martes, 24 de abril de 2012

231. San Fidel (1622) – Gracia y gloria


La gracia y gloria del martirio
 
En la tradición capuchina, SAN FIDEL DE SIGMARINGA – que la Orden Capuchina celebra como fiesta y la Familia Franciscana como memoria obligatoria – es, por excelencia, entre nuestros santos, el santo que expresa cómo la misión es misión hasta el martirio. Pero la oración del día nos dice que el martirio es gracia, solo gracia, no merecimiento nuestro, gracia aun en las condiciones absurdas de luchas de religión, que no debería haberse dado.
Señor Dios, que te has dignado conceder la palma del martirio a San Fidel de Sigmaringa cuando, abrasado en tu amor, se entregaba a la propagación de la fe, concédenos, te rogamos, que arraigados, como él, en el amor, lleguemos a conocer el poder de la resurrección de Jesucristo. Que vive y reina contigo.
Oh Señor, ¡transfórmame completamente en Ti! Mi intención es suplicarte de modo especial que me hagas totalmente conforme a tu santísima Humanidad en todas tus virtudes, tribulaciones, penas y tormentos; y sobre todo en tu abyección, humildad y anonadamiento. (San Fidel de Sigmaringa)


SEMBLANZA DE SAN FIDEL

Oktavian Schmucki, nacido en Suiza (1927) y capuchino desde 1948, es una de las figuras intelectuales más eminentes de la Orden, con varios centenares de publicaciones, especialmente de historia y espiritualidad franciscana. Entre sus obras descuella, como algo monumental, la Bibliografía sobre san Fidel de Sigmaringa (Roma 2004, más de 900 páginas), donde recoge todo cuanto ha hallado publicado en bibliotecas y conventos. He aquí la vida y semblanza de San Fidel escrita anteriormente por nuestro autor en la obra de múltiples autores El Señor me dio hermanos. Biografías de santos, beatos y venerables capuchinos. Sevilla: El Adalid Seráfico.

PROTOMÁRTIR DE "PROPAGANDA FIDE"

Fidel de Sigmaringa, protomártir de Propaganda Fide, beatificado por Benedicto XIII el 24 de marzo de 1729 y canonizado por Benedicto XIV el 29 de junio de 1746, es el santo capuchino que murió en edad más temprana - a los 44 años- y es también el que menos años transcurrió en el claustro: sólo vivió diez años como capuchino, de 1612 a 1622. Nació en 1578 en la entonces minúscula ciudad de Sigmaringa , en las riberas del Danubio, en el Principado de Hohenzollern. Sus padres fueron Juan Roy, rico empresario hostelero del Adler y más tarde miembro del gobierno municipal y burgomaestre, y de Genoveva Rosenberger, natural de la ciudad protestante de Tubinga, convertida al catolicismo cuando contrajo matrimonio el 28 de diciembre de 1567. El futuro santo, Marcos (llamado familiarmente Marx), quinto de los seis hijos que tuvo el matrimonio, hizo sus primeros estudios en su ciudad natal. En su testamento, que redactó antes de hacer la profesión religiosa (1613), afirmó "haber sido instruido en la fe apostólica, romana y única verdadera, que le habían transmitido sus queridísimos padres" y de "haber sido educado en las buenas costumbres, en la disciplina y en el temor de Dios".
Marcos, para realizar los estudios superiores, se trasladó a Friburgo de Brisgovia, donde en el colegio de los jesuitas profundizó en las disciplinas humanísticas, pasando después a estudiar filosofía, que, en 1601, coronó con un brillante doctorado; al mismo tiempo se esforzaba por aprender la lengua italiana y francesa. Marcos era una persona particularmente abierta a la amistad, de inteligencia brillante, amante de la belleza y de la música, y muy habilidoso en el manejo de distintos instrumentos musicales. De 1601 a 1604 siguió los cursos de jurisprudencia. En 1591 Marcos y sus hermanos sufrieron con crudeza el duro golpe de la muerte de su padre. Y no había pasado un año desde su desaparición, cuando la viuda y madre Genoveva volvió a desposarse en segundas nupcias con Gabriel Rieber de Ebingen. Fidel expresará en su testamento su disgusto y desaprobación del segundo matrimonio de su madre, que a él y a sus hermanos les pareció inoportuno e incomprensible.
Antes de finalizar sus estudios de derecho, Marcos recibió la invitación, en 1604, de acompañar, como guía, a un cierto número de estudiantes universitarios de familias nobles, en una visita a las provincias de los Países Bajos que estaban bajo la dominación española, Francia e Italia, con la intención de que ampliaran el horizonte de sus experiencias humanas. El vivió este viaje como una verdadera y propia peregrinación, animando con su ejemplo a los amigos a una vida más espiritual.
Después de su regreso a Friburgo en 1611, se doctoró con aplauso en derecho canónico y civil en la ciudad de Willingen. Marcos fue nombrado asesor del tribunal supremo en Ensisheim, capital de la entonces Austria anterior, y al mismo tiempo abrió un despacho de abogado. En su trabajo observó las exigencias de una absoluta honestidad y se prodigó preferentemente entre los pobres. Una serie de experiencias negativas y la actitud de muchos colegas de profesión, que actuaban sin escrúpulos y proponían arreglos de las causas sin ningún pudor, para embolsar más dinero, le hicieron perder cada vez más el gusto por su profesión y le llevaron a pensar en la vida religiosa. Marcos leyó entonces la obra del jesuita Jerónimo Piatti (+1591) sobre la vida consagrada, pero no se decidió todavía por una Orden religiosa concreta (cartujos, jesuitas o capuchinos), aunque tenía cerca el ejemplo de su hermano Jorge, que se hizo capuchino en 1604 con el nombre de fray Apolinar.
Probablemente en junio de 1612 pidió al ministro provincial de los capuchinos de la provincia de Suiza, Alejandro de Altdorf, que lo admitiera en la Orden. El superior, para probarlo, le hizo esperar y le sugirió que antes se hiciera ordenar sacerdote. Una vez recibida la ordenación sacerdotal y renovada la petición de admisión, el padre Ángel Visconti de Milán lo acogió finalmente en el noviciado de Friburgo de Brisgovia el 4 de octubre de 1612, imponiéndole el nombre de Fidel. Durante el año de prueba, aunque decidido a recuperar los treinta y cuatro años "perdidos", no faltaron sugestiones y fuertes tentaciones de volver al mundo, pero él superó y resistió, con decisión y empeño, a toda clase de dudas. En aquel periodo escribió, únicamente para uso personal, una colección de oraciones y meditaciones, de carácter preferentemente recopilador, que manifiestan el tono afectivo y contemplativo de su espiritualidad, y que fueron parcialmente publicadas más adelante en Friburgo con el título de Exercitia spiritualia seraphicae devotionis (1746 y 1756). Fidel, antes de emitir los votos (4 octubre 1613), redactó su testamento, en el que dejó becas de estudio para jóvenes católicos pobres de la familia Roy o de otros allegados.
Después de un año de formación religiosa en Friburgo, Fidel inició en Constanza los cuatro años de teología bajo la guía del padre Juan Bautista Fromberger, de origen polaco, para terminarlos en 1618 en Frauenfeld. Seguidamente ejerció con gran éxito el ministerio de la predicación en el convento de Altdorf. Ese mismo año (1618) fue nombrado guardián del convento de Rheinfelden. Según la costumbre de entonces, al año siguiente fue trasladado como predicador y probablemente también como guardián, al convento de Felkirch, donde no sólo reconquistó a un cierto número de soldados evangélicos a la fe católica, sino que incluso promovió un proceso judicial contra una señora convertida al luteranismo.
En septiembre de 1620 la obediencia lo llamó a presidir la comunidad capuchina de Friburgo (Suiza), pero en 1621 volvió a la ciudad de Feldkirch. Además del cargo de superior se le confió la asistencia espiritual de la tropa, a la que durante una epidemia de fiebre petequial prestó los más humildes servicios, sin preocuparse del peligro de contagio que aquel servicio conllevaba. Siguiendo a los soldados hacia el cantón de los Grisones, predicó los sermones de Adviento en Marienfeld, consiguiendo para la fe católica al noble Rodolfo de Gugelberg de Malans. Un caso similar de conversión, la del conde Rodolfo Andrés de Salis, en Zizers, al inicio de 1622, revela su método de dirigirse sobre todo a los jefes de los reformados, para acometer, en un segundo momento, el regreso a la fe católica de todo el pueblo. Fidel, para sostener su actividad contra la Reforma, escribió algunos opúsculos apologéticos, que sin él saberlo fueron publicados en la imprenta; pero no se nos ha conservado ningún ejemplar.
Entre febrero y abril de 1622 el santo, por encargo del nuncio y de su ministro provincial, trabajó como misionero apostólico en la región de Prättigau (Pretigovia), dependiente políticamente de Austria, donde la población se había pasado en buena parte a la reforma de Zwinglio. En un periodo de grandes tensiones, agravadas por las injerencias de las potencias europeas extranjeras, como Francia, España y la República de Venecia, el archiduque Leopoldo V de Austria decidió que el ejército ocupara la región, bajo la guía del coronel Luis de Baldirone, provocando la ira del pueblo con una serie de acciones violentas. En medio de esta situación explosiva Fidel continuó exponiendo la fe católica con predicaciones, disputas y coloquios, a pesar de la constante oposición y la cerrazón casi total cuando anunciaba estas iniciativas. Él, conociendo la gran influencia que ejercía la predicación subterránea de los zwinglianos y previendo con claridad su martirio, redactó el llamado "Mandato de punición" o "Los Diez artículos de la religión", con el que, entre otras cosas, la autoridad civil debía prohibir el culto protestante, enviaba al exilio a sus ministros y obligaba a todos los cristianos a participar, los domingos y días festivos, en la predicación católica. En una época en que la libertad de conciencia era tan pisoteada y vituperada sorprende sobremanera el punto sexto, que establecía que nadie podía ser obligado a aceptar la fe católica, a confesarse y a participar en la misa.
La publicación del Mandato, el 19 de abril, fue el detonante de la sublevación general del pueblo. El 23 de abril Fidel celebró la misa y subió al púlpito en la iglesia de Grüsch, donde recibió la invitación para predicar al día siguiente, domingo, 24 de abril, en Seewis. Pero aquella deferencia no era más que un pretexto para eliminar al temible protagonista de la actividad contrarreformista. Mientras comenzaba el sermón (según una tradición él glosaba el pasaje de Ef 4, 5-6), en el auditorio estallaron reacciones muy vivas y violentas, llegando alguno a disparar, pero sin que consiguiera alcanzarlo. Fidel descendió del púlpito, se arrodilló delante del altar mayor y salió de la iglesia por una puerta lateral, camino de Grüsch. Después de recorrer unos pocos metros, se vio rodeado de un grupo de revoltosos que le preguntaron si estaba dispuesto a aceptar su fe. Él respondió que no era ese precisamente el motivo por el que había llegado a aquel valle, sino por la esperanza de que un día hubieran dado adhesión a su fe. Después de unos momentos de incertidumbre, uno de los rebeldes le golpeó la cabeza con la espada. El mártir, cayendo de rodillas con la cabeza cortada exclamó: "¡Jesús, María! ¡Ven en mi auxilio, oh Dios mío!". Sólo un fanatismo enorme y desmesurado explica la inaudita ferocidad con la que los asesinos se ensañaron con su cuerpo con horcas, mazas y palos.
Al día siguiente, fiesta de san Marcos, el sacristán Juan Johanni dio tierra al cadáver. Mientras la cabeza del mártir fue exhumada en octubre de ese mismo año 1622 y trasladada a la iglesia de los capuchinos de Feldkirch, el resto de sus despojos fue enterrado solemnemente el 5 de noviembre del mismo año en la cripta de la catedral de Coira. El 16 de febrero de 1771 su fiesta fue extendida a toda la Iglesia universal. Es patrón de la región de Hohenzollern y de los juristas. Sus atributos, en la iconografía, son la maza, la espada y la palma.
Oktavian Schmucki

HIMNO EN LA FIESTA DE SAN FIDEL

Fiel testigo Fidel, siervo de Cristo,
cristiano hasta la muerte por amarle,
caído cual cayeron los apóstoles,
hoy la Iglesia te rinde su homenaje.

Por Cristo lo mataron los hermanos,
aquéllos y nosotros en combate,
cuando la misma fe bruñía espadas
y la fraterna saña hacía mártires.

Fue derribado al pie del ara santa,
resonando en sus labios el mensaje;
el pan y la palabra y el martirio
fueron la prueba del amor más grande.

Gime la Madre Iglesia dolorida,
rasgada por la fe que el Cuerpo parte;
sea, pues, hoy la herida desangrada
sello divino que hace nuestras paces.

¡Victoria a Cristo, Verbo misionero,
que por el orbe la palabra esparce;
y a sus fieles, la palma de la vida,
que él entrega en manos de su Padre!  Amén.

(Himno: fr. Rufino María Grández)

1 comentarios:

Laura Blanco dijo...

Querdido Padre Rufino:
Solo quiero decirle que lo extraño mucho, demasiado. Ojalá Usted se encuentre bien, ya regrese yo en verdad extraño sus homilias tan hermosas y el saber que está cerca de nosotros es una sensación de mucha paz y tranquilidad.
Cuidese mucho y espero de corazón saber pronto de Usted o verlo ya por aqui entre nosotros que tanto le extrañamos.
Dios me lo bendiga, un abrazo.

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