sábado, 9 de junio de 2012

241. En torno a la verdadera familia de Jesús


Homilía sobre el Evangelio del Domingo X del ciclo B,
Marcos 3,20-35


Texto del Evangelio (versión oficial de la Conferencia Episcopal Española)

Llega a casa y de nuevo se junta tanta gente que no les dejaban ni comer.
Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: “Tiene dentro a Belzebú y expulsa  a los demonios con el poder del jefe de los demonios”. Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: “¿Cómo va a echar a Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre”. Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dice: “Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan”. Él les pregunta: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?” Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: “Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”

Hermanos:

1. El texto del Evangelio de hoy junta tres momentos de la vida de Jesús – tres escenas muy sorprendentes – que la Biblia de la Conferencia Episcopal Española los reúne con este título: Los escribas de Jerusalén y la familia de Jesús.
Jesús, que ha salido de una aldea sin importancia – Nazaret -,  es un hombre público, y han bajado escribas de Jerusalén, escribas, por lo tanto. autorizados para examinar esta conducta desconcertante, especialmente esa actividad contra los demonios que Jesús tan llamativamente está ejerciendo.
Y esto acontece en medio de la que podríamos llamar la vida fragorosa de Jesús. Es el primer momento de esta sección Evangelio y vamos a prestarle la atención que merece.

2. Llega Jesús a casa. Estamos en Cafarnaúm, se supone. Y es tanta la apretura y el barullo de la gente que lo requiere, que ni les dejan comer. Para sentarse y comer, uno necesita un poco de tranquilidad, un poco de tiempo, un poco de paz. Cuántas veces le acontece a alguien, en la vida febril de hoy, comer a medio comer, de pie, devorar más bien que comer, porque le está presionando una situación urgente que ha de resolver. Esto le puede ocurrir a cualquier trabajador. Y es una situación muy típica que muchas veces les sucede a los sacerdotes los sábados y domingos.
Si comenzamos a deshilar un poco este pensamiento, a lo mejor nos apartaríamos de este Evangelio, que lleva por dentro tal carga dramática. Esta situación de agobio estresante la conocemos de cerca.
En cierta ocasión en que yo daba Ejercicios a una tanda de jóvenes sacerdotes, les preguntaba familiarmente: 
- Díganme, ¿cuántas misas celebraron ustedes el último domingo o sábado por la tarde y domingo? 
Hay quien cinco, hay quien siete…, acaso más.
- Eso no puede ser así.
- Ya lo sabemos…, pero… ni modo.
Problema serio de pastoral, mencionado solo de pasada, para que, como fieles, también caigamos en la cuenta de esto, y sepamos comprender a los sacerdotes. A veces uno no tiene tiempo ni para ser simpático…
Pero volvamos al corazón del Evangelio, que esconde un tremendo drama.

3. Ha habido momentos en la vida de Jesús en que han pensado que estaba loco, o poco menos que loco. Ese entusiasmo, esa exaltación, esa especie de furor sagrado, hace pensar a gente no bien intencionada que Jesús es un psicópata.  Y anota el texto evangélico de Marcos que su familia fue a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí, esto es, loco... El texto queda un tanto ambiguo y no han faltado quienes han conjeturado que esa opinión de que estaba fuera de sus cabales pertenece también a miembros de su familia; pero exegéticamente el juicio queda indeterminado: “se decía que estaba fuera de sí”.
Nos gustaría poder examinar esta supuesta locura de Jesús, porque si el Evangelio no nos vuelve locos…, a lo mejor es que no lo entendemos.

4. Jesús ha expulsado demonios, y puede que estos incidentes son interpretados por sus críticos como signos de locura. Es un hecho firmemente constatado que Jesús lanza demonios, y que los demonios salen con signos violentos e, incluso, echando espumarajos… Nos gustaría que la figura divina de Jesús – de ese a quien llamamos el sagrado Corazón de Jesús – fuera más normal, acompasada a lo que nosotros asignamos a un carácter dulce y apacible. Ahora bien, aunque no se puede encasillar el carácter o temperamento de Jesús en ninguna de las clasificaciones ideadas por los psicólogos, bien vemos por múltiples textos evangélicos que Jesús era pasión y fuego.
Esa pasión Jesús la ha sacado a flote en contra del poder de Satanás. Jesús ha expulsado a demonios más que nadie. Y los inquisidores venidos de Jerusalén tienen su veredicto: Jesús mismo es un endemoniado; lleva dentro a Belzebú, el príncipe de los demonios. Jesús entra en combate y aniquila la acusación: Si Satanás arroja a Satanás, se acabó el imperio de Satanás. ¡Qué más quisiera un endemoniado que endemoniar a todo el mundo y hacer que Satanás fuera el Rey del mundo! Las sectas diabólicas, con sus ritos macabros, pretenden la muerte y el dominio de Satanás.
Pensar eso de Jesús y no ver en él al Espíritu Santo, Espíritu de santidad, de liberación y de amor, de la bondad de Dios misericordioso, es el mayor pecado que se puede cometer: ver al Enviado de Dios, que es enviado de gracia, como el demonio. Y lo escribas escrutadores, mientras contemplan a Jesús así, están en diametral oposición al Espíritu de amor de Dios. Un pecador, por gran criminal que sea, si reconoce que es pecador, al instante queda perdonado por Dios; pero si uno rechaza al Enviado de Dios como demonio, está dentro del pecado puro. Eso, y no otra cosa, es pecar contra el Espíritu Santo.

5. El Evangelio de hoy también nos habla de la familia de Jesús, un tema delicado e incluso espinoso, donde quedan flecos al aire sin resolver.
Entre los familiares de Jesús hubo quienes se resistieron y no pasaron a ser discípulos suyos. Otros sí, y el caso más distinguido fue el de Santiago, “el hermano del Señor”, que estuvo al frente de la comunidad de Jerusalén.
Hablando de familia, el Evangelio – y en este caso son Marcos, Mateo y Lucas – nos hablan de una escena llena de realismo. Jesús está hablando del Reino de Dios, y llegan su madre y sus parientes. La gente que tenía en corro le dice que su madre y familiares lo buscan. Respuesta de Jesús: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y ahora Jesús responde con la mirada, con el gesto y con las palabras: “Estos son mi madre y mis hermanos”.  Y la sentencia definitiva que alcanza hasta nosotros: “El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”.

6. Nunca lo acabaremos de meditar: ¿Yo soy madre de Jesús, intimidad de Jesús? ¿Yo soy hermano de Jesús, hermana de Jesús? ¿Yo soy la nueva familia de Jesús, la que permanece para toda la eternidad? ¿Yo soy miembro de la Voluntad de Dios? ¿Yo estoy totalmente traspasado por la Voluntad de Dios?
Si digo de verdad que sí, entonces he nacido de Dios por obra del Espíritu Santo; estoy en la Voluntad de Dios y soy hermano de Jesús.
La Virgen María como nadie ha tenido este parentesco con Jesús.
Podemos terminar diciendo: Madre de Jesús, Virgen María, que hiciste perfectamente la Voluntad de Dios, ruega por mí, para que yo también cumpla siempre la Voluntad de Dios y sea verdaderamente hermano de Jesús. Amén.

Puebla de los Ángeles, 9 junio 2012

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