martes, 8 de mayo de 2012

235. Un retiro sobre la Virgen en el mes de mayo



María, via pulchritudinis
María, camino de la belleza


Pórtico
El camino de la verdad y el camino de la belleza

Este retiro está dedicado a hablar de la hermosura de la Virgen María. Queremos abordar el misterio de la Virgen Santa por la via pulchritudinis, y al llegar a ella por este sendero, contemplarla como reflejo de la belleza divina, como retrato de nuestra verdadera efigie, y regresar con una sensación vida de serenidad y paz, de fortaleza, en una palabra, de hermosura.
El punto de apoyo es un pensamiento de Pablo VI, dirigido a una docta asamblea de mariólogos en el Año Santo de 1975 (16 de mayo de 1975) – primera vez que el Papa participaba en una congreso mariológico – cuando les decía, abriendo, en cierto modo, una vía nueva:

"En este sentido se pueden seguir dos caminos. En primer lugar, el camino de la verdad, es decir, el de la especulación bíblico-histórico-teológica, que concierne a la colocación exacta de María en el misterio de Cristo y de la iglesia: es el camino de los doctos, el que seguís vosotros, ciertamente necesario y del que saca provecho la doctrina mariológica.
Pero además de éste hay otro camino accesible a todos, incluso a las almas sencillas: es el camino de la belleza, al que nos conduce finalmente la doctrina misteriosa, maravillosa y estupenda que constituye el tema del congreso mariano: María y el Espíritu Santo. Efectivamente, María es la criatura tota pulchra; es el speculum sine macula; es el ideal supremo de perfección que en todo momento han intentado reproducir los artistas en sus obras; es "la mujer vestida de sol" (Ap 12,1), en la que los rayos purísimos de la belleza humana se encuentran con los sobrehumanos, pero accesibles, de la belleza sobrenatural"

Ahora bien, un intento de abordaje a María por el camino de la belleza, ¿no es un vuelo evasivo, estéril, que probablemente no retorna  a la tierra con compromiso, sino que se queda aleteando en las alturas con grave peligro de ausencia?
Es cierto; todo camino contemplativo es peligroso; sí, peligroso… para quien nos abe volar y finge que vuela y construye en la fantasía; tan peligroso… como quien busca una imagen sociológica de María de Nazaret, solidaria con los oprimidos, arrancando al magníficat un mensaje social anacrónico.
Las grandes ideas son siempre peligrosas asimiladas a medias. Pero si realmente María es la Tota pulchra, la Virgen que el sol más pura (Cervantes), el pensamiento saciativo de su hermosura – que ya dejar de ser pensamiento para convertirse en vivencia – no puede ser estéril. Por ser vital será pensamiento y transformador, pensamiento que estructura el orden del corazón.
Veamos:
                   I.  El camino de la belleza que nos conduce a la Virgen Santa.
                II.  La llegada, el hallazgo de la hermosura de María, logro del ser humano.
            III.  El regreso: la unción de la hermosura de la Virgen en nuestra vida peregrinante.


I
EL CAMINO

El árbol de la belleza

1. El primer atributo de las cosas creadas es la bondad, lo bueno. Y vio Dios que era bueno… Y vio Dios que era bueno…”Y vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno” (Gen 1,31). ¿Qué significa ese tob, que asís e recalca en el primer capítulo de la creación? Significa bueno, bien hecho, perfecto, hermoso.
El día sexto hizo al ser humano, varón y mujer los creó, tan  hermosos que los creó a su imagen y semejanza; los bendijo. Estrenaron vida el día séptimo, el día santificado, el día del descanso, de la paz y de la divinidad.
Así comenzó la historia.

2. O, dicho de otra manera: Dios, para comenzar, plantó un jardín en Edén, “El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos par la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal” (Gen 2,9, la verdad.
De nuevo el primer atributo de la ceración: la hermosura y la bondad.

3. Hay dos experiencias primordiales de la hermosura y de la bondad. La primera, cuando Adán vio que el mundo bello y bueno no era la adecuación de su corazón, pero la mujer sí: “¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!... los dos estaban desnudos, Adán y su mujer, pero no sentían vergüenza uno del otro” (Gen 2,23-25).

4. la segunda es la del árbol de la belleza. “La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia” (Gen 3,6). ¿Por qué era bueno para comer? Por la misma razón por la que era fascinante para los ojos, por el misterio vital que unifica la bondad, la hermosura y la sabiduría.

5. La primera experiencia tras el bocado fue que entonces “se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; Y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron” (Gen 3,7). Realmente hubo un cataclismo en el corazón, y nos produce una tristeza inconmensurable el pensar que el hombre, con los “ojos abiertos”, ya no fue capaz de soportar su propia hermosura, ni la mujer – considerada en toda la historia de la cultura como lo más hermoso de toda al ceración, como el ápice de la hermosura – tampoco pudo soportar su propia identidad. Trágica experiencia de que el pecado fue – y es – la violación de la hermosura. Aquel día aún no habían sido mirados por el Señor, que después los cubriría con túnicas de piel para cubrirlos (Gen 3,21) y no podían contemplar su propia hermosura, porque el corazón estaba manchado.
Y, faltos de los ojos primeros con los que tenían la experiencia divina de su hermosura, ¡cómo iban a contemplar el mundo como un mundo bello! La creación entera había quedado manchada y afeada desde el corazón del hombre y de la mujer.

6. La consecuencia es que cada uno llevamos por dentro una experiencia dramática: una nostalgia insaciable de hermosura, de acceder a la belleza, donde esté, porque este es el designio de Dios y no otro, y el durísimo contraste de que el corazón no está limpio… ¡Quién nos diera la paz de la hermosura!

Ojos para la belleza

7. para el cristiano no cabe duda: fealdad es igual a pecado. Es decir, la belleza es una realidad transfigurada, tocada por la presencia de Cristo Redentor. Solo desde el misterio pascual promeso pasar al corazón de la belleza. Los iconógrafos de Oriente empezaban su itinerario pintando la imagen de la Transfiguración del Señor. Al arte de los pinceles unían la oración y el ayuno. El icono de la Transfiguración nos está dando el secreto de la belleza en cristiano. La gloria del Transfigurado es la Gloria de Jesús Resucitado, por un instante emerge desde el corazón, como una profecía, el esplendor de su verdadera e íntima realidad, su divina hermosura. Esa realidad de Jesús, que es su genuina identidad, es alcanzable a través del paso de la muerte. Con ello se nos revela que para alcanzar la Belleza tenemos que morir al pecado, que solo  a través de un proceso de abrasadora purificación nos adherimos a lo Bello.

8. ¿Qué es la belleza? El cristiano puede responder sencillamente: aquello que enamora. Y sabe que “aquello” es personal; es Jesús.
Al transcender, al espiritualizar, al radicalizar, en modo alguno intentamos despreciar la belleza inmediata, que alumbra los ojos, enciende el corazón, y da  alas para la unión. Es innegable: toda belleza sensitiva y de carne tiene un fulgor divino. La belleza no existe para un animal; para una persona, hombre o mujer, sí, justamente para nosotros, por su génesis divina.

9. Quede claro que este apetito voraz de belleza nos pide ascesis y muerte, hasta tal  punto que, por la lógica general de las cosas del Espíritu, solamente quienes mucho han penado pueden extasiarse fruitivamente con la belleza personal.

Acceso

10. Acerquémonos a María por este cauce. El camino de la belleza es un camino intuitivo, rápido y seguro. Cuando un hombre se enamora de una mujer experimenta un proceso de totalidad que lo envuelve, siente la fascinación de un misterio. Acaso pueda descomponer lo que le ha ocurrido, examinando estos estratos:
- Lo primera fue una sensación de belleza, que le embarga de un placer indefinido en cuerpo y corazón.
- Advierte que esa belleza se radica en una persona que es buena: interpreta a la persona por el lado bueno.
- Y ve ademaos que eso es verdadero, que esa actitud de corazón enamorados e fudnamenta en al verdad, en lo objetivo; es, pro lo tanto, legítimo.

11. El pueblo creyente que se ha acercado a María ha ido por el camino expeditivo de la belleza; se ha encontrado con la realidad-misterio apenas abrir los ojos. La belleza ha ido por delante, y en la belleza ha encontrado certeramente la verdad. La santidad de María ha sido encontrada antes de que los pensadores, es decir, los teólogos de profesión hallaran la fórmula adecuada y satisfactoria para legitimar esa plena santidad que emanaban antes de estar definida.

12. El punto de partida de nuestro corazón para acceder a María debe ser la paz que brota de la humildad. Y así, en esa armonía, mirar. Cuando el corazón mira contemplando, saciándose de belleza, se nutre de amor y siente que el amor viene de la verdad. Belleza-amor-verdad se unifican en una vivencia envolvente, y entonces la divina revelación nos entrega la imagen e María que en al vida de la Iglesia se ve cómo ha sido donada por el camino de la contemplación. Solo en al conciencia contemplativa de la Iglesia, que se inclina sobre las Escrituras se ha retratado el misterio de la Inmaculada, de la Asunta, que ninguna exégesis crítica por sus propias fuerzas nunca habría alcanzado.

13. estamos, pues, ante la Virgen María, quietos y pacificados, con una relación amorosa de hijo a Madre. El cristiano que se orienta a Dios simultáneamente se purifica, se ilumina, es aceptado a al unión. Conviene subrayar ahora que en este camino espiritual hacia la Madre del Señor se requiere la purificación, pues solo los ojos limpios son los ojos iluminados.

II
LA LLEGADA

La llegada es el misterio de María entregado al creyente como hermosura: tota pulchra, la verdad, la bondad de María donadas como pulcritud.
¿Cuál es la pulcritud de María?

Sobre la belleza del rostro de María

14. El arte, al menso el arte occidental, se ha complacido en representara el rostro de María como un rostro físicamente perfecto, abiertos el canon de la belleza a infinitas variaciones (rostro de una Virgen japonesa, africana, india, renacentista…). El artista ha podido nutrirse de una teología formal que ha conceptuado que en María no cabe ni error, ni enfermedad, ni fealdad…, que son secuelas del pecado. Si el pensamiento llamado teológico se mete por estas pistas puede patinar. Será inoportuno, sensitivamente hiriente e indecoroso, forjarse un rostro de la Virgen no bello…, pero al Escritura, que nada ofrece al respecto, no invita, que digamos, a discurrir pro estos caminos.


Sobre la belleza primordial de María

15. Si el canon del mundo bello está expresado en al primera página del Génesis – y vio Dios que todo era buen (tob) – entonces bien podemos aplicar a María este canon de hermosura. María es la integridad de lo creado, el logro de lo creado, la armonía. El  mundo bien logrado queda coronado en el ser humano: hombre-mujer, el ápice de las obras divinas, los únicos seres a quienes se atribuye le ser imagen y semejanza de Dios.  María, flor del mundo, lleva esplendorosamente en su ser la imagen y semejanza de Dios. Esta es la belleza primordial de María, que aquieta al lector de la Escritura.
Sobre la belleza edénica de María

16. Nos referimos ahora a la escena del jardín de la hermosura y la caída, donde se vivió el primer idilio de la humanidad: Adán y Eva en pureza, libertad, comunión y dominio. La belleza edénica era la belleza en órbita de lo creado. La añorarán los profetas cuando Isaías aspire a que vivan juntos el lobo y el cordero, el leopardo y el cabrito, y entre medio un Niño que haga de pastor. Ese mundo donde todo está en su puesto según el gratuito designio del Creador, ese mundo de la transparencia, es el mundo de María. No hay crujidos, nada disuena. María es el Paraíso de Dios, según se han complacido los Padres en meditarlo. Esta nuestra sensibilidad por la ecología busca como “hábitat” de los humanos un espacio sin polución, en el que la fragancia de lo verde y de lo azul impregne el cosmos. Quien tenga ojos para ver, que vea en esa aspiración edénica la figura de María.

Sobre la belleza mesiánica de María

17. Nota característica del tiempo evangélico en los santos Evangelios es la alegría. La alegría, si se pudiera pintar, sería de blanca luz y de gozoso movimiento: vestidos blancos y palmas agitadas en el Apocalipsis. Esta alegría mesiánica la introduce Gabriel cuando saluda a María: ¡Alégrate, llena de gracia! María es hermosa como Agraciada y como “gratia plena” está rebosante de alegría. “Dominus tecum”: la ausencia del pecado – blancura de la gracia –, la alegría, la presencia de Dios, hacen la efigie mesiánica de la hermosura de María.

Sobre la belleza nupcial de María

18. Si la mujer es paradigma de  la belleza de todo lo creado, el punto inicialmente extático de la belleza femenina es su figura nupcial:

¡Ay, qué hermosa eres,
amada mía,
qué hermosa eres!
Esos ojos…,
palomas a través de tu velo.
 Cinta de escarlata, tus labios;
delicia, tus palabras… (Cant 4,1ss).

El título de Esposa, atributo de la Comunidad santa de la Alianza, se lo ha aplicado la Iglesia a María desde la antigua era patrística. Y con esa concreción y personificación se ha leído el Cantar Divino. Para asomarnos al misterio de la maternidad la llamamos a María Esposa del Espíritu Santo (así san Francisco de Asís), pues del Espíritu recibe el germen divino de la concepción. Ya para apreciar su permanente unión con Dios, modelo de la unión esponsal de la Iglesia son su Señor, le honramos con el título de Esposa del Verbo, Sponsa Verbi.

Sobre la belleza escatológica de María

19. la comunidad mesiánica, que mejo que en nadie, se individualiza en María, tiene esta representación: “Una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap 12,1). Y con esta otra: “¡Ven, que te voy a enseñar a la Novia, a la Esposa del Cordero! …Y tenía la Gloria de Dios” (Ap 21,9.11).
Al final será la belleza sin fealdad y María resplandecerá entre todos los elegidos.

Sobre la belleza cotidiana de María

20. Vayamos a los días de Nazaret. ¿Cuál es la belleza de María? Es la belleza de al presencia de Dios y de la virtud. Nos lo expresa esta oración de la misa de “La Virgen María, Madre del amor hermoso”:
Señor Dios,
que en tu presencia resplandece toda hermosa
la Virgen María, tu humilde sierva,
gloria de tu Hijo y compendio de virtudes;
concédenos procurar, como ella,
todo lo que es verdadero y noble,
para llegar un día ante ti,
fuente de toda belleza y autor del amor hermoso.

Sobre la belleza total de María, contemplando a la Virgen en su “historia salutis”

21. De nuevo la misa sobre “La Virgen María, Madre del amor hermoso” nos pone en pista de esta contemplación, leyendo el texto del Prefacio:

Ella fue toda hermosa en su concepción,
y, libre de toda mancha de pecado,
resplandece adornada con la luz de la gracia,
hermosa en su maternidad virginal,
por la cual derramó sobre el mundo el resplandor de tu gloria,
Jesucristo, tu Hijo,
Salvador y hermano de todos nosotros;
hermosa en la pasión y muerte del Hijo,
vestida con la púrpura de su sangre,
como mansa cordera que padeció con el Cordero inocente,
recibiendo una función e Madre;
hermosa en la resurrección de Cristo,
con el que reina gloriosa,
después de haber participado en su victoria.

22. En resumen, la Tota pulchra ¿qué es? Si fuera la aspiración ciega de unas aspiracioens imposibles, si fuera como un mito femenino de los pueblos puesto en  cristiano…, entonces todo lo anterior sería una falaz divagación que no puede nutrir el corazón.
Hay que dar un paso, el paso de la fe. Dado este paso, María es concretez, pro ser historia. María es realidad delante de nosotros, aunque ignoremos el detalle de su vida. Y como realidad, sí, María es la objetivización de esa hermosura de vida que apasiona al ser humano, pasión dramática que lleva a la dulzura.


III
EL REGRESO

23. Los religioso son los enamorados de la belleza de Dios (S. Agustín, regula ad servos Dei, VIII, 48). Si realmente, en una especie de atisbo de éxtasis, d e trasposición de gozo y de dulzura, de una mínima experiencia de amor divino, hemos llegado a captar la belleza de María como ámbito del Espíritu, ¿cuál será nuestros estilo de vida al regreso?

24. La Orden de los Siervos de María (servitas, OSM), celebrando en Roma su 208 capítulo general, redactan su “Documento sobre la Virgen María”, dirigido a los miembros de la Orden ya vierto a las Iglesias locales y a los institutos religiosos, masculinos y femeninos; y, hablando de esta via pulchritudinis, proponen a las familias religiosas:
Ø  “hacer de la piedad mariana un espació santo y una ocasión propicia para la contemplación de la Belleza increada – Dios – de su esplendor divino-humano – Cristo – , de la obra principal del Espíritu Santo de belleza – la Virgen María –;
Ø  Hacer de la piedad mariana un lugar propicio para el encuentro festivo de todas las expresiones de la creación artística” (n. 63).


El corazón, ámbito bello

25. Que vuelva nuestro corazón recreado por la belleza. El corazón es la esencia, el estilo; es el ápice de los valores. En el corazón se fragua la vida. ¿No hay una vida en pulcritud? Sí, la hay. Aceptamos la pureza del corazón como secreto de nuestra existencia. Lo que a ella se opone es el pecado. Todo se resuelve dentro el corazón, si de él nos apartamos, las soluciones no serán verdaderas.

26. esta lectura de la vida desde lo evillo d el corazón nos lleva a la novedad de lo cristiano. Es verdad que la realidad es múltiple y que frente a ella caben posturas contrarias. Dentro d la limitación en que se realiza toda valoración humana, ¿por qué no aceptar la clave del corazón como fuente de hermosura, como talante para afrontar la vida? No es ingenuidad, no e  disimulo; es otra cosa. Se comprende esto, s i nos fijamos lo que es una persona enamorada. Un enamorado vive disgtinto, a saber, enamoradamente. Pues así, elq eu respira al hermosura desde el corazón.

Pensar bellamente

27. Esto es lo mismo, pero concentrándonos ahora en la capacidad razonadora, pensante, del ser humano. ¿Por qué, en lugar de un pensamiento quejumbroso, al final resulta asfixiante, no aceptamos el pensamiento sereno, que por su propio cauce lleva a la paz? Esto es la hermosura del pensamiento. Hay modos intelectuales de afrontar la realidad, que se diferencian entre sí como lo hermoso y lo hórrido, con sus variantes y matices.

28. María, paradigma de lo bello, es paradigma al que debe acomodarse nuestra estructura vital. Se habla de que una persona es “bien pensada”. El “bien pensar” –que es una forma estructural de pensare en  pulcritud, en pureza – ¿no tiene que ser el talante intelectual del cristiano, que se abre a la realidad desde una previa aceptación de la misma? Al aceptar las cosas antes de su previó análisis, se nos hacen radicalmente amables. Recuperemos de esta forma la bondad fontanal que Dios puso en ellas en el día de la creación, bondad sellada por la redención verificada en al Cruz. Es mundo “distinto” no es engaño de nuestra fantasía, poetizado, sino que es reencuentro con la virginidad original del universo, restaurada en Jesús.

29. la teología es un pensar bellamente acerca de lo verdadero, tan amable y hermoso cuanto cierto. Los hombres contagiados pro al belleza buscan una teología pulcra. En realidad, los misterios que anunciamos son más hermosos que los conceptos en los cuales quedan concebidos. El engendro teológico nunca alcanza la hermosura de la paternidad de donde proceden. Por eso, el esfuerzo por la belleza del pensamiento teológico está en plena armonía con la realidad a que sirvend e vehículo.

Hablar bellamente

30. San Ambrosio se expresa así (oficio de lectura de su fiesta): “Quien mucho lee (la Escritura) y entiende, se llena; y quien está lleno puede regar a los demás. Si las nubes van llenas, descargan la lluvia sobre el suelo.
Que tus predicaciones sean fluidas, puras y claras, de modo que, en la exhortación moral, infundas la bondad a la gente, y el encanto de tu palabra cautive el favor del pueblo, para que te siga voluntariamente adonde el conduzcas”.

31. El Magníficat es transmitido por el evangelista san Lucas como palabra de la Virgen María. Sea la palabra-cántico de la Virgen inspiración de nuestro buen decir. “Que en todos resida el alma de María para glorificar al Señor; que en todos esté el espíritu de María para alegrarse en Dios” (S. Ambrosio, Exposición sobre el Evangelio de san Lucas).

Las bellas imágenes de la Madre del Señor

32. la compenetración con el fascinante misterio lleva a las ceraciones humanas que intentas expresarlo: el arte visual del color y de la luz, el arte de la palabra creadora (poiesis, poética), el arte del movimiento, que trata de poner en órbita la vida aspirando a la unión. David, “el suave salmista de Israel” (2Sam 23,1), poeta, músico y danzador, es un indicio de lo que pretende la expresión bella de lo cristiano. En este aspecto, no es superflua una consideración sobre las representaciones de la Virgen María, máxime sobre aquellas destinadas al culto. Se podrá representar a la Virgen d e mil maneras: lo que se pide es que la imagen infunda fe y piedad.  Fe, no fantasía sentimental, de la Escritura, que es fe compenetrada de lo humano.

La Virgen Santa, atmósfera del Espíritu

33. Una síntesis última de María es esta: la Virgen es una criatura santificada por el Espíritu Santo. “Juan salta de gozo y María se alegra en su espíritu. En el momento en que Juan salta de gozo, Isabel se llena del Espíritu, pero, si observas bien, de María nos e dice que fuera llena del Espíritu, sino que se afirma únicamente que se alegró en su espíritu (pues en ella actuaba ya el Espíritu de una manera incomprensible); en efecto, Isabel fue llena del Espíritu después de concebir; María, en cambio, lo fue antes de concebir, porque de ellas se dice: ¡Dichosa tú que has creído!” (S. Ambrosio, Exposición sobre el Evangelio de san Lucas).

34. María se presenta a la Iglesia como Morada del Espíritu. Esta es sud ivina hermosura. “El eso santo descenderá sobre ti y al fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc 1,35). María queda constituida en tienda del Señor. El que se acerca a ella encuentra a la Hermosura, que es el Señor: “…Por eso (porque ella es Tienda) el que ah de nacer será Santo, y se llamará Hijo de Dios”.
María en su propio recinto nos introduce en la presencia de la Trinidad.
Esta es la via pulchritudinis.
Amén.

Himno para cantar la belleza de María
en la liturgia de las Horas

Belleza del principio, sin pecado,
el día en que estrenaba el mundo vida,
relieve y pulcritud de tierra virgen,
fragancia y transparencia, ¡oh María!

Belleza del Edén, al aire puro,
el hombre y la mujer en armonía,
oh Virgen fiel, sin mácula ni arruga
belleza no dañada y no perdida.

Belleza en la pobreza, suerte dura
que tuvo para sí Jesús Mesías,
belleza de la esposa, cuya frente
con perlas de la Cruz resplandecía.

Belleza y paz, sosiego de la gracia
y grande dulcedumbre en fe sentida,
oh Virgen del Espíritu, serena,
que emanas de tu faz sabiduría.

Belleza y gloria, cielo y añoranza
en búsqueda de amor el alma herida,
oh Madre de las sendas elevadas,
oh límpida belleza prometida.

¡Varón el más hermoso de los hombres,
oh Verbo-Esposo, bello de María,
recibe la alabanza, verde ramo,
y el cántico y la voz a ti debida! Amén.

Logroño, diciembre 1988, al concluir el Año Mariano de 1987-1988.
(Retiro impartido a la Confer de la Rioja).

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