de edad en la historia. Me está hablando en directo de que el Espíritu estaba ahí.

5. Por ello, uniendo terremoto y Espíritu, se me está diciendo que es Pentecostés. El Papa, teólogo, recuerda lo que otros teólogos, hace muchos años, dijeron antes que él: que este episodio es un nuevo y pequeño Pentecostés. Había pasado poco tiempo y hacía falta un nuevo Pentecostés para la Iglesia, reunida no para definir colegialmente una verdad dogmática, sino para orar todos juntos, todos a una, apiñados en fuerza de la necesidad que nos invita a ser hermanos, más hermanos por ser más débiles.
¿Podré dudar de que esta hora de la Iglesia, de mi santa Iglesia a la que amo con todo mi corazón, es la Iglesia del Espíritu? De ninguna manera lo podré dudar, porque, si lo dudara, me alejaría del “abandono” que debe ser actitud filial constante de mi vida. Me abandono y creo en el Espíritu, que nos invade, y que me invade.
Me abandono y me dejo llevar por el Espíritu, que es fuego y viento…, que es brisa y huracán, que es silencio y, a veces, ruido. Es el Espíritu de la creación, el Espíritu de la Encarnación.

6. El Espíritu llenó a la pequeña “Comunidad-Iglesia” de la parresía  (una palabra que será bien aprender, porque se repite unas cuantas veces en los Hechos); la llenó del valor, de la confianza y de la audacia para anunciar lo que tenía que anunciar: el acontecimiento de Jesús en el mundo.
Ya tenemos, pues, mis hermanos, nuestro programa: Espíritu-temblor  y parresía.
Esto se nos tiene que meter dentro para hacerse carne de nuestra carne y alma de nuestra alma. El Espíritu de Jesús está con nosotros, y donde está su Espíritu, ahí, humildemente vibra su parresía.
No te pido, pues, Jesús la comodidad de la fe; te pido, más bien, aunque me duela, la sinceridad de la fe, la fuerza de la fe, el terremoto de la fe. Pero solo en el grado que tú quieras – que si es demasiado, yo puedo sucumbir – y te pido, en consecuencia, la parresía que diste a los apóstoles y a mis primeros hermanos, reunidos en uno en oración.
Te pido que en mí y en mis hermanos reine la “atmósfera de oración”, que es la fe actuada.
Y con esto, mi Jesús, yo, hombre de total indigencia, de abandono en tus manos. Amén.

18 y 19 de abril de 2012, en cariñoso y filial homenaje al Papa Benedicto XVI, al terminar su VII año de Pontificado y comenzar el VIII. El Señor lo bendiga y me lo guarde, al menos hasta completar el XII año, cuando cumpla 90 abriles.
Puede evr el lector la entrada anterior: 226. Felicitación sencilla al Papa Benedicto.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
;