lunes, 23 de abril de 2012

230. El Evangelio en la calle


Pensamientos pascuales

Hermanos:

1. Es Pascua – ayer tercer domingo de Pascua – y la presencia de Jesús es particularmente intimidad. La intimidad es el abrigo de la confidencia. Hemos cerrado los tres domingos primeros en los cuales la Iglesia, atónita de amor, contempla a Jesús en sus apariciones. Ya lo recordábamos en la homilía de ayer. El cuarto es el Domingo del Buen Pastor (A Jn 10,1-10; B 11-18; C 27-30). Y los tres siguientes también son domingos de intimidades: Jesús, cara a la muerte, se explaya con los suyos en el Cenáculo, y abre su corazón a nuevas confidencias sobre su Iglesia. (El último de esta terna, el domingo VII, todos los años algún párrafo de la oración sacerdotal de Jesús: Jn  17)

2. Y, al mismo tiempo, este Jesús que se despide nos deja una encomienda: anunciar el Evangelio a toda la creación. Jesús quiere que la historia y el cosmos se impregnen de Evangelio, que es sal de la tierra y luz del mundo.
Sal de la tierra y luz del mundo, no porque el Evangelio sea en sí mismo un producto divino, capaz de sanar e iluminar; sino sal de la tierra y luz del mundo en cuanto que el Evangelio es palabra viviente en labios de los discípulos y, sobre todo, vida visible en la vida de los discípulos del resucitado.
En suma, la frase de Jesús es esta: “Vosotros sois la sal de la tierra” (Mt 5,13). “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 13,14).
El Evangelio debe llegar a todo el mundo. Y esto por dos razones:
- porque la calidad y el destino del mensaje es este;
- y porque Jesús nos ha enviado a anunciar la Buena Nueva a todos los hombres.

4. Pero hay más: el destinatario del Evangelio es el cosmos, la creación entera. Es el sentido obvio, el más inmediato, de la palabra de Jesús en Marcos:
“Id al mundo entero
y proclamad el EVANGELIO
a toda la creación” (Mc 16,13).
La creación entera queda sacramentalizada por el Evangelio. Y lo mismo la Historia. Es decir, toda la realidad divina queda evangelizada, y las er evangelizada queda divinizada.
¿Qué puedo hacer yo? Muy poquito, lo cual es mucho y muchísimo, si ese “poquito” es el todo mío, el completo de mis posibilidades. Lo demás, que lo principal y acaso el todo, lo hace Jesús desde el cielo: “Despue´s de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban” (Mc 16,19-20). Que es un pensamiento similar a la última palabra de Jesús en la Oración de la Cena: “Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre” (Jb 17,26). Jesús en el cielo sigue actuando.

5. La Pascua es, pues, tiempo de gozo para la Comunidad creyente y tiempo del anuncio de la Buena Noticia.
Surge la pregunta que se hace el cristiano: ¿Cómo anunciar a Jesús – y cómo anunciarle – para que el anuncio llegue al confín de la tierra, llegue, incluso, a la creación y participen en el mensaje bestias y animales, mares y ríos, montañas y colinas, para que toda la creación, a una con nosotros, alabe al Señor?
Nosotros, sacerdotes, anunciamos a Jesús en la Iglesia: en la homilía, en el confesionario…;
lo anunciamos en el catecismo,
lo anunciamos (si somos profesores) en el aula,
lo anunciamos (si somos escritores) en lo que escribimos…
Son muchos los espacios y momentos que nos sirven de plataforma para el anuncio.
Pablo, cristiano, lo anunciaba en las asambleas cristianas; pero iba también a sus antiguas sinagogas. Discutía en el ágora (la Plaza) y del ágora de Atenas lo llevaron al  areópago.
“Discutía, pues, en la sinagoga con los judíos y con los adoradores de Dios y diariamente en el ágora con los que allí se encontraban; incluso algunos filósofos epicúreos y estoicos conversaban con él. Algunos decían: ¿Qué querrá decir este charlatán? Y otros: Parece que es un predicador de divinidades extranjeras. Porque anunciaba a Jesús y la Resurrección. Lo tomaron y lo llevaron al areópago, diciendo: ¿Se puede saber cuál es esa nueva doctrina de que hablas? Pues dices cosas que nos suenan extrañas y queremos saber qué significa todo esto. Todos los atenienses y los forasteros residentes allí no se ocupaban en otra cosa que en decir o en oír la última novedad” (Hechos de los Apóstoles 17,17-21).

6. Hoy nos preocupa a todos la nueva evangelización que es evangelización “nueva”:
“Aunque el término Nueva Evangelización se empleó en Medellín y Puebla, es el Papa Juan Pablo II quien da un gran impulso a ella como una de las expresiones que mejor sintetizan el programa apostólico de su pontificado, no sólo como doctrina sino como práctica pastoral.
En 1983 Juan Pablo II así se expresó ante los Obispos del CELAM reunidos en Haití: "La conmemoración del medio milenio de Evangelización tendrá su significación plena si es un compromiso de ustedes como Obispos, junto con su presbiterio y fieles; compromiso no de reevangelización, pero sí de una Nueva Evangelización:
NUEVA en su ardor,
en sus métodos
y en su expresión" (Documento de preparación para el Sínodo de la nueva evangelización, octubre de 2012).

7. Ayer, domingo III de Pascua, salieron en mi pueblo a evangelizar en el ágora de mi pueblo, quiero decir, en la Plaza de España, a anunciar a Cristo Resucitado. Yo mismo, rompiendo cierta barrera de pudor, me hice presente en el grupo. Estuvieron (estuvimos) cantando con dos guitarras esas canciones vibrantes de los  neocatecumenales, cantando algún salmo, leyendo algún texto de la Escritura, y dieron dos testimonios… Fueron tres cuartos de horas. A mí, sacerdote, me pidieron que diera una bendición. Les bendije a ellos y bendije a mi pueblo: imploré la bendición de Dios sobre mi pueblo. Eran las cuatro y media de la tarde, tiempo silencioso… Algún pío transeúnte se detuvo; unos muchachos que jugaban con sus patines, siguieron con sus patines, unas hermanas musulmanas que pasaron con su larga vestimenta respetuosamente siguieron su camino
En mi corazón van y vienen pensamientos. La nueva evangelización pide, por de pronto, en el evangelizar una conversión humilde y total, y la generosidad total es parte de esa conversión total.
La nueva evangelización (que se hace dentro y fuera del templo) pide, si quiere ser anunciadora, cordial y dialogante, pide
El lugar adecuado,
el tiempo adecuado,
el modo adecuado. Y la belleza es un modo excelentísimo.
Y pide sobre todo…, sobre todo…, valor. Valor sin agresividad, valor sin excentricidades, pero valor, pasión de amor.
Aquí comienza un discurso.
Y si un lector benévolo lee esta página, a él tímidamente me dirijo: Hermano, hermana, ¿no te urgen por dentro el anuncio de Jesús?
Me he acordado de ese “poquito” que pensó santa Teresa de Jesús que podía hacer ella en el momento en que se encontraba la Iglesia

“En este tiempo vinieron a mi noticia los daños de Francia y el estrago que habían hecho los luteranos y cuánto iba en crecimiento esta desventurada secta. Me dio gran fatiga y, como si yo pudiera algo o fuera algo, lloraba con el Señor y le suplicaba remediase tanto mal.
Me parecía que mil vidas pusiera yo para remedio de un alma de las muchas que allí se perdían. Y como me vi mujer y ruin e imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Señor, y toda mi ansia era, y aún es que, pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que esos fuesen buenos, determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo, confiada en la gran bondad de Dios, que nunca falta de ayudar a quien por Él se determina a dejarlo todo…” (Camino de perfección, capítulo I).

Acaso yo también pueda hacer un poquito por la nueva evangelización.
El Señor me lo inspire y yo sea fiel a su inspiración.

Alfaro, 23 abril 2012

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
;